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Valencia (España) |
27 de
Octubre
de 2008 |
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La dieta mediterránea
tradicional corre peligro de extinción. |
• Las nuevas tecnologías de producción dan la espalda a la
dieta tradicional.
• Junto a la defensa de los productos naturales propios de esta
dieta ha de preservarse los modos de preparación (recetas y
técnicas), como expresión de una cultura.
• La globalización y el desarrollo económico han afectado el patrón
de dieta en la cuenca del Mediterráneo y se han modificado ciertos
indicadores de salud a los que estaba asociada.
“La
modernidad ha puesto en peligro de extinción la dieta mediterránea
tradicional”. La contundente frase corresponde a Lluis Serra Majem,
presidente de la Fundación Dieta Mediterránea y alerta sobre los efectos
de la tecnología sobre las dietas tradicionales. A juicio del
especialista “no existen contradicciones insalvables entre las nuevas
tecnologías y la alimentación tradicional pero es necesario habilitar
las fórmulas adecuadas para hacer que la tradición persista, tanto desde
el punto de vista sanitario como desde una consideración cultural”.
Al hilo de esta reflexión, puesta sobre la mesa durante la celebración
del VIII Congreso nacional de Nutrición Comunitaria, Lluis Serra anuncia
una serie de iniciativas puestas en marcha con el fin de proteger una
fórmula de alimentación milenaria. Entre ellas sobresale la decisión
coordinada de España, Italia, Grecia y Marruecos de solicitar a la
UNESCO la consideración de la dieta mediterránea como Patrimonio de la
Humanidad.
Considera Lluis Serra que “en no pocas ocasiones los alimentos
tradicionales son de mejor calidad que los nuevos. Desde este punto de
vista”, analiza el experto, “es interesante emplear las nuevas
tecnologías para mejorar los procesos de fabricación de productos
tradicionales como el pan o el yogur. Se trata de introducir en la
cadena de alimentación productos clásicos que guarden la mayor similitud
posible con la elaboración artesanal. Es necesario provocar que la
tecnología piense en la tradición”.
Estima el presidente de la Fundación Dieta Mediterránea que “en la
actualidad la industria sólo se ocupa parcialmente de esta cuestión. Se
aprovecha del concepto “mediterráneo” sin mantener necesariamente todos
sus valores nutricionales. Han sido muchos años de esfuerzo para logar
la identificación de la dieta mediterránea como un valor nutricional
poderoso y de calidad como para que ahora se utilice mal por algún
sector”.
Sospecha el especialista que “la dieta mediterránea está en peligro de
absorción por otro tipo de alimentación más industrial. No se trata sólo
de preservar un conjunto de alimentos específicos sino que toda una
serie de recetas que configuran el bagaje cultural de un pueblo”.
El término dieta mediterránea refleja el patrón dietético característico
de varios países de la cuenca del Mediterráneo que en la década de 1960
se asoció con mayor longevidad y menor morbimortalidad debida a ciertas
enfermedades crónicas. Se caracteriza por una abundante ingesta de
frutas, verduras, pan y otros cereales, legumbres y frutos secos;
productos frescos de la huerta, de temporada y mínimamente procesados,
postres típicos con dulces a base de frutos secos, aceite de oliva y
dulces o miel consumidos durante los días de fiesta, aceite de oliva
como fuente principal de grasas; productos lácteos (queso y yogur)
consumidos con moderación, menos de cuatro huevos a la semana, carne
roja, consumida esporádicamente y en poca cantidad y vino, con un
consumo ligero a moderado, especialmente durante las comidas.
Es evidente que desde 1960, la globalización, el desarrollo económico,
etc. han afectado el patrón de dieta en la cuenca del Mediterráneo y se
han modificado ciertos indicadores de salud a los que estaba asociada.
La constatación de dichos cambios condujo a que, en el año 2002, se
organizase un grupo de trabajo internacional en el Parque Científico de
Barcelona bajo los auspicios de la Fundación Dieta Mediterránea, con la
intención de analizar la situación en la que se hallaba la dieta
mediterránea y las necesidades de su redefinición.
El grupo de trabajo manifestó la necesidad de actualizar las guías
dietéticas según la evidencia científica. Por ejemplo, la evidencia
sobre la necesidad de productos integrales implica una revisión de las
recomendaciones acerca del consumo de pasta y de pan. Ha de tenerse en
cuenta, además, el concepto global de dieta mediterránea, promocionando
otros aspectos de ella como el ejercicio físico o el disfrutar de las
comidas y la sobremesa.
Asimismo, entre las conclusiones trabajan en el desarrollo de
recomendaciones cualitativas y positivas, destacando no tanto qué
alimentos se deben restringir sino qué otros se deben consumir, así como
cuantificar la ingesta de alimentos. Para aquellos grupos de alimentos
como fruta y verdura, en que no hay evidencia de contraindicaciones de
un consumo excesivo, sólo deberían citarse ingestas mínimas, en cambio
para otros alimentos sería más adecuado fijar el consumo máximo
recomendado.
De igual modo se recomienda el replanteamiento de la pirámide como
modelo visual de guía alimentaria. La cesta de la compra es una figura
muy familiar en los países mediterráneos y podría sustituir a la
tradicional pirámide, así como evaluar los cambios que se han producido
en el patrón de dieta mediterránea, especialmente en los países
Mediterráneos de Europa.
También se realiza la propuesta de evaluar el impacto que la
incorporación de nuevos alimentos y sus formas de preparación ha tenido
en la dieta mediterránea, distinguir los productos típicos de la dieta
mediterránea de consumo diario y aquellos productos reservados a los
días de fiesta, promover no sólo el patrón dietético sino también el
estilo de vida de la dieta mediterránea, su cultura y su saber vivir y
permitir la incorporación de nuevos productos procedentes del
intercambio de culturas actual sin que por ello se produzca una
degradación de la calidad de la dieta mediterránea.
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