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Granada
(España) |
30
de Octubre de 2006 |
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Nuevos fármacos permiten modificar
positivamente la historia natural de los síndromes
mielodisplásicos, una de las enfermedades hematológicas malignas
más frecuentes. |
Nuevos fármacos empleados en el tratamiento de los
síndromes mielodisplásicos están permitiendo modificar
satisfactoriamente la historia natural de este grupo heterogéneo de
enfermedades que, en la mayor parte de los casos, tienen un pronóstico
nefasto. Superando a las terapias más clásicas, fundamentadas sobre
todo en transfusiones periódicas y el uso de antibióticos (en casos de
infección), estos fármacos han supuesto una verdadera esperanza para
miles de pacientes en España.
Los últimos avances en el tratamiento de los
síndromes mielodisplásicos (SMD) son protagonistas de la XLVIII
Reunión Nacional de la Asociación Española de Hematología y
Hemoterapia y el XXII Congreso Nacional de la Sociedad Española de
Trombosis y Hemostasia, que se celebra estos días en Granada.
En un simposio oficial se revisan los principales
progresos registrados recientemente en el manejo de este grupo de
enfermedades que se caracterizan por lo que se denomina “hematopoyesis
ineficaz”: la médula ósea, el lugar dónde se producen las células
de la sangre, funciona mal, no siendo capaz de producir células en la
cantidad y con la calidad adecuadas.
“El objetivo básico del simposio es realizar
una puesta al día del manejo terapéutico de los pacientes con síndromes mielodisplásicos,
ya que en este área de la Hematología están registrándose notables
avances que nos obligan a modificar las pautas de tratamiento que
estaban establecidas”, declara el Dr. Guillermo Sanz, co-moderador
de esta sesión y del Servicio de Hematología del Hospital
Universitario La Fe de Valencia. Tal y como añade la Dra. Consuelo del
Cañizo, co-moderadora y que trabaja en el Servicio de Hematología del
Hospital Universitario de Salamanca, “este es un simposio que
responde al interés general que se ha generado en los últimos años en
el manejo de estas enfermedades, gracias a las esperanzas que ofrecen
nuevas terapias”.
Hasta ahora las posibilidades de mejorar la
supervivencia ó la calidad de vida de estos pacientes eran muy
limitadas, con un tiempo de vida estimado que oscilaba entre menos de
doce meses y cerca de 10 años (según la gravedad). Ahora, según
afirma la Dra. Del Cañizo, “con el desarrollo de nuevos tipos de
tratamientos no sólo se ha logrado mejorar la calidad de vida de esos
pacientes, sino que también se ha optimizado el pronóstico con unos
efectos secundarios asumibles”.
Abordaje terapéutico
Los avances en el conocimiento de la biología de los
síndromes mielodisplásicos están permitiendo disponer de nuevos
fármacos que, por primera vez, muestran mayor eficacia que el
tratamiento convencional que consistía, casi exclusivamente, en el
soporte transfusional y anti-infeccioso.
Los pacientes con síndromes mielodisplásicos tienen
un pronóstico muy heterogéneo. Aplicando el índice pronóstico
internacional, se pueden definir tres grupos de pacientes: bajo riesgo,
riesgo intermedio y alto riesgo. En estos últimos, en los que la
esperanza de vida es muy corta y el riesgo de evolución a leucemia
aguda es elevado, “cuando es posible se debe realizar un trasplante
de progenitores hematopoyéticos de un donante apropiado”,
recomienda el Dr. Sanz. En los pacientes de alto riesgo en los que esto
no es factible, y que desgraciadamente son la mayoría, así como en los
pacientes de bajo riesgo y riesgo intermedio, la única opción
terapéutica disponible hasta el momento era lo que se denomina “el
mejor cuidado de soporte” y que consiste fundamentalmente en
transfusiones periódicas y empleo de antibióticos en caso de
infección.
Sin embargo, como subraya el Dr. Guillermo Sanz, “las
posibilidades de tratamiento están cambiando a gran velocidad y hemos
conseguido que con el empleo de determinados fármacos se pueda
modificar la historia natural de estas enfermedades”. Dentro de
este selecto grupo de fármacos, el experto del Hospital La Fe de
Valencia, resalta las cualidades de la azacitidina, “el primer
fármaco que ha demostrado ser claramente superior al mejor tratamiento
de soporte en términos no solo de respuesta sino de supervivencia”.
Estos resultados han motivado que azacitidina haya
sido recientemente aprobado en los Estados Unidos para pacientes con síndromes mielodisplásicos.
La aprobación en Europa está a la espera de conocer los resultados de
un estudio confirmatorio en el que han participado varios centros
españoles, incluido el Hospital Universitario La Fe y el Hospital
Universitario de Salamanca. Tal y como adelanta el Dr. Sanz, que ha
participado en este trabajo, “como otros investigadores, hemos
observado respuestas completas prolongadas en casos de mal pronóstico
con la administración de azacitidina”.
Según los expertos, por su eficacia y aceptable
perfil de seguridad, se podría recomendar el uso de azacitidina en
pacientes con síndromes mielodisplásicos de alto riesgo que no puedan
recibir un transplante, ya sea por no disponer de donante, tener edad
avanzada o por presentar enfermedades asociadas que lo contraindiquen. A
juicio del Dr. Sanz, “su uso en pacientes de bajo riesgo debe ser
considerado todavía sólo para los estudios de investigación”.
Una aproximación al problema
Los síndromes mielodisplásicos son una de las
enfermedades hematológicas malignas más frecuentes, con una incidencia
de 40 casos por 100.000 habitantes y año en pacientes mayores de 60
años.
Los síndromes mielodisplásicos son enfermedades
propias de pacientes con edad avanzada (más del 80% de los enfermos
tienen más de 60 años), aunque en menor proporción pueden
diagnosticarse en pacientes jóvenes. La incidencia real es difícil de
determinar puesto que en muchas ocasiones son pacientes mayores a los
que se les realiza tratamiento sintomático y no son referidos al
especialista. “Se calcula que se diagnostican en España unos
4000-4500 nuevos casos por año”, apunta la Dra. Consuelo del Cañizo.
Los síndromes mielodisplásicos son un grupo de
trastornos hematológicos que presentan un riesgo elevado de
transformación a leucemia mieloide aguda (LMA). Aunque se desconoce la
causa de la mayoría de los síndromes mielodisplásicos, hay varios
factores que pueden incrementar el riesgo de desarrollo de esta
enfermedad y de leucemia mieloide aguda. Entre ellos, destacan los
factores genéticos, la radiación ionizante, el tratamiento con agentes
antineoplásicos alquilantes y la exposición a determinados productos
químicos y otros factores medioambientales (como el benceno).
Aunque la incidencia es baja, algunos niños
desarrollan síndromes mielodisplásicos. Los factores genéticos pueden
influir parcialmente en el desarrollo precoz de la enfermedad; se
calcula que aproximadamente el 5% de los casos de leucemia mieloide aguda/síndromes mielodisplásicos
pueden tener una causa genética. Igualmente, la exposición accidental
a niveles elevados de radiación ionizante se ha asociado a mayor riesgo
de leucemia y síndromes mielodisplásicos. Por su parte, la
radioterapia administrada para neoplasias malignas duplica o triplica el
riesgo de desarrollar leucemia mieloide aguda (en términos generales,
la leucemia mieloide aguda aparecerá en los 5 años siguientes a la
administración de la radiación). Numerosos agentes quimioterápicos,
en particular los agentes alquilantes, se han asociado a un riesgo
superior de síndromes mielodisplásicos y/o de leucemia mieloide aguda
(el síndromes mielodisplásicos y la leucemia mieloide aguda asociada
al tratamiento aparecerán habitualmente de 5 a 7 años después de la
quimioterapia inicial).
“Establecer un diagnóstico correcto y precoz es
fundamental, puesto que esto nos va a permitir, por un lado, poder
establecer también un pronóstico correcto y así, por otro, realizar
el tratamiento más adecuado para cada caso”, asegura la Dra. Del
Cañizo.
El pronóstico de estos pacientes es muy variable,
puesto que son enfermedades con distintas características unas de
otras. En el grupo que se denominan de bajo riesgo, la supervivencia
puede alcanzar e incluso sobrepasar los 10 años. Por el contrario, los
pacientes de riesgo más alto tienen peor pronóstico y la supervivencia
puede reducirse a un año e incluso menos.
España, país de referencia
Afortunadamente, la contribución de diversos grupos
españoles al estudio de los síndromes mielodisplásicos ha sido muy
amplia desde hace más de dos décadas. De especial mención es la
contribución de nuestro país al desarrollo del índice pronóstico
internacional o IPSS, que es el sistema que se emplea para predecir la
evolución de un determinado paciente con síndrome mielodisplásico.
En un intento de aunar los esfuerzos de los grupos
que han venido trabajando desde hace tiempo en síndromes mielodisplásicos,
en el año 2005 se creó el Registro Español de síndromes mielodisplásicos.
Las principales actividades de este grupo cooperativo son recoger la
información de los pacientes diagnosticados de síndromes mielodisplásicos
en España, difundir el conocimiento de estas enfermedades, ayudar a los
hematólogos en el diagnóstico y manejo clínico de los pacientes con síndromes mielodisplásicos
y diseñar y realizar estudios de investigación básica y clínica que
contribuyan al conocimiento y mejor manejo de los pacientes con estas
enfermedades.
En este sentido, y como agradece el Dr. Sanz, “la
colaboración de la compañía farmacéutica Pharmion ha permitido la
puesta en marcha de un registro on-line de pacientes con síndromes mielodisplásicos”;
además, se ha elaborado un documento de consenso sobre los
procedimientos a emplear para llegar al diagnóstico correcto de los síndromes mielodisplásicos,
y se están diseñando diversos estudios terapéuticos y de
investigación.
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