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El trabajo emocional. Implicaciones en Enfermeria
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Autor: Raúl Franco Pérez
Publicado: 11/11/2010
 

El amplio abanico de situaciones al que se expone el profesional de enfermería durante el desarrollo de su labor le lleva a enfrentarse a experiencias de fuerte implicación afectiva que obligan al profesional a la modificación o anulación de sus emociones para dar una imagen "conveniente" ante el paciente, familiares del enfermo y ante la institución donde ejerce su labor. Esta autorregulación de sus emociones se denomina Trabajo Emocional (emotional labour) y como expongo en este artículo es una fuente importante de desgaste con unas implicaciones sobre la salud del profesional, sobre su trabajo y en última instancia sobre el proceso de salud del paciente.


El trabajo emocional. Implicaciones en Enfermeria .1

El trabajo emocional. Implicaciones en Enfermería.

Raúl Franco Pérez. D.U. Enfermería. Universidad de Murcia 99. Diplomado en Enfermería de Empresa. Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales en la especialidad de Seguridad en el Trabajo

RESUMEN

El amplio abanico de situaciones al que se expone el profesional de enfermería durante el desarrollo de su labor le lleva a enfrentarse a experiencias de fuerte implicación afectiva que obligan al profesional a la modificación o anulación de sus emociones para dar una imagen "conveniente" ante el paciente, familiares del enfermo y ante la institución donde ejerce su labor. Esta autorregulación de sus emociones se denomina Trabajo Emocional (emotional labour) y como expongo en este artículo es una fuente importante de desgaste con unas implicaciones sobre la salud del profesional, sobre su trabajo y en última instancia sobre el proceso de salud del paciente.

PALABRAS CLAVE: Trabajo emocional - Disonancia emocional - Regulación emocional - Agotamiento emocional - Burnout

La idiosincrasia de la profesión enfermera y la base de sus actividades se cimenta en la relación interpersonal entre el profesional de enfermería y el paciente. Un proceso basado en la comunicación del que se deriva una información crucial para el posterior enfoque y planificación de los cuidados a prestar. De esta relación se deriva ineludiblemente una implicación emocional en mayor o menor grado que se extiende al resto de actividades sobre ese paciente. Las características de nuestro trabajo nos conducen inexorablemente a exponernos a lo largo de nuestra vida laboral a una gran cantidad de situaciones a diario donde el dolor físico, el sufrimiento anímico y la sensación de pérdida están presentes a nuestro alrededor lo cual nos lleva a la consideración de nuestro trabajo y disciplina enfermera desde una triple perspectiva; física, intelectual y emocional.

Todas estas situaciones nos exigen un continuo control de emociones para poder desarrollar nuestro trabajo acorde a unos parámetros de normalidad y profesionalidad. Es precisamente este esfuerzo en controlar nuestras emociones para dar una correcta impresión y para que nuestra relación enfermero-paciente se desarrolle de manera "deseable" a lo que se denomina "Trabajo Emocional" (emotional labour), concepto elaborado por la socióloga Arlie Hochschilde en 1983.

Esta gestión-regulación de sentimientos y emociones durante nuestro trabajo puede responder a varias finalidades. De manera más genérica se produciría en base a la necesidad de empatizar con el enfermo para crear una conexión y así desarrollar nuestro plan de cuidados de manera más eficiente. Esto se da con frecuencia cuando intentamos mostrarnos amables mediante nuestra expresión facial y corporal para generar un ambiente afable y cordial y ganarnos la confianza del paciente, reduciendo su nivel de ansiedad, para poder alcanzar nuestro objetivo final que es la realización de una técnica concreta como un sondaje o una extracción sanguínea con las menores molestias al enfermo.

De otro lado la frecuente exposición a situaciones difíciles, de incertidumbre o incluso amenazantes (especialmente con los familiares) nos obliga a ocultar nuestras verdaderas emociones para mantener en todo momento una imagen correcta y aceptable ante nuestros interlocutores y ante el rol que la organización y superiores esperan de nosotros.

Al lector de este artículo no se le escapará el denominador común en todas estas situaciones; la discordancia entre lo que sentimos y lo que expresamos, la llamada "discordancia emocional". Este continuo conflicto entre lo sentido y lo expresado es el origen del agotamiento emocional y una importante fuente de estrés. Esta dimensión emocional de la enfermería tan a menudo subestimada es factor de riesgo para el posterior burn out o síndrome de quemazón profesional, siendo el trabajo emocional el factor de riesgo (junto con factores de otra índole) y el burn out la consecuencia.

Si bien es cierto que factores como la excesiva carga mental, la mala organización, la presión asistencial, la complejidad de las técnicas o los turnos de trabajo nos llevan a un desgaste personal incuestionable no es menos cierto que el desgaste que genera en el enfermero el fingir emociones positivas o desviar y refrenar las negativas constantemente y la autorregulación emocional a la que nos sometemos para no caer en el abismo y mantener el tipo en cada coyuntura nos pone en una difícil situación anímica para poder hacer frente a los factores de riesgo arriba mencionados.

La creciente tendencia a medir los niveles de calidad de un determinado servicio de salud bajo criterios meramente económicos y bajo el prisma de la empresa privada nos lleva a ver al enfermero como un mero "prestador de servicios" y al paciente como "usuario" de estos servicios haciendo que se agudicen estas demandas laborales de emociones apropiadas para cada usuario y cada momento en un afán de agradar y agasajar a nuestro usuario. No es que se trate de que seamos robots carentes de emociones y afectos sino de que sepamos ofrecer lo que el usuario nos demanda en cada momento siendo según toque una madre amantísima, un amigo confesor o una servil azafata. El usuario que acude a nuestro hospital no sólo quiere que le realicemos las pruebas que le ha prescrito el facultativo de la manera menos molesta y más eficaz posible sino que espera que durante su estancia nos mostremos afables y sepamos transmitirle serenidad y bienestar independientemente de lo que realmente estemos sintiendo. Esto es lo que el paciente demanda y esto es lo que la organización espera de nosotros.

Desde la definición de trabajo emocional por Horchschile en 1983 la psicología del trabajo viene estudiando el tema sobre todo en los últimos años pero considero que el colectivo enfermero se ha volcado más bien sobre los efectos o burn out (concepto introducido por el psiquiatra Herbert Freudenberguer en 1974) dejando de lado la causa o prestando atención a otros factores más organizacionales. Son pocos los grupos de trabajo que actualmente estén investigando sobre el tema. Todos sabemos que esta profesión es génesis inigualable de conflictos psicológicos, la enorme sobrecarga emocional que se vive dentro de este colectivo y muy especialmente en servicios como oncología, salud mental, urgencias, etc no está siendo valorada en su justa medida por los organismos de gestión hospitalaria ni sus repercusiones sobre nuestra salud física y psíquica manifestándose en síntomas psicosomáticos y emocionales (cansancio emocional, despersonalización, falta de realización) que se traducen en falta de motivación y energía convirtiendo el trabajo en una rutina mecánica y en muchos casos llevando al trabajador a la automedicación con ansiolíticos.

El verdadero reto de la enfermería actual está en evidenciar y poner de relieve esta dimensión emocional de nuestra labor y el concepto de trabajo emocional desde las primeras etapas de formación universitaria. Dotando desde sus inicios a los futuros profesionales de ciertas habilidades y competencias emocionales. Somos el colectivo ideal para estudiar posibles estrategias de prevención por nuestro nivel de exigencias emocionales fuera de lo habitual al que estamos sometidos y debemos luchar para que desde las organizaciones y colegios profesionales se creen estructuras y redes de apoyo específicas para los trabajadores de enfermería proporcionándoles desde sus mismos locales de trabajo instrumentos para afrontar estas demandas satisfactoriamente y reducir los niveles de estrés.

Frente a sus consecuencias que sí que son fácilmente identificables y cuantificables, la evaluación objetiva de este riesgo no es fácil y poco susceptible de análisis estadístico pero la utilización de métodos cualitativos y el uso de grupos de discusión y cuestionarios puede ser útil para evaluar la situación en un determinado servicio de salud. Implicar a los trabajadores para que participen en las estrategias colectivas de prevención y la detección precoz de manifestaciones de inadaptación son elementos cruciales en la lucha contra el agotamiento emocional y ante todo nunca dar por finalizada la labor pues nunca existirá un entorno laboral plenamente seguro.