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Buenos Aires
(Argentina) |
8 de Junio de 2007 |
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Un nuevo procedimiento
permite reemplazar una válvula del corazón sin necesidad de
cirugía mayor. |
Un novedoso procedimiento permitiría reemplazar una
válvula del corazón por cateterismo, es decir, sin necesitad de cirugía
mayor. Uno de los principales desarrolladores de esta intervención, el
Prof. Dr. Alain Cribier, expondrá sus investigaciones durante el próximo
XIII Congreso de la Sociedad Latinoamericana de Cardiología
Intervencionista (SOLACI’07) y XVII Congreso del Colegio Argentino de
Cardioangiólogos Intervencionistas (CACI’07), que se realizará del 4 al
6 de julio en Buenos Aires.
El Prof. Cribier, médico a cargo del Departamento de Cardiología del
Hospital Universitario Charles Nicolle, Rouen, Francia, explicó que “en
la mayoría de los casos, el reemplazo de válvula aórtica no es una
operación difícil. Sin embargo, casi 30% de los pacientes que necesitan
un reemplazo de válvula no van a cirugía, principalmente por la
asociación de edad avanzada, condiciones físicas y comorbilidades
cardíacas y no cardíacas que aumentan enormemente el riesgo. En este
sentido, el reemplazo valvular aórtico percutáneo ha tenido resultados
muy satisfactorios, con un limitado número de complicaciones agudas y un
excelente seguimiento. En comparación con lo esperable en este grupo de
pacientes de alto riesgo, la mortalidad fue entre una y tres veces menor”.
La válvula aórtica, que controla el paso de la sangre oxigenada del
corazón al organismo, suele calcificarse y endurecerse (se ‘estenosa’)
con el paso de los años. Esto ocasiona un esfuerzo excesivo del corazón
para bombear sangre, y puede conducir a una insuficiencia cardíaca. La
enfermedad, conocida como ‘estenosis valvular aórtica’, afecta
principalmente a personas de más de 70 años de edad, y su prevalencia
aumenta conforme crece la expectativa de vida de la población, un
fenómeno mundial conocido como “aging”.
Si bien existen opciones terapéuticas para esta patología (operación “a
corazón abierto” para reemplazar la válvula; valvuloplastia, también
desarrollada por el Prof. Cribier; y terapia farmacológica), aún no
había una intervención que lograra reemplazar la válvula en pacientes de
alto riesgo quirúrgico sin cirugía. En este grupo se incluyen quienes
tienen un bypass previo, insuficiencia renal, accidente cerebrovascular,
cáncer (aunque esté tratado) y todos aquellos que no pueden recibir
anestesia general, algo bastante común en pacientes que superan los 80
años de edad.
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En la figura se observa la
inserción de la válvula vía cateterismo, y cómo queda en
posición |
La Dra. Carla Agatiello, intervencionista argentina,
miembro del Comité Científico del XIII SOLACI´07 / XVII CACI`07, y
coordinadora del Programa de Válvulas Percutáneas del Hospital
Universitario Rouen, de Francia, indicó que “para llegar a esta
intervención, que deja apenas dos pequeñas incisiones luego de la
cirugía, se trabajó el mismo concepto que para poner un stent (suerte de
‘rulero’ metálico) adentro de una arteria coronaria”. La
especialista, que participó de las primeras 40 intervenciones en Francia
con el nuevo dispositivo, describió: “Se introduce por una arteria un
catéter con balón, que a su vez lleva una válvula montada en un stent.
Se llega a la válvula aórtica a través de la arteria femoral, se infla
el balón, ensanchando la válvula estenosada; luego se retira, y se
coloca en posición la válvula nueva. Este desarrollo, que suena tan
sencillo, llevó nada menos que diez años”.
El reemplazo percutáneo de válvula aórtica, que se realizó por primera
vez en 2002, ya se aplicó a unos 430 pacientes en todo el mundo dentro
del marco de protocolos de investigación. En el viejo continente terminó
el estudio REVIVE, y comenzará otro, randomizado, denominado PARTNER-Europa.
También se está investigando en los EE.UU., en el PARTNER-US, en este
caso con randomización. Se espera que Argentina pueda ingresar a un
protocolo de investigación a fines de este año, en pacientes de alto
riesgo para cirugía (REVIVE Argentina).
En los EE.UU., en 2005 había 11 millones de personas mayores de 85 años;
y la patología se produce en 3 a 5% de los mayores de 65 años. “Los
pacientes con este problema son asintomáticos durante muchos años, pese
a la obstrucción severa”, subrayó el Prof. Cribier. “Durante ese
período, el pronóstico continúa siendo excelente. Pero si se presentan
síntomas, en particular de insuficiencia cardíaca, y sin reemplazo
valvular, la mortalidad es de 50% a los 18 meses, de 80% a los dos años,
y aún mayor en caso de disfunción ventricular izquierda asociada”.
“Durante SOLACI’07 nos centraremos en todo el historial del
procedimiento, los temas técnicos, las indicaciones presentes, los
resultados de estudios y el futuro de esta intervención”, informó el
especialista.
La génesis del desarrollo
Ante la cantidad de pacientes con estenosis valvular aórtica que no
podían ir a cirugía, en 1985 el Prof. Cribier y otros colegas crearon la
‘valvuloplastia con balón. “Se inserta un catéter con un balón que se
infla en la válvula, abriéndola, y se retira”, informó la Dra. Agatiello.
“En esta intervención no se requiere anestesia general, lo cual
reduce el riesgo”.
Si bien esta intervención mejora los síntomas y reduce las
internaciones, no cura la patología, ya que la válvula sigue
calcificada. Eso llevó a que muchos centros dejaran de lado la
valvuloplastia. El equipo del Prof. Cribier siguió tratando a los
pacientes añosos no quirúrgicos con valvuloplastia aórtica; en algunos
casos, lo que se hacía con la intervención era aliviar los síntomas de
insuficiencia cardíaca hasta que se pudiera ir a cirugía.
Con el balón, la válvula se abría, pero no era suficiente. El grupo del
Prof. Cribier observó que había que hacer algo que sostuviera esa
válvula abierta, y pensaron en un stent. “En 1990, comencé a pensar
una posible solución para vencer la reestenosis valvular, y en ese
punto, surgió como un método posible la inserción de una válvula (en un
stent) dentro de la válvula enferma, usando cateterización cardíaca”.
“Había una gran dificultad para lograrlo: el diámetro de la válvula,
que es de unos 23 mm y debe pasar por los vasos sanguíneos. Así, se
buscó la forma de comprimir la válvula sin que se deteriorara, y de
ingresar por catéter a través de vasos sanguíneos grandes, para que
pudiera pasar todo el material”, relató la Dra. Carla Agatiello.
“La construcción de la válvula no fue una tarea sencilla”,
confirmó el Prof. Cribier. “Fueron necesarios más de 10 años para
lograr el primer prototipo. Hubo muchos problemas en cuanto a las
características del stent, de la bioprótesis y del ensamble de valvas y
stent. Se efectuaron extensos tests de laboratorio y más de 100
implantes en ovejas para evaluar los resultados a corto y mediano plazo,
antes de lograr el primer implante en humano. Tras varios años de
desarrollo, el concepto se confirmó en abril de 2002, con el primer
implante en humano, realizado en mi centro”.
El equipo del Prof. Cribier desarrolló un stent que lleva plegadas 3
hojas de pericardio bovino o porcino, y que se comprime (se ‘crimpea’)
para pasar por la arteria. Este dispositivo se monta en un catéter y un
balón; al inflar el balón en la abertura de la válvula aórtica, se rompe
la calcificación, y queda anclada la nueva válvula sobre la biológica.
Se hicieron tests de laboratorio, para comprobar la hemodinamia, que
fuera semejante a la válvula biológica.
La experiencia está demostrando una respuesta positiva, con pacientes
que a cinco años tienen una buena función valvular y no requirieron
nuevas intervenciones. Inclusive en algunos casos se está empleando una
técnica mixta que involucra a cirujanos cardiovasculares y
hemodinamistas: se reemplaza la válvula sin necesidad de hacer la
operación a corazón abierto tradicional, pero se chequea el estado de
los vasos con una mínima cirugía.
El procedimiento se sigue optimizando. Recientemente se observó que la
válvula puede ser colocada mediante una cirugía mínimamente invasiva, en
forma ‘transapical’: se inserta a través del apex del ventrículo
izquierdo, y podría usarse en pacientes en los que cuesta acceder por
presentar enfermedad vascular periférica grave o excesiva tortuosidad. “Más
de 160 pacientes fueron implantados en cooperación con Canadá, Alemania
y Austria, y los resultados son prometedores”, alentó el Prof.
Cribier.
Síntomas
Si bien los síntomas de la estenosis valvular aórtica dependen de su
gravedad, en la edad adulta las manifestaciones más visibles incluyen:
• Dolor en el pecho al esfuerzo
• Cansancio inusual después de una actividad
• Mareos
• Desmayos
• Falta de aire al esfuerzo
XIII SOLACI´07 / XVII CACI`07
El congreso anual de SOLACI es considerado el quinto en importancia
mundial dentro de la especialidad, y este año convocará en Buenos Aires
a más de 4.000 profesionales de Latinoamérica, Estados Unidos, Canadá,
Europa y Asia, incluyendo a cardiólogos intervencionistas, clínicos de
diferentes especialidades, cardiólogos pediatras, cirujanos
cardiovasculares, tecnólogos en cardiología y enfermeros.
La cardiología intervencionista es una especialidad dedicada a realizar
procedimientos de diagnóstico y tratamiento mediante intervenciones por
cateterismo. Los dispositivos se introducen en el interior de arterias y
venas por punción o a través de una mínima incisión y permiten llegar al
interior de los diferentes órganos afectados evitando muchos de los
riesgos de la cirugía convencional. |