Barcelona (España)

 8 de Mayo de 2008

Es necesario potenciar una educación de la muerte.

Existe una falta de cultura y de educación de la muerte. Es la conclusión que se desprende del coloquio “La muerte: fracaso de la medicina o culminación del ciclo biológico?” que se celebró antes de ayer en la Real Academia de Medicina de Cataluña (RAMC). La sesión fue moderada por Josep M. Mascaró, académico numerario de la RAMC.

En la introducción del coloquio, Mascaró expuso que la medicina actual “ha dejado de ser un acto de confianza del paciente en el profesional médico” y se avanza hacia “una medicina de resultados”. “No se acepta –añadió- que en toda enfermedad y en todo acto terapéutico puede sobrevenir la muerte”. Por otra parte, “cuesta de aceptar que la muerte sea la culminación del ciclo biológico cuando el que la sufre es un niño o un joven”, explicó.


“La muerte: ¿fracaso de la medicina o culminación del ciclo biológico?”

Miguel Ángel Nalda, académico y catedrático de Anestesiología y Reanimación, dijo que hablar de fracaso es “incorrecto”, dado que “la medicina, en tanto que ciencia, no puede fracasar”. Nalda propuso sustituir este término por otros como impotencia, incapacidad o frustración, que puede sufrir “en determinadas circunstancias el profesional que ejerce la medicina, como ser humano que es”.


Francesc X. Solé i Balcells, académico y miembro del Instituto de Urología, Nefrología y Andrología de la Fundació Puigvert, repasó diferentes definiciones del concepto de muerte. Después lanzó diversas preguntas al auditorio: ¿se llegará a conseguir la inmortalidad? ¿Se podrá alargar la vida gracias a la hibernación?


También habló de si es posible retrasar la muerte a base de retrasar el envejecimiento. Hay tres procesos que intervienen en la vejez: la acción de los radicales libres, la pérdida de telómeros y las dietas hipocalóricas. Y trabajando en estas vías “seguramente en los próximos años se conseguirá retrasar la vejez y aumentar la esperanza de vida”.


Francesc Cardellach i López, académico y vicedecano de la Facultad de Medicina de la Universitat de Barcelona, presentó “El punto de vista del internista”. Dijo que “nuestro trabajo hace que vivamos la muerte de una forma cercada y que como profesionales de alguna forma nos acostumbremos a ella”.


Como médico, distinguió entre la muerte en pacientes jóvenes y en personas de edad avanzada. En este último caso, dijo que “lo tendríamos que entender como un hecho natural, como la culminación del ciclo biológico”. Y añadió que muchas veces es el entorno familiar del paciente a quien le cuesta entenderlo así. “Aún nos falta mucha cultura de la muerte, hemos de enseñar a nuestros hijos que, por lógica, hemos de irnos nosotros antes que ellos”.


En este punto, Mascaró destacó la “necesidad de una cultura y una educación de la muerte”. Muchas veces “nos enseñan a vivir pero no a afrontar la muerte de una persona cercana”, añadió.


Manuel Cruz i Hernández, académico y profesor emérito de la Universitat de Barcelona, expuso “El punto de vista del pediatra”. “Para un pediatra, la muerte es un fracaso médico”, aseguró, “la muerte de un niño es inolvidable y deja una huella muy profunda”.


Cruz abordó el tema de si se ha de hablar de la muerte a los niños. En la práctica, “la mayoría de personas considera que los niños han de vivir de espaldas a la muerte, pero estudios han demostrado que cuando se habla del tema con los niños, los resultados son positivos”. Los pediatras “creemos que todo niño tiene derecho a conocer su diagnóstico, pronóstico y tratamiento”, pero “la última palabra la tienen los padres”.


No obstante, aseguró que “el niño tendría que estar preparado para la muerte de los seres que quiere, tendría que tratarse el tema en su educación”. Porque los menores perciben la proximidad de la muerte, “aunque la comprensión de la misma depende de su edad”.


En el turno de debate se habló de la necesidad de respetar la libertad del individuo a la hora de decidir si desea saber o no sobre su estado de salud. Finalmente, el doctor Moisès Broggi, que este año celebra su centenario, apuntó que “es difícil imaginar la vida desligada del nacimiento y de la muerte”.