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Madrid
(España) |
20
de Septiembre de 2006 |
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Cada año se diagnostican en torno a 6.000
nuevos casos de linfoma en España. |
Cada año se diagnostican en España más de 6.000
nuevos casos de linfoma, un tipo de cáncer que todavía es un
"gran desconocido" para la población, pese a que su
incidencia está creciendo un 4% anual. Los linfomas son producidos por
un fallo en la manera en que actúan los linfocitos, glóbulos blancos
de la sangre que desempeñan un importante papel en la lucha frente a
las infecciones.
Los expertos indican que los linfomas son uno de los
tipos de cáncer cuyo número de casos está aumentando más
rápidamente en el mundo, pudiendo llegar a convertirse en la tercera
causa de muerte por cáncer tras el de pulmón y el melanoma, si sigue
este ritmo de incidencia. En España los linfomas son el quinto tipo de
cáncer más frecuente después del de mama, pulmón, colon y próstata.
Sin embargo, este tipo de cáncer tiene curación en muchos casos,
"pero para ello es muy importante un diagnóstico precoz y que la
población conozca cuáles son sus síntomas para acudir a tiempo al
médico", resalta Begoña Barragán, presidenta de la Asociación
Española de Afectados por Linfoma (AEAL).
La importancia del diagnóstico precoz
El linfoma es un cáncer del sistema linfático que aparece como
consecuencia de un error en el desarrollo del linfocito, que se
transforma así en una célula cancerosa, que se multiplica a gran
velocidad. Este cáncer puede presentarse a cualquier edad y afecta en
igual medida tanto a hombres como a mujeres. Al igual que los linfocitos
normales, los linfocitos cancerosos pueden encontrarse, además de en la
sangre, en muchas partes del organismo, como los ganglios linfáticos,
el bazo, la médula ósea, u otros órganos.
Existen muchos tipos y subtipos de linfomas, aunque
básicamente se dividen en dos grandes categorías: los linfomas de
Hodgkin y los linfomas No-Hodgkin. El linfoma más frecuente es el No
Hodgkin, que suele afectar mayoritariamente a personas entre los 45 y 60
años. Los linfomas No Hodgkin se clasifican en agresivos, que se
multiplican de forma más rápida, e indolentes, que evolucionan más
lentamente, lo que hace que su diagnóstico inicial sea más difícil.
Los pacientes diagnosticados y tratados en los
primeros estadios de un linfoma No Hodgkin agresivo tienen una mayor
probabilidad de curarse y de no sufrir posteriores recaídas. Los
pacientes con un linfoma No Hodgkin indolente pueden vivir muchos años
con la enfermedad, pero a diferencia del linfoma No Hodgkin agresivo,
los tratamientos convencionales no pueden curar la enfermedad.
El linfoma puede ser difícil de diagnosticar debido
a que muchos de sus síntomas suelen confundirse con los de enfermedades
comunes como la gripe u otras infecciones virales. El signo físico más
característico de un linfoma es el agrandamiento no doloroso de los
ganglios periféricos.
En el caso del linfoma de Hodgkin normalmente se ven
afectados los ganglios cervicales o por encima de las clavículas,
mientras que en el linfoma No Hodgkin suelen inflamarse los ganglios
linfáticos por encima y por debajo del diafragma (cuello, axilas o
ingles). Además, en algunos casos puede presentarse pérdida de peso
inexplicable, pérdida de apetito, fatiga, fiebre, sudoración profusa
(especialmente por la noche) y picazón intensa.
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El Sistema
Linfático es una red
de órganos (médula espinal, bazo, timo, ganglios linfáticos,
amígdalas, apéndice), tejidos y conductos que tiene dos
funciones:
1. Drenar líquidos de las células y tejidos y llevarlos a la
corriente sanguínea
2. Luchar contra las infecciones distribuyendo linfocitos
(glóbulos blancos) |
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¿Qué es un
Linfoma?
· Es un tipo
de cáncer producido por un error en la formación de un
linfocito
¿Cuáles son
sus Síntomas?
· Inflamación
sin dolor de los ganglios linfáticos en el cuello, ingle o
axila
· Pequeños bultos en la piel; sarpullidos
· Amígdalas inflamadas
· Distensión abdominal
· Fiebre, escalofríos
· Debilidad, fatiga, cansancio inusual
· Pérdida del apetito y peso
· Dolor de cabeza
· Sudor durante la noche
· Picazón persistente en todo el cuerpo |
Desde AEAL se quiere transmitir a la Sociedad, la
importancia de acudir al médico ante cualquier inflamación de los
ganglios linfáticos y/o presencia de algunos de los otros síntomas,
que persistan más de una semana. El diagnóstico precoz puede causar un
gran impacto sobre el tratamiento y sus resultados.
El avance de los nuevos tratamientos
La causa exacta de los linfomas sigue sin conocerse, pero la
investigación se ha centrado en algunos aspectos que podrían
contribuir en su aparición, como factores genéticos, alteraciones del
sistema inmunológico y virus, como el VIH.
Hoy en día existen grandes avances en el tratamiento
de los linfomas que ofrecen datos esperanzadores en la lucha contra este
tipo de enfermedad. Junto a los tratamientos clásicos empleados en los
últimos 40 años, de quimioterapia asociada en ocasiones con
radioterapia o trasplante de médula ósea, en la última década se han
desarrollado nuevas estrategias de tratamiento que han permitido mejorar
significativamente el pronóstico de estos pacientes. Así, la
aparición de tratamientos innovadores, como los anticuerpos
monoclonales e incluso las vacunas desarrolladas a partir del propio
enfermo, abren una nueva vía de esperanza en la curación de estos
pacientes.
Los anticuerpos monoclonales son sustancias producidas en el
laboratorio, que se unen a una diana específica de la superficie de la
célula cancerosa Esta unión del anticuerpo monoclonal a su diana
activa el sistema de defensa del cuerpo para que ataque y destruya la
célula tumoral. Los anticuerpos monoclonales pueden emplearse como
tratamiento único o combinado con quimioterapia.
Rituximab fue el primer anticuerpo monoclonal
desarrollado para tratar el linfoma No Hodgkin.
El empleo de estos fármacos específicos permite
mejorar los resultados de la quimioterapia convencional cuando se
combina con ésta (inmunoquimioterapia), alcanzando curaciones próximas
al 50-60% en pacientes con linfomas agresivos. En pacientes con linfomas
indolentes la inmunoquimioterapia está demostrando no sólo prolongar
el tiempo entre recaídas, sino incluso prolongar la supervivencia de
estos pacientes. Todo ello sin añadir toxicidad adicional al
tratamiento quimioterápico.
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