Barcelona (España)

3 de Septiembre de 2007

La apnea del sueño triplica el riesgo de accidente cardiovascular.

Los pacientes que sufren apnea obstructiva del sueño (SAOS), que consiste en paradas frecuentes de la respiración mientras se duerme, tienen una mayor predisposición a sufrir accidentes cerebrovasculares e infartos de miocardio. Este no es un dato nuevo, aunque sí lo es que el riesgo parece ser mayor de lo que hasta ahora se creía, a tenor de las últimas investigaciones realizadas sobre el particular tanto fuera como dentro del país.



Dos recientes estudios realizados por neumólogos españoles del Hospital Universitario de La Paz (Madrid) y del Hospital Miguel Servet (Zaragoza), confirman que este trastorno este es un factor de riesgo que duplica, e incluso triplica, la probabilidad de sufrir accidentes cardiovasculares y cerebrovasculares.



La relevancia de esta conclusión se pone de manifiesto al tener en cuenta no sólo las repercusiones clínicas a menudo graves, sino también que este trastorno predisponente, como es la apnea del sueño, está muy extendido entre la población. De hecho, los expertos de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) estiman que este síndrome -del que cabe hablar cuando una persona tiene 5 o más paradas respiratorias en una sola noche, de 10 ó más segundos cada una-afecta en alguna medida al 20-25% de los adultos, esto es, a unos 5-7 millones de personas. Dentro de este vasto grupo de población concernida por la apnea del sueño, los casos más sintomáticos y necesitados por tanto de tratamiento se concentran en el 3-5% de varones y el 2-3% de las mujeres de edad adulta, lo que arroja en todo caso un balance de entre uno y 2 millones de personas. Hasta el momento actual se ha diagnosticado y tratado en torno al 10% de esa población por lo que se está muy lejos de haber alcanzado una situación óptima.



El nexo entre esta enfermedad y las alteraciones cardiovasculares, tiene que ver, como indica el Doctor Fernando Masa, miembro del área de trabajo de Trastornos del Sueño de SEPAR y Jefe de Neumología del Hospital San Pedro de Alcántara (Cáceres), con el hecho de que las apneas se traducen en un descenso continuado de la presencia de oxígeno en la sangre, a la par que en una liberación de sustancias nocivas implicadas en la elevación de la tensión arterial y daño a los vasos sanguíneos. Cuando esta situación se sostiene en el tiempo, como es característico de síndrome de la apnea del sueño, es fácil concluir el riesgo cierto que conlleva para la salud del sistema circulatorio.



No curable, pero sí tratable

Hoy por hoy, la apnea no tiene curación, pero si un tratamiento eficaz que mejora los síntomas y reduce por tanto el riesgo cardiovascular. El citado experto de SEPAR destaca como principal recurso el dispositivo conocido como presión aérea positiva continua (CPAP), que el paciente debe usar cada noche. En su versión más convencional se trata de un aparato de mediano tamaño que, colocado por ejemplo sobre la mesita de noche, y dotado de un tubo y una mascarilla, insufla aire a presión a fin de impedir lo que es la causa directa de la apnea: la caída del velo del paladar y consiguiente obstrucción del movimiento reflejo de la respiración, algo que se ve favorecido cuando concurren circunstancias como exceso de grasa en el cuello, el consumo inmoderado de alcohol (especialmente en las horas previas al descanso) o el empleo de somníferos. En el momento actual unos 150.000 pacientes emplean la CPAP cada noche para el tratamiento de la apneas del sueño.



El doctor Fernando Masa confirma que las investigaciones realizadas sugieren que el empleo de esta terapia durante al menos cuatro horas del tiempo dedicado al sueño, reduce significativamente la probabilidad de accidentes cardiovasculares y cerebrovasculares.