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Barcelona (España) |
28 de
Enero
de 2009 |
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Se amplían las manifestaciones
de los trastornos de la conducta alimentaria. |
Cada vez se encuentran
más trastornos específicos en que los pacientes presentan problemas con
la comida. Es el caso de la vigorexia, sadorexia o diabulimia, entre
otros.
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) constituyen un problema
de salud que tiene un fuerte impacto en nuestra sociedad. Las
importantes transformaciones tanto sociales, económicas como culturales
guardan una relación directa con las transformaciones en los
comportamientos alimentarios. Y es que la belleza, el atractivo físico y
el cuerpo son valores en alza en la sociedad del siglo XXI.
La problemática de estos trastornos es tan variada y multifactorial que
exige una atención y actuación que incluya los aspectos clínicos,
familiares, pero también culturales, sociales y educativos. Según
constata el Instituto de Trastornos Alimentarios (ITA) cada vez más se
amplían las diferentes manifestaciones de estos trastornos, lo que
implica una mayor diversidad para su tratamiento.
Los criterios diagnósticos específicos de los trastornos mentales (DSM-IV-TR)
definen tres tipos de trastornos de la conducta alimentaria: la anorexia
nerviosa (rechazo a mantener el peso corporal igual o por encima del
valor mínimo); la bulimia nerviosa (ingesta de alimentos en un corto
espacio de tiempo en cantidad superior a la que la mayoría de las
personas ingerirían en un tiempo similar; en definitiva, sensación de
pérdida de control sobre la ingesta); y el trastorno de la conducta
alimentaria no especificado (todos aquellos trastornos que no cumplen
los criterios de las dos anteriores categorías).
Esta misma clasificación también describe diferentes trastornos ligados
a los TCA: el trastorno de pica (la ingestión persistente de sustancias
no nutritivas); el trastorno de rumiación (regurgitaciones y nuevas
masticaciones repetidas de alimentos); y el trastorno de la ingestión
alimentaria de la infancia o la niñez (dificultad persistente para comer
adecuadamente con incapacidad significativa para aumentar de peso o con
pérdidas significativas de peso).
Nuevas manifestaciones de TCA
Las manifestaciones más reconocibles de TCA son la anorexia y la bulimia
nerviosa junto al trastorno por atracón. A día de hoy aparecen con mayor
fuerza nuevas manifestaciones como la vigorexia, ortorexia, sadorexia,
el síndrome del comedor nocturno y la diabulimia. Estos trastornos
específicos son menos conocidos y, sin embargo, cada vez más frecuentes.
La vigorexia es un trastorno que afecta entre el 1 y el 10% de los
usuarios habituales de gimnasios. Se caracteriza por la preocupación
obsesiva por el físico y una distorsión del esquema corporal afectando
mayoritariamente a hombres entre 15 y 35 años aunque también a mujeres.
Todo ello implica una adicción a la actividad física (especialmente a la
musculación) junto con pensamientos obsesivos y permanentes sobre cómo
mejorar el aspecto (preocupación por ser débil o poco musculoso). Muchas
veces conlleva al consumo de sustancias para el desarrollo muscular y al
excesivo control de la dieta, poco equilibrada donde la cantidad de
proteínas y carbohidratos consumidos es excesiva.
Otra de las manifestaciones de los TCA es la llamada ortorexia, que
literalmente significa “apetito correcto”, es decir, la obsesión por
comer saludable. Se manifiesta a través de la preocupación excesiva por
la calidad de la comida sintiéndose culpable y corrompido cuando no se
cumplen las propias convicciones dietéticas. De esta manera, los
sujetos, mayoritariamente mujeres jóvenes, desarrollan sus propias
reglas alimenticias y, a diferencia de la anorexia o bulimia nerviosa
que se centra en la cantidad de comida, los ortoréxicos se obsesionan
con la calidad de la misma llegando a aislarse socialmente debido a su
forma de comer. En definitiva, la vida cotidiana se ve afectada, ya que
lo que empezó como un hábito alimentario, deriva casi en una “religión”
donde la mínima trasgresión equivale al pecado.
Juntamente con los dos trastornos anteriormente mencionados encontramos
la sadorexia (sadomasoquismo y anorexia) considerada una evolución o
segunda generación de los TCA tradicionales. Se caracteriza por un
comportamiento anoréxico, bulímico u ortoréxico donde la sintomatología
tradicional es inexistente dando paso a la utilización de técnicas de
adelgazamiento no convencionales como el masoquismo severo para lograr
la extrema delgadez. En estos casos el maltrato corporal y el control
externo del comportamiento pueden provocar pérdidas de peso rápidas y
permanentes. Estas actuaciones no despiertan sospecha en familiares ni
amigos aunque provocan aislamiento social y familiar.
Otros trastornos poco diagnosticados pero no por ello menos importantes
son: el síndrome del comedor nocturno, la diabulimia y ciertos
trastornos fóbicos que comprometen la conducta alimentaria.
Entendemos como síndrome del comedor nocturno aquel que comprende tanto
un trastorno alimentario como un trastorno del sueño. Afecta entre el 1
y el 2% de la población y se centra en la ingesta excesiva de alimentos
durante la noche pudiéndose llegar a repetir entre 3 y 5 veces. Las
personas que lo sufren comen semidormidos por lo que no son conscientes
ni recuerdan plenamente lo que hacen.
Por su parte, la diabulimia es un trastorno en el cual las personas que
padecen diabetes tipo 1 omiten sus inyecciones de insulina con el
propósito de perder peso. A menudo, estos sujetos son diagnosticados de
un trastorno alimentario como anorexia o bulimia nerviosa antes que de
la diabetes. Frecuentemente aparece en la adolescencia y es más común en
mujeres que en hombres.
Dentro de los trastornos fóbicos podemos encontrar ciertas conductas
como evitar comer en público, deglutir alimentos y seleccionarlos,
desarrollando conductas evitativas debido a las sensaciones
desagradables que les provoca la presencia de ciertos alimentos, el
miedo a atragantarse, etc. |