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Barcelona
(España) |
16 de Julio de 2007 |
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Superar nuestra sensación de
sed, para combatir los devastadores efectos de la ola de calor. |
Mientras el debate sobre el cambio climático se
intensifica dentro de la comunidad científica y social, lo cierto es que
en España parece que ya ha aterrizado la primera ola de calor del
verano, donde la única forma efectiva de combatirlo es mediante la
hidratación.
“La solución siempre es beber en cantidad. Continuamente y en
pequeñas cantidades. No hay otra solución. Hay personas que lo
solucionan bebiendo solo agua y otras personas que necesitan recurrir a
otro tipo de bebidas, que también contienen agua, como las infusiones,
zumos o refrescos, que podemos decir que son más atractivas para poder
tomarlas, pero al final la solución es beber”, afirma el Prof. Dr.
José Mataix, catedrático de Fisiología y Director de la Escuela de
Nutrición de la Universidad de Granada.
La mayoría de los trastornos causados por el calor ocurren debido a que
la víctima ha estado expuesta al calor excesivo o se ha ejercitado en
extremo para su edad o condición física, sin ingerir abundancia de
líquidos que contengan agua. Así las personas mayores de edad, los niños
pequeños, mujeres en estado de gestación y lactancia, enfermos o
personas con sobrepeso, tienen mayor probabilidad de sucumbir al calor
extremo.
Durante los días de calor, el organismo pierde entre dos y tres litros
de líquido a través del sudor, la orina, la respiración y la
transpiración de la piel. Ante esta situación, los especialistas
recomiendan forzarse un poco para superar la sensación de sed, e
incrementar el consumo de líquidos de 2 a 3 litros cada día.
“En el momento en que baja nuestra cantidad de agua corporal,
automáticamente entramos en un estado de deshidratación, de mayor o
menor severidad. Si la masa corporal de agua no se mantiene, entonces
entraremos un estado de deshidratación”, comenta el Prof. Dr. José
Mataix.
Un trastorno celular
La deshidratación es un trastorno que ocurre cuando una persona pierde
más líquidos (por ejemplo, en forma de orina o sudor) que los que
ingiere. Cuando se habla de deshidratación, lo que se quiere decir es
que las células de nuestro organismo tienen menos agua. Y cuando eso
ocurre, no funcionan bien.
La deshidratación tiene dos focos especialmente importantes dentro de la
sociedad: los niños y los ancianos. En las franjas menores y mayores de
edad, los efectos de la deshidratación pueden llegar a causar incluso la
muerte.
“Los niños no tienen sentido de la deshidratación, si están jugando y
están en un ambiente caluroso, se están deshidratando y no son
conscientes de ello. Además los niños tienen una capa tegumentosa
cutánea más débil que facilita la pérdida de agua a través de la
transpiración y los convierte en un grupo muy vulnerable a la
deshidratación”, agrega el Prof. Dr. José Mataix.
Las mujeres en estado de gestación y en periodo de lactancia también son
víctimas especiales de la deshidratación, porque por sus necesidades
fisiológicas necesitan más agua y en un momento dado pueden ser personas
proclives a una situación de deshidratación.
Además, los ancianos tienen el peligro añadido de que pierden la
sensación de sed, incluso a veces tienen miedo a orinar, con lo cual es
muy frecuente en ellos que no beban porque no tengan sed y restrinjan la
ingesta de agua para no tener nicturias. “Son un colectivo enormemente
sensible a la pérdida de agua y a la deshidratación”, confirma el Prof.
Dr. Mataix.
José María Montero, periodista y experto en medio-ambiente, extiende los
grupos de riesgo susceptibles de padecer con especial crudeza los
efectos de un golpe de calor. “Afecta también a todas las personas
que desempeñan actividades físicas, de cierta intensidad, al aire libre.
Son situaciones meteorológicas extremas donde simplemente hacer deporte
al aire libre o realizar, por ejemplo, trabajos de albañilería puede
tener consecuencias graves para la salud de las personas que están
haciéndolo, aunque sean personas jóvenes y sanas”.
Aprovechar todos lo recursos
En relación con la correcta hidratación, el Prof. Dr. Mataix añade una
opinión complementaria: “Hay que beber por encima de lo que uno a
veces siente, superando nuestra sensación de sed. Para ello podemos
aprovechar todos los recursos disponibles. Es decir, hay muchas personas
que sólo beben agua, pero para otras esto es prácticamente imposible.
Por ello, es muy útil acudir a otro tipo de líquidos que también
contienen agua como principal ingrediente. Tenemos infusiones, zumos,
néctares, refrescos azucarados y sin azúcar, refrescos a base de zumo,
limonadas, gaseosas… Todos son líquidos que nos van a ayudar a cubrir
nuestras necesidades diarias de agua. Insisto, pensar que únicamente
podemos recurrir al agua para hidratarnos, muchas veces hace imposible
cubrir las necesidades diarias de líquido que nuestro organismo necesita
para funcionar correctamente”.
El alcohol, un mal enemigo
Los expertos desaconsejan enérgicamente el consumo de alcohol para
combatir el calor extremo, por más que la publicidad sugiera la imagen
de un efecto refrescante y saludable. Porque el alcohol no sólo no
combate la hidratación, sino que no la propicia debido a sus conocidos
efectos diuréticos y a su necesidad de expulsar más líquidos de los
ingeridos.
La cerveza es uno de los remedios “estrella” en verano, aunque los
especialistas previenen del enorme peligro que puede generar su consumo
excesivo. “Se tiene tendencia a pensar que las bebidas alcohólicas
van bien cuando uno tiene sed, pero también es conocido por todo el
mundo que cuando uno toma cerveza, la tendencia a orinar aumenta
extraordinariamente. Porque el alcohol tiene un efecto diurético”,
explica el Dr. Antoni Gual, de la Unidad de Alcohología del Hospital
Clínic de Barcelona.
Lo que en realidad sucede es que cuando tomamos bebidas alcohólicas, su
ingesta nos lleva a eliminar el alcohol gastando más agua de la que
hemos ingerido y, por lo tanto, se acaba produciendo un efecto de
deshidratación.
Generalmente, la deshidratación se puede tratar simplemente bebiendo
líquido. Pero si se sufre un pequeño desmayo al incorporarse o si se
orina muy poco, se hace necesaria la consulta a un médico. |