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Bilbao (España) |
22 de
Enero
de 2009 |
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La gripe en la infancia
funciona como puerta de entrada para severas complicaciones en
personas de la tercera edad. |
· Los cambios
de hábitos de vida hacen que los abuelos mantengan un contacto
permanente con los nietos, lo que aumenta los índices de contagio.
· Un diez por ciento de las pulmonías son provocadas por el virus de
la gripe. En la tercera edad se dan neumonías por el virus de la
gripe y por bacterias que infectan el pulmón secundariamente.
· Las epidemias de gripe suelen comenzar en Asia y que recorren
Europa en descenso, de norte a sur, lo que incrementa el tiempo de
margen de reacción de los países de la órbita mediterránea.
· Las complicaciones respiratorias comprometen al curso de
enfermedades cardiovasculares lo que eleva los índices de morbilidad
y mortalidad.
“La gripe en la
infancia se ha convertido en la puerta de entrada de la gripe y otras
infecciones víricas en personas de la tercera edad merced a los cambios
de hábitos de vida”. Esta es la principal conclusión que se extrae de
las reflexiones de Víctor Bustamante, miembro del Servicio de
Epidemiología del Hospital de Basurto, y ponente de una nueva cita de la
iniciativa divulgativa “Encuentros con la salud”, promovida por la
Academia de Ciencias Médicas de Bilbao y la Facultad de Medicina y
odontología de la Universidad del País vasco (UPV-EHU). Éste es el punto
de partida de la conferencia impartida esta tarde en la Biblioteca de
Bidebarrieta donde se pondrá de manifiesto que “el contacto permanente
de nietos y abuelos, propiciado por la estrechez de horarios de los
progenitores, incrementa el riesgo de un salto de patologías víricas de
la infancia a la senectud”.
Advierte Víctor Bustamante que “es un hecho epidemiológico contrastado
que las epidemias víricas llegan a la sociedad a través de los más
pequeños”. A la hora de concreción en porcentajes, el especialista
observa que “aproximadamente en el 65 por ciento de los casos es el niño
quien introduce el virus en su entorno”. Un estudio basado en la
observación concluye en que “dos o tres semanas después de la
incubación, la enfermedad respiratoria pega el salto a los adultos,
sobre todo en lo que se refiere a las patologías respiratorias”.
No es un asunto menor. No en vano, “los índices de morbilidad y
mortalidad de las personas de la tercera edad que presentan problemas
respiratorios son significativos. Así, una epidemia de gripe en la
infancia, que se resuelve con un tratamiento convencional, puede
convertirse en un problema de salud mayúsculo”. A este grupo de riesgo
de la tercera edad ha de sumarse el de los “enfermos crónicos, un tipo
de pacientes también sensibilizado ante esta epidemia”.
La prevención se asoma, entonces, como “el remedio más eficaz para
evitar la propagación del virus. La vacunación de los grupos de riesgo –
personas con una enfermedad crónica y mayores de 65 años- es la vía más
recomendable. Conviene recordar”, puntualiza el experto, que “a los
problemas respiratorios se suman, de modo habitual, las dificultades
cardiacas de las personas de edad avanzada, lo que extrema el riesgo”.
“El aumento de mortalidad en esta población que se observa en las fechas
invernales tiene que ver con el asalto por los virus respiratorios”.
No basta con emprender una campaña preventiva de vacunación. Víctor
Bustamante recomienda “una intensa campaña de vigilancia epidemiológica
que acentúe la eficacia del tipo de vacuna. Es conocido que las
epidemias de gripe suelen comenzar en Asia y que recorren Europa en
descenso, de norte a sur, lo que incrementa el tiempo de margen de
reacción de los países de la órbita mediterránea”.
Agrava la situación las bajas temperaturas del duro invierno, si bien
Víctor Bustamante estima que “la virulencia del virus este año no es
mayor que la de cursos precedentes. Ocurre, eso sí, que el frío agrava
las posibles complicaciones y eleva el índice de morbilidad y mortalidad
de la enfermedad y la aparición de neumonías”.
No es un asunto menor. Las gripes y catarros afectan de manera directa a
complicaciones anteriores. “En no pocas ocasiones”, subraya el
especialista, “se incrementan los infartos de miocardio, derrames
cerebrales y embolias. Las enfermedades cardiovasculares se resienten de
manera significativa en caso de asociarse a dificultades respiratorias”.
“Es cierto que cada año hay pacientes que mueren directamente de gripe,
pero son muchos más los que, con otras enfermedades, fallecen con ella.” |