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Ansiedad en el adulto mayor. Revision bibliografica
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Autor: Lic. Manuel J. Boggio
Publicado: 20/09/2011
 

La situación de envejecimiento que atraviesa la población mundial es un fenómeno altamente preocupante. El significativo aumento en las expectativas de vida, sumado a los bajos índices de natalidad, han llevado a que las pirámides poblacionales se transformen, de forma tal que cada vez exista un mayor número de personas que llegan a la vejez y hayan cada vez menos niños y jóvenes que lleguen a la adultez y por ende, se vea reducido el número de adultos jóvenes. El envejecimiento constituye una materia de estudio biopsicosocial, es decir, la ciencia del envejecimiento es multidisciplinaria.


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Ansiedad en el adulto mayor. Revisión bibliográfica.

Manuel J. Boggio J. Licenciado Enfermería. Magister Enfermería Gerontológica y Geriátrica, Universidad de Carabobo Venezuela. Profesor agregado a Dedicación Exclusiva escuela de Enfermería, Universidad de Carabobo, Venezuela. Miembro de la Comisión Coordinadora de la Maestría Enfermería Gerontológica y Geriátrica, Universidad de Carabobo, Venezuela. Coordinador de la Asignatura cuidados de Enfermería a la persona con alteraciones mentales, Escuela de Enfermería Universidad de Carabobo, Venezuela. Coordinador del comité TICs de la Escuela de Enfermería Universidad de Carabobo Venezuela.

Rosmary M. Luque P. Licenciada Enfermería Universidad de Carabobo, Venezuela. Enfermera de Cuidados directos.

Resumen.

La situación de envejecimiento que atraviesa la población mundial es un fenómeno altamente preocupante. El significativo aumento en las expectativas de vida, sumado a los bajos índices de natalidad, han llevado a que las pirámides poblacionales se transformen, de forma tal que cada vez exista un mayor número de personas que llegan a la vejez y hayan cada vez menos niños y jóvenes que lleguen a la adultez y por ende, se vea reducido el número de adultos jóvenes. El envejecimiento constituye una materia de estudio biopsicosocial, es decir, la ciencia del envejecimiento es multidisciplinaria.

El envejecimiento humano no puede describirse, predecirse o explicarse sin tener en cuenta los tres aspectos principales del mismo: biológico, psicológico y social. La prevalencia de enfermedades mentales aumenta con la edad, pues aquí confluyen aquellas personas con patología mental de inicio en la juventud que envejecen y aquellas personas que desarrollan enfermedades mentales en esta etapa de la vida. Distintos factores se relacionan con el envejecimiento: aislamiento social, disminución de la autonomía, dificultades económicas, declive del estado de salud, la proximidad a la muerte, etc., por lo que se ve un aumento de los trastornos de ansiedad en los adultos mayores. Así mismo, estos trastornos son generalmente atípicos en los adultos mayores y están subdiagnosticados y por otro lado, hay una mayor comorbilidad con trastornos médicos y depresiones. Los ancianos generalmente están polimedicamentados y presentan cambios psicosociales importantes los que no son tomados en cuenta muchas veces en los diagnósticos.

Palabras clave: Envejecimiento, Adulto Mayor, Ansiedad.

Abstract.

The situation of aging through the world's population is a very worrying phenomenon. The significant increase in life expectancy, coupled with low birth rates have led to the population pyramids are transformed, so that every time there is a greater number of people reaching old age and have fewer children and young people reach adulthood and thus will see reduced the number of young adults.

Aging is a matter of biopsychosocial study, ie the science of aging is multidisciplinary. Human aging can not be described, predicted or explained without taking into account the three main aspects of the same biological, psychological and social. The prevalence of mental illness increases with age, because here come together people with mental illness onset age youth and those who develop mental illness at this stage of life. Several factors are associated with aging, social isolation, reduced autonomy, economic hardship, declining health status, proximity to death, and so on. So you see an increase in anxiety disorders in older adults. Likewise, these disorders are often atypical in older adults and are underdiagnosed and on the other hand, there is more comorbid medical disorders and depression. The elderly are generally multidrug and have significant psychosocial changes that are not taken into account often in diagnoses.

Keywords: Aging, Older Adults, Anxiety.

Introducción.

Ansiedad.

En la actualidad el concepto de ansiedad conlleva un componente cognitivo y un componente somático. A través de la clínica se afirma que las personas adultas mayores, a menudo, prestan más atención a los síntomas somáticos, minimizando los aspectos cognitivos. Ya que los adultos mayores sufren más enfermedades médicas que las personas más jóvenes, su acento en los síntomas somáticos puede causar dificultades en el diagnóstico diferencial de estos trastornos de ansiedad, especialmente en los centros de atención primaria.

La ansiedad en el adulto mayor se muestra generalmente como una agitación nerviosa, muy parecida a la presentada por los niños, motivada con frecuencia por el temor a sufrir pérdidas y separaciones. Hay una marcada tendencia a somatizar la angustia, con quejas físicas, que esconden generalmente síntomas depresivos. La manifestación de la ansiedad incluye malhumor, irritabilidad y hasta conductas agresivas. Estas manifestaciones de ansiedad del adulto mayor, frecuentemente se asocian a distintos síntomas físicos como manifestaciones neurovegetativas, tensión muscular, temblores, mialgias, fatiga, sobresaltos y delirios; las expresiones somáticas son habitualmente iguales a las que se experimentan en otras etapas de la vida, añadiéndoseles dificultades amnésicas y trastornos del sueño.

Lo singular del adulto mayor y que potencia el cuadro ansioso es el miedo a la enfermedad física severa con el consecuente deterioro, a la propia muerte, a las intervenciones quirúrgicas, los postoperatorios y las discapacidades. (1.). Generalmente, los trastornos de ansiedad primarios de la vejez son crónicos y han persistido desde la juventud o adultez (2). El estado ansioso se presenta como "un estado subjetivo de expectación o aprehensión disfórica", acompañado por una combinación variada de alguno/s síntomas (ver tabla I), agrupables en tres categorías. Es frecuente que los pacientes hagan mayor hincapié en estos aspectos asociados más que en el estado de ansiedad en sí mismo, lo que da por resultado que se lleven a cabo extensas evaluaciones médicas antes de arribar a un diagnóstico correcto (3).

Síntomas del estado ansioso (4).

1.- Tensión Motora: Estremecimientos, sacudimientos, sensación de temblor, tensión muscular, dolores, parestesias, desasosiego y fatigabilidad fácil.

2.- Hiperactividad autonómica: Respiración entrecortada o sensación de sofocación, palpitaciones o taquicardia, sudoración o manos húmedas, frías y viscosas, boca seca, vértigo o mareos, náuseas, diarrea, vómitos u otra molestia abdominal, acaloramiento (accesos calientes) o escalofríos, rubor o palidez, micción imperiosa y frecuentes problemas para tragar o sensación de “nudo en la garganta”, cefaleas y disfunción sexual.

3.- Vigilancia y registro: Sensación de excitación o impaciencia, respuesta sobre exaltada o exagerada, dificultad de concentración o “mente en blanco” por ansiedad, dificultad para dormir o mantener el sueño e irritabilidad.

En situaciones de crisis o descompensación, el anciano suele presentar conductas de evitación, principalmente a la exposición al miedo y a la angustia. Puede presentar principalmente fobias a salir a la calle, a entrar en lugares públicos, a sufrir caídas y al traslado a instituciones. Estas evitaciones suelen aparecer ocultas por quejas referentes a limitaciones físicas (1). Los adultos mayores, principalmente por su particular situación biológica, psicológica, social y cultural, necesitan un tratamiento distinto al de sujetos de otros grupos etáreos. El envejecimiento como tal, aún cuando no se presenten enfermedades complejas, desestabiliza en algún momento a la persona produciéndole, en el mejor de los casos una crisis vital.

Por tanto, la psicoterapia debe ser acotada persiguiendo objetivos cortos y posibles. Respecto a las metas terapéuticas en el trabajo con adultos mayores, éstas deben tener límites precisos, principalmente centrándose en la desaparición de síntomas, la adaptación a diversas circunstancias existenciales, la aceptación de cierto grado de dependencia como fenómeno natural y el compromiso con una actividad significativa para el paciente (1).

De acuerdo a lo planteado en (Hermera, Centro de estudios del stress y la ansiedad), en esta etapa de la vida surgen factores que desencadenan cuadros ansiosos y depresivos, que es imprescindible tener en cuenta en el diseño un abordaje terapéutico interdisciplinario:

a) El deterioro físico ligado a enfermedades del cuerpo y posibles discapacidades.
b) La viudez y pérdida de sus pares.
c) Cambio de roles o sensación de inutilidad (jubilación, vivir solo, con nuevas asistencias o cuidando ellos mismos de otro enfermo.
d) Las mudanzas o emigraciones del anciano y/o de sus seres queridos.
e) El traslado a instituciones geriátricas.
f) Dificultades económicas.

Epidemiología del Trastorno de Ansiedad en el Adulto Mayor (A.M.).

Las enfermedades mentales más comunes son, como grupo los trastornos de ansiedad, con una prevalencia de un mes del 7,3% en adultos de todas las edades. En adultos mayores de 60 años esta prevalencia mensual disminuye al 5,5%; se acerca al 20% en un periodo de seis meses y al 35% en el ciclo vital (5).


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Generalmente, el trastorno se inicia en la vida adulta y tiende a cronificarse, con remisiones y recaídas de distintos grados intercaladas hasta llegar a la vejez. El inicio en la vejez es posible, aunque poco común (3). De acuerdo a las estadísticas norteamericanas, por lo menos el 12% de los ancianos que viven en la comunidad tienen un trastorno mental diagnosticable. (6.). Respecto de pacientes internados por trastornos de tipo orgánico se calcula que el 40 – 50% presenta trastornos mentales (7), y en instituciones geriátricas alrededor del 70 al 94% los padece (17, 23). En U.S.A., el 27% de los pacientes internados en instituciones psiquiátricas tienen más de 65 años de edad. Se estima que del 15 al 25% de los 28 millones de norteamericanos mayores de 65 años tiene problemas mentales significativos. En este grupo, los cuadros de mayor prevalencia son los trastornos fóbicos (4,8%), seguidos por el trastorno obsesivo-compulsivo (0,8%) y el trastorno de pánico (0, 1%) (6).

Los principales trastornos de ansiedad diagnosticados en personas mayores son: Ansiedad Primaria: Ansiedad situacional, Trastorno adaptativo con estado de ánimo ansioso, Trastorno de ansiedad generalizada, Ansiedad fóbica, Crisis de Angustia (Panic Attack), TOC, Trastorno de stress post traumático. La ansiedad puede agravar considerablemente la evolución de las enfermedades propias de la vejez como son la hipertensión arterial, las arritmias, la enfermedad coronaria o el asma bronquial.

Las quejas somáticas imprecisas, múltiples y erráticas, además de la actitud hiperconsultora de un anciano, muchas veces ocultan un trastorno de ansiedad, el que no debe pasar desapercibido al médico de atención primaria. (8).

Crisis de Angustia (Panic Attack).

Según el DSM IV, la crisis de angustia o panic attack “se caracteriza principalmente por la aparición aislada y temporal de miedo o malestar de carácter intenso, que se acompaña de al menos 4 de un total de 13 síntomas somáticos o cognoscitivos. La crisis se inicia de forma brusca y alcanza su máxima expresión con rapidez (habitualmente en 10 minutos o menos), acompañándose a menudo de una sensación de peligro o de muerte inminente y de una urgente necesidad de escapar. Los 13 síntomas somáticos o cognoscitivos vienen constituidos por palpitaciones, sudoración, temblores o sacudidas, sensación de falta de aliento o ahogo, sensación de atragantarse, opresión o malestar torácicos, náuseas o molestias abdominales, inestabilidad o mareo (aturdimiento), desrealización o despersonalización, miedo a perder el control o «volverse loco», miedo a morir, parestesias y escalofríos o sofocaciones”.

En la crisis de pánico, a diferencia de la ansiedad normal y de otras formas de ansiedad patológica, se desarrolla una actitud de expectación constante, porque existe el miedo a que la crisis se repita. A esta situación, la medicina e investigaciones realizadas la denominan como “ansiedad anticipatoria”. Esta preocupación que vive la persona provoca cambios en su conducta habitual, ya que intenta evitar situaciones o lugares que asocia con las probabilidades de tener nuevos episodios, o bien con una mayor dificultad en huir o recibir ayuda oportuna en caso de una nueva crisis. A estos cambios de conducta se les llama agorafobia. En la población consultante, sólo alrededor de un 15% de las personas que experimentan crisis de pánico recurrentes no desarrolla estas conductas de evitación fóbica. (9).

Tipos de Crisis de angustia o panic attack:

Las crisis de angustia pueden aparecer en una amplia gama de trastornos de ansiedad (p. ej., trastorno de angustia, fobia social, fobia específica, trastorno por estrés postraumático, trastorno por estrés agudo). Al determinar la importancia de la crisis de angustia en el diagnóstico diferencial de todos estos trastornos, es necesario considerar el contexto en que ésta aparece. Existen tres tipos característicos de crisis de angustia, que se diferencian por el modo de inicio y la presencia o ausencia de desencadenantes ambientales:

a) Crisis de angustia inesperadas (no relacionadas con estímulos situacionales), en las que el inicio de la crisis de angustia no se asocia a desencadenantes ambientales (es decir, aparecen sin ningún motivo aparente).

b) Crisis de angustia situacionales (desencadenadas por estímulos ambientales), donde la crisis de angustia aparece de forma casi exclusiva inmediatamente después de la exposición o anticipación de un estímulo o desencadenante ambiental (por ejemplo, ver una serpiente o un perro desencadena automáticamente una crisis de angustia).

c) Crisis de angustia más o menos relacionadas con una situación determinada, las cuales tienen simplemente más probabilidades de aparecer al exponerse el individuo a ciertos estímulos o desencadenantes ambientales, aunque no siempre existe esta asociación con el estímulo ni tampoco siempre el episodio aparece inmediatamente después de exponerse a la situación (p. ej., las crisis tienen más probabilidades de aparecer al conducir, pero a veces el individuo puede llevar su coche sin sufrir ninguna crisis de angustia, o bien padecerla a la media hora de estar conduciendo).

El diagnóstico de trastorno de angustia (con o sin agorafobia) requiere la presencia de crisis de angustia inesperadas. Las crisis de angustia situacionales son más características de las fobias sociales y específicas. Las crisis de angustia más o menos relacionadas con una situación determinada son especialmente frecuentes en el trastorno de angustia, aunque también pueden aparecer en la fobia específica o en la fobia social.

El diagnóstico diferencial de las crisis de angustia resulta difícil si se tiene en cuenta que no siempre existe una relación exclusiva entre el diagnóstico y el tipo de crisis de angustia. Por ejemplo, aunque el trastorno de angustia, por su propia definición, requiere que al menos algunas de estas crisis de angustia sean descritas como inesperadas, los individuos con este trastorno declaran frecuentemente haber sufrido crisis de angustia situacionales, sobre todo a medida que avanza el curso de la enfermedad.

Características de la crisis de angustia o panic attack:

Por lo general el trastorno del ataque de pánico puede ir acompañado de otros problemas tales como: la agorafobia (Temor obsesivo a los lugares abiertos como calles, plazas, etc.). En este caso las vidas de las personas se ven bastantes restringidas ya que evitan actividades diarias normales como ir al supermercado, conducir un vehículo, etc., y en algunos casos más extremos hasta salir de su propia casa o habitación. Básicamente evitan cualquier situación que pueda hacerlas sentirse indefensas.

El trastorno de pánico, con o sin agorafobia, es uno de los trastornos de ansiedad que produce más discapacidad. El pánico suele asociarse a conductas de evitación de actividades y situaciones, que pueden llegar a cumplir criterios de agorafobia. En quienes padecen un trastorno de pánico que no ha sido tratado adecuadamente o que ha sido mal diagnosticado, la creencia de que sufren una enfermedad con peligro vital puede causarles una ansiedad crónica y debilitante y conducirles a visitas excesivas a los centros asistenciales. (10). Las manifestaciones principales del trastorno de pánico con o sin agorafobia, son los ataques de pánico, que llevan a la ansiedad anticipatoria (miedo al miedo) y dan por resultado la evitación fóbica. (11) Su curso es crónico con remisiones y recurrencias frecuentes.

Crisis de angustia o panic attack en la vejez:

En muchos casos los ataques de pánico comenzaron en la juventud y no recibieron tratamiento o este fue inadecuado. La agorafobia y la ansiedad generalizada son los más comunes de los cuadros ansiosos de inicio en la vejez. Con frecuencia los temores agorafóbicos comienzan como consecuencia de algún episodio desencadenante (p. ej., enfermedad física) (2). En estos casos de trastorno de pánico de inicio en la vejez (LOPD: late-onset panic disorder) hay menos síntomas de pánico, menos síntomas evitativos y puntajes más bajos de somatización en las escalas. Se lo ha observado asociado a depresión (12), abuso de alcohol (13), mayor riesgo de suicidio (14) y una tasa de mortalidad de origen cardiovascular más alta que el promedio.

Investigadores del Hospital General de Massachusetts (EE.UU.), realizaron un estudio que siguió a más de tres mil mujeres de entre 51 y 83 años revelando que los ataques de pánico podrían ser un factor de mayor riesgo cardiovascular en mujeres postmenopáusicas.

El estudio demostró que las mujeres que habían tenido al menos un ataque de pánico en los últimos seis meses tenían cuatro veces más riesgo de infarto cardíaco y tres veces más posibilidades de tener un accidente cerebrovascular en un período de cinco años, en comparación con las que no experimentaron esa sensación de ansiedad extrema. Además, en dicho grupo el riesgo de muerte por cualquier causa fue de casi el doble. Esta asociación se obtuvo incluso después de aislar otros factores que aumentan el riesgo cardíaco, como la depresión. Los investigadores además concluyeron que los ataques de pánico son relativamente comunes entre mujeres postmenopáusicas. El 10% de las 3.369 participantes del estudio habían experimentado al menos uno en los últimos seis meses. El evento estresante provoca síntomas adrenérgicos que también se observan en el ataque de pánico, como taquicardia y aumento de la presión arterial. Esto puede causar que una placa ateroesclerótica se libere, tape una arteria y provoque un evento cardiovascular. (15).

Psicofarmacología del Ataque de Pánico.

El fármaco más investigado en el tratamiento del pánico-agorafobia es un antidepresivo tricíclico, la imipramina. Este fármaco presenta efectos secundarios, por los cuales 1/3 de pacientes con pánico son incapaces de seguir el tratamiento. (16). Las benzodiacepinas de alta potencia como el alprazolam resultan ser mejor toleradas, pero generan dependencia y una alta tasa de recaídas en la enfermedad al intentar abandonar el tratamiento.


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Los nuevos antidepresivos, inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (SSRIs, entre los fármacos de este grupo se encuentran la trazodona (deprax), la fluoxetina (adofen, prozac, o reneuron), la paroxetina (frosinor y seroxat), sertralina (aremis y besitran), fluvoxamina (dumirox) y citalopram (prisdal y seropram). La más estudiada en el tratamiento del pánico ha sido la fluoxetina, administrados gradualmente, parecen reducir significativamente ambos problemas. (10).

Ya que etiológicamente el ataque de pánico está clasificado en la gama de los trastornos ansiosos, el grupo de fármacos más utilizado para estos trastornos como reductor de la ansiedad, son los llamados ansiolíticos, o benzodiazepinas, con mayor efectividad. Estas sustancias fueron comercializadas a partir de los años 60, siendo el clordiazepóxido el primer compuesto sintetizado. Desde entonces se han sintetizado más de 2000 benzodiazepinas, disponiendo en la actualidad aproximadamente 30 en el mercado. (17).

Mecanismos de Acción de las Benzodiazepinas.

Las benzodiazepinas actúan a nivel de la región límbica, talámica, e hipotalámica del sistema nervioso central produciendo una depresión de su actividad que se traduce en sedación, hipnosis, relajación muscular y actividad anticonvulsivante. Recientes estudios apuntan a que las benzodiazepinas ejercen sus efectos a través del complejo receptor benzodiazepínico-GABA. El ácido g-aminobutírico (GABA) es un neurotransmisor inhibitorio que actúa sobre varios subtipos de receptores denominados GABA-A y GABA-B. GABA-A es el subtipo de receptor primario del sistema nervioso central (SNC) a través del cual actúan los ansiolíticos y sedantes. Algunos subtipos de receptores benzodiacepínicos parecen estar acoplados a los receptores GABA-A.

Se conocen tres subtipos de receptores benzodiacepínicos localizados en el cerebelo y corteza cerebral, los situados en el cortex (BNZ1), los receptores BNZ2 en la corteza cerebral y la médula espinal y los receptores BNZ3 en los tejidos periféricos. La activación de los BNZ1 induce el sueño, mientras que los fármacos que se unen a los BNZ2 ocasionan relajación muscular, actividad anticonvulsivante y afectan la memoria. Las benzodiazepinas se unen de forma inespecífica a los receptores BNZ1 y BNZ2 lo que exalta los efectos del GABA. A diferencia de los barbituratos que aumentan las respuestas del GABA manteniendo abierto durante más tiempo el canal del Cl-, las benzodiazepinas aumentan los efectos del GABA lo que permite mantener abierto el canal de cloro en células hiperpolarizadas y evitar una posterior excitación de las mismas. (18).

Farmacocinética

La absorción se realiza principalmente por vía oral. Su absorción es errática, salvo en el caso del lorazepam. Las diferencias de absorción tienen gran interés clínico. En general todas aquellas benzodiazepinas de rápida absorción alcanzan unos niveles plasmáticos más elevados, aunque también presentan un descenso de éstos más acelerado si lo comparamos con las del inicio de la acción más tardío. Debido a su alta lipulosidad, estos fármacos se difunden a través de todo el organismo, atravesando con facilidad la barrera hematoencefálica y placentaria. También se encuentra estas sustancias en la leche materna. Por ende se evita su utilización en el embarazo y en el periodo de lactancia.

Acerca de su metabolismo y eliminación, la transformación se realiza en el hígado, derivándose productos que en ocasiones tienen una mayor eficacia y persistencia de sus defectos que los compuestos originales. La eliminación se realiza por vía renal y en un pequeño porcentaje por vía biliar.

Efectos Secundarios y toxicidad.

Los efectos secundarios son limitados, debido al amplio uso que se les ha dado. Los efectos consisten en somnolencia, dificultades de concentración, limitación en la memorización de nueva información (amnesia anterógrada) y alteraciones en la coordinación motora. Estos efectos suelen ser transitorios, siendo estos más acentuados en la primera semana de tratamiento y disminuyendo notablemente en las siguientes. De todos modos no parece aconsejable la realización de actividades peligrosas, que requieran un elevado grado de concentración, tales como conducción de vehículos o manejo de maquinaria pesada. En ocasiones se pueden presentar efectos secundarios tales como vértigo, ataxia, nistagmus, siendo excepcionales otros efectos adversos como a nivel renal, hematológico, hepático o reacciones alérgicas.

El nivel de toxicidad de estos productos es muy bajo, siendo frustrados la mayor parte de los intentos autolíticos que se realizan con estos productos. Sin embargo esta toxicidad se multiplica notablemente cuando se asocian otros depresores del sistema nervioso central (alcohol, antihistamínicos, etc). En casos graves de intoxicación emplearemos un antagonista benzodiazepínico que actúa sobre los mismos receptores, bloqueando por tanto su acción. (17).

Discusión.

La Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) utiliza el estándar de las Naciones Unidas de 60 años de edad para describir a las personas ancianas, edad que puede parecer joven en las sociedades desarrolladas y en países en vías de desarrollo donde la esperanza de vida ha aumentado. El aumento de la proporción de Adultos Mayores de 60 años, ha crecido a un ritmo mucho mayor que el resto de la población total.

En general, todos los trastornos psicológicos que aparecen en la vejez, pueden debutar en forma de un estado ansioso, presentándose en un periodo posterior a las manifestaciones características del trastorno. Esto puede provocar un enmascaramiento del trastorno primario.

A nivel mundial, el 2% a 5% de la población sufre de algún tipo de trastorno ansioso, y en la práctica médica en general el 25% de los pacientes presentan un rango de ansiedad. La prevalencia de los ataques de pánico aumentó de 1980 (5,3%) a 1995 (12,7%) en casi un 150%. Por esta razón, se hace necesario que, con este explosivo aumento en la población adulta mayor, el sector salud proyecte un cambio de paradigma enfocado a brindar prioridad a la salud materno-infantil, infecto-contagiosa, a un modelo que deberá poner la atención en los adultos mayores, portadores de enfermedades crónicas y degenerativas.

En esta población adulta mayor surge el problema del subdiagnóstico, principalmente porque los diferentes estudios epidemiológicos para valorar la prevalencia de trastornos de ansiedad en el anciano utilizan criterios basados en el DSM-IV, los cuales han sido desarrollados para estudiar la morbilidad psiquiátrica en adultos jóvenes, sin considerar que en la tercera edad la presentación de los síntomas de ansiedad puede ser atípica. Es así como en el anciano hay una alta comorbilidad con trastornos médicos y con las depresiones (entre un 30-70%). Además los ancianos suelen estar polimedicados y sufren cambios psicosociales importantes, todo lo cual no es tenido en cuenta al utilizar los criterios diagnósticos.

En general, todos los trastornos psicológicos que aparecen en la vejez, pueden debutar en forma de un estado ansioso, presentándose en un periodo posterior a las manifestaciones características del trastorno. Esto puede provocar un enmascaramiento del trastorno primario.

En el adulto mayor son de gran valor un conjunto de procederes psicológicos que proveen el abordaje de la ansiedad para el beneficio del bienestar del geronte. Se ha destacado que las técnicas no medicamentosas son de vital importancia y que el tratamiento medicamentoso se debería emplear sólo en aquellos casos en que resulte imprescindible para el adulto mayor.

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