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Barcelona
(España) |
4 de Septiembre
de 2008 |
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Un Electrocardiograma
preventivo puede evitar la muerte súbita del lactante. |
Este estudio ha
detectado diferencias en las alteraciones electrocardiográficas del
corazón de los recién nacidos según su etnia.
Un equipo de investigación, liderado por el Dr. Julio Martí del Servicio
de Cardiología del Hospital del Mar y con la colaboración del Servicio
de Pediatría de este mismo hospital, ha publicado un estudio que
concluye con la recomendación de realizar electrocardiogramas (ECG) a
los recién nacidos. Gracias a este ECG se pueden detectar problemas
cardíacos y estudiar la frecuencia de estos trastornos y las diferencias
según las etnias.
Hay varias anomalías cardíacas detectables mediante un
electrocardiograma y que están relacionadas con la muerte súbita del
lactante, como las denominadas canalopatías. Estas canalopatías son
alteraciones en los canales de iones de las células (canales de potasio
y de sodio, por ejemplo). Estos canales permiten la transmisión de los
impulsos eléctricos entre células y por lo tanto permiten la transmisión
del latido a través del músculo cardíaco. Alteraciones a este nivel
podrían estar relacionadas con el síndrome de muerte súbita del
lactante. Estas alteraciones se pueden ver en el electrocardiograma -que
de hecho es el registro en forma de gráfica, de la actividad eléctrica
del corazón- como diferentes cambios en la gráfica. Un de estos cambios
y a la vez el más frecuente, es el alargamiento de uno de los segmentos
de este electrocardiograma, el intérvalo entre la onda Q y la onda T y
se denomina enfermedad del QT largo.

Intérvalo entre la onda
Q y la onda T (QT largo)
Este QT largo se ha relacionado claramente con problemas que podrían
acabar provocando una muerte súbita, tanto en el lactante como en el
adulto. En este estudio se ha intentado evidenciar la frecuencia de este
trastorno en nuestra población, pues en recién nacidos hay estudios pero
referidos a otras poblaciones como, por ejemplo, la italiana. Y además
hace falta hacerlo, buscando las diferencias según las etnias que
constituyen la población infantil de referencia del Hospital del Mar.
En el estudio, se realizó un ECG durante las primeras 48h de vida de los
recién nacidos. Se incluyeron en la muestra más de 1.300 niños nacidos a
término y se vio que “59 lactantes (4,5%) presentaban el intérvalo QT
anormalmente largo y se encontraron diferencias entre las diferentes
etnias, presentando valores más altos los niños de etnia indo-pakistaní
y magrebí que los autóctonos”, nos explica el Dr. Julio Martí,
responsable del estudio. A los 59 recién nacidos con el QT anormalmente
largo se les repitió el ECG al cabo de un mes pues se considera que en
el momento de nacer puede influir la inmadurez del sistema nervioso
autónomo, y se vio que sólo en 2 de los niños se mantenían cifras
anormalmente alargadas de QT y es entonces cuando se considera un ECG es
realmente patológico. Este porcentaje iguala las cifras encontradas en
otros estudios de frecuencia de la enfermedad (1-2 casos por 1.000
recién nacidos).
La pregunta que ha formulado este equipo de investigadores y que dará
pie a proseguir los estudios es: ¿Qué pasa con los 57 niños que han
normalizado su ECG al madurar el sistema nervioso, pero que partían de
valores muy superiores al resto de recién nacidos? “Nuestra hipótesis es
que se podría tratar de niños con alteraciones genéticas de baja
expresión que se compensan al madurar el sistema nervioso, pero que
delante de situaciones en las que se pueda alargar el QT, como por
ejemplo la administración de fármacos, como pueden ser ciertos
antibióticos, antihistamínicos o antifúngicos, podrían volver a
presentar arritmias e incluso podrían sufrir alguna muerte súbita en la
edad adulta”, nos explica el Dr. Martí.
La otra peculiaridad de los resultados de este estudio son las claras
diferencias que se han encontrado entre lactantes de diferentes etnias,
especialmente en el caso de los indo-pakistanís y de los magrebíes. En
estas etnias no hay datos de referencia, ni registros en sus poblaciones
de origen, ni en relación a estas canalopatías ni en relación a la
muerte súbita. Pero esta mayor frecuencia de alteraciones
electrocardiográficas podría responder a mutaciones, que todavía no se
han descrito.
Este estudio concluye pues que, dado que realizar un ECG neonatal es una
prueba inocua, económica y no invasiva, se debería aconsejar su
práctica, especialmente en los recién nacidos de etnias que presentan
más alteraciones electrocardiográficas, antecedentes de muerte súbita o
antecedentes de canalopatías en la familia, comprobadas genéticamente.
Sería aconsejable el ECG al mes de vida y, posiblemente, se podría
realizar en la Atención Primaria.
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