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España |
21 de Julio
de 2008 |
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La Legionelosis, una enfermedad
emergente. |
En Cataluña,
Valencia y País Vasco es más común.
En 2006, se notificaron a la Red Nacional de Vigilancia
Epidemiológica 1.278 casos; cifra que sitúa la tasa de incidencia en un
2,92 por 100.000 habitantes. La incidencia de la enfermedad ha
descendido desde 2002, año que registró 1.461 casos.
La legionelosis es más habitual en las comunidades autónomas de
Valencia, Cataluña y País Vasco que en el resto de España, según un
estudio acerca del comportamiento de esta infección realizado por
Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), coordinado
conjuntamente por los miembros de esta sociedad, los doctores José
Blanquer y Joan Caylà.
El origen más frecuente de esta infección, explica el Dr. Julio Ancochea,
presidente de SEPAR, es la eliminación de aerosoles producidos por
torres de refrigeración e instalaciones de agua caliente. Otra forma de
transmisión son las redes de distribución de agua potable y agua
sanitaria. El contagio en hospitales es el de mayor gravedad, ya que
afecta a una población con sistema inmunitario deprimido.
En cuanto a la mortalidad, el Dr. Blanquer constata “que puede alcanzar
el 20% o el 25%, e incluso el 40% en los casos intrahospitalarios que
afectan a pacientes inmunodeprimidos, mientras que se sitúa entre el 3%
y el 5% cuando se trata de brotes aislados”. Los neumólogos califican a
la legionelosis como una enfermedad emergente, teniendo en cuenta su
creciente prevalencia y su relación con el desarrollo de las nuevas
tecnologías y las instalaciones modernas de control de calor. Según
datos del Instituto Nacional de Estadística, el número de casos aumentó
un 763% entre 1997 y 2002. Muchos de los focos de infección suelen estar
en los aparatos de refrigeración de los grandes edificios, que favorecen
la difusión de partículas volátiles en el ambiente y, con ellas, la
bacteria causante de la enfermedad.
La bacteria legionella pneumophila coloniza las tuberías, un medio muy
parecido a su medio natural, que es el agua estancada. Esta bacteria es
un microorganismo intracelular, es decir, necesita parasitar otro cuerpo
para mantenerse viva, y en las tuberías encuentra el medio ideal.
“Cuando las bacterias son aerosolizadas a través de las torres de
refrigeración, la persona las inhalarla y desarrolla de la enfermedad”,
explica el citado especialista de la SEPAR, quien añade que la humedad y
el calor tanto del ambiente como de los pulmones de la persona afectada,
son un medio ideal para su desarrollo.
Los efectos de la legionelosis tienden a ser más graves que los de una
neumonía convencional, puesto que los síntomas iniciales, semejantes a
los de un resfriado, son sólo los prolegómenos de otros –esputos con
sangre, fuerte dolor torácico al respirar, etc.- que definen con más
precisión la presencia de la infección. También puede conllevar
manifestaciones neurológicas, como cefalea y confusión, provocar
diarreas e incluso afectar al corazón, al páncreas o al riñón.
“Si la patología se trata a tiempo, el índice de mortalidad no supera el
6%, pero si pasan 48 horas sin hacerlo este porcentaje puede subir al
25%”, asegura del Dr. Blanquer. “De ahí –añade- que la detección precoz
sea un factor esencial para mitigar los síntomas y poner freno a la
agresividad de una bacteria que provoca el ingreso en la UVI de los
casos detectados tardíamente.”
Detección precoz
La prevención pasa, sobre todo, por la limpieza y el mantenimiento
adecuado de las torres de refrigeración de edificios públicos y
privados, aunque también en los domicilios se pueden adoptar medidas
cautelares, entre ellas, y como apunta el Dr. Blanquer: “limpiar bien
los filtros de aire acondicionado y vigilar los depósitos de agua”.
Respecto a los grupos de riesgo, este neumólogo detalla que son las
personas inmunodeprimidas, es decir, con las defensas bajas, así como
enfermos crónicos hepáticos o diabéticos. Asimismo, los fumadores
también son un colectivo de alto riesgo.
El número de víctimas mortales desciende paulatinamente, debido a que
ahora los métodos de detección son cada vez más rápidos y fáciles de
efectuar. “Actualmente disponemos de antígenos urinarios específicos que
permiten un diagnóstico más rápido y fácil; en cambio, no hace mucho
teníamos que recurrir al esputo o la muestra de sangre retrospectiva
cuando la enfermedad ya había remitido o era ya demasiado tarde”,
comenta el especialista de SEPAR.
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