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Ser o tener. ¿He ahi la cuestion?
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Autor: Dr. José Cukier
Publicado: 25/11/2008
 

El autor justifica metapsicológicamente algunos de los males sociales de nuestra época. El vacío interior, la desconsideración en las relaciones humanas, la aceleración del diario vivir, la drogadicción, entre otros. Desarrolla la relación entre los vínculos familiares simbióticos, la ausencia materna y la falta de la función paterna en la organización psíquica del infante. Acumulación pulsional, falta de matiz afectivo indiscriminación en la constitución de la sensorialidad. Aborda el problema de la identificación primaria y la vinculación entre la falencia de la misma con los vínculos de tener por sobre los de ser; el problema de la cantidad pulsional no tramitada, la aceleración y la indiscriminación en la constitución del tiempo.


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Ser o tener. ¿He ahí la cuestión?

 

Prof. Dr. José Cukier.


Asociación Medica Argentina. Maestro de la Medicina Latinoamericana. Miembro honorario de A.M.A.

 


Índice

 

  • Resumen. Abstract
  • Palabras clave
  • Introducción. La familia hoy. Vínculos interindividuales. Organización psíquica.
  • El problema de la cantidad
  • El problema de la aceleración temporal.
  • Bibliografía.

 


Resumen - Abstract

 

El autor justifica metapsicológicamente algunos de los males sociales de nuestra época. El vacío interior, la desconsideración en las relaciones humanas, la aceleración del diario vivir, la drogadicción, entre otros. Desarrolla la relación entre los vínculos familiares simbióticos, la ausencia materna y la falta de la función paterna en la organización psíquica del infante. Acumulación pulsional, falta de matiz afectivo indiscriminación en la constitución de la sensorialidad.

 

Aborda el problema de la identificación primaria y la vinculación entre la falencia de la misma con los vínculos de tener por sobre los de ser; el problema de la cantidad pulsional no tramitada, la aceleración y la indiscriminación en la constitución del tiempo.

 


Introducción

 

En esta comunicación intentaré dar cuenta de la metapsicología de algunas configuraciones propias de nuestra época.

 

El vacío interior, las patologías psicosomáticas, la aceleración del cotidiano vivir, la enajenación en el trabajo, la drogadicción, el maltrato corporal, el uso especulativo del prójimo y la entronización del dinero, la violación de lo humano en general, la pérdida y la tergiversación de los valores humanamente deseables... y la enumeración podría continuar; aparecen como los males de nuestro siglo. En la nueva condición cultural predomina la imagen sobre la cultura letrada, la inmediatez sobre la memoria la reflexión y la elaboración, la experiencia sobre la razón, la incertidumbre sobre las certezas.

En nuestro país el problema adquiere singularidades por la mixtura latinoamericana en donde coexisten regiones de posmodernidad. Esta puede entenderse como una condición objetiva en el rebasamiento de la modernidad, constitutivo de la cultura contemporánea. Como continente cultural donde operan las ideologías, Follari, R, (1994), la cultura masmediática y proliferación tecnológica, el aumento de la mortalidad infantil con la fibra óptica y el fax.

 

En los psiquismos individuales influye la cultura y desde ésta, la ideología dominante. Pero esta afirmación es válida si se tiene en cuenta que la eficacia depende no sólo de lo social, sino del procesamiento intrapsíquico.

 

Las relaciones interindividuales, tienen como meta principal procesar la realidad pulsional, y sólo secundariamente obedecer a las exigencias de la realidad exterior y del superyó. Es evidente la importancia del discurso del contexto; pero existen en el psiquismo operaciones de producción de significado, que tienen orientaciones necesarias, más allá de la contingencia vivencial, a partir de una lógica que reordena lo percibido.

 

Las relaciones, entonces, no son ni en sentido único, ni de moldeamiento, ni de causalidad circular o de influjo recíproco. Son de un sentido complejo, en donde cada cual genera su exterioridad siguiendo las leyes del psiquismo.

 

Los estímulos, las vivencias accidentales, son eficaces si se articulan con la individualidad de los procesos pulsionales y la necesidad del esfuerzo psíquico que conduce a la autoconstrucción de procesos anímicos, Freud, 1915e, 1923b.

 

La familia hoy. Vínculos interindividuales. Organización psíquica -Matiz afectivo. Sentimiento de sí.

En la institución familiar es posible observar el resultado de los esfuerzos intrapsíquicos e interindividuales por procesar las triples exigencias, las instintivas las exigencias de la realidad y las derivadas de las tradiciones.

 

En aquellas situaciones en que claudica la posibilidad de tramitar las exigencias pulsionales por déficit o ausencia materna, éstas según las hipótesis Freudianas se vuelven tóxicas. Lo verdaderamente tóxico es la pulsión y esto se da cuando el yo inerme ante ella no la puede tramitar ni en forma motriz ni psíquica, Freud, 1895b, 1898a, 1912f.

 

Cuando ocurren estos estancamientos libidinales surgen afectos desbordantes de los cuales Freud describió la angustia automática 1926d. En todos ellos prevalece la misma característica: que la magnitud de los procesos pulsionales estancados es tan grande, que desborda la posibilidad de que la conciencia, registre los estados afectivos correspondientes. Se dan emociones, cuya intensidad imposibilita captar el tono psíquico, las variedades de matiz, Maldavsky, D, 1990.

 

El yo real primitivo del infante queda abrumado por la pulsión e impedido de tomar conciencia de la vitalidad de los procesos pulsionales y del núcleo de la propia existencia. La conciencia inicial del sentirse vivo queda interdicta cuando quién está a cargo del infante carece de empatía o ternura. La familia es la encargada de brindar el sustento para desplegar la fractura en el ello y diferenciarlo del yo, facilitando la inscripción del matiz afectivo en la conciencia como contenido de la misma.

 

La imposibilidad de sentirse vivo resulta de la falencia en las primeras relaciones objetales. Se puede intentar suplir con estímulos espurios tales como las adicciones, el consumo acelerado, el incremento de operaciones económicas o el trabajo creciente sin freno. El tener es usado a la manera de seudopulsión para buscar el afecto no sentido y sustituir la ausencia del sentimiento de ser.

Las funciones fallidas o no surgidas del yo real primitivo buscan sustituirse por drogas que pueden clasificarse según las funciones que intentan suplir: sustitución del sueño (barbitúricos); mantenimiento del estado placentero de base (ansiolíticos, antidepresivos); perturbación de la motricidad voluntaria (cocaína); percepción y afectividad (marihuana, opio, LSD, anfetaminas). En un polo menor de la escala se encuentran las adicciones al trabajo, honores, deportes, el éxito fácil y al dolor..., como un intento supremo de recuperar el sentimiento de estar vivo.

 

El matiz afectivo deriva de la introyección del soporte materno, y el sentimiento de sí es un conjunto caleidoscópico que reúne diversos matices afectivos productos de la identificación. Provee un bienestar básico que sustenta el sentirse vivo, la captación de la propia vitalidad y la ajena y la capacidad para estar solo, Winicott, 1958. El matiz afectivo, si bien es un producto intrapsíquico importa para su constitución el enlace con otro diverso, de manera que el matiz es representante del ensamble pulsional y la realidad.

 

- Estancamiento pulsional.

Freud hace una observación: el estancamiento pulsional se despliega habitualmente en las relaciones interindividuales, y en particular en ciertas prácticas sexuales, como el coitus interruptus o la eyaculación precoz, Freud op. cit., en que uno de los participantes no logra la consumación voluptuosa, y por lo contrario conserva un grado de tensión sexual que se vuelve tóxica. Tales vínculos pueden extenderse a las relaciones entre diferentes miembros de la familia, más allá de la pareja misma.

Se mantiene el criterio que Freud describe; uno de los integrantes alcanza una descarga voluptuosa, a condición de que otro conserve la tensión pulsional la cual se vuelve tóxica. Son expresiones de estos tipos de descarga, gritos, golpes, muecas, estallidos bruscos de discursos evacuativos, alternando con momentos de indiferencia hostil.

 

En esos vínculos intoxicantes entre miembros de una familia algunos tienen una doble función:

 

a) como lugar en que uno descarga un exceso de voluptuosidad,

b) como coraza de protección antiestímulo.

 

Dice Freud, 1920g, que se puede considerar la neurosis traumática común, como el resultado de una extensa rotura de la protección que defiende al órgano anímico contra las excitaciones. Esta hipótesis justifica la denominación de coraza antiestímulo a la función de un miembro o un grupo en relación a otro, quien se encuentra desbordado. Por ejemplo, una madre funciona para un hijo como una droga, digamos con función ansiolítica que la protege. La madre se intranquiliza ante la ausencia de sus hijos y solo se recupera ante la presencia de estos. El hijo adquiere el significado de droga ante la esta madre adicta, la cual a su vez se puede constituir como modelo de identificación de tipo adictivo.

 

Se suele aseverar con razón que en el comienzo de la vida postnatal, para el recién nacido la madre cumple con las dos funciones antedichas: de escudo y de lugar para la descarga de un exceso pulsional. Luego ocurre una progresiva adquisición de tales funciones por el yo infantil y simultáneamente una mayor diferenciación de esta díada interindividual.

 

- Función paterna.

La ausencia de una función paterna conspira para que sobrevenga tal diferenciación.


Madre e hijo continúan operando con el supuesto de una unicidad orgánica, pero además con funciones invertidas y el niño es tomado por su madre, como lugar para la descarga de sus procesos tóxicos. En estas familias se parte de un supuesto: pertenecer a la misma confiere el derecho de tomar al cuerpo del otro como propio según se evidencia por ejemplo en las situaciones de maltrato infantil.

El hijo, y en particular su cuerpo, no constituye un bien social sino un patrimonio personal, sobre el cual es posible obrar según el capricho. La falta de una función paterna reordenadora es sustituida por el despotismo.


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La ausencia permite el mantenimiento de una simbiosis patológica previa. Esta constelación permite la confusión y un enlace narcisista entre los miembros del grupo, que opera como defensa contra la admisión de las pérdidas.

 

La constelación psíquica dominante privilegia el narcicismo y rechaza una ley que regula los vínculos inmediatos, con una característica específica cuando predominan los procesos tóxicos. Esta característica singular que rige la indiferenciación puede ser enunciada con la siguiente frase: "Carne de mi carne, sangre de mi sangre", Maldavsky. D. 1991a.

 

- El cuerpo en psicosomática.

Los ritmos. Cuando Freud analiza el cuerpo como fuente pulsional formula un criterio descompositivo en partículas. Estos establecen entre sí vínculos basados en la existencia de elementos comunes, y diferencias específicas.

 

Por lo tanto la unión entre tales partículas crea una tensión, opuesta a la pulsión de muerte. En este nivel, el encuentro con lo diferente preserva del aniquilamiento porque si tales partículas viven rodeadas por sus propias deyecciones, mueren irremisiblemente en un proceso tóxico.

 

Sólo se puede conservar la vida, si ésta transcurre entre productos segregados por partículas diferentes. Freud conjeturaba que también era necesaria una coraza de protección ante los estímulos exteriores al cuerpo, y también la posibilidad de expulsar fuera del organismo, aquellas excreciones que en lo interior se volvieran tóxicas, para interponer luego ante ellas la mencionada coraza.

 

Podríamos decir que si falla el criterio expulsivo o la coraza antiestímulo, un sector del organismo pasa a funcionar como depósito potencialmente explosivo de las toxinas generales.

 

En determinados momentos de un grupo, opera una lógica por la cual los distintos integrantes constituyen partes de un cuerpo único, como si estuvieran todos unidos por un cordón umbilical, y uno de los integrantes, o varios alternativamente, ocuparan el lugar de coraza o el lugar en que ocurre la descarga. El agente gracias al cual se logra sostener este criterio está constituido por un erotismo despertado con exageración. Este en lugar de investir la exterioridad puede tomar al cuerpo como objeto.

 

Puede pensarse que en cada aparato psíquico existe un momento primordial en que el yo aún no se ha desprendido del ello, y en que la libido inviste a los órganos y luego emigra hacia las zonas erógenas. Cuando en un movimiento regresivo toma al cuerpo como objeto la exterioridad que le corresponde es de naturaleza rítmica. En esta importa no la cualidad del estímulo sino la frecuencia, la captación de ritmos indica la indiscriminación inicial.

Se va produciendo una articulación entre ritmo, número, ganancia; típico de los enfermos psicosomáticos de quienes se dice que "hacen números" como un intento de recuperar su propio ritmo. La ganancia que obtiene, suelen pagarla con salud (con una "libra de carne") y en la búsqueda del plus de ganancia, ("plusvalía") el precio es la salud.

 

En tales ocasiones muy arcaicas del desarrollo libidinal, ciertas actitudes familiares intrusivas o abandonantes, promueven un mismo efecto: despiertan grandes intensidades voluptuosas, en lugar de registros sensoriales de la exterioridad.

 

Cuando acontecen estos procesos sensuales exagerados la erogeneidad no se liga a la sensorialidad sino que inviste órganos o funciones corporales, (punto de fijación de afecciones psicosomáticas y adicciones). Estos por oposición a la sensorialidad nunca se ausentan, por lo cual la voluptuosidad puede no tener límite.

 

La falta de límite determina la dificultad para generar espacios mentales en los que se desarrolle la fantasía, el pensamiento, y con ello la generación de proyectos. Predomina el criterio de la instantaneidad, la satisfacción inmediata con incremento de la cantidad que genera, dada la urgencia de descarga, la imposibilidad para establecer vínculos duraderos.

 

La libido entonces inviste órganos a la manera de la enfermedad psicosomática; se puede descargar a través de crisis convulsivas; puede buscar fijarse a objetos no frustrantes como las adicciones, (en estas últimas a su vez, sostenido por modelos identificatorios, como dije anteriormente), o buscar descarga a través de situaciones traumáticas como los accidentes, (por falta de posibilidad de simbolización).

 

En la medida que no se constituye una sensorialidad investida, no se pueden desarrollar proyectos respecto de una exterioridad a la familia misma, entonces las dimensiones tiempo y espacio forman un conglomerado indiscriminado.

 

En estos grupos por falta de una función paterna reordenadora puede producirse acumulación pulsional en sus miembros. La falta de límite deviene en tomar al cuerpo del otro como propio (maltrato corporal), imposibilidad de conquistar la exterioridad y en cambio sobrecargar órganos (enfermedades psicosomáticas), descargas convulsivas (hiperkinesias), descargas traumáticas, accidentes, fijación a objetos no frustrantes (adicciones), intentos de discriminación a veces inadecuados, (transgresiones, perversiones).

En la interacción indiscriminada, unos se descargan en otros de manera alternativa, o a veces los roles se cristalizan. Uno de los miembros es objeto de descarga y escudo antiestímulo para otros miembros. A su vez aquel puede buscar su descarga vía enfermedad somática, accidente o perversión.

 

- Momento evolutivo y función fallida o abolida.

En algunos casos, existe una coincidencia marcada entre las relaciones interindividuales y alguna de estas organizaciones intrapsíquicas, pero en otros casos esta diferencia es grande.

 

Sin embargo, aún cabe destacar que muchas de las vivencias infantiles sólo a posteriori, al surgir fases más estructuradas de la organización del yo, se vuelven incompatibles entre sí, pero ya no como vivencias sino como huellas mnémicas, y esto hace que sean imposibles para el yo tanto el cuestionamiento de la contradicción cuanto la fuga.

 

En efecto, las paradojas se transforman en eficaces a medida que el preconsciente se organiza como estructura con sus propias leyes, es decir, en la fase fálica, pero sobre todo, a partir de la latencia y la adolescencia.

 

En la etapa anal retentiva, se establece la línea divisoria entre neurosis y psicosis. Freud, 1916, 17, dice que en el primer momento rigen las tendencias destructivas de aniquilamiento y pérdida; y en el segundo, las de conservación y posesión, amigables para con el objeto.

La analidad secundaria se vincula con el complejo del prójimo. Freud, en "Proyecto de una psicología para neurólogos - Memoria y juicio", 1950a [1887-1902], sostiene que el yo cuando percibe, analiza y descompone hasta crear un complejo (hablamos de un yo correspondiente a la etapa anal secundaria). El complejo del prójimo se lo discierne por su comparación con el yo; y contiene elementos constantes, invariables, que constituyen el núcleo; y elementos transitorios, variables que constituyen el predicado. Los predicados pueden ser de dos tipos: cualitativos que se refieren a estados, y funcionales que se refieren a movimientos.

Por el predicado, prójimo y yo son idénticos; por el núcleo, prójimo y yo son diferentes. Los rasgos son irreductibles a los rasgos del otro, así, el rasgo es un núcleo del yo. Cuando el otro no tiene núcleo diferente, predomina la identificación primaria, y no se la reconoce como a un otro. Cuando los predicados son idénticos, es posible la identificación total con el otro. Durante el erotismo oral, bajo el predominio de los afectos, el otro y el yo son una masa unificada por los predicados cualitativos. Antes de la etapa anal secundaria, el otro, psíquicamente no tiene status de permanencia y de irrevocabilidad, como lo tiene luego, en éste período el infante es más vulnerable a la influencia del medio, puede ser confundido, inoculado, y transformado en doble.

 

El problema de la identificación.

 

Se ha enfatizado lo que es más evidente: la actitud, el deseo, o el discurso del contexto como factor ideologizante, y se ha dejado a un lado el interrogante acerca de cómo dicha actitud o dicho discurso se vuelve eficaz en un aparato psíquico en formación. ¿Cómo es que un Yo prepara y anticipa esa influencia presuntamente objetiva? Freud afirma que en un principio no existe nada parecido a un Yo, dado que sólo hay pulsiones parciales que se satisfacen de un modo autoerótico, autónomas unas de otras.

 

La literatura psicoanalítica ha supuesto, y con razón, que la operación psíquica que engendra un yo a partir de este estado de dispersión erógena es la identificación, pero de hecho lo que afirma Freud es que ocurre una síntesis de las pulsiones parciales, o bien que se desarrolla una nueva "acción psíquica".

 

Es decir, la identificación parece relacionarse con esta acción psíquica, puramente interna, y tiene un valor de síntesis, de articulación entre las diferentes pulsiones parciales. Ligadura que es lograda por un desplazamiento pulsional, como el que corresponde al pensar inconsciente. La función de la identificación primaria, ésa nueva "acción psíquica", consiste en ganar un Yo.

Sobre éste recae la investidura libidinosa y de autoconservación. Tal unificación erógena parece promovida por el empuje de las necesidades, de las pulsiones de autoconservación y las investiduras libidinosas narcisistas de los órganos en que se registran las grandes necesidades.

 

Tales identificaciones primarias interesan al ser, al sujeto del Yo, y su desarrollo implica que este Yo alcanza el sentimiento de sí. La identificación primaria ocurre en un vínculo con un objeto puesto (por proyección) en la posición de modelo o ideal para el Yo, el cual pretende configurarse acorde con aquél.

 

Si el Yo supone alcanzar este cometido ocupa la posición sujeto, la cual se acompaña del desarrollo de un sentimiento de sí.

 

En el modelo o ideal, en aquello que desea ser, el Yo encuentra un promesa de su propia configuración por venir. El modelo antes mencionado no está constituido por una realidad objetiva, un padre o una madre que con sus rasgos confecciona o prefigura al sujeto, sino que es engendrado por un proceso proyectivo que plasma con una forma determinada a la sensorialidad. En consecuencia, los rasgos y enseñanzas de las personas que rodean a un infante se vuelven eficaces en la medida en que constituyen soportes sensoriales que se corresponden con las exigencias proyectivas del niño.

 

La proyección en el ámbito sensorial constituye un recurso al que apela el Yo para hacer conscientes sus procesos de pensamientos, de sentimientos y su espacialidad psíquica. Posteriormente se reencuentra mediante la identificación con aquello primariamente proyectado.

El Yo se esfuerza por adueñarse de los procesos internos (afectos, pensamientos, como representantes psíquicos de las pulsiones) por medio de una técnica. Esta consiste en la proyección que configura un modelo en un mundo sensible, modelo al cual luego pretende asemejarse mediante la identificación. La eficacia psíquica de los estímulos contextuales en un Yo en constitución, deriva de que dichos estímulos se encuentran con un movimiento proyectivo, interrogativo en cuanto al propio ser, que proviene desde el Yo. Posteriormente esos estímulos se incluyen en la identificación.


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La falta de la identificación yoica con los procesos pulsionales, debido a la ausencia del contexto que lo facilite, conlleva un abrumamiento, con indiscriminación yono yo. Hay una falta nuclear de matiz afectivo. La ausencia de la función paterna los convierte en Self made man, con una huída evolutiva hacia adelante, con aparente empatía, precaria identificación, escasos recursos para responder a la triple exigencia (realidad, superyó, ello). Disfrazan su indefensión con un sobresfuerzo especulativo, y se hacen adictos a personajes que les dan datos, números.

Se sostienen por las fuerza del tener, poder económico, poder político, poder científico, pero a merced de otro que les pone en peligro la precariedad del edificio identificatorio y a quién deben aplacar. La fachada de sobreadaptación, la mentira, el despliegue de una fachada ante otro que tenga poder, el sentimiento contratransferencial de falsedad que registra el interlocutor, (esto es que no resisten preguntas que cuestionen la esencia de sus argumentaciones), la retracción con fachada de conexión, el mutismo encubierto por un discurso sin consistencia; todos ellos se observan fenoménicamente como falta de vitalidad. El hecho original de estar desconectado de los procesos pulsionales crea un sentimiento de desarraigo, de falta de "raíces", que se expresa como compulsión a las mudanzas perpetuando el trauma primordial.

 

La principal tarea del yo es ligar la pulsión mediante la actividad motriz. Así como la pulsión toma al yo como objeto, y el yo es pasivo, el yo sale de la pasividad tomando a otro como objeto. Cuando el yo no puede ser activo ante un objeto por ausencia o falla del asistente, para no quedar desbordado ante la pulsión, cede a otro la posición sujeto y ocupa la posición objeto. Así evita quedar desbordado mediante la identificación con el sujeto proyectado en el otro activo.

El yo, proyectándose en el otro, logra participar de la omnipotencia de éste, desde una posición masoquista. La posición sujeto deriva de una identificación primaria con un modelo o ideal, Freud, 1921c. Cuando el yo cede a la posición sujeto activa, otro tiene la identificación primaria, y con ello la omnipotencia por acercarse al ideal. La identificación con ese sujeto es una seudoidentificación. Es ambigua, como-si, imitativa, protésica, frágil, sustituye a una identificación primaria, con sentimiento de inautenticidad. Necesita sustentarse en apoyaturas espúreas basadas en el tener.

 

El problema de la cantidad.

 

El aumento de la cantidad pulsional no tramitada impide discriminar matices y calidad, el ritmo vertiginoso es intoxicante. La cantidad termina por arrasar la posibilidad de comunicación verdaderas, y consolidación de vínculos. Con la cantidad, las personas pierden individualidad, y sólo son números. Se pierden los nombres y con ello la posibilidad de acceder a una identidad. Las relaciones solo son, en su mayoría, "contactos". Se circula de un espacio a otro, estableciendo "conexiones".

Estamos en la antesala de la regresión intrasomática, con sus espacios y tiempos regidos por frecuencias, números, ritmos, intereses y ganancias. Los vínculos retrogradan a vínculos narcisistas en que el prójimo, suele ser instrumentado como auxiliar, Freud, 1921c. Las relaciones no son de "ser como" (identificarse con el ideal), sino de "tener y usar a", (vínculo posesivo y desconsiderado). En tales regresiones y vínculos, se advierte la eficacia de la pulsión de muerte.

 

El problema de la aceleración temporal.

 

El tema de la temporalidad tuvo múltiples alusiones en Freud. La relación entre filo y ontogenia, la teoría de la fijación pulsional, la regresión pulsional y del yo, la vinculación entre repetición y recuerdo, la temporalidad inferida en la construcción, las fases de la evolución libidinal, la estratificación sucesiva de las huellas mnémicas, la articulación en la fantasía entre pasado, presente y futuro, Maldavsky, D. 1991b.

 

Freud en la carta del 6 de Diciembre de 1896 a Fliess; le habla de la estratificación de los rastros mnémicos, que experimentan un reordenamiento como una forma de transcripción. En "La interpretación de los sueños", Freud, 1900a, se refiere a la articulación de las huellas por simultaneidad (pasividad y actividad), analogía y causalidad. El criterio de simultaneidad implica, no solo un enlace de huellas mnémicas, sino una forma de tramitar la necesidad urgente de descarga pulsional.

 

La inscripción lógica por simultaneidad. Significa una organización en el tiempo, con una sincronía comandada por el aparato psíquico y originada en la vivencia de satisfacción.

Hay simultaneidad entre deseo y satisfacción, indiscriminación entre objeto, contexto y sujeto. Se acompaña de una inversión de la causalidad que implica atribuir como causa de lo interno, a lo externo, esto tiene como requisito necesario la proyección.

 

  • En "La Transitoriedad", Freud, 1916a, se refiere a la cualidad de lo transitorio. Dice que el valor de lo bello depende del agotamiento para siempre de la belleza del rostro humano. Lo que da el valor a las cosas, es el carácter perecedero en el tiempo. En "El Yo y el ello", 1923b, asumía que Eros, por oposición a la pulsión de muerte tiene por fin complicar la vida y en la p. 42, Freud dice que "[...] la pulsión de destrucción es sincronizada según reglas, a los fines de la descarga, al servicio de Eros [...]".
  • En "Notas sobre la pizarra mágica", 1925a, supone que el funcionamiento discontinuo de la percepción constituye la base de la idea del tiempo.
  • En "Tres ensayos...", 1905d, se refiere al tironeo rítmico del lóbulo de la oreja, o el mamar rítmico; y que para la producción de una sensación placentera importa la cualidad del estímulo, particularidad en la que está contenido el factor sexual.
  • En "Más allá...", 1920g, p.61, señala que "[...] la serie placer displacer apunta al cambio de magnitudes de investidura dentro de la mitad de tiempo [...]".
  • En el "Proyecto de una psicología..., 1950a [1887-1902], p.211, postula que "[...] con una cierta investidura muestran un óptimo para recibir el período [...]".
  • En "El problema económico del masoquismo", 1924c, p. 161, recuerda que el placer y displacer no pueden ser referidos al aumento o disminución de una cantidad sino que "[...] Quizá sea el ritmo, el ciclo temporal de las alteraciones [...]".

 

La discontinuidad es fundamental en la producción anímica del tiempo, y deviene del movimiento pulsional de investidura periódica y la desinvestidura posterior. Con la investidura surge la conciencia, y la conciencia desaparece, cuando la investidura se interrumpe. Dinámicamente entonces, el flujo y reflujo libidinal, que genera la discontinuidad, necesita de dos lugares diferentes como requisito, por ejemplo la tensión devenida de las relaciones intercelulares.

 

En fin que la complejización estructural preserva a la célula de la muerte tóxica en sus propias deyecciones, y estimula la complejidad, que deriva en tensión, que deriva en flujo, que deriva en ciclo, que marca el tiempo.

 

Cuando aumenta la cantidad del flujo por tramitación insuficiente de la misma, el ritmo se acelera y con ello dejan de marcarse las diferencias de tiempo, la fundamental discontinuidad. Sobreviene el estancamiento, la intoxicación pulsional, la falta de ligadura psíquica y la descarga.

 

En la conciencia hay un doble registro, el pulsional como afecto; y el registro mundano como impresión sensorial. En la constitución intrapsíquica del tiempo, es importante la velocidad. La velocidad y sus diferencias genera el pasaje de la lógica de la simultaneidad, a la analogía donde impera la palabra, y con lo cual cada erogeneidad tiene su especificidad. La velocidad incluye el concepto de duración que es producida por la complejización de distintas velocidades (afectivas y sensoriales).

La aceleración de los ritmos, produce el acortamiento de los ciclos, el amesetamiento y la disminución del espacio temporal entre éstos, con lo cual "todo es igual". Se acompaña de sentimientos de aburrimiento, hastío, que intentan paliarse con el tener diverso y acelerado. Los objetos mundanos son rápidamente expulsados sin disfrutar y transformados en desecho, (consumismo), símil al generado por acumulación pulsional.

 

La autopercepción de la aceleración, crea la sensación relativa de que las cosas pasan más lentamente en relación al tiempo propio, con sentimientos de impaciencia.


La menor capacidad de ligar la pulsión por falta de introyección del asistente original provoca la acumulación y la intoxicación que estimula la descarga, ésta potencia la ya producida por pérdida de ritmo.

 

 

Bibliografía.

 

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