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Bilbao
(España) |
25 de Abril de 2008 |
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Los mayores
que comen solos tienen alto riesgo de malnutrición. |
Cada vez es mayor el
número de ancianos que viven solos en las sociedades desarrolladas. Al
margen de las implicaciones psicoafectivas que esta dura realidad pueda
presentar para ellos, esta circunstancia conlleva unas consecuencias de
salud pública muy relevantes.
“La comida, además de aportarnos los nutrientes necesarios para la
correcta función del organismo, lleva aparejada un gran número de
factores socioculturales que determinan que los ancianos que comen
habitualmente solos tengan un mayor riesgo de malnutrición”. Esta
circunstancia ha sido puesta de manifiesto por Arantza Pérez Rodrigo,
médica geriatra, durante su intervención en el III Simposio de atención
al paciente mayor, organizado por la Residencia Igurco Orue en
Amorebieta-Etxano.
En concreto, la experta ha participado como ponente de la mesa redonda
Importancia de la nutrición en la atención del paciente mayor, que ha
tratado las amenazas a las que se enfrentan los mayores por una mala
alimentación. Pérez Rodrigo ha indicado que la falta de compañía en las
comidas supone para muchas de estas personas una disminución del valor
que aquéllas tienen, al perder el componente social. Por ello, “dan a
la alimentación una importancia menor, con numerosas y perjudiciales
consecuencias”.
Una de éstas es la monotonía en la dieta, por la que muchos mayores
acaban comiendo sólo un reducido grupo de alimentos, por lo que sus
carencias nutricionales pueden ser muy relevantes y acabar desembocando
en una clara malnutrición.
Este abandono supone también que en muchos casos, “algunos mayores
cocinen muy poco” y repitan el mismo plato que han cocinado una vez
“a lo largo de varios días seguidos” durante la semana.
Otros condicionantes propios de la edad, como la dificultad para la
masticación y la deglución interfieren en la correcta alimentación de
los miembros de la tercera edad “ya que pueden acabar dando lugar a
dietas blandas a base de purés, tortillas y similares, reduciendo así el
rango de tipos de productos que ingieren”.
Además, esta situación, en la que la comida pierde gran parte de su
valor al ver reducido prácticamente a la nada a su componente social,
puede darse asociada con un cuadro de desorden en las horas y en las
cantidades de comida que se toman.
Valoración social de la persona mayor
Pérez Rodrigo, que además es directora médica de la Residencia Igurco
Unbe, indicó que en la valoración nutricional del mayor, tras un
correcto cribado, se debe incluir también el análisis de su realidad
social. En este sentido, el nivel cultural de la persona mayor influye
directamente en el equilibrio de la dieta que elige. También afecta de
manera importante la capacidad económica, “ya que las dietas más
baratas son más ricas en grasas y en azúcares simples, lo que se traduce
en una mayor ingesta calórica y, consecuentemente, en un mayor riesgo de
sobrepeso”, otro de los aspectos que más preocupan en este momento
en la alimentación de los mayores.
Los hábitos y preferencias alimentarias también deben ser constatadas
fehacientemente, ya que la falta de una cierta disciplina en la
alimentación provoca que en muchos casos los ancianos acaben comiendo
solamente y de manera continuada los platos que más les gustan, anulando
completamente de su dieta determinados grupos de alimentos que son
esenciales para mantener una buena salud.
Pérez Rodrigo aludió al aislamiento social y familiar como un factor que
favorece la falta de un cierto autocontrol saludable en la alimentación
del mayor, dándose una mejor nutrición, en general, en las personas más
sociables.
El III Simposio de atención al paciente mayor ha sido organizado por la
Residencia Igurco Orue bajo el lema Desde las comunidades religiosas al
espacio socio sanitario, y se desarrolla durante los días 25 y 26 de
abril de 2008 en el barrio San Miguel de Dudea, s/n de Amorebieta-Etxano. |