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Valencia
(España) |
26
de Mayo de 2006 |
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La diabetes casi triplica la
mortalidad en los mayores de 65 años. |
Los expertos reunidos en el 5º Encuentro sobre
Diabetes entre Atención Primaria y Asistencia Especializada, celebrado
ayer en Valencia, han alertado sobre la necesidad de un abordaje
integral de la diabetes en el anciano, ya que la mortalidad en mayores
de 65 años con esta patología casi triplica la de los que no la
padecen.
En el encuentro, organizado por la Sociedad
Valenciana de Endocrinología, Diabetes y Nutrición (SVEDyN) y la
Sociedad Valenciana de Medicina Familiar y Comunitaria (SVMFyC), se ha
recordado la frecuente asociación de la diabetes con la hipertensión,
el colesterol elevado y la obesidad en este colectivo, lo que favorece
que las enfermedades cardiovasculares sean muy habituales en el mismo.
Antonio Picó, presidente de la SVEDyN, ha remarcado que “la
diabetes, la sexta causa de muerte en los pacientes de edad avanzada,
constituye un importante problema de salud en este colectivo y puede
provocar una merma importante de la calidad de vida cuando no se le
presta la atención necesaria, tanto por el personal sanitario como por
los propios pacientes”.
El diagnóstico de la enfermedad suele hacerse al
objetivar niveles altos de glucosa (hiperglucemia) en un análisis o
cuando los pacientes consultan por otra enfermedad asociada, como un
infarto de miocardio o una infección. Con frecuencia, los síntomas de
la hiperglucemia en el anciano son poco específicos: falta de energía,
sensación de inestabilidad e incontinencia urinaria, entre otros. La
mayoría de la población diabética mayor de 65 años está constituida
por pacientes con una diabetes tipo 2, en cuyo origen parece ser
importante la predisposición genética (antecedentes en la familia de
casos de diabetes), pero sobre todo los cambios en el estilo de vida,
como el hacer poco ejercicio, comer demasiado y aumentar de peso.
Resulta notoria la elevada prevalencia de diabetes en mayores de 65
años afectados por hipertensión arterial, hipertrigliceridemia y
niveles bajos de HDL- colesterol (colesterol bueno). Se ha demostrado
que el riesgo de sufrir de diabetes aumenta desde 3,6 veces con la
presencia de un factor de riesgo (intolerancia oral a la glucosa,
triglicéridos > 220 mg/dl, colesterol-HDL < 40 mg/dl, o
hipertensión) hasta 56 veces en caso de la presencia de todos los
factores de riesgo.
Tratamiento
Los profesionales que atienden a estos enfermos deben
comprender la realidad psicosocial de este colectivo y, con ello,
contribuir al mejor cumplimiento de la estrategia terapéutica por parte
de los pacientes. “Una buena interacción médico-enfermo es la
base del éxito del tratamiento”, ha comentado el doctor Picó.
La educación diabetológica constituye una parte
esencial del tratamiento, ya que la experiencia de los profesionales
revela que los pacientes mayores de 65 años cumplen la dieta y hacen
ejercicio con menos frecuencia y cuidan peor sus pies que los pacientes
menores de esa edad. En el seguimiento de este grupo de edad, resulta
particularmente importante incluir a las esposas de los varones ancianos
y establecer contactos frecuentes con el educador. El equipo sanitario,
mediante la educación diabetológica, debe transmitir al paciente
actitudes positivas respecto al cuidado de su enfermedad. “Es
imprescindible, que el paciente adquiera conocimientos básicos en la
composición de los alimentos, importancia del ejercicio, mecanismo de
acción de los antidiabéticos orales, manejo de la insulina en caso de
requerirla, autocontrol glucémico, percepción/ prevención y
corrección de las hipoglucemias”, ha señalado el presidente de la
SVEDyN.
La intervención sobre la dieta en los pacientes de
edad resulta en ocasiones difícil por la presencia de algunas
deficiencias importantes. Además de dificultades en la preparación de
la comida (temblor, artritis) y su ingesta (dentición deficiente,
alteraciones del tracto gastrointestinal), muchos presentan deficiencias
de micronutrientes (zinc, magnesio), que deben compensarse mediante la
adición de suplementos minerales o vitamínicos. Aún así los expertos
han señalado que el tratamiento dietético es absolutamente
imprescindible en el manejo de la enfermedad. Cuando el paciente es
obeso, algo bastante habitual, las pérdidas de peso, aunque sean
pequeñas, pueden conseguir mejorías significativas del control de la
glucosa. La importancia del ejercicio físico es tan grande como la de
la dieta, aunque determinados pacientes con enfermedades del corazón o
con problemas en los pies, deban consultar antes con su médico acerca
del tipo y la intensidad de ejercicio que deben realizar. “Si, a
pesar del tratamiento con dieta y ejercicio físico, las glucemias
basales se mantienen de forma consistente por encima de 200 mg/dl, es
necesario iniciar un tratamiento adicional. Inicialmente, éste
consistirá en la introducción de fármacos orales, los llamados
hipoglucemiantes, pero en algún momento de la enfermedad puede
precisarse tratamiento con insulina, sin que esto quiera decir que la
diabetes se haya hecho más grave. Por supuesto, la decisión de que
tratamiento es el más conveniente debe tomarla el médico de Atención
Primaria o el especialista responsable del seguimiento del paciente”,
ha señalado el doctor Domingo Orozco, presidente de la SVMFyC.
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