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Barcelona (España) |
18 de Junio
de 2008 |
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Identificados
nuevos biomarcadores de progresión y pronóstico del Ictus con
Ateromatosis Cerebral. |
Una reciente
publicación de la revista Stroke
Este estudio permite identificar en qué pacientes progresará la
patología y en cuáles no y por qué.
Un equipo de investigadores de l’Institut de Recerca de l’Hospital
Universitari de la Vall d’Hebrón, liderado por el Dr. Joan Montaner, y
con la colaboración del equipo del laboratorio de hemodinámica cerebral
del Dr. Molina y de l’Institut de Diagnòstic per la Imatge (IDI) de este
mismo centro, han diseñado un estudio para dar respuesta a una pregunta
muy frecuente que los pacientes, que han padecido un ictus, hacen a su
neurólogo cuando se les da el alta: ¿Me puede volver a suceder lo mismo?
La respuesta depende sobre todo del tipo de ictus que haya padecido el
paciente, pero el equipo del Dr. Montaner ha encontrado parte de la
respuesta en para aquellos ictus de origen aterosclerótico en los que se
identifica una estenosis intracraneal. Han identificado marcadores
biológicos predictores de esta progresión del ictus, lo que permitiría,
en estos pacientes, intensificar el seguimiento o ser más agresivos en
la terapéutica.
Ictus, tipo y causas:
El ictus (o accidente vascular cerebral) es el trastorno neurológico de
mayor prevalencia y el que comporta más repercusiones, tanto por su
mortalidad como por las secuelas que produce. Un ictus es una enfermedad
aguda ocasionada por una alteración de la circulación de la sangre en el
cerebro. Ictus es el nombre científico de lo que más popularmente se
conoce con el nombre de apoplejía, derrame cerebral, embolia o trombosis
cerebral. Cada ictus es diferente y las personas que lo padecen
presentan diferentes síntomas dependiendo de la zona y el volumen del
cerebro afectado y del estado de salud previo. En general podemos
dividir los ictus en isquémicos o en hemorrágicos (hemorragia cerebral).
Para entendernos, un ictus isquémico se origina cuando aparecen
anomalías en las arterias que dificultan la correcta irrigación
sanguínea que tiene que recibir el cerebro. La anomalía más frecuente es
la producida por coágulos de origen cardíaco (fenómenos cardioembólicos),
y por las placas de arterosclerosis.
Estas placas (constituidas, en gran parte, por colesterol) nacen en las
paredes de las arterias y aumentan con la edad, con la hipertensión y
con unas elevadas cifras de colesterol. Si estas placas se desprenden de
la pared de la arteria, se pueden convertir en émbolos que viajan por el
torrente sanguíneo o bien constituirse como una superficie sobre la que
se produce la agregación de plaquetas y la coagulación de fibrina y
pueden, así, acabar produciendo la oclusión de la circulación de la
sangre en el cerebro, dando lugar a un accidente vascular cerebral
(isquemia o infarto cerebrales).
Si la afectación dura menos de 24 horas, hablamos de un ictus
transitorio. Este ictus transitorio presenta los mismos síntomas, pero
desaparecen rápidamente sin dejar secuelas. De hecho, la mayoría remiten
en menos de una hora.
Y después de un ictus, ¿qué?
Después de padecer un ictus isquémico, se necesita encontrar la causa.
Se hacen multitud de pruebas diagnósticas para saber que ha causado este
ictus y evaluar si se puede volver a repetir. En función de estas
causas, el tratamiento será evitar la agregación de las plaquetas,
administrar estatinas para controlar el colesterol o si el origen es
cardioembólico: la anticoagulación, -el conocido sintrom®-.
Es necesario seguir con atención a estos pacientes y su tratamiento. Una
de las pruebas diagnósticas que se hace recientemente es evaluar el
grado de ateromatosis intracraneal y ver el estrechamiento de los vasos
del cerebro. Ante este tipo de ictus, y una vez diagnosticada la
estenosis intracraneal, es decir, el estrechamiento de una arteria de
dentro el cráneo a causa de una placa de ateroma adherida a las paredes
de ésta, se sabe que hay unos pacientes en los cuales progresará la
estenosis y otros en que, no. De la misma manera se ha comprobado que
unos pacientes empeorarán y repetirán ictus y otros, no.
En el 33% de los pacientes estudiados, al hacer ecografías doppler
sucesivas, se comprobó que la lesión progresó y un 24% presentó una
recurrencia en forma de nuevo evento clínico (otro ictus, un accidente
vascular transitorio o un infarto de miocardio). Pero se desconocía el
porqué. Era necesario pues, identificar las causas de esta variabilidad
y saber en qué pacientes progresaría la patología y en cuáles no.
El equipo del Dr. Montaner ha identificado marcadores biológicos
predictores de esta progresión del ictus: los marcadores
proinflamatorios como la PCR (proteína C reactiva), las metaloproteases
(también implicadas en la cascada de la inflamación) y ciertos
marcadores de fibrinolisis (rotura y desestabilización de la placa de
ateroma), que determinan si aquel paciente es candidato a repetir un
ictus, un infarto de miocardio o un accidente vascular transitorio. En
definitiva, los marcadores que nos dan información sobre el crecimiento
de la placa de ateroma y la desestabilización de ésta. Esto permitiría,
en estos pacientes, intensificar el seguimiento especialmente de los
factores de riesgo cardíacos o ser más agresivos en la terapéutica.
Estos resultados podrían ser la llave, de posibles dianas terapéuticas
para estos ictus. A pesar de que hace falta, inicialmente, que otros
grupos de estudio sigan los pasos pioneros del grupo del Dr. Montaner y
repliquen los resultados. Será necesario validar estos marcadores y
posteriormente bloquearlos demostrando que, efectivamente, hay una
relación causa-efecto. Por ejemplo si la PCR y la PAI están implicadas
en el desarrollo de la progresión de la ateromatosis intracraneal
causando nuevos ictus y bloquean estas moléculas evitando el progreso,
habrá clara evidencia científica de que hay una causa efecto entre los
niveles elevados de PCR y PAI y la progresión y clínica de la
ateromatosis intracraneal. Uno de los grandes problemas y limitaciones
conque se encuentran estos grupos de estudio es que no existen buenos
modelos animales para el estudio del ictus con este tipo de estenosis.
Este estudio se ha centrado en una muestra de pacientes, muy bien
seleccionados, que después de padecer un ictus isquémico fueron
diagnosticados de una estenosis intracraneal. De los 196 pacientes
iniciales con este tipo de estenosis se descartaron para el estudio
todos aquellos pacientes que pudieran presentar alguna duda sobre el
diagnóstico o tuvieran otros problemas que pudieran afectar sobre la
progresión de la enfermedad. Finalmente, la muestra que se ha seguido
durante una media de 23 meses, ha incluido a 75 pacientes, todos ellos
diagnosticados de este tipo de estenosis por ecografía doppler. Todos
estos 75 pacientes han reconfirmado el diagnóstico con otra prueba de
imagen (88% con Angioresonancia y el 12% con angioTC).
El estudio no ha quedado sólo en este punto. El equipo del Dr. Montaner
está buscando, con resultados preliminares esperanzadores, cuál es la
predisposición genética a la progresión de la enfermedad. Si además de
tener la PCR y la PAI elevadas, hay una explicación genética de por qué
es así, por qué unos pacientes tienen estos marcadores elevados, se
podrá identificar cómo esta genética aumenta y condiciona la
predisposición a la enfermedad.
Este Grupo de Investigación en Enfermedades Neurovasculares de
l´Institut de Recerca de l´Hospital Universitari Vall d´Hebron de
Barcelona, liderado por el Dr. Montaner, es pionero en aportaciones
críticas en la fisiopatología del ictus y en aportaciones de gran
repercusión tanto para el punto de partida de nuevos estudios como para
la práctica clínica. El año pasado ya se demostró la eficacia del grupo
de fármacos conocidos como “estatinas” en la mejoría de la evolución de
los pacientes que habían padecido un ictus.
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