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Madrid (España) |
26 de Marzo
de 2009 |
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La Artritis Reumatoide es una
enfermedad casi desconocida a pesar de que más de 200.000
personas la padecen en España. |
Según el estudio psicosocial ‘Vivir con Artritis Reumatoide’
promovido por ConArtritis
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Un alto porcentaje de la sociedad no conoce cuáles son los
principales síntomas de la Artritis Reumatoide (AR). De hecho, el
83% de los pacientes entrevistados no sabía qué era la AR en el
momento del diagnóstico
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Durante los últimos años se ha reducido el tiempo transcurrido entre
el inicio de los síntomas y el diagnóstico definitivo de AR. Aun
así, sigue siendo fundamental que se realice un diagnóstico temprano
para comenzar lo antes posible el tratamiento con el fármaco
adecuado.
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La AR es una enfermedad altamente incapacitante, el dolor, el
cansancio y la pérdida de funcionalidad son los aspectos que afectan
de forma más negativa a la calidad de vida de los pacientes con
Artritis Reumatoide.
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La AR afecta de forma importante a la vida personal, familiar y
laboral del paciente
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Gracias a los fármacos biológicos, y a mejores esquemas de
seguimiento, un gran número de pacientes ha podido tener un mejor
control de los síntomas e incluso estos tratamientos han conseguido
detener la progresión, lo que conlleva un gran incremento en la
calidad de vida de las personas con AR.
Una liberación y a la vez una cruz: así viven los pacientes con Artritis
Reumatoide (AR) el momento en el que el reumatólogo les transmite el
diagnóstico de la enfermedad que padecen. Una liberación porque al fin
conocen la causa de los síntomas que poco a poco han ido limitando su
actividad diaria, y una cruz porque se enfrentan a una enfermedad
incapacitante y crónica, que erosionará su bienestar y mermará
sustancialmente su calidad de vida.
Éste es uno de los resultados del estudio ‘Vivir con Artritis
Reumatoide’ promovido por la Coordinadora Nacional de Artritis (ConArtritis),
que ha sido presentado esta mañana y que aborda desde un punto de vista
psicosocial cómo los pacientes viven las distintas etapas de su
enfermedad y cómo se enfrentan a una dolencia que, en el 77% de los
casos, consideran desconocida para la sociedad. De hecho, el 83% de los
pacientes entrevistados no sabía qué era la AR en el momento del
diagnóstico.
Y es que a pesar de que un elevado porcentaje de la sociedad ignora lo
que implica esta dolencia, existen en España más de 200.000 personas
afectadas por la AR, lo que representa una prevalencia del 0,5%(1). Esta
enfermedad se ha convertido, además, en la causa más frecuente de
incapacidad potencialmente reversible en el mundo occidental.
El estudio, que ha contado con la colaboración de Roche y ha sido
declarado de utilidad para pacientes reumáticos por la Sociedad Española
de Reumatología (SER), revela que por lo general el diagnostico de la AR
es un proceso largo en el tiempo, que comienza normalmente en el médico
de Atención Primaria, y en ocasiones está asociado a un peregrinaje por
diferentes especialidades médicas hasta que finalmente el paciente llega
al especialista de referencia, el reumatólogo, que es el que establece
el diagnostico certero de AR.
No obstante, afortunadamente se observa una evolución positiva: La
demora hasta el diagnostico fue menor en los pacientes que participaron
en el estudio con una AR de reciente diagnostico que en aquellos
diagnosticados hace más de 10 años.
Muy al contrario de la creencia extendida de que la AR es una enfermedad
de gente mayor, los primeros síntomas de AR pueden manifestarse a partir
de los 25 años, cuando la persona está en plena edad productiva. Así el
62% de los pacientes que participaron en el estudio tienen edades
comprendidas entre 26 y 55 años. “Empecé a padecer los primeros síntomas
antes de cumplir 30 años. Mi juventud y la poca información que tenía de
la enfermedad provocaron que en ningún momento pensase en que podría
tratarse de Artritis Reumatoide”, apunta Laly Alcaide, secretaria
ejecutiva de ConArtritis.
Asumir la enfermedad
Una vez establecido el
diagnóstico, hay dos palabras que retumban en la mente de los pacientes:
crónica y limitante. Ambas palabras finalmente se traducen en una sola:
incapacitante.
“Recibir la noticia de padecer este tipo de enfermedad, con la que
habremos de convivir toda nuestra vida y a la que tendremos que irnos
adaptando supone un gran impacto emocional”, explica Antonio Torralba,
presidente de ConArtritis.
El paciente inicia un proceso de asunción de la enfermedad, aunque el
88% de los entrevistados reconoce haberla aceptado, el 67% de los mismos
afirma que su carácter cambió como consecuencia de la AR, y el 32% que a
raíz de ser diagnosticado se considera una persona más seria o triste.
No obstante, con el paso del tiempo y a medida que el paciente maneja
más información, la situación suele mejorar.
“La actitud que mantiene una persona frente a la enfermedad es vital.
Afrontar la vida con optimismo y tener confianza en el futuro es, sin
duda, lo que marca la diferencia entre unos pacientes y otros”, afirma
Laly Alcaide.
Las repercusiones laborales y personales de la AR en el ‘día a día’
Tras el diagnóstico y
la aceptación de la enfermedad, el paciente debe enfrentarse a la parte
más dura: el ‘día a día’. Vestirse, asearse, realizar tareas domésticas
o desempeñar ciertos trabajos puede convertirse en un obstáculo
insalvable para las personas afectadas por AR, dado que el deterioro de
las articulaciones hace que hasta las tareas más simples se conviertan
en hitos con gran complicación.
Según Antonio Torralba, “la calidad de vida de los pacientes con AR se
ve muy deteriorada. En el 65% de los casos el dolor es el aspecto que
más afecta a los participantes en el estudio, seguido del cansancio
señalado por el 62%, y la pérdida de funcionalidad en un 60% de los
casos”.
Por esta razón, muchas personas se ven obligadas a renunciar o redefinir
infinidad de pequeñas tareas que antes de la enfermedad realizaban sin
problemas. Esto afecta de manera muy notoria al entorno laboral, donde
el paciente se enfrenta a la incapacidad absoluta en un 35% de los
casos, a frecuentes bajas médicas y, en ocasiones, a la imposibilidad se
seguir realizando las mismas funciones.
A las repercusiones en el entorno laboral se añaden, por otro lado,
aquéllas que se presentan en el ámbito personal. Así, y según recoge el
estudio, los pacientes con AR están sometidos a alteraciones
psicológicas, a importantes cambios en su función familiar -pasan de ser
cuidadores a ser cuidados-, y a grandes ajustes en lo relativo a su vida
en pareja. Y es que el 35% de los pacientes tienen un grado de
minusvalía superior al 65%.
La esperanza de los
nuevos tratamientos
El tratamiento con fármacos biológicos ha supuesto para muchos pacientes
un gran paso en el incremento de su calidad de vida. Estos nuevos
fármacos han conseguido que se pueda tener un mejor control de los
síntomas de la enfermedad, y en un gran número de casos han logrado
detener su progresión, lo que conlleva la posibilidad de recuperar parte
de la normalidad en las actividades cotidianas.
Sin embargo, de acuerdo con los datos publicados en el estudio ‘Artritis
Reumatoide: carga de la enfermedad y acceso de los pacientes a los
tratamientos’(2), en 2000 sólo el 8% de los pacientes con AR en nuestro
país era tratado con fármacos biológicos.
En este sentido, la Dra. Rosario García de Vicuña, presidenta de la
Sociedad Española de Reumatología (SER), afirma que “el diagnóstico y
tratamiento temprano retrasan la progresión de la enfermedad y frenan el
deterioro de la articulación, y con ello se consigue una disminución de
su impacto en el paciente, así como de los días perdidos por
discapacidad”.
Además, añade, “los tratamientos biológicos y las nuevas pautas de
inicio y seguimiento han cambiado nuestras expectativas porque nos han
demostrado que se puede llegar a tener una actividad de la enfermedad de
‘cero’, mientras anteriormente nos conformábamos con frecuencia a que el
paciente se mantuviera en 3 ó 5, en una hipotética escala de cero a
diez“.
Con respecto a la confianza de los pacientes en su médico de referencia,
el reumatólogo, la presidenta de la SER destaca los resultados del
estudio, en el que se afirma que una de las necesidades básicas del
paciente es sentirse escuchado, y el 86,4% de los participantes comenta
que sí lo consigue. Además, según esta investigación, los pacientes
consideran que el reumatólogo, que conoce la enfermedad como
especialista y no como paciente o como familiar preocupado, es el que le
puede informar sobre su situación, tanto en relación a la evolución de
la enfermedad, como del tratamiento a seguir.
Antonio Torralba, presidente de ConArtritis, apunta, por su parte, que
los pacientes que forman parte de asociaciones están más informados en
cuanto a la enfermedad y los posibles tratamientos. “Estas personas
tienen una percepción más clara de los avances que se producen en
materia de investigación, en especial en el área de las terapias
biológicas”, señala.
“Si bien creo que cada paciente debe ser tratado con la medicación que
más se ajuste a sus necesidades concretas, personalmente tengo que decir
que la posibilidad de poder recurrir a nuevas y diferentes terapias es
algo que me tranquiliza”, afirma Laly Alcaide.
En líneas generales, la relación entre el paciente con AR y su
reumatólogo suele ser muy estrecha, estableciéndose entre ambos una
relación cercana y de confianza.
Acerca de la AR
La Artritis Reumatoide
es una enfermedad autoinmune, crónica y deformante que se caracteriza
por la inflamación de la membrana que rodea las articulaciones. Esta
inflamación produce dolor, rigidez e hinchazón, lo que puede derivar en
la destrucción irreversible de las articulaciones.
Esta dolencia es altamente discapacitante y afecta a adultos jóvenes con
edades comprendidas entre los 25 y los 55 años.
En nuestro país hay 200.000 personas que padecen esta enfermedad, y su
prevalencia es del 0,5 por ciento.
Acerca de ConArtritis
La Coordinadora
Nacional de Artritis (ConArtritis) es una asociación sin ánimo de lucro
que engloba a 15 asociaciones de pacientes con AR en toda España.
Desde su constitución en 2004, ConArtritis centra sus labores en ofrecer
tanto información como apoyo a las personas que padecen esta enfermedad,
así como en la difusión de sus ideas, necesidades y opiniones. |