Seguro que en algún momento de tu vida has tenido un pensamiento negativo hacia tu pareja. Este pensamiento te ha hecho sentir cabreado con él o ella. Como consecuencia le has mirado mal, le has acusado por su comportamiento y finalmente habéis iniciado una discusión. No sabes exactamente porqué te has enojado con él o ella, sólo sabes que te saca de quicio, te pone nervioso y así se lo expresas. Sin embargo, esto no es del todo cierto. Voy a ponerte aún más en situación con estos 3 ejemplos para que entiendas la idea: “Marta se enfadó con su marido cuando éste le anunció que había ordenado los cajones del armario que compartían en el dormitorio”
“Raúl se enojó muchísimo co su novia cuando ésta quiso darle una sorpresa y compró entradas para ir a ver una película al cine con él”
“Nuria se irritó de forma desmedida con su esposo cuando éste le dijo muy contento que había ido a lavar el coche de Nuria”
¿Te parecen normales estas reacciones? ¿Por qué crees que ocurren? Realmente, tanto Marta, como Raúl, como Nuria deberían haberse alegrado por las conductas de sus parejas ya que son positivas. Sin embargo se enfadan de manera desmedida con ellas. En el mejor de los casos nuestros protagonistas podrían haber respirado hondo un par de veces y haberse relajada aplacando así su enfado. En el peor de los casos, no lograrían calmarse y trasmitirían toda esa irritación a sus parejas que no entenderían porque se enfadan ya que su propósito fue bueno. Pero tanto si se calman como si manifiestan su disgusto, no habrían llegado al quid de la cuestión: averiguar qué hay detrás de esos enfados. Analicemos una vez más nuestros ejemplos para ver más allá de las apariencias. Esto es lo que realmente ocurrió: Marta se enfadó porque tuvo un pensamiento negativo automático tan fugaz y rápido que no le dio tiempo a percibirlo de forma consciente. Su pensamiento fue: “Lo ha hecho a propósito porque piensa que soy desordenada y no aguanta mi desorden” A Raúl le pasó algo similar cuando su novia le regaló entradas para el cine ya que pensó y al igual que a Marta, su pensamiento cruzó tan rápido por su mente que prácticamente ni lo percibió. Este pensamiento fue: “¿Porqué tengo que hacer lo que ella quiera?, ¿Acaso se ha parado a pensar en lo que yo quiero?” En cuanto a Nuria, su pensamiento automático y semi-inconsciente (por lo rápido que fue) fue el siguiente: “Ha ido a lavar el coche porque quiere dejarme en evidencia y quedar por encima de mí. ¿Qué se ha creido?” Estas reacciones confusas incluso para la persona que las experimenta se empiezan a aclarar en el momento en que son conscientes de sus pensamientos negativos o distorsionados. Recuerda que nuestros pensamientos tienen el poder de desencadenar nuestras emociones. Pensamientos positivos darán lugar a emociones de alegría, esperanza, cariño… Mientras que pensamientos negativos nos harán sentir mal, tristes, enfadados, irritados... Te invito a que seas más consciente de los pensamientos que hay detrás de tus emociones. Especialmente si las emociones son negativas. Si lo haces encontrarás un camino para resolver conflictos, entenderte mejor y averiguar qué cosas son las que te hacen sentir de verdad mal, como por ejemplo una baja autoestima, algún complejo (de inferioridad, de persona desordenada, de incompetente) o un prejuicio. Así te darás cuenta de que no es tan grave lo que hagan los demás, sino las lentes a través de las que miras los hechos, es decir, cómo decides interpretarlo.
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