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Jaén (España) |
21 de
Octubre
de 2008 |
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Estudios en animales demuestran
que el consumo de aceite frena el crecimiento del cáncer. |
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Las investigaciones revelan que los tumores salen antes y son
más grandes y además hay más animales afectados en los animales que
toman grandes cantidades de aceite de maíz, a diferencia de los
animales que han tomado aceite de oliva cuyos tumores son más
benignos.
- Las conclusiones de este trabajo,
desarrollado por un grupo de investigación de la Universidad
Autónoma de Barcelona (UAB) que coordina el profesor Eduard Escrich,
serán expuestas en el II Congreso Internacional sobre Aceite de
Oliva y Salud, que se celebrará en Córdoba y Jaén del 20 al 22 de
Noviembre.
Las evidencias científicas que han mostrado los estudios in vivo que
desarrolla el Grupo Multidisciplinario para el Estudio del Cáncer de
Mama de la UAB indican que el aceite de maíz es una grasa perjudicial si
se consume en exceso, mientras que el de oliva es beneficioso si se toma
con moderación, según avanza el coordinador del Grupo, Eduard Escrich.
Este equipo de la UAB realiza su labor investigadora con un modelo de
cáncer de mama experimental estudiando los efectos que producen en los
animales el consumo de dos tipos de grasas: el aceite de maíz y el de
oliva. Los estudios abarcan tres enfoques: el clínico, el morfológico, y
por último, el estudio de los mecanismos moleculares. Unas
investigaciones que han puesto de manifiesto el efecto protector del
aceite de oliva frente al cáncer.
“Llevamos 16 series experimentales realizadas y con los aceite de
semillas siempre ocurre lo mismo. A los animales que están tomando
grandes cantidades de aceite de maíz los tumores les salen antes; hay
más animales con cáncer de mama; hay más número de tumores por animal; y
los tumores son más grandes. Es decir, la carcinogénesis es muy
importante en los animales que toman aceite de maíz en exceso”, explica
el profesor de Biología Celular, Fisiología e Inmunología. No obstante,
Escrich subraya que el aceite de maíz no provoca el cáncer sino que
actúa más en la promoción de ese cáncer, acelerando el curso clínico de
la enfermedad.
¿Y
qué ocurre con el aceite de oliva? “Clínicamente queda muy claro su
efecto saludable: algo tiene el aceite de oliva que a pesar de
suministrarse en gran cantidad contrarresta el efecto negativo que pueda
tener, como grasa que es”, apunta. La grasa aporta la energía que es el
combustible que necesita la célula tumoral o cancerosa de ahí que, en
principio, cualquier grasa pueda ser perjudicial, explica el
investigador. “Pero algo tiene el aceite de oliva que contrarresta ese
posible efecto perjudicial: los mecanismos específicos que nosotros
analizamos con los estudios morfológicos y moleculares”.
De
hecho, los estudios experimentales morfológicos, esto es, los que
analizan en el microscopio el aspecto del tumor, han desvelado que los
tumores originados en los animales que han tomado aceite de oliva son
más benignos, que los tumores de los animales que han tomado aceite de
maíz. Un nuevo punto a favor del aceite de oliva. Además, el profesor
indica que tanto su equipo de investigación como los otros grupos que
participan en este congreso han demostrado que existen datos moleculares
que apoyan los efectos saludables del aceite de oliva en relación al
cáncer.
Hasta
la fecha, los experimentos desarrollados nunca han demostrado que el
aceite de oliva tenga capacidad para revertir un tumor que ya existe.
“Pero sí podemos contribuir a la lucha contra el tumor porque nuestros
resultados indican que frena el crecimiento de ese tumor y la evolución
de la enfermedad, aunque no podemos clasificar al aceite de oliva como
un fármaco”.
Todos
estos resultados de investigación se expondrán en el simposio sobre
aceite de oliva y cáncer incluido en el II Congreso Internacional sobre
aceite de oliva y salud que se celebrará en Jaén y Córdoba del 20 al 22
de noviembre, que moderará el propio Escrich, y donde se conocerán los
resultados de investigación de otros especialistas en este campo.
Aceite de oliva para cocinar
Respecto a los hábitos alimentarios, el investigador ha señalado que
actualmente la grasa que más consumen los humanos es de origen animal.
Pero por otra parte, “la grasa de aceite de semillas, como es más
barata, se está utilizando mucho en la cocina, desplazando a otros tipos
de aceite como el de oliva”. Sin embargo, el aceite de oliva es el que
se mantiene más estable, aguanta más la temperatura y se altera menos
(las alteraciones son problemáticas para la salud) al ser utilizado en
la cocina. Por eso a Eduard Escrich le resulta incomprensible la
situación actual en las cocinas de los establecimientos públicos: “Es un
tema de salud pública y alguien debería hacer entender a los
restaurantes que no se deberían utilizar tipos de aceites como el de
girasol que pueden ser perjudiciales para la salud”.
Pero
el efecto protector del aceite de oliva frente al cáncer también está
presente en el aceite en crudo por dos motivos: por el ácido oleico que
contiene, un ácido graso que se comporta de manera saludable en su
interacción con las células; y por los componentes minoritarios
exclusivos del aceite de oliva virgen extra, como los antioxidantes o el
escualeno, muy beneficiosos para muchos más aspectos de la salud. Por
eso, el hecho de administrarlo de manera regular podría tener efectos
beneficiosos.
“Mi
recomendación dietética sería moderar el consumo en general de grasas
disminuyendo las grasas animales y las grasas poliinsaturadas omega 6
(éstas últimas presentes en los aceites de semillas), e incrementando,
sin sobrepasar la cantidad adecuada, las del aceite de oliva y las de
omega 3 presentes en el pescado azul y sus aceites. El consumidor debe
tomar aceite de oliva desde edades tempranas y adquirirlo como un hábito
dietético saludable pero con moderación”, recomienda este científico.
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