España

 8 de Agosto de 2008

Unos 700.000 españoles conducen con somnolencia.

En una temporada en la que se calculan unos 46 millones de desplazamientos en coche.

Los pacientes que sufren apnea del sueño tienen entre 7 y 10 veces más riesgo de tener un accidente de tráfico que la población general.

En España, el anexo IV del RD 772/1997 establece que los conductores que presenten síndrome de apnea obstructiva del sueño, trastornos relacionados con él u otras causas de somnolencia diurna y que deseen obtener o renovar el permiso de conducir deberán aportar un informe favorable de una unidad de sueño en el que conste que están recibiendo tratamiento y control de la sintomatología diurna. Pero la Unión Europea, que cuenta con casi 5 millones de kilómetros de carreteras, no contempla la apnea del sueño como un factor de riesgo ligado a la accidentalidad.

La apnea es una enfermedad que causa obstrucciones en la garganta mientras se duerme, lo que provoca una reducción importante de oxígeno en la sangre y múltiples despertares inconscientes que impiden el sueño reparador. Los pacientes con apnea del sueño suelen dejar de respirar entre 10 segundos y más de un minuto hasta cientos de veces en una noche que les provoca una excesiva somnolencia y cansancio durante el día. “Entre cinco y ocho millones de personas en España sufren apnea del sueño”, constata el Dr. Julio Ancochea, presidente de SEPAR (Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica), “aunque sólo están diagnosticados entre un 5% y un 9% de los casos”. Asimismo, explica este neumólogo que “la mayoría de los pacientes con apnea declaran haberse dormido alguna vez al volante”.

A pesar de que la neumología ha demostrado en estudios científicos desarrollados en España, EEUU, Suiza, Alemania, Canadá, Japón y Australia; el Anexo III de la Directiva 91/439/EEC que regula las aptitudes físicas y mentales mínimas para la obtención del permiso de conducir a nivel europeo, no menciona la apnea del sueño. De los 27 países que conforman la UE sólo nueve incluyen esta enfermedad entre las que tener en cuenta para conducir. El Reglamento de Conductores en España establece que no pueden obtener o renovar el permiso de conducir quienes padezcan apnea del sueño si no aportan un informe favorable de una Unidad del Sueño en el que conste que se tratan esta enfermedad y controlan la sintomatología diurna.

“Se estima que un 20% de los accidentes con víctimas está causado por la somnolencia y la apnea es una causa frecuente cuyo tratamiento es fácil”, explica el Dr. Fernando Masa, neumólogo especialista en apnea del sueño y miembro de SEPAR. Además, comenta que “los accidentes de tráfico producidos por la somnolencia suelen ser muy graves y lesivos porque ocurren a mayor velocidad y, con frecuencia, se trata de colisiones frontales”. Los neumólogos especialistas en el área de trastornos del sueño de SEPAR consideran que sería deseable la legislación europea tomara en consideración esta enfermedad a la hora de obtener el permiso de conducir de modo que todos los países miembros de la UE se vieran obligados a incluirla en su propia regulación. Según los expertos, una vez demostrado que la somnolencia producida por la apnea del sueño es un factor determinante como causa de accidentes de tráfico, esta enfermedad debería constar en la regulación de los 27 países miembros de la UE ya que dentro de las fronteras comunes circulan unos 215 millones de vehículos particulares y unos 32 millones de vehículos de transporte colectivo y comercial.

La apnea del sueño es una enfermedad muy frecuente que afecta al 4-6% de los varones y entre el 2 y el 4% de las mujeres en las edades medias de la vida y su frecuencia aumenta con la edad. De igual forma, la apnea del sueño también ocurre en el 1-3% de los niños. Además de producir somnolencia diurna, la apnea del sueño reduce la calidad de vida, puede causar hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares. Especialmente, en la población infantil se ha relacionado con dificultades de aprendizaje y trastornos de la conducta. Por todo ello, la apnea del sueño se considera un problema de salud pública de primera magnitud que obliga al médico a identificar a los pacientes subsidiarios de tratamiento. Sin embargo, a pesar de disponer de tratamientos muy eficaces, tan sólo se ha diagnosticado y tratado al 5-9% de los 1.200.000 a 2.150.000 de sujetos afectados por apnea del sueño que se calcula que hay en España.

Diagnóstico y tratamiento

La apnea del sueño se diagnostica y se trata en las unidades de sueño, donde se realiza una historia clínica y una exploración de la vía respiratoria superior. Debe hacerse un diagnóstico diferencial adecuado, ya que hay más de 80 trastornos del sueño, muchos de los cuales cursan somnolencia diurna.

La prueba de referencia para establecer el diagnóstico del SAHS es la polisomnografía nocturna (PSG), que registra de una serie de variables neurofisiológicas, respiratorias y cardíacas que permiten conocer la cantidad y la calidad del sueño, así como la repercusión de las apneas e hipopneas en el sueño. La realización de estudios simplificados que evalúan las variables respiratorias y cardíacas se denomina poligrafía respiratoria (PR) y constituye una alternativa a la PSG en muchos pacientes. Ambas pruebas son complementarias y pueden realizarse tanto en el hospital como en el domicilio de los pacientes.

El primer tratamiento debe ser reducir los factores de riesgo más frecuentes, como la obesidad, y los agravantes, como el alcohol, los fármacos sedantes, la privación de sueño y el tabaco, así como evitar dormir boca arriba. La presión continua positiva por vía nasal (CPAP), aplicada durante el sueño, es el tratamiento más importante de la apnea del sueño. La CPAP consiste en una mascarilla nasal unida a una turbina que emite aire a una presión determinada que impide las obstrucciones de la vía respiratoria superior. El tratamiento se ha demostrado como el más eficaz para suprimir las apneas y las hipopneas, elimina los síntomas de la enfermedad, normaliza la calidad del sueño y evita las potenciales complicaciones. El tratamiento con CPAP suele ser bien tolerado y aceptado, y la presión debe ser ajustada para cada paciente. La CPAP está indicada fundamentalmente en los pacientes con SAHS moderado-grave. El ajuste del nivel de CPAP debe ser individualizado en cada paciente mediante una PSG o un sistema de auto-CPAP validado.