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(Barcelona) España |
31 de Julio
de 2008 |
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Nuevos biomarcadores
diagnósticos del ictus. |
Publicado en la
revista Stroke.
- Estos son
los resultados de la potente línea de investigación del equipo del
Dr. Montaner que empieza a dar sus frutos. Se han identificado dos
marcadores que discriminan el origen de los ictus e indican si la
causa ha sido un cardioembolismo.
Un equipo de
investigadores del Institut de Recerca de l’Hospital Universitari de la
Vall de Hebrón, liderado por el Dr. Joan Montaner, ha publicado este
estudio que responde a la necesidad de disponer de una herramienta que
nos diagnostique qué tipo de ictus está sufriendo el paciente y, en base
a esta información, nos permita afinar al máximo el tratamiento,
maximizando la eficacia y minimizando los riesgos y los efectos
secundarios de medicaciones que podrían no ser necesarias. El equipo del
Dr. Montaner, consciente de esta necesidad, ha hecho una apuesta por una
línea de investigación que permita a corto plazo pruebas analíticas,
rápidas y senzillas, que discriminen entre un determinado tipo de ictus
y otro y que, incluso en el futuro, puedan utilizarse en la atención
extrahospitalaria o a la primera atención de urgencias, con la misma
facilidad y rapidez con la que se miden los niveles de azúcar.
La necesidad de un diagnóstico muy fino y precoz
Todos los especialistas
coinciden en que la posibilidad de hacer un diagnóstico inicial muy
precoz del ictus y de descartar otros problemas que lo pueden parecer (mímics
como por ejemplo tumores, crisis epilépticas, etc.) es fundamental para
iniciar un tratamiento lo más precozmente posible y conseguir así la
recuperación del paciente y las mínimas secuelas, es decir, minimizar el
daño neuronal. Este es el gran reto y en esta línea trabaja el equipo
del Dr. Montaner. De todos los pacientes que acuden a urgencias con una
sintomatología sospechosa de un ictus, el 80% se confirma y el 20%, no.
Para gestionar correctamente los recursos sanitarios y poder derivar
-sólo el paciente que lo necesita- a un gran hospital, así como
instaurar un tratamiento prácticamente allí donde el paciente padece el
ictus, se necesita un marcador que lo diagnostique casi inmediatamente.
Trabajando en esta línea, este grupo ha encontrado otros marcadores
interesantes que permiten saber que el coágulo que está ocluyendo una
arteria del cerebro y que está causando un ictus, se origina en el
corazón.
Nuevos marcadores para la ayuda en este diagnóstico
Saber de qué tipo de
ictus se trata nos condicionará el tratamiento que administramos a
continuación para evitar un segundo episodio, cosa que ocurre con mucha
frecuencia. El equipo del Dr. Montaner ha encontrado unos marcadores,
concretamente el D-Dímero y el BNP que, medidos en la sangre mediante
una sencilla analítica en urgencias, pueden clasificar el ictus como
cardioembólico. ¿Qué importancia tiene esto?. Los ictus isquémicos
pueden ser cardioembólicos (un problema cardíaco genera un coágulo que a
modo de émbolo queda parado en una arteria cerebral), a causa de una
ateromatosi extra o intracranial y también los llamados ictus lacunares
(por afectación de las pequeñas arterias cerebrales). A menudo
diferenciar entre los dos principales tipos (cardioembólico o
ateromatoso) es difícil y en muchos casos no se llegan a esclarecer las
causas a pesar de realizar las pruebas diagnósticas habituales. Entonces
es cuando al paciente se le diagnostica un ictus de origen
indeterminado, primero porque se puede encontrar ateromatosis en
cualquier paciente y no forzosamente estar relacionada con el ictus que
ha padecido y, por otro lado, porque el origen cardíaco de un ictus a
menudo está causado por una aritmia que, si el paciente no la padece en
el momento exacto del ingreso a urgencias, puede tardar días al ser
diagnosticada.
El tratamiento de estos dos subtipus etiológicos de ictus (antiagregación
versus anticoagulación) es muy diferente y a la vez no exento de
riesgos, por lo tanto es muy importante afinar en el diagnóstico. En el
85-95% de los ictus de origen cardioembólico seremos capaces de evitar
otro (recurrencia) utilizando el sintrom® como prevención secundaria. A
la vez el sintrom® es conocido por todos como una medicación delicada
que necesita un control muy fino y que implica un riesgo de hemorragia
debido a la descoagulación del paciente. Es tant importante administrar
sintrom® a quien lo necesita, como no hacerlo a quien no lo necesita. De
manera que hacer el diagnóstico etiológico correcto es fundamental. Este
equipo ha demostrado que en los pacientes con un ictus isquémico de
origen cardioembólico, estos dos marcadores -D-Dímero y BNP- están
elevados de manera muy significativa, desde el mismo momento de la
llegada del enfermo a urgencias.
Este estudio tiene la esperanza de poder limitar el número de enfermos
(1 de cada 3) que abandonan los hospitales sin conocer la causa que les
provocó el ictus.
El ictus, tipo y causas
El ictus (o accidente
vascular cerebral) es el trastorno neurológico más frecuente y el que
conlleva más repercusiones, tanto por su mortalidad como por las
secuelas que provoca. Un ictus es una enfermedad aguda ocasionada por
una alteración de la circulación de la sangre al cerebro. Ictus es el
nombre científico del que más popularmente es conocido con el nombre de
apoplejía, derrame cerebral, embolia, trombosis cerebral, etc. Cada
ictus es diferente y las personas que lo padecen presentan diferentes
síntomas dependiendo de la zona y el volumen del cerebro afectado y del
estado de salud previo. A grandes rasgos podemos dividir los ictus en
isquémicos o en hemorrágicos (hemorragia cerebral). En general y, para
entendernos, el ictus isquémico se origina cuando aparecen anomalías a
las arterias que dificultan el correcto riego sanguíneo del cerebro. La
anomalía más frecuente es la producida por coágulos de origen cardíaco
(fenómenos cardioembólicos), y por las placas de arteriosclerosis.
Estas placas (constituidas, en gran parte, por colesterol) nacen a las
paredes de las arterias y aumentan con la edad, con la hipertensión y
con unas elevadas cifras de colesterol. Si estas placas se desprenden de
la pared de la arteria, se pueden convertir en émbolos que viajan por el
torrente sanguíneo, o bien constituirse como una superficie sobre la que
se produce la agregación de plaquetas y la coagulación de fibrina y
pueden, así, acabar produciendo la oclusión de la circulación de la
sangre en el cerebro, dando lugar a un accidente vascular cerebral
(isquemia o infarto cerebrales). Si la afectación dura menos de 24
horas, hablamos de un ictus transitorio. Este ictus transitorio presenta
los mismos síntomas, pero desaparecen rápidamente sin dejar secuelas. De
hecho, la mayoría remiten en menos de una hora.
Este Grupo de Investigación en Enfermedades Neurovasculares de
l´Institut de Recerca de l´Hospital Universitari Vall d´Hebron de
Barcelona, liderado por el Dr. Montaner, es pionero en aportaciones
críticas en la fisiopatología del ictus y en aportaciones de gran
repercusión tanto para el punto de partida de nuevos estudios como para
la práctica clínica. El año pasado ya se demostró la eficacia del grupo
de fármacos conocidos como “estatinas” en la mejoría de la evolución de
los pacientes que habían padecido un ictus y, recientemente, ha
identificado unos marcadores de pronóstico en la evolución de las placas
de ateromatosis cerebral.
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