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Barcelona (España) |
23 de Junio
de 2008 |
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Internet puede
ser una adicción y el móvil solamente un abuso. |
Los trastornos
psicológicos por el uso de internet y del móvil
La revista Adicciones de la sociedad científica SOCIDROGALCOHOL analiza
ambos fenómenos
Internet presenta notables características de una adicción pero el uso
del móvil puede llegar a ser un abuso pero no una adicción según el
artículo publicado en el último número de la revista Adicciones que
publica SOCIDROGALCOHOL y que dirige Amador Calafat.
El artículo La adicción
a internet y al móvil, ¿moda o trastorno? es obra de los psicólogos
Xavier Sánchez-Carbonell; Marta Beranuy; Montserrat Castellana; Ander
Chamarro y Ursula Oberst de la Universitat Ramón Llull, Facultat de
Psicologia, Ciències de l’Educació i de l’Esport Blanquerna (Barcelona).
El texto pretende determinar, mediante una revisión de la literatura
científica publicada entre 1991 y 2005 e indexada en las bases de datos
PsycINFO, Medline, Psicodoc, IME e ISOC, si el uso maladaptativo de las
Tecnologías de la información (TIC) se puede considerar un trastorno
mental y en caso afirmativo, de qué tipo.
Según los autores
“entre las aplicaciones específicas de Internet, la posibilidad de
adicción se centra en el uso de aplicaciones comunicativas y sincrónicas
como chats y juegos de rol en línea porque permiten la comunicación
hiperpersonal, el juego de identidades, las proyecciones y la
disociación sin consecuencias en la vida real. Además, Internet podría
jugar un papel importante en el desarrollo y mantenimiento de otras
adicciones como el juego patológico y la adicción al sexo. A diferencia
de Internet, el uso desadaptativo del móvil puede llegar a ser un abuso,
pero no una adicción, porque no se producen ni las alteraciones
emocionales rápidas ni el juego de identidades que pueden producirse en
chats y juegos de rol en línea.”
Los autores señalan
que: “vale la pena recordar que Internet engloba el uso de aplicaciones
muy diferentes que generan diferentes consecuencias. En base a la
interacción se puede distinguir entre aplicaciones sociales (chats, por
ejemplo) y no sociales (navegar) y en base a la coincidencia en el
tiempo entre acción y respuesta, las aplicaciones se dividen en
sincrónicas (chat y juegos en línea) y asincrónicas (por ejemplo, correo
electrónico y descarga de películas). El uso de aplicaciones sincrónicas
puede llegar a ser adictivo. De hecho debido al tiempo que transcurre
entre la conducta y el refuerzo, la adicción a aplicaciones asincrónicas
es poco probable.
En nuestra opinión, el
uso desadaptativo de Internet y móvil son conductas adictivas de
diferente intensidad. A pesar de provocar dependencia psicológica,
pérdida de control y consecuencias negativas, debido a la duración e
intensidad de los síntomas, en el caso del móvil se trataría siempre de
abuso y en el de Internet podría darse abuso y dependencia. Otra
diferencia esencial es que el móvil no permite el juego de identidades,
la disociación, el anonimato, la ausencia de consecuencias en la vida
real, las proyecciones y la comunicación hiperpersonal posibles en
Internet y que son potencialmente adictivas debido a la rapidez con la
que producen los cambios emocionales.”
Los autores concluyen
que: “Vivimos en una sociedad en la que prevalece la emoción por encima
de los sentimientos, donde la publicidad, el tipo de diversión, los
valores sociales, el arte e incluso las relaciones personales, conducen
a que el hombre moderno valore la emoción choque por encima de la
emoción sentimiento. El chat, los correos electrónicos y los sms son
canales adecuados para expresar las emociones rápida y fugazmente.
Algunos canales comunicativos de Internet se desarrollan porque se
adaptan perfectamente a las necesidades emocionales light de la sociedad
actual. Estas emociones choque son más adictivas que las emociones
sentimiento o emociones contemplación, por la misma razón que las
propiedades adictivas de los juegos de azar son directamente
proporcionales a la rapidez de la recompensa. Hasta finales de la década
de los noventa, los ciudadanos se sentaban para ver programas de
televisión mientras que en la actualidad los nuevos medios de
comunicación, desde el móvil a Internet, son instrumentos interactivos
que incitan no sólo a ver sino a promover. Mediante Internet y el móvil
la persona es un elemento activo que ejercita una conducta gratificante
y, como tal, susceptible de adicción.
En la mayoría de los
casos, el uso excesivo de Internet no merece el rango de trastorno
psicopatológico aunque ocasione consecuencias negativas en el ámbito
académico o familiar. Sin embargo, la existencia de casos clínicos
sugiere que el uso desadaptativo de Internet es un problema real que
afecta gravemente a algunas personas. Esta adicción comparte los
elementos clave de las adicciones como son la pérdida de control, el
craving, la modificación del estado de ánimo, la polarización atencional,
la pérdida de control y las consecuencias negativas. Y eso es así a
pesar de que la sociedad se ha adelantado a construir el trastorno y a
qué en muchas ocasiones se confunde el trastorno mental con la necesidad
de una tecnología.
Hasta el momento,
existen dos tendencias a la hora de clasificar este uso desadaptativo,
considerarlo un trastorno del control de impulsos o una conducta
adictiva. En nuestra opinión se trata de un trastorno de la familia de
las adicciones (al igual que el juego patológico). Quedará por ver, y
esto solo será posible con el estudio de la evolución de casos, si la
duración de los síntomas, su intensidad y la afectación de la
personalidad serán similares a los de las adicciones a sustancias.
En el caso de la
adicción al móvil son válidas la mayoría de las consideraciones críticas
que se han hecho sobre Internet pero, a diferencia de ésta, el móvil no
provoca un estado de trance, no permite el juego de identidades, no es
disociativo, difícilmente se utiliza para conocer personas nuevas y las
redes sociales que se establecen necesitan del contacto cara a cara para
pervivir. Es decir, la comunicación a través del móvil no tiene la
capacidad reforzante de Internet. De hecho, hay mucha menos literatura
científica sobre adicción al móvil que sobre adicción a Internet. Aunque
en España la prensa ha difundido casos de adolescentes con un uso
desadaptativo del móvil, éstos parecen circunscritos a una casuística
con una patología de personalidad severa. Por tanto, nuestra opinión es
que se puede abusar del móvil pero difícilmente ser un adicto al móvil.
Si bien es cierto que existen una serie de conductas desadaptadas en
torno a éste, no parecen organizarse de una forma tan estructurada como
en el caso de Internet. Estas conductas pueden llegar a modificar la
vida diaria de jóvenes y adolescentes pero, a pesar de la alarma social,
en nuestra opinión, se trata de una conducta modificable mediante las
pautas educativas adecuadas.
Es más probable que los
problemas aparezcan en personas en situaciones estresantes de su vida o
con necesidades especiales temporales, los que buscan estimulación
sexual, en personas aquejadas de trastornos psiquiátricos y/o trastornos
de personalidad, en adolescentes y estudiantes, o finalmente, en nuevos
usuarios. En muchos casos el uso desaptativo o abuso a Internet se
corregirá por si solo en un plazo limitado de tiempo. Este devenir,
similar al de muchas conductas gratificantes, no evita que una minoría
pueda desarrollar una adicción que ocasione dependencia psicológica y
daños intra e interpersonales durante un periodo significativo.
Si nos centramos en las
aplicaciones propias de Internet, la posibilidad de adicción se centra
en sus aplicaciones comunicativas. Es decir, chatear con desconocidos y
participar en juegos colectivos de rol, son las aplicaciones que generan
más abuso. Esto puede explicarse porque la hipercomunicación permite
crear una personalidad ficticia, reinventarse, sentirse seguro y no ser
esclavo de la imagen corporal. Por tanto, en el caso de Internet, sería
muy conveniente utilizar especificadores de la adicción (por ejemplo,
tipo chat, juego de rol en línea). A su vez es necesario hacer un buen
diagnóstico diferencial de aquellos casos en los que no se trata de una
auténtica adicción tecnológica sino que, detrás de un uso excesivo de la
Red, se esconden otros trastornos. Entonces es más adecuado el
diagnóstico del problema primario con la especificación conveniente
como, por ejemplo, adicción al sexo mediada por Internet (cibersexo),
juego patológico mediado por Internet, etc.”
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