La
Unidad de Ictus (UI), según declaró en 1996 la OMS y el European
Stroke Council en la Declaración de Helsinborg, es “una Unidad
específica de cuidados agudos no intensivos para el tratamiento del
paciente con ictus, que ofrece el cuidado más efectivo del ictus
agudo”. En esta declaración de hace ya más de 10 años, se
apuntaba como objetivo para 2005 que todos los pacientes con ictus
agudo tuvieran fácil acceso a una evaluación y tratamiento
especializados en UI. En España, no se ha cumplido.
Actualmente en nuestro país sólo 29 hospitales disponen de Unidades
de Ictus, y Comunidades como Andalucía, Murcia o Asturias no tienen
ninguna. “Es necesario resaltar que muchas de ellas no cumplen
algunos de los criterios considerados como específicos de una UI”,
explica el Dr. Álvarez Sabín, coordinador del Grupo de Estudio de
Enfermedades Cerebrovasculares de la SEN. Esta ha sido la principal
conclusión la 1ª Jornada Nacional de Unidades de Ictus.
Los
objetivos del ingreso en una de estas unidades son optimizar el
diagnóstico urgente para reducir el tiempo desde el inicio del ictus
hasta la acción médica terapéutica, dar tratamiento específico
dependiendo del tipo de accidente cerebrovascular e iniciar la
prevención secundaria. Disminuye la mortalidad en un 17%, y la
mortalidad o dependencia funcional en un 25%. Además determina una
mayor supervivencia sin secuelas de los pacientes en los 5 años
siguientes al ictus.
“Gracias
a estas unidades sabemos que reducimos estancia media, mortalidad,
dependencia, complicaciones sistémicas y neurológicas y coste por
paciente y global”, afirma el Dr. Díez Tejedor, miembro de la
SEN. Según un estudio elaborado por el Hospital Vall d’Hebron de
Barcelona, podría suponer un ahorro en los costes hospitalarios que
puede cifrarse en 1.914 € menos por paciente.
Es por
todo ello que desde la Sociedad instan a la Sanidad española a
mejorar esta situación que actualmente es precaria. “El motivo es
incontestable: sabemos a ciencia cierta que de ese modo se reduce la
mortalidad y el enfermo tiene una mejor evolución a corto y largo
plazo. Sin embargo, la realidad está muy lejos de dichas
condiciones. En España, hay Unidades de Ictus para dar cobertura
sólo al 25% de la población”, lamenta el Dr. Álvarez Sabín. “Realmente
existe una flagrante inequidad geográfica en la distribución de las
unidades ictus. Son necesarias más y también planes estratégicos
como el Plan de Atención Sanitaria del Ictus (PASI), elaborado por
GEECV-SE, que garanticen una atención especializada y en el tiempo
adecuado a toda la población española”, añade.
Mapa de
Unidades de Ictus en España

Ictus
Con el
término ictus se conocen las enfermedades del cerebro provocadas por
un problema de la circulación sanguínea. Su aparición provoca más
discapacidad y muertes prematuras que el Alzheimer y los accidentes
de tráfico juntos. Cada año sufren esta enfermedad unos
120.000-130.000 españoles. De ellas, unas 80.000 fallecen o quedan
con discapacidad.
Las
horas inmediatas al ictus son definitivas: se ha comprobado que los
pacientes que son tratados en las primeras seis horas por un
neurólogo, en un hospital, recuperan en mayor medida las funciones
neurológicas. En la actualidad, sólo el 50% de los afectados ingresa
antes de las seis horas y esto se produce, además, en áreas
sanitarias en las que la población está más informada. El problema
es que aún hoy muchos pacientes acuden al hospital cuando ya es
demasiado tarde.
Son
cifras alarmantes que según las predicciones de la OMS van a ser
cada vez más elevadas: se estima que en el periodo que va del año
2000 al 2025 la incidencia habrá experimentado un aumento del 27%.
De acuerdo con estos cálculos, en menos de 20 años en España habrá
un millón doscientas mil personas supervivientes de un ictus, de los
cuales más de 500.000 estarán incapacitados por este problema de
salud. Las secuelas más frecuentes son parálisis, dificultades con
el lenguaje, trastornos emocionales y de tipo cognitivo. “Los
problemas motores son muy frecuentes y afectan a uno de cada tres
pacientes. También es bastante común el dolor, la fatiga, la
dificultad para controlar las emociones y la depresión”, asegura
el Dr. Álvarez Sabín.