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Valencia,
España. |
28
de Mayo de 2005 |
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El 5% de los
españoles padece insuficiencia renal crónica. |
Los expertos reunidos
en el Primer Encuentro Autonómico entre Atención Primaria y
Nefrología, que se celebra en Valencia los días 27 y 28 de mayo, han
mostrado su preocupación por el alarmante aumento de la incidencia de
la enfermedad renal crónica, que según los últimos estudios
realizados en España y EEUU se sitúa en el 5% de la población. El
doctor José Luis Górriz, nefrólogo del Hospital Universitario Doctor
Peset de Valencia y copresidente del encuentro, ha señalado que "un
estudio piloto realizado Galicia analizando población mayor de 18
años, incluso eleva dicha prevalencia hasta el 17 %. Ello supone
prácticamente uno de cada cinco españoles mayores de esa edad".
Górriz ha hecho
hincapié en que "la enfermedad renal crónica está presentando
una progresiva incidencia y prevalencia que probablemente alcance los
niveles de epidemia en los próximos años. Ello se debe a un mejor
tratamiento de las enfermedades cardiovasculares, al envejecimiento
progresivo de la población y consecuentemente al incremento progresivo
de la expectativa de vida de nuestros pacientes".
La insuficiencia renal
crónica se caracteriza por la destrucción de las unidades funcionales
del riñón, llamadas nefronas, dando lugar a la pérdida de las
funciones de dicho órgano. Tiene un carácter progresivo, a no ser de
que se utilicen medidas preventivas para evitar la progresión de la
enfermedad. La patología no suele presentar síntomas y si lo hace,
generalmente es en fases muy tardías, en las cuales es muy difícil la
prevención.
Cuando la situación
está muy avanzada, el paciente requiere tratamiento con diálisis o
trasplante renal. No obstante, se puede detectar muy precozmente
realizando análisis de sangre y orina. Dicha detección precoz permite
aplicar medidas para evitar que la enfermedad progrese. Esta detección
se debe realizar en los pacientes de riesgo, especialmente hipertensos,
diabéticos y ancianos.
Causantes
La hipertensión
arterial y las diabetes son las causas más importantes de la
insuficiencia renal crónica y están presentes en más del 50% de los
procesos que derivan en diálisis. No obstante, los expertos han
señalado que lo más importante es que las dos principales causas que
provocan el inicio de la diálisis pueden prevenirse.
Para la prevención de
la enfermedad renal crónica, ha señalado José Luis Llisterri, médico
de familia y copresidente del encuentro, es fundamental el abordaje
precoz y adecuado de los principales factores de riesgo cardiovascular
que conducen a la misma. Para ello, el médico de Atención Primaria,
siempre en interrelación con el especialista, juega un papel
trascendental, ya que no debemos olvidar que el diagnóstico, control y
seguimiento de las principales enfermedades cardiovasculares (diabetes e
hipertensión arterial) es de su competencia. En este sentido, el
médico de familia, adecuadamente formado, puede influir de manera
decisiva en el devenir de la enfermedad renal. "Es importante
fomentar unos hábitos de vida sanos, especialmente reducir la ingesta
de sal, moderar la toma de alcohol, hacer ejercicio físico habitual
(caminar) y evitar el sobrepeso y el tabaquismo", ha explicado.
Los expertos han recalcado que también es importante el control
estricto de la hipertensión arterial con determinados fármacos para
mantener cifras objetivo de 130/80 en pacientes con diabetes y
enfermedad renal crónica (en algunos casos por debajo de 125/75 ), así
como realizar un tratamiento multifactorial de la diabetes con estricto
control de factores lipídicos y metabólicos.
"Otra cuestión fundamental es la necesidad de controlar el
cumplimiento terapéutico. La enfermedad renal crónica, especialmente
si está complicada con la diabetes, requiere múltiples medicaciones y
puede que el paciente no tome todo el tratamiento prescrito. Debemos
insistir a los médicos de Atención Primaria en la necesidad de evaluar
el cumplimiento terapéutico periódicamente. La disminución de la
prevalencia de enfermedad renal crónica y de entrada en diálisis pasa
obligatoriamente por el adecuado control, seguimiento y tratamiento de
los principales factores de riesgo cardiovascular, todo ello en el marco
de un perfecto entendimiento entre los dos niveles asistenciales claves
para su prevención.", ha señalado Llisterri.
Impacto económico
En este sentido, los
asistentes al encuentro han señalado que la prevención o la detección
precoz supondría un importante impacto económico por el coste
sanitario que suponen los pacientes que requieren tratamiento con
diálisis o trasplante. Cada año inician diálisis más de 6.000
pacientes en nuestro país, un número que va en aumento y que, en los
últimos años, mantiene crecimientos anuales de entre el 5 y el 10%. En
la actualidad hay en España más de 20.000 pacientes en diálisis.
Estos pacientes suponen el 0,08 % de la población, pero consumen el 1,6
% del gasto sanitario. El coste anual de un paciente en diálisis se
estima entre 20.000 y 30.000 € anuales. En el año 2000, el coste de
la terapia sustitutiva renal (diálisis y trasplante) en España fue de
490 millones de euros.
Incidencia
En España, el 23 % de
los casos totales de insuficiencia renal crónica se deben a la
diabetes, aunque en regiones como Canarias ese porcentaje se eleva hasta
el 50%, similar al que presentan países como EE.UU. y Japón. La tasa
de diabetes en la población española está alrededor del 10 % -cuatro
millones-, aunque el 40% de los afectados -más de millón y medio- no
conocen que padecen esta patología. Diversos estudios prevén que la
población diabética en el mundo se va a duplicar en los próximos 25
años, llegando a ser mas de 360 millones de habitantes.
Aproximadamente, el 40 % de los diabéticos desarrollarán afectación
renal en mayor o menor grado.
La hipertensión
arterial constituye un problema importante de salud pública y uno de
los principales factores de riesgo vascular formando parte de los
principales factores de mortalidad tanto en países desarrollados como
en vías de desarrollo. En España, afecta al 68 % de la población
mayor de 60 años. De esta población, sólo dos tercios son conscientes
de padecer la patología y sólo la tercera parte está controlada. En
países como EEUU, durante los últimos 15 años se ha producido un
incremento de la incidencia superior al 25%, pasado de 50 a 65 millones
afectados.
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