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Barcelona
(España) |
4 de
Diciembre de 2007 |
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Aprender a ser feliz, una
cuestión de salud. |
La felicidad es seguramente el reto más anhelado por
los individuos que cohabitan en las sociedades modernas y, lejos de
tener un componente genético, los expertos anuncian que se puede
aprender a tener un estado mental positivo, que redundaría
automáticamente en beneficios para nuestro organismo.
“Muchos estados negativos, que pueden incluso cumplir criterios de
trastorno mental, pueden interpretarse como malos aprendizajes que han
llevado al individuo a dicho estado. De igual manera, somos capaces de
‘desaprender’ funcionamientos que nos son negativos y ‘aprender’ otras
formas mejores de funcionamiento a afrontamiento, dado que nuestro
Sistema Nervioso tiene plasticidad (capacidad de modificar su
funcionamiento)”, afirma la Dra. Ana Adán, Profesora Titular del
Área de Psicobiología de la Facultad de Psicología de la Universidad de
Barcelona.
En las últimas décadas, ha aparecido una corriente científica, la
llamada Psicología Positiva, que propone abordajes psicoterapéuticos
basados en actividades placenteras encaminadas a disminuir la presencia
de estados afectivos negativos y que promueven el crecimiento personal.
“Ello puede inducir a cambios saludables de comportamiento y de
afrontamiento del estrés con beneficios evidentes en el estado de salud
tanto a corto como a largo plazo. Esta circunstancia, introducida como
tratamiento concomitante en pacientes con un estado emocional no óptimo,
puede potenciar sinérgicamente el éxito del tratamiento médico y su
calidad de vida, con independencia de la patología que padezcan”,
añade la Dra. Adán.
Felicidad y docencia
La ciencia psicológica cada vez se está centrando más en investigar las
fuentes del bienestar y la satisfacción y en devolvernos una imagen más
equilibrada del ser humano a nivel psicológico, reflejando no sólo las
debilidades sino también las fortalezas.
“Hay claves muy relevantes para encauzar nuestro pensamiento hacia la
felicidad. Sabemos que nadie nace desdichado, de modo que si se aprende
a ser infeliz, seguro que se puede aprender a ser más dichoso. Las
relaciones íntimas y plenas con otras personas son una de las claves más
importantes, pues al fin y al cabo somos animales sociales”, añade
el Profesor Carmelo Vázquez, Catedrático de Psicopatología de la
Universidad Complutense de Madrid.
¿La felicidad como doctrina científica?
Efectivamente, esto es lo que propone la prestigiosa Universidad de
Harvard, que ha iniciado un curso en el que se imparte la filosofía como
actividad docente. Es decir: se enseña y se aprende a ser feliz.
Más de 900 alumnos acuden semanalmente a la clase impartida por el
Profesor Ben-Shahar, cuya clase se centra en la felicidad, la autoestima
y la motivación, proporcionando a los estudiantes herramientas para
conseguir el éxito y encarar la vida con más alegría.
Otro caso es el de la Universidad de Columbia y la Escuela de Negocios
de Londres, en las que el Profesor Srikumar Rao ha diseñado una clase de
desarrollo personal, en la que enseña a sus alumnos cómo darse cuenta de
las cosas significativas de la vida y cómo integrarlas a las carreras
profesionales.
Felicidad es salud
La felicidad es sinónimo de salud y cada vez son más las evidencias
científicas que así lo atestiguan. Los últimos estudios revelan que un
estado mental positivo ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares,
oncológicas y psicológicas.
La felicidad (medida con diversas escalas de autoevaluación) se asocia a
una menor incidencia de diversas patologías y, en caso de que éstas
aparezcan, con una mejor y más rápida remisión. Un estado emocional
positivo se asocia a un sistema inmunológico más potente (más defensas),
una mejor capacidad de responder a situaciones estresantes y recuperarse
de ellas, así como a una menor probabilidad de sufrir trastornos
psicopatológicos, como la depresión y la ansiedad).
Por ello, un estado emocional positivo refuerza nuestras defensas de
manera que los estados afectivos negativos, aún sin cumplir criterios
diagnósticos de psicopatología, tienen efectos perjudiciales sobre la
homeostasis del sistema cardiovascular y contribuyen a la aparición de
situaciones de riesgo y disfunciones.
Además, las emociones positivas y el optimismo benefician a las personas
que han padecido ciertas enfermedades cardiovasculares. Así, se ha
demostrado que tras una intervención quirúrgica de “bypass” arterial
coronario la recuperación física inmediata y a medio año de seguimiento
es superior en los pacientes con estado afectivo positivo. También se ha
observado que los pacientes ancianos que han sido hospitalizados por una
patología cardiaca y que tienen más factores de riesgo y/o trastornos
concomitantes, sufren menos readmisiones al hospital durante los tres
meses posteriores si son más felices. |