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Huelva
(España) |
23
de Octubre de 2006 |
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Neurólogos andaluces solicitan la creación de
una Red de Unidades de Ictus en Andalucía. |
El ictus constituye la segunda causa global de muerte
en España y la primera en la población femenina así como la principal
responsable de invalidez en el adulto. En Andalucía, atendiendo a las
cifras de incidencia y mortalidad, podemos afirmar que se producen
aproximadamente 16 muertes diarias por esta razón.
Dada esta realidad, la Sociedad Andaluza de
Neurología solicita el desarrollo de una red de Unidades de Ictus en
Andalucía que actúen como complemento de las estrategias
asistenciales, actualmente en fase de elaboración por parte de la
Administración Sanitaria, con las que esta Sociedad Científica
colabora activamente.
En la atención de un paciente con ictus, o accidente vascular cerebral,
es vital la coordinación y rapidez de los servicios de urgencia y el
personal del hospital. En determinados casos de ictus isquémico, la
administración de unos fármacos denominados fibrinolíticos en un
periodo "ventana" de no más de tres horas desde el inicio de
los síntomas ha demostrado ser una medida eficaz en la reducción de la
mortalidad y del grado de discapacidad en los supervivientes.
Sin embargo, la aplicación de estos tratamientos en las mejores
condiciones de seguridad sólo puede conseguirse en unidades
especializadas denominadas Unidades de Ictus, entendidas como unidades
multidisciplinarias coordinadas por un neurólogo.
Al margen de ser el escenario idóneo para el
tratamiento trombolítico, las Unidades de Ictus han demostrado también
y más allá de toda duda ser la medida más eficiente en el tratamiento
de cualquier tipo de ictus, incluidos los que no precisan tratamiento
trombolítico. En concreto, cuando estos enfermos son atendidos en las
Unidades de Ictus, la mortalidad global se reduce en un 17% y la
mortalidad y/o grado de dependencia funcional en un 25%.
El desarrollo de dichas infraestructuras es, según la Sociedad Andaluza
de Neurología, el reto fundamental al que se enfrenta la asistencia
sanitaria a esta patología.
Según datos de la Sociedad Española de Neurología
en la actualidad existen 21 unidades de ictus en nuestro país, de las
cuales sólo una se encuentra en Andalucía, (concretamente en el
Hospital Virgen del Rocío de Sevilla) una cantidad insuficiente, a
juicio de los neurólogos andaluces, sobre todo, si la comparamos con
las seis que posee Barcelona, las cuatro de Madrid, las tres de la
Comunidad Valenciana y las dos existentes en Navarra, entre otras.
Los facultativos andaluces también han aprovechado
este encuentro para poner de manifiesto la falta de neurólogos en los
hospitales comarcales de nuestra Comunidad.
En este sentido, el doctor Pedro Serrano, presidente de la Sociedad
Andaluza de Neurología, ha indicado que cerca de dos millones de
andaluces no disfrutan de la posibilidad de ser atendidos por un
neurólogo, ya que no existen facultativos de esta rama en los
hospitales comarcales de Andalucía. Por su parte, José Francisco
Maestre, Jefe de la Sección de Patología Cerebrovascular del Hospital
Virgen de las Nieves de Granada, ha insistido en que "si se
supliera esta carencia podrían evitarse cerca de 8.000 muertes por
ictus cerebral en nuestra Comunidad".
Respecto a Huelva, Carlos Díaz Espejo, Jefe del
Servicio de Neurología del Hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva, ha
indicado que "en la provincia onubense sólo existen 6
neurólogos en el hospital Juan Ramón Jiménez, 1 en el Infanta Elena y
ninguno en el Hospital Comarcal de Riotinto", al tiempo que ha
insistido en que "todavía hacen falta cuatro neurólogos más
en Huelva para que lleguemos a una cifra aceptable". Recordemos
que la Organización Mundial de la Salud recomienda tres neurólogos por
cada 100.000 habitantes.
En la actualidad, la Sociedad Andaluza de Neurología
(SAN) está participando en la elaboración de un Plan
multidisciplinario de asistencia al ataque cerebrovascular en Andalucía
(PLACA), el cual recoge la puesta en marcha de Comités de Ictus en cada
hospital de la red asistencial pública de Andalucía, así como un plan
de formación a otros profesionales y una campaña de información a la
población general.
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