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Madrid
(España) |
12 de Abril de 2007 |
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Lipoatrofia: cuando la cara
es el espejo del VIH. |
El sarcoma de Kaposi, ese destructivo tumor que se
extiende por la piel desde la cintura al rostro, fue en otro tiempo el
estigma visible del VIH, hasta que llegaron los potentes fármacos
antirretrovirales que prácticamente eliminaron las infecciones
oportunistas definitorias de SIDA. Hoy, cuando ya esta enfermedad se ha
convertido en crónica, la lipoatrofia, pérdida de grasa en cara y
extremidades ha vuelto a acaparar la atención de los expertos y los
pacientes. Se trata de una de las alteraciones
metabólicas derivadas del tratamiento anti-VIH que trae de cabeza a los
científicos, dadas las incógnitas sobre orígenes y causas que todavía la
rodean. Globalmente tal fenómeno se conoce como lipodistrofia. Cuando la
grasa se acumula en zonas determinadas (tronco, pechos, cerviz ), se
denomina lipohipertrofia. Por el contrario, la pérdida de grasa en las
extremidades (brazos, piernas, nalgas) y en el rostro, recibe el
sobrenombre de lipoatrofia. En este caso, las venas de brazos y piernas
se marcan en relieve llamativo y el rostro recuerda el perfil de la
media luna (“moon face”, según lo bautizaron los anglosajones en sus
comienzos). La lipohipertrofia y la lipoatrofia pueden perfectamente
coexistir en el mismo paciente.
En busca de los causantes
Los últimos estudios
sobre tratamiento anti-VIH expuestos en el reciente congreso mundial (CROI)
de Los Angeles han arrojado nuevas luces de gran interés para los
pacientes afectados por lipoatrofia. Concretamente, el estudio ACTG
5142, desarrollado sobre 753 pacientes por el Grupo de Ensayos Clínicos
sobre SIDA, (grupo independiente patrocinado por el Department of Health
and Human Services, National Institutes of Health, de Estados Unidos,
equivalente a nuestro Ministerio de Sanidad y Consumo), ha demostrado
diferencias entre los dos fármacos actualmente recomendados como primera
línea de terapia. En este estudio se demuestra que los pacientes
tratados con Efavirenz presentaron un riesgo casi 3 veces mayor de
desarrollar lipoatrofia que los tratados con Lopinavir/ritonavir.
Los datos han causado gran impacto en la comunidad científica puesto que
Efavirenz es uno de los fármacos mas utilizados en el tratamiento del
VIH. Según el profesor Richard H. Haubrich (Universidad de California
San Diego) en la presentación del estudio del ACTG en Los Angeles, las
recomendaciones oficiales de terapia en Estados Unidos deberían
considerar estos resultados.
La frecuencia de lipodistrofia en pacientes en tratamiento se acerca al
50 por ciento cuando la terapia dura más de un año, según las
estadísticas más manejadas. Y todo indica que es un fenómeno
irreversible que aumenta con el tiempo de tratamiento.
De la supervivencia a la calidad de vida
Desde
una década a esta parte, con la aprobación de nuevos fármacos capaces de
eliminar prácticamente al virus de la sangre, la enfermedad por VIH se
ha ido convirtiendo en crónica, con lo cual la meta de los pacientes ya
no es simplemente sobrevivir, sino recuperar plenamente su normalidad
vital, en lo que se refiere a calidad de vida y a aspecto físico.
Para los pacientes la lipoatrofia es hoy el estigma que más les
preocupa, por cuanto es visible y difícil de ocultar, produce una imagen
corporal de deterioro físico que no corresponde al estado general del
organismo y provoca en estas personas la sensación de ir anunciando por
la calle que son VIH positivos. Estas características desafortunadas son
especialmente penosas en el caso de las mujeres, así como de colectivos
que acostumbran a prestar especial atención a su aspecto físico (caso de
los gays), y asimismo, en general de muchas personas preocupadas por
ocultar su enfermedad a su familia, sus amigos, su entorno social...
Pero, además, la lipodistrofia puede conducir al fracaso terapéutico,
cuando el paciente, por evitar el signo externo del VIH, reduce o
abandona el cumplimiento de la medicación. La consecuencia es el rebote
del virus y su mutación hacia variantes resistentes a los fármacos, con
lo que éstos quedan inservibles.
La aplicación de inyecciones subcutáneas de colágeno para rellenar los
surcos marcados por la desaparición de la capa grasa de la cara es un
recurso al que algunos pacientes afectados por lipoatrofia, que se lo
podían permitir, comenzaron a acudir hace ya algunos años. Pero el coste
y la discutible efectividad de esta operación a medio y largo plazo no
parecen haberla popularizado. Lo que los expertos aconsejan, ahora con
más evidencia científica, es que lo más eficaz es analizar la toxicidad
de los fármacos y escoger la opción mas benigna siempre que las
circunstancias lo permitan. |