En los últimos años se ha analizado la importancia del deporte en materia de discapacidad mental. El deporte contribuye a las personas al desarrollo físico, social y psicológico. Mediante la práctica deportiva adquieren confianza en sí mismas, aumentan la autoestima y el amor propio que influye de forma positiva sobre su comportamiento y conducta social. Además la práctica deportiva favorece las relaciones con el entorno (familia, amigos, conocidos...) provocando una mayor apreciación de las habilidades individuales y un mejor y mayor apoyo entre sus semejantes. Todas estas cuestiones repercuten de manera beneficiosa sobre la calidad de vida de la persona con trastornos psicológicos.