SEXUALIDAD 1. ¿Cuáles son los primeros cambios en el desarrollo (en niños de 9 y 10 años)?
A nivel biológico la maduración de las gónadas sexuales no sucede hasta la pubertad, junto con la aparición de los llamados caracteres secundarios como el vello o el aumento de los senos. Sin embargo, el psiquismo experimenta un desarrollo sexual bifásico, es decir, el deseo sexual no aparece por vez primera en la adolescencia sino que tiene también expresión en la infancia hasta los cinco o seis años. Más tarde atraviesa por un periodo de aparente detención para volver a iniciarse con fuerza aproximadamente a partir de los once años cuando los órganos genitales adquieren su función reproductora. El cambio en la adolescencia no es algo gradual sino que está sometido al tiempo psíquico donde renacen antiguas tendencias con toda la actualidad del presente, es decir, la atracción hacia aquellos que el niño amó en su infancia se intensifica, al mismo tiempo que la cultura impone la renuncia a estos objetos sexuales. La hostilidad hacia los padres que tanta gente identifica con la adolescencia tiene sus raíces en esta paradoja que el joven está elaborando. 2. Qué diferencias existen entre los niños y las niñas?
El primer objeto de amor para ambos sexos es la madre pero en el caso de las niñas este deseo tiene que desplazarse posteriormente al padre, para más adelante poder experimentar deseo sexual por otros hombres. Además en el varón el pene, que se establece ya como zona erógena en la infancia al despertarse en él sensaciones placenteras con los cuidados del aseo o los mimos, mantiene su primacía como órgano genital en la pubertad mientras que en las chicas este carácter prioritario tiene que pasar del clítoris a la vagina, cuya existencia es desconocida hasta la adolescencia. Es en la pubertad cuando el niño aprende las diferencias sexuales que hasta entonces sólo eran madre o padre. Él piensa que todos los seres tienen cosita y esta atribución es resistente a cualquier evidencia perceptiva, así el niño cree que las niñas también tienen un órgano como el suyo y el descubrimiento de su ausencia en la niña le produce el horror de pensar que también a él le puede ocurrir lo mismo. La niña por el contrario al observar la desnudez del hermanito piensa que ya le crecerá. No será hasta la llegada de la adolescencia cuando aparezcan los conceptos de vagina y semen, sin los cuales la investigación sexual infantil estaba destinada a fracasar y el joven pueda aprehender las diferencias entre los sexos. Estas fantasías que acontecen en la primera infancia se reprimen durante el periodo del desarrollo sexual que se conoce como etapa de latencia. En esta fase que sucede entre los seis y ocho años, se instauran con la ayuda de las energías sexuales aparentemente inactivas, los diques de la compasión, el pudor y la repugnancia, que en el niño pequeño aun no se han alzado. Las niñas muestran en general una mayor rapidez en la adquisición de estos límites. 3. ¿Qué pasa cuando llega la primera menstruación?
La llegada de la menstruación supone una situación de cambio para el adolescente, que en un sentido biológico abandona la infancia y alcanza la madurez de sus órganos reproductores. Este desarrollo somático surge en paralelo con una intensificación de las fantasías sexuales. El amor del niño por sus padres y personas cercanas que le cuidan alberga como cualquier otro amor, deseos sexuales. El adolescente se ve obligado por la cultura a desplazar esos afectos a otras personas fuera del núcleo familiar. Esta separación es quizás el paso más difícil en la adolescencia y lo que tantos conflictos produce entre ambas generaciones. La masturbación tan frecuente en la adolescencia no es sino la descarga motora de estas antiguas fantasías inconscientes. La pelea que el joven parece sostener con sus padres tiene profundas raíces en el desarrollo sexual que se completa en la adolescencia e impone la renuncia a estos primeros objetos amorosos. Esta situación de pérdida es también dolorosa para los padres que a veces se niegan de manera inconsciente, a dejar de ser el principal referente del cariño de sus hijos. De este modo cuando la chica tiene su primer periodo puede aparecer en los progenitores un celo excesivo, que se disfraza bajo el temor de un embarazo no deseado. Ver crecer a los hijos muestra igualmente el paso del tiempo, que inevitablemente conduce a la vejez y con ella al fin de la vida. 4. ¿Cómo pueden ayudar los padres?
Es habitual que padres y educadores piensen que la sexualidad consiste sólo en tener relaciones sexuales. Sin embargo sexual es todo aquello que produce un goce y no sólo el placer genital. Negar que los niños tienen sexualidad es un error que conduce a tratar con miedo sus preguntas y a infundir en el niño un sentimiento de culpa o peligro respecto a la investigación sexual. La curiosidad infantil por todo lo relacionado con el embarazo es en todos los casos, incluso cuando el niño parece no interesarse, el proyecto más ambicioso de la infancia. La sexualidad infantil es autoerótica, es decir, el placer que el niño busca lo encuentra en su propio cuerpo (se chupa el dedo, juega con los genitales) mientras que en la pubertad aparece la búsqueda de otros. Cuando los padres piensan que sus hijos carecen de sexualidad, porque confunden lo sexual con las relaciones genitales, suelen tener excesivas muestras de afecto con sus hijos, que intensifican aún más los deseos del niño hacia sus progenitores e impiden que más tarde el pequeño pueda desplazar este amor a otras personas y entablar lazos con el mundo. El niño pequeño gusta de desnudarse delante de la personas que le son queridas, juega con sus excrementos, se lleva cualquier cosa a la boca y todas estas actividades producen un evidente placer en él, que grita lleno de excitación. Los padres tienen que ir reprimiendo poco a poco y sin severidad estas conductas sabiendo que el niño en torno a los seis o siete años atravesará por un periodo donde se erigirán los límites de la vergüenza, la repugnancia y la compasión. Permitir que los niños duerman en la cama con los padres o tener muestras de afecto excesivas como besarlos en los labios como si el pequeño fuera incapaz de tener deseos sexuales, entorpece el curso de su desarrollo, manteniendo un estado de sobreexcitación y fijando aún más el natural afecto hacia el padre o la madre, en vez de ayudar a que esta tendencia amorosa pueda extenderse a otras personas fuera de la familia, como exige la cultura. 5. ¿Cómo podemos evitar los complejos cuando el desarrollo es mayor o menor que el del resto de los compañeros, cuando comienza a salir el bello y el pecho?
La existencia de diferencias sexuales no es una conquista fácil a nivel psíquico porque es precisamente por provenir de seres sexuados que somos mortales. La reproducción es un mecanismo de la especie para mantenerse, debido a su existencia caduca y las diferencias nos recuerdan este destino mortal. El hombre es intolerante por naturaleza y su narcisismo no acepta de buen grado otras formas de pensar distintas a la familiar u otras formas corporales diferentes a la propia. El ritmo del desarrollo es diferente para cada persona, algunos niñas tendrán su primera menstruación a los 10 años y otras a los 14. Cuando decimos que un joven está más o menos desarrollado es porque lo estamos comparando con otro; igualmente si una joven siente que su pecho es demasiado grande o pequeño tiene en mente un modelo, que generalmente suele ser el materno. No hay dos cuerpos iguales como tampoco hay dos formas de desear idénticas. 6. En qué casos conviene acudir a un especialista?
El adolescente puede expresar de múltiples formas que tiene una dificultad en su desarrollo: dificultades con los estudios, agresiones, una timidez excesiva, etc…. Los padres y profesores suelen ser los primeros en percibir que algo ocurre y quienes pueden facilitar que el joven pueda consultar a un profesional. Crecer implica ciertos dolores porque todo cambio abre la posibilidad de lo desconocido y trae consigo una pérdida, pero el dolor nunca es educativo. Acudir a un psicoanalista no significa padecer de algo extraño que los otros no tienen, sino producirse como sujetos del deseo y esta construcción afecta a todos los humanos. Nacemos incapaces de subvertir nuestras propias necesidades y es gracias a los cuidados de otro que logramos sobrevivir. Tolerar que uno necesita de otros es en realidad la mayor independencia posible. www.consultadepsicoanalisis
|