Barcelona (España)

27 de Junio de 2007

El consumo de alcohol favorece la deshidratación y aumenta el riesgo de sufrir un golpe de calor.

Contrariamente a lo publicado recientemente en algunos medios de comunicación, el consumo de alcohol mezclado con la práctica de ejercicio físico no combate la deshidratación, ni la evita, debido a sus conocidos efectos diuréticos. La ingesta de alcohol favorece la deshidratación ya que aumenta la producción de orina en 10 ml por cada gramo de alcohol ingerido.

Según el Dr. Luis Serratosa, miembro de los servicios médicos del Real Madrid, “Está demostrado que bebidas con un contenido igual o mayor a un 4% de alcohol (una cerveza está entorno al 4,5%) retrasan el proceso de recuperación por su conocido efecto diurético. Por ello, es una práctica muy desaconsejable tomar unas cervezas después de entrenamientos y partidos. El alcohol favorece la deshidratación, e incluso en grado mínimo (pérdidas equivalentes a un 1% del peso corporal) puede tener un efecto negativo sobre el rendimiento y favorecer el riesgo de sufrir un golpe de calor”. Y añade, “el alcohol puede además interferir en el almacenamiento de glucógeno muscular y de esta forma limitar una adecuada reposición de las reservas energéticas del músculo, durante el periodo de recuperación en el que éste debe ser un objetivo prioritario”.

Por otro lado el Dr. Antoni Gual, de la Unidad de Alcohología del Hospital Clínic de Barcelona, asegura que el consumo incontrolado de cerveza, como el resto de bebidas alcohólicas, aumenta la deshidratación, favorece la adicción y genera daños irreparables en el organismo.


Efectos en el deporte

El consumo de alcohol puede ser perjudicial incluso consumido en pequeñas cantidades, especialmente si se hace en verano o si lo consume un deportista. “Su consumo provoca disminución del tiempo de reacción, de la coordinación ojo-mano y ojo-pie, de la precisión y del equilibrio, todas ellas cualidades esenciales en deportes en los que la destreza y la técnica influyen de forma determinante en el rendimiento”, indica el Dr. Serratosa. Algunos estudios demuestran que los efectos negativos del alcohol pueden incluso persistir durante las siguientes 24 horas tras su ingesta.

También se puede afirmar que el alcohol disminuye nuestra capacidad de resistencia por sus efectos sobre el metabolismo de los hidratos de carbono (disminuye la disponibilidad de glucosa en la sangre), sobre el sistema cardiovascular (puede disminuir la contractilidad del corazón y por tanto su capacidad para enviar oxígeno al resto de nuestro organismo) y sobre la capacidad de termorregulación (por su efecto vasodilatador que favorece la pérdida de calor).


La clave: el contenido alcohólico

Los riesgos para la salud no derivan de la graduación de la bebida, sino de su contenido alcohólico y de la cantidad final de alcohol puro tomada. El Dr. Gual afirma que “Es muy importante insistir en que la cuestión no es el tipo de bebida que se ingiere, sino la cantidad de alcohol contenido en la misma. Cualquier bebida que lleve alcohol es siempre potencialmente peligrosa”.

Tras una ingesta cuantiosa, los síntomas típicos de la resaca tienen relación sobre todo con la deshidratación, pero también se puede comprobar un incremento de la frecuencia cardiaca y de la tensión arterial, una función ventricular disminuida y un desequilibrio ácido-base. “Y la ingesta crónica de cantidades importantes de alcohol se asocia a múltiples déficits nutricionales así como a patología muscular, hepática, cardiaca y cáncer”, añade el Dr. Serratosa.


El consumo de alcohol en Europa

El pasado año se publicó el estudio “El alcohol en Europa: Una perspectiva de salud pública”, elaborado por el Instituto para el Estudio del Alcohol, en Reino Unido, donde encontramos datos relevantes, que confirman que el viejo continente es la región del mundo donde se consume más alcohol. La mayor parte de europeos consume bebidas alcohólicas y el consumo por bebedor alcanza los 15 litros por año. Casi la mitad de este alcohol es consumido en forma de cerveza (44%), dividiéndose el resto entre vino (34%) y licores (23%).

Además de ser una droga adictiva, este estudio señala que el alcohol es la causa de unas 60 enfermedades y dolencias diferentes, incluyendo lesiones, trastornos mentales y del comportamiento, afecciones gastrointestinales, cánceres, enfermedades cardiovasculares, pulmonares y músculo-esqueléticas, trastornos reproductivos, así como daño prenatal, mayor riesgo de parto prematuro y bajo peso al nacer. Y concluye que el alcohol aumenta el riesgo de enfermedad de forma geométrica a la dosis; a mayor consumo, mayor riesgo.