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Madrid (España) |
6 de Marzo
de 2009 |
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Casi la mitad de las mujeres
con artritis reumatoide se ven obligadas a dejar de trabajar a
causa de las secuelas de la enfermedad. |
El próximo 8 de
marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora
- La Artritis
Reumatoide (AR) es la causa más frecuente de incapacidad
potencialmente tratable en el mundo occidental y afecta, en mayor
medida, a la población femenina.
- Las barreras con las que se encuentra una persona con AR en su
puesto de trabajo no son sólo físicas. Existen otro tipo de barreras
que vienen dadas por el desconocimiento de la enfermedad, tanto por
el paciente como por la sociedad en general.
- Los nuevos fármacos biológicos han supuesto un incremento en la
calidad de vida de los pacientes con AR, dado que los signos y
síntomas mejoran significativamente. La mejora psicológica es
también importante, ya que pueden realizar más actividades sin
esfuerzo ni dolor, lo que hace que se enfrenten a la enfermedad de
forma más positiva.
- El diagnóstico precoz y el acceso temprano a este tipo de fármacos
hace que la evolución de la enfermedad se ralentice y en algunos
casos, incluso puede llegar a remitir.
Un movimiento tan
sencillo como hacer un click con el ratón del ordenador puede
convertirse en una tarea difícil y dolorosa para las personas que sufren
Artritis Reumatoide (AR), una enfermedad reumática crónica y
degenerativa que afecta a 200.000 personas en nuestro país y en mayor
medida a la población femenina.
De hecho, por cada tres mujeres que sufren AR solo es diagnosticado un
hombre. Además, debido a que el sexo femenino tiene una esperanza de
vida superior al masculino, se padece la enfermedad durante un mayor
periodo de tiempo, a pesar de estas personas viven una media de 10 años
menos a causa de la dolencia.
Debido a la discapacidad progresiva que provoca la AR, entre el 25 y el
50 por ciento de las mujeres que la padecen se ven obligadas a dejar sus
puestos de trabajo a los 10 años desde el inicio de la enfermedad. Por
otro lado, se piensa que la AR es la causa más frecuente de incapacidad
potencial tratable en el mundo occidental.
Según el doctor Manuel Romero Jurado, de la sección de Reumatología del
Complejo Hospitalario de Jaén, “la pérdida de la capacidad laboral por
las secuelas de la AR tiene gran trascendencia social y económica, ya
que se trata de una dolencia que se presenta en plena edad productiva y
que debido a la inflamación de las articulaciones y el dolor que
provoca, hace que ciertas actividades no se puedan realizar con total
normalidad”.
Aunque no se conoce la causa exacta de esta enfermedad, el sexo femenino
tiene una mayor predisposición a padecerla, por lo que existen varias
teorías que indican que los factores hormonales influyen en su
desarrollo.
Dificultades en las labores del hogar
Las articulaciones de las manos son las que se ven más afectadas y de
forma más precoz por el desarrollo de la AR. Por este motivo,
actividades de la vida cotidiana se ven limitadas de tal forma que subir
una cremallera, o abrir un bote, actos que para una persona sana
resultan sencillos y rápidos, pueden convertirse en una verdadera odisea
para estos pacientes.
En este sentido, las labores del hogar constituyen otro obstáculo
importante en la vida cotidiana de las personas con AR y sobre todo para
las amas de casa. “Pelar patatas, tender la ropa, coger peso y cuidar de
los hijos se convierten en labores que ofrecen serias dificultades”,
explica Laly Alcaide, secretaria ejecutiva de la Coordinadora Nacional
de Artritis (ConArtritis).
“Las amas de casa sufren especialmente esta enfermedad”, continúa
explicando Laly Alcaide. “Al limitarse su trabajo al entorno doméstico,
se relacionan menos con otras personas y este aislamiento implica que
dedique más tiempo a pensar en su enfermedad, lo que supone un
padecimiento psicológico importante. Además, en muchas ocasiones no
cuentan con los recursos económicos suficientes que permitan aliviar
este trabajo doméstico”.
Barreras físicas y barreras psicológicas
Las barreras con las que se encuentra un paciente con AR no se limitan
sólo a las tareas cotidianas que deben dejar de hacer y a su cambio de
hábitos. “Existe una barrera psicológica muy grande que los propios
enfermos nos creamos. Ante un primer trabajo, surgen dudas sobre si
debemos decir u ocultar que padecemos esta dolencia. También tenemos la
incertidumbre sobre si podremos llevar a cabo las tareas con normalidad
o simplemente si seremos seleccionados sabiendo que en algún momento de
nuestra vida tendremos alguna limitación”, explica Laly Alcaide.
Pero sin duda, la gran barrera con la que se encuentran las personas que
padecen AR es el desconocimiento que la sociedad tiene sobre esta
enfermedad. Este hecho, unido a que si el paciente no se encuentra en un
estadio muy avanzado de la enfermedad, el deterioro físico no es
evidente a simple vista, hace que exista una gran incomprensión hacia
estas personas, sobre todo en el entorno laboral.
“Por un lado, nuestros compañeros de trabajo no entienden nuestro tipo
de dolor, nuestro cansancio en ciertas ocasiones y nuestra imposibilidad
para realizar ciertas tareas”, apunta Laly Alcaide. “Por otro lado,
tampoco solemos contar con facilidades y flexibilidad en nuestros
puestos de trabajo que permitan que podamos llevar una jornada laboral
lo más productiva posible”.
El hecho de vivir en una gran ciudad se convierte también en un problema
a la hora de desplazarse hasta el lugar de trabajo puesto que el
transporte público no está adaptado para las limitaciones que puedan
tener las personas con AR.
La dificultad de agarrarse a las barras de sujeción de metro y
autobuses, la imposibilidad de subir los brazos y la problemática que
conlleva bajar y subir unas escaleras hacen que los traslados desde el
hogar hasta el puesto de trabajo también impliquen un gran esfuerzo.
“Además, el hecho de que las secuelas de la enfermedad no se contemplen
a simple vista hace que el resto de personas no nos cedan un asiento
fácilmente”, explica Laly Alcaide.
Tratamientos que incrementan la calidad de vida
Los nuevos fármacos biológicos han sido un paso importante en el
incremento de la calidad de vida de los pacientes con AR. Según el
doctor Romero Jurado, “son terapias eficaces y seguras tanto en el
tratamiento de los síntomas como en la modificación de la enfermedad. De
hecho, existen muchos estudios que abogan por introducir este tipo de
tratamientos desde el principio”.
Para Laly Alcaide, “los pacientes tratados con fármacos biológicos
experimentan un gran cambio físico, ya que se reduce el dolor y la
inflamación, por lo que se gana en calidad de vida. Pero la mejora
psicológica es también enorme, puesto que el hecho de ver controlada la
enfermedad y que se puedan realizar un mayor número de actividades sin
esfuerzo y dolor, hace que nos enfrentemos a ella de una forma más
positiva”.
Por este motivo, un diagnóstico precoz y un tratamiento temprano con
este tipo de fármacos hacen que la enfermedad se ralentice, llegando
incluso a la remisión, y que las pacientes puedan llevar a cabo su
trabajo de forma casi totalmente normalizada. El hecho de que remita la
enfermedad no significa que ésta desaparezca, sino que con el
tratamiento adecuado, sus signos y síntomas se minimizan hasta incluso
ser imperceptibles.
Tal y como comenta el doctor Romero Jurado, “la buena formación que
están recibiendo los médicos de Atención Primaria está haciendo que la
AR se diagnostique de forma más temprana, puesto que los pacientes son
derivados cada vez antes a los Servicios de Reumatología”.
Acerca de la AR
La Artritis Reumatoide es una enfermedad autoinmune, crónica y
degenerativa que se caracteriza por la inflamación de la membrana que
rodea las articulaciones. Esta inflamación produce dolor, rigidez e
hinchazón, lo que puede derivar en la destrucción irreversible de las
articulaciones.
Esta dolencia es altamente discapacitante y afecta a adultos jóvenes con
edades comprendidas entre los 35 y los 55 años.
En nuestro país hay 200.000 personas que padecen esta enfermedad, y su
incidencia es del 0,5 por ciento. El coste medio anual por paciente en
España asciende a 15.000 euros. Si nos referimos a los países europeos
de nuestro entorno, el número de casos asciende a los tres millones y su
coste medio por cada uno de ellos a 17.000 euros.
Acerca de ConArtritis
La Coordinadora Nacional de Artritis (ConArtritis) es una asociación sin
ánimo de lucro que engloba a 15 asociaciones de pacientes con AR en toda
España. Forma parte del Foro Español de Pacientes.
Desde su constitución en 2004, ConArtritis centra sus labores en ofrecer
tanto información como apoyo a las personas que padecen esta enfermedad,
así como de difundir, tanto sus ideas, como necesidades y opiniones.
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