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Barcelona
(España) |
14 de Junio de 2007 |
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El cambio climático y sus
efectos propician la necesidad de revisar nuestros hábitos para
favorecer una mejor hidratación. |
Es un hecho científico que durante este siglo el
clima global está siendo alterado significativamente (cambio climático
global) como resultado del aumento de concentraciones de gases
invernadero. Una circunstancia que propiciará la exigencia del cambio en
nuestras costumbres, empezando por la necesidad de una mayor y mejor
hidratación.
“Ya se están manifestando algunas de las consecuencias del cambio
climático. Ciertas alteraciones, como las que afectan a la flora y fauna
silvestres no siempre son percibidas por los ciudadanos. Aunque éstos sí
van a empezar a advertir algunos problemas asociados a lo que se
denominan ‘fenómenos meteorológicos extremos. Es decir, las sequías, las
inundaciones, las olas de calor...”, afirma el periodista José María
Montero, experto en medio-ambiente.
Las olas de calor forman parte de los fenómenos meteorológicos extremos
y, en el caso del cambio climático, esos fenómenos meteorológicos
extremos van a ser más frecuentes e intensos. Las olas de calor son, en
cierto modo, características del clima mediterráneo; han sucedido
siempre con una cierta frecuencia. “Lo que ocurre es que, ahora, en este
nuevo escenario de cambio climático, este tipo de olas de calor van a
ser más frecuentes y más intensas, con un notable impacto sanitario en
la población”, añade este experto.
Durante los días de mayor calor, el organismo pierde entre dos y tres
litros de líquido a través del sudor, la orina, la respiración y la
transpiración de la piel. Para evitar una eventual deshidratación, y
especialmente para niños y ancianos, los especialistas recomiendan
incrementar el consumo de líquidos de 2 a 3 litros diarios.
Fenómenos más frecuentes e intensos
“Las olas de calor forman parte de lo que se denominan fenómenos
meteorológicos extremos y con el cambio climático, esos fenómenos van a
ser más frecuentes e intensos”, sostiene José María Montero.
El efecto más apreciable y visible en nuestro cuerpo, con la aparición
del calor, es el aumento de la sudoración, precisamente como una forma
de evitar el calor corporal. Si las temperaturas se elevan mucho,
podemos sufrir una pérdida muy destacable de agua corporal y eso puede
conducir a la deshidratación. Si además eso ocurre en zonas húmedas, la
sudoración aumenta gradualmente y, en estos casos, la cantidad de agua
perdida y el riesgo de deshidratación también son mucho mayores.
“Nuestro estado de hidratación es como cualquier balance, tenemos
entradas y salidas. Las salidas son muchas: pérdidas renales, fecales,
pulmonares, pero siempre son más destacables las pérdidas por
sudoración. Y los ingresos vendrían con el consumo de agua. El nivel de
deshidratación o de hidratación va a depender de lo que bebo y de lo que
saco. Si este balance está a favor de las pérdidas, aparecerá la
deshidratación. Si está a favor de las ganancias, tendremos un buen
estado de hidratación”, explica del Prof. Dr. José Mataix,
catedrático de Fisiología y Director de la Escuela de Nutrición de la
Universidad de Granada.
“La solución siempre es beber en cantidad. Continuamente y en
pequeñas cantidades. No hay otra solución. Hay personas que lo
solucionan bebiendo solo agua y otras personas necesitan recurrir a otro
tipo de bebidas, que también contienen agua, como las infusiones, zumos
o refrescos, que podemos decir que son más atractivas para poder
tomarlas, pero al final la solución es beber”, afirma el Prof. Dr.
José Mataix.
Pero no todas las bebidas son buenas. “El único problema es que
muchas veces intentamos paliar nuestra sed con bebidas alcohólicas y el
alcohol es un diurético que complica la hidratación”, advierte el
Prof. Dr. Mataix. |