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Bilbao
(España) |
28 de
Febrero de 2008 |
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El placer ha sido el
instrumento cerebral clave para el desarrollo y perpetuación de
la raza humana. |
El proceso de hominización —el proceso de
transformación de los primeros homínidos hasta llegar a convertirse en
la especie humana actual— ha primado la apetencia por el placer,
convirtiendo a éste en el instrumento clave que ha tenido el cerebro
para conseguir los objetivos evolutivos”. Estas declaraciones las ha
realizado el neurólogo Nolasc Acarín con motivo de la conferencia El
cerebro del rey, dentro de la XXXV Semana de Humanidades de la Academia
de Ciencias Médicas de Bilbao. El contenido de dicha conferencia se
centra en la transformación del cerebro humano a lo largo de la
evolución y su repercusión en la memoria, el aprendizaje, el sexo y la
adaptación al entorno.
Acarín es profesor en la facultad de Humanidades de la Universidad
Pompeu Fabra y presidente de Mutual Médica; asimismo, fue jefe de la
sección de Neurología del Hospital Universitario Valle de Hebrón de
Barcelona desde 1972 hasta 2006. Así, ha indicado que “todos los
actos de la conducta humana regida por el cerebro tienen tres objetivos
de existencia: crecer, defenderse y perpetuarse —bien sea a través de
las obras o a través de los hijos—, siendo el placer el instrumento para
obtener estos objetivos”.
Esta característica se da en otros animales, pero es precisamente en el
cerebro de la raza humana durante el proceso de hominización “en donde
ha tenido un desarrollo superior al de otras especies, fomentando el
desarrollo evolutivo de nuestra raza”. Para el especialista en
neurología y psiquiatría, “el objetivo universal es la perpetuación de
la especie a partir de la máxima eficacia biológica” y el instrumento
que el cerebro utiliza para esto es el placer.
Un cerebro que crece por dentro y por fuera
En el repaso por el desarrollo del cerebro humano desde sus orígenes
hace más de 200.000 años, el neurólogo barcelonés señaló que aunque “todos
los humanos tenemos el mismo cerebro y el mismo origen”, existen
notables diferencias entre unos y otros.
Por un lado, desde el punto de vista de la masa cerebral, “ésta crece
de manera ininterrumpida desde el nacimiento hasta aproximadamente los
veinte años”. Posteriormente, “entre los treinta y los cuarenta
años”, el volumen se mantiene, “para empezar a mermar,
ligeramente, desde esta edad hasta el final de la vida”.
Por otro lado, el cerebro también se puede desarrollar de manera
interna. “El cerebro es plástico y crece a partir de la estimulación
y del aprendizaje. Todo lo que hacemos los humanos implica cambios
físicos en el cerebro”. En este sentido, Acarín señaló que las
dendritas (las ramificaciones de las neuronas) “se desarrollan en
función de lo que aprendemos y de lo que las estimulan y, si no hay
estimulación, no crecen las dendritas”.
Tal y como mostró, existen una serie de trabajos en los que se ha
demostrado que la longitud dendrítica total “es mayor en personas que
han ido a la universidad con respecto a los que han realizado la
educación secundaria” y, a su vez, la longitud dendrítica de éstos
últimos es superior a la de los que no han realizado educación
secundaria. Así, “se puede determinar el desarrollo cerebral que una
persona ha tenido a lo largo de la vida analizando la longitud de las
dendritas una vez fallecido”, indicó, “y por lo tanto se puede
decir que el saber sí ocupa lugar porque cuanto más estimulación hay,
más crecen las dendritas dentro del cerebro”.
Conducta sexual
En cuanto a la conducta sexual dentro del proceso de hominización,
Acarín apuntó varios aspectos relativos al cerebro que han dado a este
tipo de comportamiento un cariz específico frente a otras especies, como
“la disponibilidad sexual continuada, el emparejamiento continuado (oxitocina),
y la contención sexual”. Además, señaló la intervención de otros
factores, también fisiológicos pero ligados a otras áreas del cuerpo, “como
la ovulación oculta, los niveles de estrógenos y la influencia del
estrés” como elementos que han llevado a configurar la sexualidad y
humana “tal y como la entendemos hoy en día”.
Más de cien años de historia
La Academia de Ciencias Médicas de Bilbao es una institución centenaria
fundada el 9 de enero de 1895 en Bilbao y que a lo largo de su
trayectoria durante los siglos XIX, XX y XXI ha contado con la
participación y colaboración de los médicos más insignes de la ciudad.
Desde entonces, la Academia ofrece la posibilidad de avanzar en la
formación continuada de los profesionales de la salud mediante la
organización de cursos, talleres, simposios, jornadas y cualquier tipo
de reuniones científicas en las que se profundiza y debate sobre los
avances médicos, integrando además otras disciplinas médicas y
sanitarias, como odontología, farmacia, biología y veterinaria.
La XXXV Semana de Humanidades Médicas está organizada por la Academia de
Ciencias Médicas de Bilbao y cuenta con la colaboración de la
Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea y con el
patrocinio de la Bilbao Bizkaia Kutxa y la Diputación Foral de Bizkaia. |