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Bilbao (España) |
15 de
Septiembre
de 2008 |
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Emplean los huesos de la cabeza
como injertos para la reconstrucción de un rostro desfigurado. |
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El proceso de reconstrucción se completa en dos años.
- Los accidentes de tráfico y de bicicleta son la principal causa de
desfiguración del rostro.
- Las últimas tendencias quirúrgicas aspiran a devolver al paciente
su imagen anterior al accidente.
- Requiere un abordaje integral de toda la parte afectada que trate
en conjunto la recuperación funcional y estética.
“Llega gente que parece salida de un cuadro de Picasso”. De un modo tan
gráfico se expresa César Colmenero, cirujano maxilofacial y otorrino y
uno de los expertos más relevantes en la integración de la implantología
en el tratamiento de las secuelas de traumatismos faciales. Subraya el
experto que “en no pocas ocasiones, las secuelas físicas y estéticas de
un traumatismo facial –en su inmensa mayoría fruto de accidentes de
tráfico– convergen. Desde este punto de vista”, matiza el especialista,
“el tratamiento de los traumatismos faciales ha de enfocarse desde una
perspectiva integral que no se limite a la recuperación funcional, sino
también a la reconstrucción de la estética facial”.
“En la actualidad”, subraya César Colmenero, presente en el VII Simposio
Internacional de BTI Biotechnology Institute que se celebra estos días
en Bilbao, “la cirugía reconstructiva del esqueleto facial requiere de
la participación de un equipo multidisciplinario integrado por cirujanos
plásticos y ortodoncistas”. Por encima de los adelantos tecnológicos
como la planificación tridimensional de la reconstrucción, el
especialista mantiene que “el éxito de la reconstrucción requiere que
los expertos posean experiencia en técnicas de cirugía esquelética
craneomaxilofacial, que comprenden procedimientos orbitarios, del
cráneo, y entendimiento profundo de la intrincada anatomía del rostro,
ya que sólo con estas bases es posible encontrar vías de acceso seguras
sin afectar la integridad de las estructuras”.
Las estrategias indicadas hoy en día para el abordaje de un
politraumatismo facial han evolucionado “sobre todo en la forma de
pensar de los especialistas. Se trata de reconstruir el rostro de la
manera más fidedigna posible; que se asemeje lo máximo posible al que
tenía el paciente antes del traumatismo. No hay que olvidar que el
paciente guarda en su memoria la imagen de cómo era antes del accidente
y desea recuperarla. Incluso a veces se aprovecha la intervención para
corregir algún defecto anterior al accidente, lo que eleva el grado de
satisfacción del paciente”.
Para alcanzar este objetivo, las últimas tendencias apuntan a “un
enfoque integral de la operación; la reconstrucción de la órbita ocular
y de la órbita de la nariz ha de integrarse con la reconstrucción
maxilar para afrontar con éxito las grandes desfiguraciones que se
presentan”.
Puntualiza César Colmenero que “en ocasiones son necesarias 3 ó 4
intervenciones, de 4 ó 5 horas de duración cada una. Los porcentajes de
éxito son muy elevados, cercanos al cien por cien, salvo que se haya
detectado una pérdida de tejidos insustituibles, lo que dejaría secuelas
irreversibles”. Más allá de este contratiempo, “la técnica de la
reconstrucción –la osteotomía- afronta la recuperación mediante el corte
de los huesos afectados y los injertos pertinentes, en la mayoría de los
casos con injertos extraídos de la cabeza”.
No es un proceso sencillo. “Por lo general la recuperación de la persona
intervenida, siempre en función del grado de las lesiones que presente,
no se completa hasta los dos años, tiempo medio estimado para la
configuración definitiva del nuevo rostro. En no pocos casos, los
pacientes asumen este tiempo con la esperanza de recuperar una seña de
identidad tan característica como el propio rostro”.
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