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Sevilla (España) |
11 de Marzo
de 2009 |
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Declaración del XIII Congreso
SESPAS celebrado en Sevilla. |
El XIII congreso de la
Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS),
que bajo el lema de Tiempos para la Salud Pública se ha celebrado en
Sevilla del 3 al 6 de marzo de 2009 y al que hemos asistido alrededor de
1.300 expertos y profesionales de los distintos ámbitos de la salud
pública de toda España, se acuerda la siguiente DECLARACIÓN:
En el mundo en que vivimos, donde los determinantes de la salud son cada
vez más globales, carecemos de suficientes mecanismos efectivos de
protección en el ámbito mundial. Urge pues establecerlos, así como
disponer de los procedimientos reguladores internacionales adecuados.
Pedimos que el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la
Organización Internacional del Trabajo y la Organización Mundial del
Comercio, tengan en cuenta la salud de la población a la hora de tomar
sus decisiones. Asimismo conviene reformar y reforzar las agencias
multilaterales responsables específicamente de salud, como la
Organización Mundial de la Salud.
Las desigualdades en salud limitan el desarrollo social y las acciones
de salud pública pueden reducirlas. Invertir en salud, educación y
desarrollo de las mujeres es, por ejemplo, una forma de mejorar la salud
de todas las personas, ya que ellas son las principalmente afectadas por
la mayoría de los determinantes sociales como la pobreza, la precariedad
en el empleo y la discriminación en el reparto del poder.
El cambio climático es una amenaza real para la salud de la humanidad,
especialmente para las personas y los países más vulnerables, por lo que
se requiere una respuesta inmediata. Exigimos del Gobierno de España, de
los Gobiernos Autonómicos y de las Autoridades locales acciones
efectivas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero,
cumpliendo con el protocolo de Kyoto y adoptando nuevos acuerdos
internacionales en la misma dirección. Estas acciones deberían ir
encaminadas a modificar el sistema energético y de transporte, la
promoción de las energías renovables y de la movilidad sostenible; y no
sólo permitirán reducir las emisiones de CO2, sino también de otros
muchos contaminantes atmosféricos que hoy tienen impactos relevantes en
nuestras ciudades. Exigimos de las empresas y entidades públicas y
privadas actuaciones responsables para reducir sus propias emisiones, y
llamamos a la ciudadanía a participar responsablemente en este esfuerzo
colectivo. En la medida en que, además, son necesarias medidas de
adaptación al cambio climático que ya se está produciendo, la salud
debería estar en el centro de las políticas nacionales de adaptación así
como en los programas de cooperación con los países más vulnerables.
Durante los últimos años se ha desarrollado un proceso descontrolado de
urbanización, sin una ordenación territorial adecuada a las necesidades
presentes y futuras de las personas. Así, la noción de ciudad saludable
ha estado completamente ausente de los procesos urbanísticos
desarrollados en los últimos años. Reclamamos por tanto de los
responsables públicos la incorporación del valor salud en la
planificación estratégica urbana de las futuras ciudades y pueblos.
La crisis económica y sistémica global que padecemos tiene un sensible
impacto en la población, más brutal en las personas excluidas y con
menos recursos. Requerimos que se refuercen las políticas sociales que
disminuyan el impacto negativo sobre la población más afectada. La
actual crisis tiene sus causas y sus responsables, de manera que no se
debe persistir en los modelos de crecimiento y desarrollo depredadores e
insostenibles. La crisis puede ser una oportunidad si aprendemos la
lección y actuamos en consecuencia, cambiando las cosas. No es que no
sea posible otro mundo, es que ahora mismo es imprescindible.
Llamamos la atención sobre la creciente medicalización de la vida
cotidiana, debida al papel que juegan la industria de medicamentos y la
de tecnologías sanitarias; pero también las administraciones sanitarias,
los profesionales y servicios de salud. El crecimiento de los costes
sanitarios, en parte debido a la demanda, también depende de la
medicalización y del incremento exponencial de tecnologías sofisticadas
y medicamentos de última generación que, en la mayor parte de las
ocasiones, aportan escaso valor añadido. Particular preocupación suscita
la magnitud alcanzada por los efectos adversos de la atención sanitaria,
que se han convertido en un verdadero problema de salud pública.
Es necesario por tanto, acometer importantes transformaciones. En primer
lugar, cambiar las reglas del juego en las relaciones entre la
Administración Sanitaria y profesionales de salud (y sus instituciones y
asociaciones) por un lado, y la industria por el otro.
En segundo lugar, redefinir las relaciones entre todos estos actores y
la propia sociedad, especialmente en la necesaria participación en la
toma de decisiones sobre la incorporación de nuevos servicios y
tecnologías de salud, para evitar decisiones populistas en la ampliación
de la cartera de servicios preventivos (sin un proceso independiente y
pausado de evaluación previa de su impacto y de los costes de
oportunidad), e impedir o por lo menos dificultar la propagación de
creencias erróneas y falsas expectativas sobre el poder de los servicios
sanitarios para prevenir cualquier riesgo o para “tratar” cualquier
suceso vital.
Hay que reorientar nuestro sistema sanitario hacia la promoción de la
salud y la participación comunitaria, fortaleciendo la Salud Pública. En
ese sentido, debe replantearse la relación y coordinación entre los
diferentes niveles asistenciales y la salud pública, especialmente los
de atención primaria; así como mejorar la coordinación entre el Sistema
Nacional de Salud y el de Seguridad Social. Asumiendo la responsabilidad
que nos corresponde, proponemos una alianza estratégica entre las
asociaciones ciudadanas, profesionales y científicas y los sistemas
sanitarios que permita aprovechar la crisis para reorientar
efectivamente las actuaciones sanitarias a las necesidades de la
población, reduciendo de este modo la medicalización y la iatrogenia.
En nuestro natural europeo, la Salud Pública ocupa un lugar marginal en
las agendas político-institucionales, y el abordaje intersectorial de
los determinantes de la salud tiene todavía una escasa presencia. Por
ello, debemos de estrechar nuestra relación con la European Public
Health Association (EUPHA) y, conjuntamente, reclamar de las
Instituciones y Gobiernos europeos un mayor compromiso con la Salud
Pública y la estrategia de Salud en Todas las Políticas.
Por último, y sobre la base de la experiencia acumulada en los últimos
años, donde están también los errores, apoyamos decididamente los
movimientos de reforma y actualización de la Salud Pública iniciados en
varias Comunidades Autónomas, así como el compromiso del Ministerio de
Sanidad y Consumo de impulsar una nueva Ley de Salud Pública.
Iniciativas de reforma y actualización que deben llevarse a cabo de
manera transparente y participativa, contando con los profesionales,
pero también con la ciudadanía y otros sectores y actores sociales. La
participación de la sociedad, aún con las dificultades de articulación
que implica, sigue siendo una asignatura pendiente entre nosotros; pero
no podemos seguir pensando para las personas sino con ellas,
reconociendo el derecho legítimo de la ciudadanía a participar en la
toma de decisiones que afectan a su salud.
Vivimos tiempos de crisis e incertidumbres, pero la crisis más
amenazadora es la de no querer luchar para superarla. Ponemos nuestro
conocimiento y nuestras habilidades al servicio de los cambios y
transformaciones necesarias para hacer que todas las personas, en
igualdad de oportunidades, puedan tener una vida más saludable.
¡¡¡Son Tiempos para la Salud Pública!!!
En Sevilla, a 6 de marzo de 2009 |