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Barcelona
(España) |
9 de
Octubre de 2007 |
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El humo del tabaco incrementa
su toxicidad en contacto con sustancias utilizadas en la
elaboración de los alimentos. |
Entre las partículas sólidas que se concentran en el
ambiente cuándo se fuma en bares y restaurantes se encuentran algunos
alquitranes, el cadmio, el níquel, algunos fenoles y sustancias
radioactivas; todas ellas con probado efecto tóxico para la salud. El
depósito y el cúmulo de las partículas procedentes del humo de tabaco
alteran algunas de las características organolépticas de los alimentos y
además, el contacto de estas partículas nocivas con algunas sustancias
utilizadas en la elaboración de los alimentos incrementa el riesgo de
toxicidad para el organismo multiplicando los daños para la salud que
por sí mismas ya producen.
El Dr. Juan Antonio Riesco, Coordinador del Área de Tabaquismo de SEPAR
(Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica) recuerda el “necesario
cumplimiento del RD 202/2000 sobre las normas relativas a los
manipuladores de alimentos y las Normas de Calidad vigentes en las que
taxativamente se prohíbe fumar por claros motivos higiénico-sanitarios
en el ejercicio de esta actividad, ya que desde hace años existen
evidencias que avalan el peligro del tabaco sobre la salud”.
Asimismo, el Dr. Riesco destaca “la importancia y necesidad de
conseguir una buena y adecuada ventilación en los lugares donde se
manipulen alimentos de modo que se garantice un ambiente libre del humo
tóxico de tabaco”.
Tras el anuncio del Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya
sobre la elaboración de un decreto, que en el marco de la legislación
actual, garantice que la manipulación de alimentos se haga en ambientes
sin humo; los especialistas de SEPAR recuerdan que el aire ambiental
contaminado con humo de tabaco -es decir, el humo exhalado por el
fumador y el humo emanado desde la envoltura del cigarrillo que procede
de la combustión de la parte final del mismo- contiene sustancias
peligrosas para la salud que pueden encontrarse en forma de vapor o en
forma de partículas sólidas, tal y como se demuestra experimentalmente a
través de los estudios con “máquinas de fumar”. Es destacable, también,
que parte de estas partículas –entre las que se encuentran la acetona,
el amoníaco, el monóxido de carbono y algunas nitrosaminas- se
concentran en mayor cantidad en el ambiente que en lo que inhala el
propio fumador. Así, SEPAR recomienda la necesidad de trabajar y vivir
en ambientes sanos y saludables que, por definición, deben estar libres
de humo de tabaco. |