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Madrid
(España) |
28 de
Marzo de 2008 |
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La mayoría de
los consumidores de plantas medicinales se guía más por un
conocido que por el farmacéutico. |
La mayoría de los
consumidores de plantas medicinales se deja orientar más en su consumo
por un amigo o un familiar que por el farmacéutico, que es el
profesional de la salud mejor formado en fitoterapia, según una encuesta
realizada por el Centro de Investigación sobre Fitoterapia (INFITO) a
más de 2000 personas mayores de 15 años. Casi uno de cada tres españoles
(el 32,8 %) consume preparados plantas medicinales con fines
terapéuticos de manera habitual, pero la elección de las mismas se basa,
en primer lugar, en el consejo de un amigo o familiar (31 %); seguido
por el del dependiente de una tienda o de un herbolario (30,9%). La
recomendación del farmacéutico sólo influye en el 9,3 % de los casos.
El profesional en quienes los consumidores confían más para dejarse
asesorar sobre plantas medicinales es el médico, con un 37,6 % de todas
las respuestas, a pesar de que en sus planes de estudios no se suele
encontrar la fitoterapia. En segundo lugar está el dependiente de tienda
o herbolario (18,6%), seguido del naturópata (12,9 %) y sólo en cuarto
lugar está el farmacéutico (9,9 %). “El farmacéutico es quien mejor
está preparado para responder cualquier consulta sobre fitoterapia o uso
terapéutico de las plantas medicinales, ya que se contempla en su plan
de estudios”, comenta Concha Navarro, catedrática de Farmacología de
la Universidad de Granada y presidenta de INFITO.
Los consumidores también desconocen el papel de la farmacia como único
canal autorizado para la dispensación de medicamentos, estén basados en
sustancias naturales o sintéticas, y sólo un 30 % adquiere las plantas
medicinales en la farmacia, a pesar de ser el único canal autorizado de
distribución de medicamentos, como destaca Concha Navarro. “Cuando se
busca una finalidad terapéutica, el lugar adecuado para adquirir un
producto basado en plantas medicinales es la farmacia, como con
cualquier medicamento, con sus controles, su eficacia demostrada y el
asesoramiento de un profesional sanitario. A nadie se le ocurriría
tomarse, por ejemplo, unos analgésicos que le hubieran vendido al peso
en la calle o en una tienda, sin la garantía de las autoridades
sanitarias”, añade. Así, entre los motivos alegados para no comprar
los preparados de plantas en farmacia figuran el no saber que las
vendían, que no los tienen a la vista para escoger el que necesitan y
que nunca les han dado información sobre los mismos. De hecho, un 30 %
de quienes adquieren plantas medicinales en otros establecimientos
confiesa que lo haría en la farmacia si en ellas les dieran más
información.
Papel del médico
La principal conclusión de este estudio, sin embargo, es que los
españoles siguen sin percibir los productos basados en plantas
medicinales como medicamentos. Para cambiar esta percepción, la
colaboración de los médicos podría ser clave. Así, son los profesionales
en quienes más confían para que les pudieran asesorar sobre fitoterapia
y uno de los acicates que impulsaría más a los no consumidores a
utilizarla sería que éste la prescribiera (34,8 %), opinión que aumenta
a medida que desciende el nivel de estudios de los consultados, y que
también es más común entre los habitantes del País Vasco (42.2%) y los
mayores de 51 años (40.5%). No obstante, sólo uno de cada diez
consumidores toma plantas que les haya recomendado su médico.
“Los medicamentos fitoterápicos pueden ayudar a muchos pacientes a
tratar y prevenir trastornos leves y crónicos y los médicos tenemos una
gran responsabilidad en que se practique una fitoterapia racional,
basada en la seguridad, calidad y eficacia. Para ello es necesario
resolver el problema de formación (en las Facultades de Medicina
españolas, salvo excepciones, no se estudia la fitoterapia) y tener
facilidad de acceso a fuentes de información”, explica el doctor
Bernat Vanaclocha, director médico de INFITO.
Para tratar la indigestión y la ansiedad
Según la encuesta, la principal aplicación de la fitoterapia por los
españoles es el tratamiento y la prevención de los trastornos del sueño
y la ansiedad (57,3 %), seguida de su aplicación en los trastornos
digestivos (con un 41,9 %) y los problemas circulatorios (17,7 %).
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