Barcelona  (España)

10 de Diciembre de 2007

Barcelona contará con uno de los mayores centros oftalmológicos de Europa.

El Instituto de Microcirugía Ocular (IMO) iniciará una nueva etapa en el último trimestre del próximo año. El gran crecimiento que ha experimentado el Instituto desde su constitución como tal en 1994, ha culminado con el proyecto de un nuevo centro, cuya construcción se inició en febrero del año pasado y que está previsto que pueda inaugurarse a partir del verano de 2008.

El nuevo edificio, que se está levantando en la falda del Tibidabo, es una gran apuesta del IMO, que pasará de contar con unas instalaciones de 2.300 metros cuadrados a disponer de una construcción de más de 22.000, unas dimensiones que convertirán el centro en uno de los mayores de Europa y situarán Barcelona a la cabeza de la oftalmología internacional.

Según el Dr. Borja Corcóstegui, director del IMO, “la mayor amplitud del centro nos permitirá dar una mejor atención a nuestros pacientes, nuestro principal objetivo”. En este sentido, la construcción del nuevo edificio no sólo responde a una necesidad objetiva de espacio, sino también a la voluntad de mejorar el servicio a los pacientes y acompañantes. Para unos y otros se han proyectado salas de espera más cómodas y espaciosas, un parking con 225 plazas y una cafetería-restaurante, entre otros espacios y servicios de los que hasta ahora carecía el centro.

Por lo que se refiere al área quirúrgica, se producirá también un salto importante, ya que se duplicará el número de quirófanos, al pasar de 4 a 8, lo que garantizará que siempre haya salas disponibles para realizar con menor demora las cirugías previstas. En una primera etapa, no se prevé que la cifra de 5.000 intervenciones quirúrgicas que se practican al año en el actual IMO varíe sustancialmente, aunque sí se persigue una gestión más ágil de esta actividad clave del Instituto. Tampoco se espera aumentar, de entrada, el número de visitas (alrededor de 35.000 anuales), aunque las características del nuevo centro permitirán hasta triplicar esta cifra.

En sus nuevas instalaciones, el IMO seguirá atendiendo, como hasta ahora, a pacientes de todas las subespecialidades oftalmológicas, entre las que destaca retina, por número de visitas, seguida de córnea, glaucoma, cataratas, oculoplástica y estrabismo, entre otras. Asimismo, desde el nuevo edificio, el IMO seguirá apostando por otras áreas no asistenciales, como la docencia o la investigación.

Está previsto que el nuevo centro dé mayor cobertura a los estudios científicos, impulsando proyectos de investigación propios, además de seguir colaborando con otros estudios multicéntricos o promovidos de forma externa. Por este motivo, las nuevas instalaciones contarán con una importante zona dedicada a ensayos clínicos y a la investigación básica. El proyecto incluye un laboratorio, un espacio con el que el IMO no cuenta actualmente y que le permitirá asumir algunas pruebas diagnósticas, como determinados análisis clínicos, que en estos momentos tienen que derivarse a laboratorios externos. Para ello, el Instituto incorporará un nuevo equipo de especialistas.

Por otro lado, el IMO acogerá un auditorio con aforo de hasta 350 personas para eventos especiales, al que se sumarán otras salas para reuniones: una con capacidad para 50 personas y dos, para 20 cada una.

Estilo americano

En su nueva etapa, el IMO va a seguir trabajando para desarrollar un “estilo americano”, lo que, en el campo de la oftalmología, se traduce en un mayor avance desde el punto de vista de investigación, de atención asistencial, de gestión, etc., cimentado en una diversificación de intereses: investigación, labor clínica, y en la búsqueda de la excelencia en el trato con el paciente, el diagnóstico y la organización. Asimismo, el IMO asume de la cultura oftalmológica americana su interés por la subespecialización de los cirujanos, para garantizar así una asistencia óptima para cada patología. En este sentido, el equipo facultativo del IMO, formado por los mejores subespecialistas, será la principal herencia del centro actual, sin olvidar al resto del equipo del IMO, de gran valía profesional y personal, que continuará en el nuevo Instituto.

Con la proyección cuantitativa y cualitativa que supondrán las nuevas instalaciones, el IMO entrará en una nueva etapa en la que reforzará su posicionamiento como centro de referencia para pacientes de toda España (actualmente el 35% de los pacientes del IMO procede de otras comunidades), así como su destacado papel en el ámbito de la investigación oftalmológica no sólo europea, sino mundial.

Un edificio singular

El principal objetivo arquitectónico del proyecto del IMO, obra del prestigioso arquitecto Josep Llinàs, ha sido dar sentido a la excepcional situación del edificio, rodeado de naturaleza y con unas espectaculares vistas. Para ello, se ha otorgado todo el protagonismo a la fachada orientada a Sur –desde la que se divisa toda la ciudad hasta el mar–, dado que la pendiente del terreno hace que la fachada Norte quede empotrada en la montaña y las fachadas Este y Oeste emerjan sólo en parte sobre el nivel de la calle.

De esta manera, el edificio explota al máximo el uso de la fachada Sur, prácticamente toda de cristal y en la que se encuentran los despachos, el área administrativa, los halls, las salas de espera, la cafetería-restaurante y, en general, los espacios comunes. Por el contrario, las áreas de consultas y quirúrgica, que no deben tener luz natural, se han ubicado en el fondo del solar, semienterradas, dada la pendiente del terreno.

El acceso desde la calle se realiza a través de una pasarela exterior situada en la fachada principal, que lo hace especialmente atractivo por las vistas sobre la ciudad, pero que, al mismo tiempo, está protegida por diferentes cubiertas destinadas estrictamente al filtrado de la luz solar.

Así, diversas cubiertas y filtros solares, de diferente altura y situación, hacen que durante el recorrido de acceso desde el exterior hasta las salas de espera sea perceptible un incremento de confort, gracias a un aumento de penumbra, sin que ello signifique pérdida de la luz natural. También para aprovechar al máximo la disposición privilegiada de la fachada principal de las instalaciones se han diseñado terrazas y áreas ajardinadas.

En el interior, el proyecto se organiza en tres núcleos de comunicación vertical: una para pacientes (sala de espera, consultas y quirófanos); otra de espacios para usuarios, pero no estrictamente pacientes (cafetería-restaurante, salón de actos, aulas y salas expositivas), y otro para médicos: accesos privados a consultas y quirófanos, despachos, laboratorio y biblioteca. A cada núcleo se puede acceder desde el parking de forma independiente, a través de los 5 ascensores del edificio.

Todos los espacios han sido diseñados para que tanto los pacientes como sus acompañantes puedan sentirse especialmente confortables. Entre los materiales de interiorismo predomina la madera, protagonista en lugares comunes como la sala de espera y la cafetería-restaurante, y los tonos claros invaden consultas y pasillos, en los que se introducen diferentes tonalidades para significar usos distintos.

Con la utilización de esta paleta de colores y de materiales como la madera, se ha buscado la creación de espacios acogedores y que, a la vez, den la sensación de amplitud y libertad de movimientos. En este sentido, las salas de espera están todas integradas en un gran espacio común, sin paredes ni paneles que aíslan visualmente al usuario. Además, en la planta baja, donde se encuentran los quirófanos, se ha diseñado un jardín arbolado que permitirá salir a pasear, y gozar de una espera al aire libre, en un espacio rodeado de vegetación y con vistas sobre Barcelona.