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Barcelona
(España) |
26 de Marzo
de 2007 |
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La vacuna Ruti propone un
nuevo enfoque sobre la tuberculosis, la enfermedad más antigua
del mundo. |
La infección tuberculosa latente sería sólo un
proceso de infección lenta y la fase de enfermedad sería un proceso de
crecimiento y respuesta del sistema inmunológico a esta patología
respiratoria. Así describe el Dr. Pere Joan Cardona, del Hospital
Universitario Germans Trias i Pujol de Badalona (Barcelona) y miembro de
SEPAR (Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica), la evolución
de la tuberculosis desde su estado latente hasta el momento en que se
manifiesta. Esta hipótesis, la hipótesis dinámica, sustenta el proceso
de investigación de la vacuna RUTI, que se inició en el año 2000
financiada en gran medida por el laboratorio farmacéutico Archivel Farma;
y que permitiría reducir el tratamiento de infección tuberculosa latente
de nueve meses a uno y que actualmente está en fase de tramitación del
desarrollo clínico, fase que se extenderá previsiblemente hasta el 2012.
Nada menos que un tercio de la población mundial está infectada por el
bacilo de la tuberculosis y el 10% de los individuos que la padecen de
modo latente desarrollan la enfermedad de forma activa. La cuestión es,
entonces, cómo tratar la infección tuberculosa latente, una tarea que se
enfrenta no sólo a dificultades técnicas y científicas, sino también a
importantes dificultades económicas, logísticas y políticas.
Un dato llamativo aportado por un estudio de la OMS del año 2006
evidencia que mientras el privatizado sistema sanitario estadounidense
trató a 300.000 afectados por infección tuberculosa latente, el sistema
sanitario de los 5 principales países europeos trató solamente a
125.000. La estadística muestra que en EEUU son tratados 21 casos por
cada paciente con tuberculosis activa cuando en la UE lo son solamente
3. Es decir, la atención a la infección tuberculosa latente es allí 7
veces superior a la europea.
El Dr. Pere Joan Cardona matiza que “la idea de que un bacilo pueda
permanecer latente, inactivo durante años en un organismo, es comúnmente
aceptada, si bien tal cosa no puede ser establecida empíricamente por
observación directa”. Por tanto, la aproximación a esta cuestión
admite interpretaciones diversas.
Los investigadores de la vacuna RUTI, según el Dr. Cardona, se basan en
lo que ellos denominan la “hipótesis dinámica”, que involucraría
distintos procesos y mecanismos, como por ejemplo, la baja velocidad de
crecimiento del bacilo, que le permite evitar la respuesta inmune del
organismo, los efectos del drenaje fisiológico que se produce
naturalmente en el aparato respiratorio y el papel de los macrófagos
espumosos en la propagación del bacilo.
Los estudios llevados a cabo han permitido tener un mayor conocimiento
en relación a la inducción de la infección tuberculosa latente que ha
sido decisivo para el desarrollo de la vacuna terapéutica Ruti:
1. En primer lugar, el estudio del origen de la necrosis
intragranulomatosa en las lesiones tuberculosas en humanos permitió
conocer el fenómeno de Koch, atribuido clásicamente a la inoculación de
vacunas terapéuticas en pacientes infectados por Mycobacterium
tuberculosis, que consiste en una reacción del bacilo que ocasiona la
inflamación y la destrucción de tejido afectado. Esto abrió la puerta al
diseño de una vacuna terapéutica que no generara este fenómeno.
2. En segundo lugar, se observó que las diferentes pautas antibióticas
provocan una inmunodepresión local transitoria que permite la
reactivación de los bacilos latentes supervivientes y hace inútiles los
tratamientos de corta duración. Este hecho inspiró la necesidad de
incorporar una vacuna terapéutica para poder acortar el tratamiento
antibiótico.
3. El estudio de la evolución de los granulomas permitió demostrar el
escape de los bacilos latentes de las lesiones granulomatosas generadas
por la inmunidad contra Mycobacterium tuberculosis. Este hecho define el
bacilo latente como una forma que permanece invisible al sistema
inmunitario, como resultado de la transformación que sufre con el estrés
generado contra él por la respuesta inmunitaria específica. De aquí
surge la idea de inmunizar con fragmentos de bacilos cultivados en
condiciones de estrés ambiental.
4. Por último, el estudio de la composición de los granulomas permite
descubrir la presencia de un anillo externo hecho por macrófagos
espumosos que inactivan los linfocitos específicos activadores de los
macrófagos infectados. Este anillo desaparece con el tratamiento
antibiótico de corta duración, lo cual hace obligatorio un tratamiento
antibiótico antes de la administración de la vacuna terapéutica.
Todos esos estudios han orientado el desarrollo de una vacuna
terapéutica que no provoca el llamado fenómeno de Koch, que evita la
reactivación de los bacilos de la tuberculosis tras finalizar el
tratamiento antibiótico de corta duración y que evita el escape del
sistema inmunitario de los bacilos latentes. La vacuna requiere
tratamiento antibiótico previo con isonacida durante un mes. |