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Sevilla
(España) |
9 de Marzo
de 2007 |
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Aumentan los casos de cáncer
de mama en mujeres jóvenes. |
El cáncer de mama está aumentando entre las jóvenes
españolas sin que los científicos sepan discernir las causas exactas,
según se pondra de manifiesto en el VI Simposio Internacional del GEICAM
(Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama). “Puede que
existan factores genéticos, aunque sin duda influye el estilo de vida
americanizado, rico en grasas animales”, explica el doctor Miguel
Martín, presidente de GEICAM. Otra de las explicaciones es el retraso en
la edad de concepción, ya que tener hijos siendo joven reduce el riesgo
de sufrir cáncer de mama.
Este hecho también contribuye a que diagnostiquen con más frecuencia
tumores mamarios en mujeres embarazadas y se registre un caso de cada
tres mil gestantes, según la doctora Amparo Ruiz, del Servicio de
Oncología Médica del Instituto Valenciano de Oncología (I.V.O), que
participa en el simposio. “El embarazo precoz, dejará de ser un factor
protector en la incidencia de cáncer de mama, por el retraso en la edad
de la gestación”, señala. Además, “al aumentar la edad del primer
embarazo ya nos aproximamos a edades en las que es más frecuente este
tumor (alrededor del 6.5 % de todos los cánceres de mama se diagnostican
en mujeres menores de 40 años)”. La incidencia de cáncer de mama
durante el embarazo oscila entre el 0,2 y el 3,8%, pero en las mujeres
en edad fértil (menos de 45 años) la frecuencia alcanza el 7-14%.
Las autoridades sanitarias orientan los programas de detección precoz a
mujeres entre los 50 y 69 años, “aunque lo ideal es que esa
recomendación se amplíe progresivamente y empiecen a hacerse a partir de
los 45” señala Mª Antonia Gimón, presidenta de la Federación
Española de Cáncer de Mama (FECMA). En aquellos casos en los que haya
algún antecedente familiar, se recomienda una primera mamografía incluso
mucho antes.
Uno de los problemas añadidos del cáncer de mama en el embarazo es el
retraso en realizar un diagnóstico, que es casi el triple en mujeres
embarazadas que en las no gestantes (11 meses contra 4), lo que implica
peores posibilidades de curación. Se calcula que un retraso en el
diagnóstico de 3 a 6 meses incrementa el riesgo de metástasis de un 5 a
un 10%. “Dado que la mama durante la gestación sufre una serie de
cambios en su consistencia y tamaño, la mujer no debe asumir que
cualquier cambio es normal, sobre todo si aprecia nódulo, endurecimiento
en una zona de la mama, o si aparecen signos inflamatorios localizados o
difusos en la misma”, expone la doctora Ruiz. Ante esta situación la
mujer debe consultar con su ginecólogo sin demora para un diagnóstico
exacto. La exploración clínica en estas mujeres no es sencilla, dados
los cambios propios del embarazo producen aumento de la turgencia en la
glándula pero existen pruebas con las que se obtiene la misma fiabilidad
que en el resto de mujeres.
Una de estas pruebas es la mamografía, que se puede realizar con
protección, incluso en el primer trimestre del embarazo; la ecografía,
que no supone riesgos; y la biopsia, que es obligada en lesiones
sólidas. El 90 % de los cánceres de mama se diagnostica en estadio no
diseminado, por lo que en la mayoría de pacientes no es necesario
realizar estudios radiológicos que impliquen riesgo para el feto, salvo
que exista indicio de metástasis.
Los resultados del tratamiento también son independientes del embarazo.
“Existe la falsa creencia de que el pronóstico del cáncer de mama en
mujeres embarazadas es peor pero esto no es así si comparamos a estas
mujeres con no embarazadas con el mismo estadio”, aclara la doctora
Ruiz. El cáncer de mama es un tumor hormonosensible por lo que durante
mucho tiempo se aconsejaba la interrupción del embarazo para disminuir
la potenciación en el desarrollo del tumor por la estimulación hormonal
y para poder aplicar sin riesgos las terapias necesarias, comenta la
doctora Ruiz. Sin embargo se ha comprobado que la supervivencia de
pacientes con cáncer de mama durante el embarazo no se incrementa por
interrumpir el mismo y ahora ya se puede tratar a mujeres embarazadas
con cáncer de mama sin riesgos para el feto. El tratamiento es similar
al de mujeres no gestantes, con la diferencia de que los riesgos de
determinados tratamientos para el feto son muy altos en el primer
trimestre del embarazo, mientras que en el segundo y tercer trimestre
“el riesgo es mínimo”.
Tampoco existe inconveniente en que una mujer se quede embarazada una
vez que su cáncer ha remitido, lo que cada vez es más frecuente. “Hay
estudios que incluso demuestran mejor pronóstico a aquellas mujeres con
cáncer de mama que posterior a su diagnóstico-tratamiento quedaron
embarazadas. No se puede asegurar si esto se debe a que tenían las
mejores condiciones de salud del grupo o si el embarazo ejerce un efecto
protector sobre la recaída”, comenta Amparo Ruiz. Sin embargo, se
recomienda esperar al menos un año tras finalizar el tratamiento para
comprobar que no existe recaída.
Algunos hospitales han comenzado a explorar la posibilidad de congelar
la corteza ovárica antes de la quimioterapia, de modo que se pueda
reimplantar si ha habido algún daño en la capacidad reproductora debido
a la medicación. “Estas técnicas, todavía en fase experimental,
pueden ser una buena alternativa para estas mujeres jóvenes con
diagnóstico de cáncer de mama que necesiten seguir tratamiento con
quimioterapia y que deseen en un futuro, quedar embarazadas”,
comenta. |