BERNARDO ALBERTO HOUSSAY

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BERNARDO ALBERTO HOUSSAY

“La ciencia es la clave del desarrollo de las naciones, sin ella, el atraso y la dependencia se imponen.”

“El investigador no debe descansar jamás pues, como dijo el poeta, la luciérnaga sólo brilla cuando vuela y, como ella, la mente humana se apaga cuando descansa.”

“El trabajo es la diversión más barata”.
“La juventud debe tener ideales elevados y pensar en alcanzar grandes cosas, porque si la vida rebaja siempre y no se logra sino una parte de lo que se ansia, soñando muy alto alcanzaréis mucho más. Las conquistas del presente son sueños juveniles realizados que alguna vez se tuvieron por imposibles.”.
Bernardo A. Houssay, (1.887-1.971).
UNIVERSIDAD DE MORON.BUENOS AIRES -ARGENTINA
Cátedra de Historia de la Medicina: Dra.Teresa Sacriste y Dr. Jorge Girola

Ganador del premio Nobel en Fisiología y Medicina en 1947; impulsor de la investigación científica en América y en Argentina..Por el descubrimiento de la función del lóbulo hipofisario anterior en el metabolismo del azúcar (lo que) ayudó a comprender mejor la diabetes siendo uno de los grandes impulsores de la investigación Científica Argentina y America. Bernardo Houssay nació en la ciudad de Buenos Aires el 10 de abril de 1887, 10 años después de la muerte de Claude Bernard; fue uno de los ocho hijos de Alberto Houssay y Clara Laffont. Sus padres habían emigrado desde Europa, de la misma tierra del Padre de la Fisiología, Francia, y como la mayoría de los habitantes que llegaron a estas tierras en esos años, su lengua materna no fue la española sino, la francesa.
Su padre llegó con títulos de Abogado y Doctor en Filosofía, era poseedor de una vasta cultura y estaba dotado de una memoria tal, que podía leer una página entera y repetirla luego con asombrosa exactitud.
Niño aún, sorprendía a los padres manifestándoles que, cuando fuera grande, sería misionero y, a los pocos días, advertido de los riesgos que correría, les dijo que sería ingeniero. Con el tiempo sería, ciertamente, un misionero de la ciencia, un “misionero entre gentiles” (Houssay, 1940). .Bernardo demostró haber heredado la gran inteligencia paterna, estudió los primeros dos grados de la enseñanza primaria con docentes privados como era costumbre en esa época, luego ingresó al Colegio Británico con la idea de cursar tercer grado pero, quince días de haber iniciado las clases y por tener una preparación superior a la de sus compañeros, fue promovido a cuarto grado y un mes después a quinto. A este ritmo terminó la escuela primaria con sólo nueve años de edad y a los trece había logrado el diploma de bachiller, en el Colegio Nacional Buenos Aires.
Cuando Bernardo estuvo en condiciones de elegir una profesión, luego de concluir precozmente los estudios primarios y secundarios, el padre sugirió que se dedicase al comercio, pues los reveses de la fortuna lo habían dejado sin recursos para solventarle una carrera universitaria.
Ante estas circunstancias, Bernardo le respondió que trabajaría para hacerlo por si mismo y, en marzo de 1901, aún no cumplidos los 14 años, ingresó a la Escuela de Farmacia de la Facultad de Ciencias Medicas.
Con la recomendación de su padre, se empleó como aprendiz de farmacia en el Hospital Francès de Buenos Aires. Este trabajo incluía alojamiento, comida y 10 pesos mensuales de sueldo; con un préstamo de su madrina de Francia pagó los derechos universitarios. A fines de 1901, rindió brillantemente los exámenes del primer año de Farmacia y, con esos antecedentes, ganó un puesto de practicante de farmacia en el Hospital de Clínicas con 50 pesos de sueldo. En 1904, a los 17 años, se graduó de farmacéutico, el mejor de su curso, e inició la carrera de medicina
Cierto día de 1908, practicante menor de medicina en ese mismo Hospital de Clínicas, asistió a un paciente que padecía acromegalia (hipertrofia no congénita de las extremidades inferiores y superiores). Fue entonces que, ya inclinada su vocación por la fisiología tras la lectura de la obra del fisiólogo francés Claude Bernard, dejó de lado otro tema cuidadosamente anotado y decidió investigar la función de esa glándula (Barrios Medina y Paladini, 453).
A ese fin se adiestró, en esforzado y solitario aprendizaje por medio de la bibliografía, en las técnicas disponibles: la quirúrgica (extirpación o injerto de la glándula) y la biológica (acción in vivo de extractos de la glándula) para luego, utilizando técnicas químicas, aislar el principio activo producido por la glándula.
Houssay desarrolló estas investigaciones paralelamente a los estudios de medicina que concluyó, en 1911, a los 23 años, con Diploma de Honor y con la tesis “Estudios sobre la acción de los extractos hipofisiarios. Ensayos sobre la fisiología del lóbulo posterior de la hipófisis” a la que se otorgó el Premio Facultad de Ciencias Médicas.
Bernardo fue practicante interno de medicina en el Hospital Nacional de Clínicas y, durante tres años, se desempeñó como ayudante de la cátedra de Fisiología cuyo Profesor Titular era el Dr.Gregorio Piñero.
Durante su carrera de estudiante fue un destacado atleta, practicó varios deportes, jugó como full back en el equipo de rugby de la Asociación Atlética de la Facultad de Medicina. Tuvo un paso histórico por el rugby argentino ya que en la Asamblea Anual de la Unión de Rugby, en 1908, a propuesta de Sr. Prospero Alemandri, representante del Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, Bernardo Alberto Houssay, en representación de la Asociación Atlética de la Facultad de Medicina, se resolvió que las actas se redactaran en lo sucesivo, en idioma castellano, hecho que estaba ocurriendo en la Argentina en coincidencia con el centenario de la Independencia ante un cambio social
Luego de graduado, Houssay ejerció la profesión con singular éxito pues, muy solicitado por los colegas, aplicó los extractos hipofisarios a diversas patologías.
Desde 1910, era, además, profesor universitario, encargado del Curso de Fisiología en la Facultad de Agronomía y Veterinaria, al cual había sido llamado por el decano Pedro Narciso Arata (1849-1922), quien lo estimaba mucho desde los exámenes en la Escuela de Farmacia.
En la Facultad de Agronomía y Veterinaria, nuevamente en solitario aprendizaje, procuró comprobar los resultados de la extirpación de la hipófisis en animales superiores. Tras fracasar con la inyección de sueros citotóxicos y la irradiación con rayos X, retomó las técnicas quirúrgicas del cirujano William Harvey Cushing (1869-1939) con las cuales, hacia 1916, comprobó los trastornos causados por la extirpación de la hipófisis en el crecimiento de los cachorros.
En esa facultad formó los primeros discípulos. Uno de ellos, Enrique Hug (1896-1987), recordó estos intentos: “Lo veía actuar, más que con obstinación, con empecinamiento frente a las dificultades. Había planeado un experimento para demostrar la acción de la hipófisis sobre el crecimiento. Consiguió para ello una linda camada de cachorros de raza, galgos, todos igualitos para poder comparar los resultados. Me imagino que debía haberlos pagado de su propio pecunio, pues la subvención de que se disponía no era nada cuantiosa. Les extirpó la hipófisis a algunos de ellos y yo oficiaba de ayudante. A pesar de la destreza del cirujano en lo cual sobresalía, y del cuidado postoperatorio, la mortalidad era elevada, pues se ignoraba entonces que ésta se debía a la supresión brusca de la corticotrofina, hormona de la cual ni se tenía idea de que existiera. Sin embargo, varios operados sobrevivieron lo suficiente para infectarse luego con el virus de la enfermedad de los cachorros y terminaron por morir. Nunca le oí una queja ni señal de amargura. Tampoco se conocía entonces vacuna contra esa infección. Nueva tentativa y segundo fracaso. No recuerdo si fue a la tercera o cuarta tentativa, después de desinfectar bien las jaulas y aislar los animales, en que consiguió el fin buscado”. (Hug, 148-149)
En 1915, Houssay ingresó como Jefe de Sección en el Instituto Bacteriológico del Departamento Nacional de Higiene. Este organismo, había sido fundado, en 1911, para la investigación, producción y control de sueros, vacunas y medicamentos de origen bacteriano y opoterápico. Tenía a su cargo la Sección Sueros, organizando la producción de sueros antiofídicos; ideó y dispuso el envío de recipientes al interior del país para que al devolverlos con serpientes, se entregaran a cambio de ampolletas de suero antiofídicos; gestionó y obtuvo el flete gratuito por ferrocarril de estos envíos y la difusión por la prensa del proyecto. Además, investigó provechosamente otros problemas genuinamente nacionales: plantas venenosas y bocio endémico.
Desde 1915, Houssay era Profesor Suplente de Fisiología en la Facultad de Ciencias Medicas. En 1917, sintió que la investigación y la producción en el Instituto Bacteriológico, la investigación y la docencia en las facultades de Agronomía y Veterinaria y de Ciencias Médicas, y el ejercicio de la clínica en el Hospital Alvear y privadamente, eran incompatibles. Renunció, entonces, al ejercicio de la profesión: “Me entusiasmaban la clínica y la fisiología pero como quise concentrarme a una sola actividad, elegí la fisiología porque creí que así sería más útil a mi país y cumpliría mejor mi vocación en el campo de las Ciencias Naturales” (Barrios Medina y Paladini, 561).
Recuerda Cereijido una anécdota contada por el propio Houssay quien para ilustrar un artículo próximo a publicar, había citado, en su consultorio particular, a varios pacientes con hiperfunción hipofisaria y a un fotógrafo profesional. Asombrado, el hombre el cual veía llegar a distintos tipos de personas, algunas que eran gigantes que apenas cabían en sus sillas; otras, eran acromegálicos con mandíbulas, manos y pies descomunales y con arcos superciliares abultados que les daba apariencia bestial.
Lentos y pesados, los pacientes comenzaron a observarse unos a otros con curiosidad recelosa, pues ignoraban la razón de la cita. Tan impactado estaba el fotógrafo que preso de un gran susto finalmente terminó huyendo del consultorio.
En 1919, luego del fallecimiento del profesor Horacio Gregorio Piñero (1870-1919) ganó el concurso de la cátedra de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas. (Vacarezza, 1981).
El Consejo Directivo de la Facultad aprobó, entonces, el proyecto del consejero y decano, Dr. Alfredo Lanari (1869-1930), de la creación del Instituto de Fisiología que integraba las cátedras de Química Biológica y Física Biológica bajo la dirección del Profesor de Fisiología para quien estableció la dedicación exclusiva.
Según comentaba Don Ricardo Gómez, un viejo ordenanza a cargo del “depósito de instrumentos”, el hecho de “no comenzar a trabajar puntualmente constituía una falta grave” y que cierta vez, sabiendo que su horario de trabajo, era a las ocho de la mañana, y por un percance inesperado, se retrasó y llegando a las ocho y cinco. Y al trasponer la puerta, se topó con el Dr. Houssay quien observando con evidente preocupación, su reloj de bolsillo le dijo: “ Ah, qué contrariedad, Ricardo, Ud sabe, un reloj tan bueno, que durante tantos años no falló un minuto, de pronto se me descompone… ¿Qué hora tiene?, las ocho y cinco, doctor, respondió el atribulado ordenanza. Las ocho y cinco? pero entonces funciona perfectamente! Por suerte anda bien…y se alejo. En ese momento, sentí me había amonestado con elogios”.
El año de 1920 fue también memorable para Houssay pues, en diciembre, contrajo matrimonio con la química María Angélica Catán (1896-1962) a quien había conocido en el Instituto Bacteriológico donde ella hacía su tesis doctoral sobre ponzoñas de serpientes y Houssay, como jefe de esa sección, se las proveía.
Así comenzó la relación con quien, luego de casada, dejó la profesión para convertirse dentro del hogar en la primera y más fiel colaboradora científica y la madre de los tres hijos que tuvieron: Alberto, Héctor y Raúl. “Al dedicarme a la ciencia debía elegir entre una probable situación pecuniaria holgada y una labor científica. Elegí lo mejor, lo que vale más que el dinero, con lo que salí ganando. Cierto es que conocí momentos de estrechez económica, pero en todo caso quien se sacrificó fue mi esposa, pues yo hallaba recompensas con creces en la posibilidad de trabajar. Ella no sólo aceptó la modestia económica sino que me ha ayudado constantemente en mis trabajos, con competencia y sin exteriorización alguna” (Barrios Medina y Paladini, 562).
En carácter de director del Instituto de Fisiología, pasaba todos sus días realizando experimentos, dirigiendo y dando clases; no sabía de feriados ni fines de semana. Según recordaba Secundino Cabodevila, el eficiente gallego que era su mayordomo, “Houssay era exigente, severísimo y más desconfiado que una mula tuertaUna de las dificultades inmediatas que Houssay debió encarar al dirigir el flamante Instituto de Fisiología fue la formación del personal. Resolvió esta dificultad seleccionando y formando rigurosamente a los ayudantes y jefes de trabajos prácticos entre quienes, comprobada la vocación y capacidad científica, surgirían los colaboradores permanentes.
Otra dificultad que Houssay enfrentó y resolvió, fue la discusión y difusión internacional de las investigaciones realizadas en el Instituto. A ese fin, en 1919, Houssay fundó la Sociedad Argentina de Biología, filial de la Société de Biologie de París, de la que fue el primer presidente. Su inclaudicable presidencia y la publicación de las investigaciones del Instituto de Fisiología en los Comptes Rendus de esa Sociedad, publicados en Francia, aseguraron ambos aspectos.
En 1923, ganó el Premio Nacional de Ciencias. En ese mismo año el químico Alfredo Sordelli, produjo insulina en el Instituto Bacteriológico. Inmediatamente, Houssay constituyó un equipo de trabajo para investigar la acción de esa hormona. Entre otros resultados, halló que los perros a los que se había extirpado la hipófisis (hipofisoprivos) tenían reacciones hipoglucemias muy acentuadas luego de la inyección de pequeñas cantidades de insulina.
Este hecho inesperado lo decidió a intentar en el perro la doble extirpación de la hipófisis y el páncreas y comprobó, con profunda sorpresa, que los perros que carecían de páncreas y de hipófisis no se tornaban diabéticos. El descubrimiento de este sorprendente hecho acaeció en 1929 (Houssay y Biasotti, 1930).
Houssay había descubierto que la diabetes pancreática no se producía en los perros hipofisoprivos (Houssay’s dogs). La diabetes reaparecía, sin embargo, con el injerto de lóbulos glandulares. Finalmente, Houssay realizó con éxito otra contraprueba: la inyección de extractos de la parte anterior de la hipófisis provocaba hiperglucemia.
De este modo, con Houssay culminó la línea de investigación iniciada casi un siglo antes -la acción glucogénica del hígado (Bernard, 1848), la pancreatectomía provoca diabetes (Minkowski, 1887), la lesión de los islotes de Langerhans está asociada a la diabetes (Opie, 1901), el aislamiento de la secreción de los islotes de Langerhans en el páncreas, la insulina (Banting y Best, 1922)- cuando demostró que la extirpación de la hipófisis en los animales de experimentación desprovistos de páncreas, y por tanto diabéticos, disminuía la glucosa en la sangre y que la inyección prolongada del extracto del lóbulo anterior de la hipófisis provocaba hiperglucemia en animales normales (diabetes hipofisaria) o diabetes permanente (diabetes metahipofisaria) por el daño de las células beta en los islotes de Langerhans (Barrios Medina y Paladini, 158-169).
Houssay ansiaba y promovía el desarrollo científico de la patria latinoamericana: “Una de mis preocupaciones intensas fue siempre la cooperación con los hombres de ciencia sudamericanos. Nuestro contacto estrecho es indispensable porque el progreso de un país es un estímulo para los otros. La reputación y el porvenir de cada uno dependen en mucho del esfuerzo solidario de todos. Debemos honrar los adelantos y las glorias de cada nación hermana como si fueran propios, desear su progreso y ayudarlo como si fuera el nuestro” (Barrios Medina y Paladini, 566).
Por eso fueron aceptados con el mismo interés, y recibieron enseñanza con el mismo celo, los brasileños, colombianos, chilenos, bolivianos, uruguayos, ecuatorianos, paraguayos y peruanos que arribaron al Instituto. También con ese espíritu fueron aceptados norteamericanos y europeos. Esa circunstancia cumplió ampliamente lo que había afirmado uno de sus discípulos: “Me doy el lujo de hacer un pronóstico. Que llegará a ser un Centro muy importante de producción científica hasta constituir no sólo una escuela para nosotros, sino para todos los sudamericanos, que se economizarán el viaje a Europa, e irán a Buenos Aires a aprender Fisiología” (Rubio, 1927).
En 1934, a los 47 años, creó la Asociación Argentina para el Progreso de la Ciencia, dos años después, fue electo junto a otros prestigiosos científicos como Niels Bohr, Guglielmo Marconi y Max Planck, académicos de la reorganizada Academia Pontificia de Ciencias. La Universidad de Harvard, conmemorando su tercer centenario, le otorgó el Doctorado Honoris Causa y fue designado Miembro Honorario de la Societe d’Endocrinologie de Francia.
En 1944 reanudó las investigaciones en el Instituto de Biología y Medicina Experimental, una residencia sumariamente reacondicionada y equipada del barrio de Palermo:”Estamos trabajando en un pequeño laboratorio privado, en investigación científica y sin provechos materiales de ninguna clase. Los recursos son escasos de aparatos, drogas, animales y bibliografía. Había donado mi biblioteca al Instituto de Fisiología y el muy meloso discípulo mío que quedó a cargo de la cátedra me opone dificultades para su uso. Apenas necesito decirle que no es fisiólogo sino gastroenterólogo de tipo común. Mis colaboradores son E. Braun Menéndez, V. Foglia, J. T. Lewis y O. Orías, es decir los mejores fisiólogos que hay en la Argentina” (Houssay 1944)
En febrero de 1946, Perón ganó, ajustadamente, las elecciones nacionales. En agosto, el Poder Ejecutivo Nacional promulgó el Decreto N°. 7.966, que dejaba sin efecto la disposición de los estatutos de las universidades nacionales que fijaban un límite de edad a los profesores titulares para continuar en el ejercicio de la cátedra. En septiembre, el Delegado Interventor de la Facultad de Medicina dispuso, de oficio, la jubilación de Houssay
En 1947, la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Fisiología y Medicina por su descubrimiento del papel de la hormona liberada por la hipófisis en el metabolismo de los azucares.
El premio fue compartido con los esposos Carl Ferdinand Corrí y Gerty Theresa Radnitz, por sus descubrimientos acerca del metabolismo del azúcar.
Obtuvo distinciones académicas (grados honorarios) de 25 universidades; fue Profesor Honorario de 15 universidades, Miembro de 38 academias, 16 sociedades de Biología, 11 de Endocrinología, 7 de Fisiología y 5 de Cardiología.
En abril de 1958, al retirarse de la docencia universitaria a los 71 años, Houssay cedió esas tareas a sus discípulos, los doctores Braun Menéndez y Foglia. Ese mismo año, inició la obra que coronaría sus esfuerzos por la institucionalización de la ciencia en la Argentina: la Creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, destinado a la formación de investigadores, estableciendo una carrera científica y un sistema de becas de perfeccionamiento
Llegaron, finalmente, los años de declinación física, que no lograron quebrar su voluntad de trabajo para continuar una tarea que consideraba inacabada; se quedaba solo, pues los discípulos que sentía como sus sucesores, los doctores Oscar Orias y Braun Menéndez, habían fallecido prematuramente; por ése entonces, también había enviudado, su esposa falleció en 1962.

En 1970, ya semipostrado a consecuencia de un accidente, recibió, con gran alegría, la noticia de que habían conferido el premio Nobel a su discípulo Luis Federico Leloir (1906-1987).

El Doctor Bernardo Houssay falleció, en Buenos Aires, el 21 de setiembre de 1971 a los 84 años de edad.
Bernardo Houssay nace 10 años después de la muerte de Claude Bernard, sus ancestros procedían casi de la misma tierra. ambos llevaban el mismo nombre, el mayor, como patronímico; el mas joven ,quizás por misterioso reflejo ,de pila, pasaron por la farmacia, aunque en distintos niveles, Bernard preparando la famosa Triaca o Teriaca, luego crea el concepto de secreción interna a las que Houssay dedico lo principal de su carrera de fisiólogo. En cambio Bernard tuvo un gran maestro Magendie, que decía” las doctrinas son solamente palabras, con los cuales mantiene vuestra ignorancia en lugar de investigar y lograr la verdad por medio de la experimentación” Magendie había tenido como maestro a Laplace. Houssay, careciendo de maestros de ese abolengo, había atestiguado la fisiología de las palabras con y sin doctrina.

Bibliografía.
1.-González Báez Conti Ed. La Cúpula México 2004.
2.-Cereijido, Marcelino: “La Nuca de Houssay”, Ed Fondo de cultura Económico 2001 Buenos Aires Cuarta Edición.
3.- Taquini, Alberto: “Houssay y la investigación clínica en la argentina”, Ed. Medicina, Buenos aires, 1987.
4.- WWW. Houssay . org. .ar
5.-Pasqualini Rodolfo Q. “La Formación de un fisiólogo: B: A: Houssay, Ed. Medicina, Buenos
Aires 1987

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