Muchos hemos oído hablar o hemos dicho directamente que alguien sufre una “fobia” porque “le dan mucho asco las cucarachas” o “le tiemblan las piernas si está en un octavo piso”, pero el problema fóbico es algo más que eso. A una persona le pueden dar asco las cucarachas pero no tiene porque tener desarrollada una fobia en sí. Primero dejaremos claro qué significa en realidad este término y qué tipos de fobias nos podemos encontrar. En primer lugar, la palabra “fobia” proviene del término griego “phobos”, que significa miedo o pavor. Cuando utilizamos esta palabra nos referimos a la aparición de una serie de reacciones de miedo intenso acompañado de evitación, que son inducidas por situaciones (reales o anticipadas) que vistas de manera objetiva no justifican tales respuestas.
Este miedo y esta evitación están asociados a estímulos más o menos específicos, como puede ser un objeto, una persona, una sensación, una serie de actividades, una situación, etc. Además, las fuertes reacciones de ansiedad y evitación que experimenta la persona fóbica no están justificadas por el peligro real de la circunstancia amenazante, es decir, que la persona fóbica presenta una reacción extremadamente exagerada con respecto a aquello que le produce el miedo. Por ejemplo, una persona que tiene fobia a los pájaros puede llegar a no salir de casa por si se encuentra con alguno o, en el caso de ver uno, ponerse a gritar y a llorar y a salir corriendo del lugar.
La persona es completamente consciente de que su miedo y evitación (si ésta existe) son excesivos e irracionales. Esta característica puede estar ausente si hablamos de niños fóbicos.
El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV-TR), separa cuatro tipos de fobias específicas:
1) Tipo animal 2) Tipo ambiental 3) Tipo sangre-inyecciones-daño 4) Tipo situacional
Actualmente se consideran tres formas básicas de fobias: las fobias específicas, que son las que hemos nombrado anteriormente, la agorafobia y la fobia social. Ahora voy a intentar explicarte un poco de qué trata cada tipo.
Empecemos por la Agorafobia. La agorafobia es un miedo excesivo e irracional a situaciones en las que resulta muy difícil o embarazoso escapar (generalmente de las miradas de los demás), o donde la ayuda puede no ser factible. El paciente con esta fobia tiene miedo de que de repente le sobrevengan síntomas que aparecen típicamente en los ataques de pánico, como puede ser desmayarse, tener diarrea o tener sensaciones de vértigo. Para poder diagnosticar a alguien de padecer un trastorno agorafóbico, la persona debe evitar las situaciones agorafóbicas (cualquier lugar público y con mucha gente donde no se pueda uno escapar fácilmente, como puede ser cualquier transporte público, un centro comercial, un cine, un concierto, etc.), o bien si la persona soporta todas esas situaciones con un acusado malestar y ansiedad.
En la fobia específica, y como hemos comentado un poco antes, el miedo está claramente delimitado por un objeto o situación (presente o anticipado por el sujeto). La respuesta de ansiedad a tales estímulos suele ser inmediata. Se trata de fobias restringidas a un tipo de estímulo como, por ejemplo, las fobias a los animales, a los truenos, a los reptiles, al dentista, a viajar en avión, etc. Los criterios que nos da el DSM-IV-TR para poder diagnosticar una fobia específica son:
1. Miedo excesivo o irracional persistente. 2. Respuesta asociada inmediata de ansiedad. La exposición al estímulo fóbico provoca casi invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad, la cual puede consistir en un ataque de pánico. 3. Conciencia subjetiva del problema. La persona reconoce que el miedo es excesivo o irracional. 4. Evitación del estímulo fóbico o tolerancia con sufrimiento. 5. La evitación asociada a la situación interfiere significativamente con la actividad normal de la persona, con sus tareas laborales o académicas, o con sus actividades o relaciones sociales.
Y, por último, voy a hablarte de la fobia social. En esta fobia, el miedo está generado por situaciones sociales en las que la persona es expuesta a desconocidos o a la evaluación y escrutinio de los demás (ser juzgado por otras personas). El individuo tiene miedo de sufrir una situación embarazosa, o ser humillado (por ejemplo, por su pobre ejecución al realizar una tarea). Una situación fóbica para una persona con fobia social puede ser ir a una fiesta, hablar en público, que le presenten a gente que no conoce, reuniones, etc. La exposición a la situación fóbica induce respuestas de intensa ansiedad. La fobia social no es tan incapacitante como la agorafobia, pero se hace necesario su tratamiento cuando interfiere de forma notable con su vida personal académica o profesional.
Ahora ya sabes de qué tratan los tres tipos básicos de fobias. También sabes que sentir asco o un poco de “respeto” hacia una situación no tiene por qué ser de verdad una fobia. Una fobia es algo más que eso, es una sensación de ansiedad muy fuerte que provoca que la persona no tenga el nivel de vida que debería tener. El tratamiento de las fobias es 100% eficaz así que, si te encuentras en una situación parecida a las que te he descrito aquí, busca ayuda profesional.
Psicólogos Valencia
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