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Madrid
(España) |
3
de Julio de 2006 |
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Los accidentes constituyen en España la causa
más frecuente de muerte en niños mayores de un año. |
En España, los traumatismos son la causa de muerte
más frecuente en los niños, lo que quiere decir que provocan más
muertes que el cáncer, los defectos congénitos, la neumonía, la
meningitis y las enfermedades cardíacas juntas. Incluso entre los
bebés menores de un año de edad, cada año se producen casi 1.000
muertes debido a caídas, quemaduras, ahogos y sofocación. Las lesiones
también pueden causar invalidez; de hecho, por cada niño que fallece a
causa de alguna lesión, 1.000 sobreviven, pero quedan discapacitados.
Las lesiones son frecuentemente producidas por la curiosidad de los
niños y en general se pueden evitar. Son más frecuentes cuando un
pequeño tiene hambre o está cansado (antes de las comidas o de la
siesta), si es muy activo, está bajo el cuidado de una persona
diferente a la habitual o vive en un nuevo entorno, como una casa nueva
o una residencia de verano. Es más probable que se produzca un
accidente cuando los padres se encuentran ocupados o no son conscientes
de los nuevos riesgos que el niño va adquiriendo a medida que crece.
Es por ello que los pediatras españoles de atención
primaria apuestan por estrategias de prevención basadas en la
educación a los padres y promoción de la salud para disminuir estos
problemas durante el periodo estival.
En este sentido, el Dr. Juan Ruiz Canela, presidente
de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, asegura
que "Durante el período estival se incrementa el riesgo de
accidentes SOBRE todo porque se hace mucha vida en el exterior".
Protección solar
Especialmente los bebés y los niños más pequeños
(menores de 3 años) son los más sensibles a los efectos nocivos de
estas radiaciones.
Para prevenir este efecto dañino del sol sobre los más pequeños deben
establecerse conductas y medidas de fotoprotección que prevengan la
exposición excesiva a las radiaciones solares. Estas precauciones han
de ser puestas en práctica, no sólo en playas, piscinas y estaciones
de montaña, sino también siempre que se practiquen deportes al aire
libre o se acuda a espectáculos u otras actividades que se llevan a
cabo en espacios abiertos. Conviene ser previsor y pecar por exceso y no
por defecto.
Ahogamientos
Uno de los aspectos sobre los que más énfasis hacen
los pediatras es en el relativo a los ahogamientos. Las cifras no
engañan e indican que cada verano entre 70 y 100 niños fallecen
ahogados en nuestras playas y piscinas, cifras que podrían reducirse
con una mayor atención y vigilancia por parte de los adultos.
En este sentido los pediatras indican que en el caso de las piscinas de
plástico, siempre hay que vaciarlas después del baño, si se deja
llena y sin vigilancia algún niño se puede ahogar. Nunca hay que dejar
que los niños se bañen en una piscina sin supervisión ni aunque
tengan manguitos o flotador. El uso de estos utensilios puede producir
una sensación de falsa seguridad, pues se pueden desinflar, romper o
salírsele al niño. Hay que saber que la máxima seguridad la da la
vigilancia de un adulto responsable durante el tiempo en que los niños
se estén bañando.
Todas las piscinas públicas y privadas deberían tener una valla alta
rodeándolas totalmente, con una cerradura de seguridad que impida el
acceso a todos los niños cuando no haya un adulto vigilando. No debe
haber objetos cercanos que puedan ayudar a saltar la valla.
En el caso del mar las medidas deben extremarse aún más, siendo lo
más recomendable que los adultos acompañen en todo momento al niño
durante el baño.
Accidentes de tráfico
La lesión por los accidentes de tráfico constituye
la causa principal de muerte en todas la edades: a consecuencia de ellos
fallecen 4 de cada 100 000 niños menores de un año de edad, 7 de cada
100 000 de 1 a 14 años, y 40 de cada 100 000 personas de entre 15 y 24
años. Un niño que no lleva cinturón de seguridad o no está protegido
correctamente en el asiento de seguridad puede ser la única víctima a
consecuencia de un frenazo súbito que no llega a provocar lesiones a
los demás pasajeros del automóvil.
Para reducir la posibilidad y la gravedad de lesiones en caso de choque,
todos los ocupantes de un vehículo deberían usar cinturón de
seguridad o, en el caso de los niños pequeños (que pesen menos de 18
kg), el automóvil debería disponer de asientos de seguridad
especiales, instalados adecuadamente.
Diarreas y otitis
El verano y el invierno son las estaciones en las que
se producen más casos de diarrea aguda infantil. En invierno son mas
frecuentes las diarreas víricas mientras que en verano, la mayoría son
de origen bacteriano ya que en vacaciones, se relajan los hábitos
alimentarios, se toman más helados y refrescos y se come en sitios como
chiringuitos de playa, donde el calor y a veces la falta de higiene
pueden favorecer la aparición de ciertas bacterias, como la salmonella
o la menos conocida 'Shigella', causantes de la diarrea aguda
La duración de la diarrea es variable aunque lo habitual es que dure
menos de 1 semana. No obstante, se considera absolutamente normal una
diarrea que se prolongue un máximo de dos semanas. La hidratación y
una alimentación normal (si es posible) constituyan los pilares un buen
tratamiento
En cuanto a la otitis hay que decir que es muy frecuente en los niños,
ya que les encanta estar metidos todo el tiempo en el agua,
principalmente en piscinas, y el cloro afecta la flora bacteriana normal
que habita el oído, así como las continuas zambullidas y la entrada
brusca del agua en las fosas nasales. En otras ocasiones puede deberse a
la utilización de hisopos para limpiar los oídos, que traumatizan el
conducto, o cuerpos extraños que los niños se introducen. Esta
afección se presenta generalmente poco tiempo después de las
actividades acuáticas y se caracteriza por dolor intenso y picazón del
oído.
Lo recomendable es acudir al centro de salud para que el pediatra
verifique los síntomas. Si se introduce algún líquido, por
prescripción facultativa, en el conducto auditivo externo debe tenerse
la precaución de templarlo un poco antes de meterlo en el conducto,
pues de lo contrario se pueden provocar mareos.
Nunca debe hurgarse el oído con bastoncillos de algodón, ya que
provoca traumatismos y maceración del conducto auditivo externo y
predispone a la infección por bacterias u hongos.
Pueden emplearse protectores de goma o cera que
impiden la entrada de agua en el oído durante el baño. Tras éste,
debe secarse cuidadosamente el oído externo.
Algunas cifras
Según un estudio del departamento de pediatría del
Hospital Sant Joan de Deu, de Barcelona ( 2004), la mayoría de los
accidentes ocurren entre los 5 y 9 años. El estudio indica que el 55%
de los menores de 10 años no presenta ningún tipo de vigilancia o
supervisión adulta en el momento del accidente. El 40% de los niños
que si estaban vigilados no realizaban actividades seguras y adecuadas
para su edad.
Según los mismos datos, el 65% de los accidentes de
los niños menores de seis años ocurre en el hogar, este porcentaje se
traslada a la vía pública a partir de los diez años.
· Los niños con su especial forma de ser, explorándolo todo y
rodeados de muchas fuentes de peligro, (que hace unas décadas no
existían), hacen que los accidentes tengan un patrón epidemiológico
reconocido:
· un 51% ocurre en hogar,
· seguimos con un 18,5% en el transporte y
· un 12,1% en actividades deportivas.

Según su incidencia:
· Sexo: niños en un 71% y en Niñas en un 29%
· Edad: accidentes fuera del hogar entre los 5 y 9 años, en las
intoxicaciones la edad más frecuente entre los 1 y 4 años.
· Meses del año: en invierno son más frecuentes los accidentes
domésticos, y sobre todo en las horas de la comida, pues se disminuye
la vigilancia centrándonos solo en la comida. En primavera y verano
ocurren fuera del hogar, en parques, piscinas, etc...
Ante la importancia de todas estas cifras, el Dr.
José Luis Bonal, presidente de la Asociación Española de Pediatría
Extrahospitalaria y de Atención Primaria asegura que "por eso
es recomendable vigilar y estar atento a las actividades del niño, no
inducir conductas temerarias pero tampoco miedo, porque también es
importante que aprenda a conocer dónde está el peligro sin
sobreprotegerle".
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