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Historia de la Fiebre Amarilla en Cuba y en las Americas. ¿Quien fue Carlos J Finlay?
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Autor: Dr. Marco J. Albert Cabrera
Publicado: 02/14/2007
 


La Fiebre Amarilla (FA) es una enfermedad infecciosa aguda de etiología viral de duración breve, transmitida por mosquitos, potencialmente epidémica, muchas veces gravísima, que se caracteriza por un inicio brusco, con fiebre de grado variable, ictericia, hemorragia y albuminuria en ocasiones intensa. Es una de las arbovirosis más extendidas, por lo que es de declaración mundial obligatoria.



Historia de la Fiebre Amarilla en Cuba y en las Americas. ¿Quien fue Carlos J Finlay?

La Fiebre Amarilla (FA) es una enfermedad infecciosa aguda de etiología viral de duración breve, transmitida por mosquitos, potencialmente epidémica, muchas veces gravísima, que se caracteriza por un inicio brusco, con fiebre de grado variable, ictericia, hemorragia y albuminuria en ocasiones intensa. Es una de las arbovirosis más extendidas, por lo que es de declaración mundial obligatoria. (1, 2, 3)

 

Sinonimia: vómito negro, fiebre jaune, typhus amaril, typhus icterode, haemogastric pestilence, gelbes fiebr, yellow fever, fiebre gialla, febris flava (4)

 

La fiebre amarilla ha desempeñado un papel de enorme importancia en la historia de las islas caribeñas y las costas de tierra firme, después del arribo de los conquistadores y los esclavos.


Etapa precolombina


Los datos que se refieren a los primeros 150 años después del descubrimiento de América son escasos, pero nos permiten establecer una relación entre las primeras epidemias de fiebre amarilla descritas por Du Tertre y Cogolludo en la 4ta década del siglo XVII y las anteriores descritas con los nombres de "plaga", "pestilencia" y "fiebres malignas" que atacaban a los españoles recién llegados a Santo Domingo, Tierra Firme y Veracruz desde la conquista de Méjico en 1519 y así como la relación de tales fiebres con la "enfermedad de la modorra" o la "modorra pestilente" registrada en circunstancias semejantes en Santo Domingo y Darién los primeros 25 años después del descubrimiento.

 

Parece ser que antes del descubrimiento de las Américas se conocía ya la fiebre amarilla: entre los mejicanos con el nombre de cocolitzle; entre los mayas de Yucatán con el de xekik (vómito de sangre) y entre los caribes con el de poulicantina. (4)

 

La primera epidemia de fiebre amarilla sufrida por los europeos ocurrió en la Española (Santo Domingo), en el año 1494, propagándose la enfermedad hasta la propia población indígena y continuando su acción mortífera hasta el año 1496, cebándose sobre todo en los individuos que en condiciones de mayor receptividad aportaban las nuevas expediciones. En ocasión de esta epidemia se le dió a la enfermedad el nombre de modorra pestilencial. (4)

 

El Historiador Fray Diego López de Cogolludo, en su Historia de Yucatán, libro XIV, dejó una descripción testimonial de la epidemia, la primera escrita por un europeo, que es una de las más completas que existen, donde se aprecia que era una enfermedad totalmente desconocida para los españoles: "no vista otra vez desde que se conquistó esta tierra en la nación española". (5)


Pero a su vez esta enfermedad no era desconocida para los habitantes de la región yucateca, pues el eminente historiador, filólogo y Obispo de Yucatán, doctor Cresencio Carrillo y Ancona, en una carta al

Doctor Carlos J. Finlay le comentó que en sus traducciones correspondientes a las citas de los Códices Mayas de Chumayel y Tizimin, se demostraba que la primera epidemia de fiebre amarilla vista por los españoles en 1648, era la 4ta que estaba registrada en dichos documentos y que por tanto, tres de ellas correspondían a fechas anteriores al descubrimiento.

 

También en los códices mayas, en la parte correspondiente a los recetarios de los indios, se hacían referencias sobre la "medicina para el vómito de sangre", y en otra parte se señalaba: "medicina del vómito de sangre para personas que la arrojan no propiamente encarnada, que no parece verdadera sangre, sino como un líquido mezclado de hollín". (5)

 

Etapa colonial


Desde el punto de vista social la fiebre amarilla representó un freno, para el incremento poblacional urbano en las islas antillanas, al atacar preferentemente a inmigrantes entre los que causaba un número creciente de víctimas todos los años, pero nunca tanto como en las pequeñas Antillas, en las costas del Golfo de México o en el territorio sureño norteamericano. Aunque no se ha pretendido minimizar su importancia, sin embargo, es inexplicable que no se hayan fijado los límites que abarcó, ni revelado sus cifras de morbi-mortalidad en comparación con otras endemias tropicales, aceptándose en términos absolutos como la más terrífica y mortal de todas las infecciones, lo que no es una verdad estricta. Es probable que en ello haya sido determinante su corto período de gravedad, y que la muerte sobreviniera en el transcurso de unos días, tras un cuadro pavoroso de vómitos de sangre negra, amarillez facial y delirios violentos. En los primeros tiempos se desconocía que gracias a una condición especial, la fiebre amarilla no era tan temible, porque existían formas benignas que conferían inmunidad de por vida, lo que no excluye que la mortalidad de los enfermos fuera alta, elevándose incluso en algunos brotes hasta el 65 % de los afectados, como sucedió con la epidemia de Río de Janeiro de 1893. (6)


Por regla general, se producía un brote de la enfermedad con toda su fuerza en los meses del verano y tras un adormecimiento en la estación mas fresca se volvía a producir otro brote en el verano siguiente, hasta que todos los recién llegados hubieran sufrido un ataque quedando en adelante inmunes contra la enfermedad.  (4)


Se hizo endémica en los trópicos donde los mosquitos podían adaptarse y permanecer en todos los cambios estacionales y llegaban periódicamente, gentes propensas por no haber padecido la enfermedad. No obstante haberse manifestado de inicio preferentemente urbana no puede descartarse que también pudo acaecer en comunidades rurales en las que se desarrollaron condiciones peculiarmente favorables para la diseminación continua del virus amarílico. Es obvio que debido a mutaciones motivadas por la genética poblacional, se hayan creado especies de mosquitos con hábitos diferentes, que los incitó por necesidad de supervivencia a cambiar su forma de vida y entrar en contacto directamente con el ser humano. (6)


Se cuentan numerosos episodios atribuibles a esta enfermedad en el siglo XVI, como la ocurrida en la captura de Puerto Rico en 1598, por Lord Cumberland. (6)


En La Española, después de referirse a otro brote del flagelo habitual (1502-1503) que se había producido en la isla y al color amarillo que presentaban los pacientes por varios días, Herrera pasa a describir la fauna de Santo Domingo y menciona incidentalmente: "los mosquitos que son allí muy molestos".


Por el contrario en la Isla de Cuba los primero cronistas no hacen mucho hincapié en la abundancia de mosquitos y sucede que en esta isla el primer brote de fiebre que tuviera alguna semejanza con la fiebre amarilla se produjo en 1620, en los meses de verano solamente y no se repitió hasta 1649, pero en esta oportunidad tuvo un carácter mas permanente. De estos datos se debe inferir que el mosquito de la fiebre amarilla no perteneció originalmente a la fauna de la isla sino que poco a poco se fue desarrollando en Cuba una raza de esta especie capaz de acomodarse al clima que es más fresco que el de Santo Domingo o el de Veracruz. (4)


En el área del Caribe, en especial las islas de Barbados, St. Kitts y Martinica mantenían encendido el morbo amarílico desde 1646 en que según Ligon apareció, por primera vez, en ella. Cuando en 1655 la fiebre amarilla se hizo imperceptible y aislada en la Isla de Cuba, alcanzó notoriedad en Santo Domingo y Jamaica. En 1693, simultáneamente con La Habana, apareció en Boston una pestilencia que algunos presumieron que fuera fiebre amarilla, la cual sobrevino tras la llegada a este puerto de la flota británica que venía de Barbados y que arribó en el mes de julio.

 


Historia de la Fiebre Amarilla en Cuba y en las Americas. ¿Quien fue Carlos J Finlay? 2.

En realidad sobre la misma hay ciertas dudas, a diferencia de la que apareció en 1699 en Charleston y Filadelfia, las que sí se reconocen como las primeras indiscutidas y específicas de Norte América. Desde este momento la fiebre amarilla se presentó más de una vez en diferentes puntos del territorio de la Unión. Reseñar con exactitud las epidemias que hubo en todo este vasto territorio que se extiende desde la zona ecuatorial hasta cerca de los límites más altos de la templada, no es posible.

 

La presunción más generalizada es que el hontanar de la enfermedad estaba en Yucatán y el golfo de Campeche, en Darién, Portobelo y Cartagena, y que desde allí pasó a las islas caribeñas, de las cuales la irradiación más intensa y sostenida era desde Barbados. Cuba sorprendentemente permaneció mucho tiempo inerte, en tanto se recrudecían las eclosiones del mal amarillo en Santo Domingo, Jamaica, Martinica y Guadalupe. En la zona Norte fue Charleston, también Florida y Nueva York. En 1715 se extendió por estos lugares una epidemia cuya mortalidad se apareja con la peste de Londres de 1665.


A pesar de la fama de tierra malsana que se imputa a Veracruz, de la que se asegura que más de una vez fue transferida a otro sitio por esta causa, no consta que hubiera fiebre amarilla hasta 1699, importada por un barco inglés que transportaba un cargamento de esclavos.

 

A lo largo de su historia ha adoptado un sinnúmero de sinonimias que han ido unos tras otras desapareciendo. En Cuba predominó fuertemente la de Vómito Negro, debido a que así tituló Tomas Romay su Disertación. Con ese nombre se conoció también la violenta epidemia que penetró por Cádiz en 1730 que se supuso procedente de Suramérica y que se mantuvo 8 años, propagándose ampliamente por el Continente Europeo. Entre septiembre y octubre causó unas 22,000 muertes.

 

Un hito muy significativo en la historia de la fiebre amarilla lo constituyó la que tuvo lugar en 1762, por marcar el último año en que se produjo un brote de considerable extensión y gravedad en la mayor parte de la zona amarilógena de América, resultado de la presencia de grandes contingentes de marinos ingleses que invadieron el Caribe con el deliberado fin de apoderarse de La Habana. Esta fue la acción más importante política y militar que engendraron las guerras entre Inglaterra y España.

 

En Charleston hubo también un brote, un año antes, que fue calificado de fiebre infecciosa biliosa sospechosa de ser fiebre amarilla. Esta se extendió de modo que coincidió con la de Filadelfia y Nueva York, los tres centros más activos de fiebre amarilla en América del Norte. En Filadelfia fue devastadora con una tasa de mortalidad superior a 20 diariamente.

 

El punto de partida de estos brotes que estallaron simultáneamente con el de La Habana, se originó en las Indias Occidentales, sin poderse precisar en qué isla, pero sin duda en una de las colonias británicas.

 

La casi desaparición de la forma urbana por la destrucción del vector y la inmunización por la vacuna, han obrado contra la continuación de las investigaciones de su origen y sus interrelaciones con la selvática. El conocimiento de las mismas no arroja aún definiciones concluyentes. (6)


La fiebre Amarilla en Cuba:


La fiebre amarilla, fue entre todas las endemias que azotaron la isla, la más impresionante y espectacular, la que más temor provocaba entre los colonizadores, con el consabido retardo para el progreso del país. Como muy elegantemente la ha descrito un historiador, en un paralelo que traza con la peste, o plaga del medioevo europeo, dice que si aquélla cabalgaba cual jinete gigantesco, en caballo negro, ésta la hacía sobre bestia amarilla, ocasionando la muerte a aquéllos que osaban trasponer el Océano. (1)


En Cuba se reportan las primeras manifestaciones de FA en 1620 y l

a primera epidemia oficialmente reconocida data de 1649, que tiene el récord  histórico la mayor tasa de mortalidad entre las epidemias que afectaron la isla, calculada por el doctor Jorge Le Roy en 121 72 por mil. (1, 5) Así se mantuvo de forma endemoepidémica por más de 250 años.

El 7 de octubre de 1648 el Gobernador de la Isla informa al Cabildo que le consta que hay noticia cierta de que en la Villa de San Francisco de Campeche había muerto mucha gente de la que allí residía de la enfermedad contagiosa de peste... y que había pasado a Mérida... y se dio orden para que no entrase dentro de él ni saltase de la gente que en él venía, ninguno a tierra... y se le hizo proseguir su viaje a Puerto Rico". Las medidas precautorias no libraron a la ciudad de la epidemia, y el contagio se esparció entre los habitantes. El clímax más violento se produjo en La Habana en los meses de Agosto y Diciembre donde alcanzó el 78,8 % de todas las defunciones ocurridas en ese año.

A juzgar por la denuncia que se hace de encharcamiento de las aguas, se cree que fue una temporada lluviosa, las calles eran de tierra, con el consabido saldo favorable para la procreación de larvas y mosquitos. La atención médica de la población, como ya era de rutina, estaba a cargo de algunos cirujanos y muy escasos médicos. (6)

En esta epidemia fueron diezmados también las pocas fuerzas médicas con que contaba la villa de La Habana. Fallecieron los cirujanos Pedro Estela, Jacques de Sandoval y Jorge Venjes Gualcar y los médicos Antonio Paz Gutiérrez y Juan de Estrada, que ejercían desde 1638 y 1639 respectivamente.


En 1652 se repitió otra epidemia en La Habana, que se extendió a toda la isla. En 1658 hubo una violenta presencia de la enfermedad en Bayamo y masivas irrupciones en 1693 en La Habana y en 1695 en Santiago de Cuba. Entre los siglos XVI y XVII la isla estuvo afectada principalmente por frecuentes y catastróficas epidemias de viruela, a las que se sumó la fiebre amarilla a mediados del XVII. Desde entonces ambas enfermedades fueron de la mano sembrando el terror con profundas repercusiones demográficas y económicas, que tuvieron su reflejo también en el aspecto social.  (5)

Principalmente desde el año 1649 en que la epidemia fue más extensa, esta enfermedad hizo presa de la población de nuestra isla en forma endemoepidémica, manteniéndose durante los siglos XVII, XVIII, XIX y principios del siglo XX, hasta el año 1909 en que la enfermedad se extinguió del territorio nacional. (1, 4)


Doscientos ochenta y nueve años tuvimos que padecer la fiebre amarilla, hasta que el genio del Dr. Carlos J. Finlay y de Barrés al descubrir el vector transmisor el mosquito Stegomya fasciata (Aedes aegypti), facilitó la consecución de las grandes medidas de saneamiento ambiental general que posibilitaron que ya en el año 1909 no tuviéramos más casos. (4)


Carlos J. Finlay y los estudios sobre el vector trasmisor de la  Fiebre Amarilla:


Los estudiosos del tema han planteado un elemento muy razonable : el vector transmisor de la enfermedad no existía en América al arribo europeo, fue introducido años después desde las costas de África Occidental, donde si pertenecía al ecosistema del lugar y formaba parte del ciclo de infección.


Esta especie de mosquito viajó a través del Océano Atlántico dentro de los barcos negreros. Este detalle demuestra que en América no podía existir la forma urbana de la enfermedad, pues faltaba uno de los elementos de la cadena epidemiológica. Por lo tanto los brotes que existieron anteriormente fueron de fiebre amarilla selvática  donde los vectores de la transmisión del virus son especies diferentes. Estos brotes estaban justificados por la estrecha relación en que vivían los pueblos o comunidades precolombinas con la naturaleza, con la selva, donde si estaban presentes todos los elementos de la cadena epidemiológica de la enfermedad.


Historia de la Fiebre Amarilla en Cuba y en las Americas. ¿Quien fue Carlos J Finlay? 3.

El reservorio de la enfermedad en su forma selvática es mantenido en algunas especies de monos del genero Alonata: los titíes y los zaraguatos, los vectores en este caso son mosquitos de los géneros Haemagogus (Haemagogus spegazzini) y Aedes (Aedes leucocelanus).

Por ello no se presentaron las epidemias, o la primera epidemia hasta casi un siglo después de iniciado el comercio esclavo, pues para que este proceso se verificara tuvo primero que llegar el Aedes aegypti en cantidades suficientes y fue necesario que pasara un tiempo mas o menos largo para que el fenómeno ecológico se desarrollara en todas sus partes y llegara a la adaptación descrita.

Esto no se conocía en los momentos de aparición de los primeros brotes de la fiebre amarilla, no fue hasta que el doctor Carlos J. Finlay enunciara 233 años después, en 1881, la suposición de que el mosquito fuera el agente transmisor de la enfermedad y que la Cuarta Comisión Médica del Ejercito Norteamericano lo comprobará en territorio cubano en 1900, que todas esta teorías y estudios se pudieron realizar. (5)

Antecedentes:

Esta teoría de Finlay que en un inicio pareció descabellada, realmente no era tan nueva, ya en 1790 el médico irlandés John Crawford, relacionó directamente a la fiebre amarilla con el contagio a través de los insectos.

Posteriormente en 1797 Benjamín Rush hizo notar la enorme cantidad de mosquitos presentes durante la epidemia de fiebre amarilla ocurrida en Filadelfia, observación seguida por otras semejantes de Vaugham, en Willington en 1802; Blair en la Guyana Británica en 1812, y Whightman, en San Agustín en 1833.

El notable médico Josiah Clark Nott, publicó en 1848 un importante artículo en el que refutó la teoría miasmática y postuló que la fiebre amarilla y quizás la malaria, eran de origen animal o producidas por insectos y mostró numerosas y valiosas analogías entre el ciclo vital de los insectos y la epidemiología de la fiebre amarilla.

Louis Daniel Beauperthuy , médico venezolano hizo un gran aporte a la idea del contagio de las enfermedades a través de un agente intermediario, en el artículo que publicó en la Gaceta Oficial de Cumaná, el 23 de mayo 1854, donde expuso que los insectos tuliparios eran los responsables de la propagación de la fiebre amarilla, que ellos al chupar la sangre del ser humano, a su vez lo inoculaban con materias animales putrefactas sacadas de las sucias aguas en que se criaban y que estas contenían los animalúculus de la fiebre amarilla y otras enfermedades graves y añadió que los pantanos eran dañinos, no por los efluvios nocivos, sino por la presencia de mosquitos capaces de llevar esos venenos a los tejidos humanos. Arístides Agramonte lo consideró como el abuelo de la teoría de Finlay.

En 1853 Dawler, de Nueva Orleáns, asoció el aumento de mosquitos, con la presencia de una epidemia de fiebre amarilla en dicha ciudad. En Lima, Perú, Manuel E. De los Ríos en 1856 afirmó que el agente causal podía diseminarse a través de insectos propios de los países tropicales y Mario Arozamena, en 1868 en la misma ciudad, atribuía su causa a la presencia de un contagio animado. (5)

La confirmación de los postulados de Finlay

El elemento medular de la doctrina de Finlay, fue la transmisión de la enfermedad desde un sujeto enfermo, a uno sano, a través del mosquito, completando la cadena epidemiológica de la transmisión de la enfermedad.

En el barrio Pogolotti hay un pequeño parque pavimentado con un paredón de piedras al fondo, donde se han colocado siete medallones de bronce con los rostros y los nombres de Carlos J. Finlay (1833-1915), Claudio Delgado (1843-1916), Leonard Wood (1860-1927), Walter Reed (1851-1902), James Carroll (1854-1907), Jesse William Lazear (1866-1900) y Arístides Agramonte (1868-1931) respectivamente; además de dos placas, también de bronce, en una de las cuales se relacionan 13 nombres bajo el encabezamiento de "Estos cooperaron", mientras la segunda consigna otros 12 nombres encabezados por la palabra "Voluntarios".

Estas nueve inscripciones se grabaron en honor a los participantes y a los que de algún modo tuvieron que ver en los estudios realizados en ese lugar entre el 20 de noviembre de 1900 y el 7 de febrero de 1901, con los cuales se confirmó el trascendental descubrimiento del agente transmisor de la fiebre amarilla, anunciado por el sabio cubano Carlos J. Finlay Barrés desde 1881.

La comisión estadounidense se reunió por primera vez el 25 de junio de 1900 en las barracas de Columbia, Marianao, donde entonces existía un brote epidémico de fiebre amarilla. El primer acuerdo de sus integrantes fue la selección de los médicos que le ayudarían. Según ese acuerdo, los casos de fiebre amarilla en el centro de la ciudad de La Habana serían atendidos por los médicos del hospital Las Animas, cuya actividad se controlaría por una comisión adjunta nombrada por el Departamento de Salubridad a la que se debían enviar todos los sujetos sospechosos de padecer la enfermedad para su diagnóstico.

Esta comisión adjunta, compuesta por los doctores Finlay, Juan Guiteras Gener, Antonio Díaz Albertini y William C. Gorgas, mantendría estrechos contactos con la comisión de Reed. El examen de los casos de Marianao y del campamento de Columbia, estarían a cargo de otra comisión adjunta, asistida por Jesse W. Lazear y Roger Post Ames, del ejército norteamericano.

Bajo la influencia decisiva del doctor Reed, predominó como punto de partida del estudio otra vez la comprobación de la hipótesis del bacilo icteroides de Sanarelli, los resultados los obtenidos en cuanto a este bacilo fueron 100% negativos.
En vista de ello, el 1ro. de agosto de 1900 el doctor Reed decidió examinar la teoría sobre la transmisión de la fiebre amarilla por el Culex mosquito, sostenida por Finlay desde 1881 y por ello lo visitó ese día en su domicilio de la calle Aguacate No. 110, acompañado de los doctores Carroll y Lazear. Finlay puso a disposición de ellos todos los datos acerca de sus investigaciones, además de varios ejemplares y huevos de la especie de mosquitos responsables de la fiebre amarilla, con los que había inoculado hasta entonces a un total de 104 sujetos.

Después de discutirlo, la comisión acordó hacer la prueba de campo para verificar la veracidad de la teoría finalista. Carroll se ocupó de investigar la flora intestinal de los enfermos de fiebre amarilla; Agramonte asumió los trabajos de anatomía patológica y bacteriología y Lazear se encargó de obtener de los huevos entregados por Finlay, los specimen, con los cuales la comisión realizó sus primeras experiencias.

Lazear llevó los mosquitos que crió al hospital Las Animas, donde hizo que picaran a enfermos de fiebre amarilla. Estos mosquitos picaron luego a nueve individuos sanos no inmunes, incluyéndose a él mismo, pero la enfermedad no se produjo. El 27 de agosto se percató de que uno de los mosquitos estaba muy débil. Carroll pensó en la necesidad del insecto de alimentarse con sangre humana, por lo que se expuso a su picada. Seis días más tarde presentó ictericia y albuminuria, y su estado se diagnosticó como de fiebre amarilla típica.


Historia de la Fiebre Amarilla en Cuba y en las Americas. ¿Quien fue Carlos J Finlay? 4.

La enfermedad de Carroll hizo razonar a Lazear que las inoculaciones anteriores se habían practicado a pacientes en un estado en el que la fiebre amarilla no era transmisible. Por ello decidió llevar a la práctica el procedimiento aplicado antes por Finlay de que un mismo mosquito picara a diferentes enfermos, antes de llenarse con la sangre de personas sanas.

Fue el soldado William H. Dean el primer voluntario sometido a la inoculación experimental, realizada con resultados positivos por Lazear y Agramonte para confirmar la teoría de Finlay. El caso de Carroll no se consideró experimental; se expuso a la picada del mosquito con el único fin de alimentarlo con su sangre, pues él nunca creyó en la teoría de Finlay.

Después de obtener los resultados antes descritos con Carroll y el soldado Dean, Lazear continuó sus investigaciones con mosquitos contaminados en su afán de encontrar un germen causante de la fiebre amarilla. El 13 de septiembre, mientras mantenía un tubo de ensayo con un mosquito sobre el abdomen de un paciente, advirtió cómo otro mosquito que volaba en el local se posó en el dorso de su mano izquierda para llenarse con su sangre.

Cinco días después se manifestaron en él los primeros síntomas de la fiebre amarilla; el 19 ingresó en la tienda No. 118 de la sala reservada a las víctimas de la enfermedad y el 25 falleció a las 8:45 p.m.

Consciente de que la comunidad científica exigiría más pruebas que las resultantes de los casos positivos de Carroll, Dean y Lazear, Reed solicitó al General Leonard Wood, Gobernador General de Cuba, recursos para instalar una estación experimental con el fin de realizar una serie de pruebas, antes orientadas por Lazear, para demostrar de manera irrefutable la veracidad de la teoría del mosquito como agente transmisor. El gobernador, quien también era médico, no sólo accedió sino apoyó además el proyecto con toda su autoridad.

Por recomendación de Agramonte, Reed decidió ubicar la estación experimental en la quinta San José, el mismo lugar donde Finlay había encontrado desde 1883 en los padres jesuitas a la mayoría de los voluntarios que se ofrecieron a sus experiencias.

Se bautizó con el nombre de campamento Lazear, en honor al héroe desaparecido. Allí fue donde se rubricó, con pruebas concluyentes para el mundo de la ciencia, que los trabajos de Finlay eran la mayor verdad científica señalada hasta entonces.

En el campamento, constituido por siete casas de campaña militares, se prestaron a las pruebas 21 soldados. Seis miembros de las fuerzas estadounidenses y cuatro voluntarios españoles se dejaron picar por mosquitos infectados.

Los resultados de estos primeros experimentos no dejaron lugar para dudar que con las picadas del Culex mosquito se podían reproducir a voluntad los ataques experimentales de fiebre amarilla. No obstante, la comisión de Reed quiso determinar si el mal podía o no transmitirse por otros medios de contagio, a cuyo efecto comenzó otros ensayos. Para la realización de esta segunda parte de las pruebas, se construyeron dos pequeñas casetas de madera de 14 x 20 pies con dos minúsculas ventanas cada una.

La primera de ellas se denominó "caseta No. 1 o de los fómites", y a la segunda se le dio el nombre de "caseta No. 2 o del mosquito infectado". En la habitación, donde se instaló una estufa a temperatura tropical, se ubicaron tres catres y se introdujeron las sucias y mal olientes pertenencias (sobre todo ropa de uso personal y de cama) de las víctimas de la fiebre amarilla. Estos voluntarios pasaron la prueba, sin que ninguno llegara a contraer la fiebre amarilla. Así se desestimó la posibilidad de que los fómites portaban la enfermedad y de paso se obtuvo otra prueba de lo desacertado de la teoría de Sanarelli.

Por su parte, la caseta No. 2 se dividió en dos partes separadas por una tela metálica fina. En un lado, el soldado Moran permaneció poco más de una hora acostado en un catre y con su cuerpo expuesto a las picadas de 15 mosquitos infectados, que volaban libres en el local. Su estancia allí tuvo por resultado que contrajera la enfermedad, mientras otros voluntarios que permanecieron varias horas al otro lado de la tela metálica, donde no había mosquitos, se mantuvieron indemnes.

Seguidas a estas pruebas incontrovertibles, se hicieron otras más, a las que se sometieron 12 voluntarios americanos y españoles. Los cuatro primeros de esta relación se prestaron a los trabajos experimentales de Carroll con el empleo de sangre total de fiebre amarilla, que luego les fue inyectada. Carroll hizo otras con suero fresco de sangre de casos de fiebre. Por último, realizó también la experiencia con sangre desfibrinada sin calentar.

Según Agramonte, los experimentos llevados a cabo en el campamento Lazear por la comisión presidida por Reed, confirmaron definitivamente los postulados de Finlay en relación con el origen y el desarrollo de las epidemias de fiebre amarilla, sobre todo en lo referente a su manera de propagación, a su período de incubación y a su gravedad relativa.

En realidad, los aportes más significativos fueron, por una parte, la demostración de la necesidad de un período mínimo de 12 días para que el mosquito sea capaz de transmitir el germen infeccioso, después de picar a un paciente de fiebre amarilla y, por otra parte, descubrir que el agente productor de la enfermedad es un virus filtrante, pues puede pasar a través de filtros de porcelana, por donde no circulan las bacterias más pequeñas.

Esta estación experimental, que funcionó desde el 20 de noviembre de 1900 hasta el 7 de febrero de 1901, no se volvió a mencionar hasta después de transcurridos 40 años.

Desde que se instauró la efemérides del 3 de diciembre, se han hecho tradicionales los actos de recordación a la obra de Finlay en muchas naciones. Entre todas las actividades solemnes que anualmente se celebran en honor al sabio, sobresalen de modo particular las "Oraciones Finlay" que desde 1933 tienen lugar en la antigua Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana (hoy día Museo de Historia de las Ciencias Carlos J. Finlay).

Otro 3 de diciembre, el de 1952, se inauguró un hermoso parque, en cuya área central se destacaba el histórico monumento. Se bautizó el lugar con el nombre de parque Lazear y se ratificó el compromiso de preservarlo, por cuanto allí se resumen los esfuerzos de quienes, con Finlay a la cabeza, tuvieron la gloria de vencer a la fiebre amarilla. (5)

Tomando como base el año de introducción de la fiebre amarilla en nuestro país el de 1620, vamos a realizar un estudio cronológico de las principales epidemias que se sucedieron en el tiempo y alguna información de la endemia habitual de casos y de fallecidos.

Siglo XVII
Año Epidemia
1621 La Habana (fiebre amarilla o paludismo)
1649 La Habana Terrible epidemia. Mortalidad: 121,72/100 000 h.
1652 La Habana
1654 Toda la Isla
1658 San Salvador de Bayamo
1693 La Habana
1695 Santiago de Cuba


Historia de la Fiebre Amarilla en Cuba y en las Americas. ¿Quien fue Carlos J Finlay? 5.

Siglo XVIII
1709 Remedios
1731 La Habana
1733 La Habana
1738 Arribo de la Armada de Pizarro Se recrudece la fiebre amarilla en La Habana.
1742 Arribo de la escuadra de Rodrigo de Torres a La Habana.
1761 Epidemia de mayo a octubre en La Habana. Murieron 3 000 soldados españoles.
1762 Son diezmadas las tropas inglesas durante el sitio y toma de La Habana.
1764 Gran epidemia en La Habana del Conde de Ricla recién llegadas de España en las tropas.
1770 Remedios.
1780 La Habana.
1793 Arribo a La Habana de la escuadra española de Aristizabal produciéndose una grave epidemia.
1794 Santa Clara (600 fallecidos) Remedios.

Siglo XIX
1801 Remedios
1816 La Habana (gran número de víctimas)
1824 La Habana
1827 Toda la Isla
1841 La Habana
1842 Santiago de Cuba
1843 La Habana Santiago de Cuba (durante el verano)
1846 Puerto Príncipe (Camagüey)
1854 Produce estragos en el elemento militar
1855-57 La Habana
1857 Holguín
1858 Cienfuegos Remedios
1865 Toda la Isla
1867 La Habana
1870 La Habana (mueren 665 habitantes)
Remedios (mueren más de 600 habitantes)
1871 La Habana (991 fallecidos)
1872 La Habana (551 fallecidos)
1873 La Habana (1 214 fallecidos)
1874 La Habana (1 225 fallecidos)
1875 La Habana (1 001 fallecidos)
1876 La Habana (1 619 fallecidos)
1877 La Habana (1 314 fallecidos)
1878 La Habana (1 599 fallecidos)
Terminó la guerra de los 10 años. Solamente en La Habana fallecieron 11 603 enfermos por Fiebre Amarilla. En los 10 años de guerra murieron sólo por esta causa 20 000 militares españoles.
1879 La Habana (1 444 fallecidos)
1881 El Dr. Carlos J. Finlay presenta su descubrimiento en la Real Academia de Ciencias de La Habana
1887 La Habana (568 fallecidos) Guanabacoa (gran epidemia)
1888 La Habana (505 fallecidos)
1889 La Habana (345 fallecidos)
1890 La Habana (339 fallecidos) Santa Clara (163 fallecidos)
1891 Toda la Isla (fallecieron 365) Santa Clara (fallecieron 64)
1892 Santa Clara (fallecieron 30)
1893 La Habana (fallecieron 502) Santa Clara (fallecieron 405) Cienfuegos (gran epidemia)
1894 Santa Clara (201 fallecidos)
1887-1894 La Habana (fallecieron 857)
1895 Inicio de la Guerra de Independencia Santa Clara (540 defunciones)
1896 Santa Clara (1 552 defunciones)
1897 Santa Clara (2 803 defunciones)
1898 Santa Clara (1 732 defunciones)
1895-1898 Toda la Isla (16 308 defunciones)
1899 1ra. intervención norteamericana. La Habana (289 casos,
105 def.)
1900 La Habana (74 fallecidos en Sep.)
Todo el año: 1 300 casos, 322 fallecidos.
La comisión norteamericana de la fiebre amarilla comprobó las ideas del Dr. Carlos J. Finlay, al establecer que el mosquito Aedes aegypti, transmitía la fiebre amarilla, en Cuba.

Siglo XX

1901 Se desarrolló una intensa campaña de saneamiento ambiental contra el mosquito Aedes aegypti.
La Habana: casos 90, fallecidos 25.
Etapa de República Burguesa
1902 Cuba: casos 7, defunciones 2
1903 Cuba: desde el 28 de Septiembre sólo ocurrieron algunos casos importados de fiebre amarilla
1904 Se calcula que de 1850 a 1904 murieron en toda Cuba: 103 976 casos por F.A.
1905 Se reportan casos importados llegados de New Orleans (E.U. A.) Desde Octubre a Diciembre: 7 casos (Marianao: 1; San José de las Lajas: 1; Central Alava (Matanzas):1; Matanzas: 1; Alacranes (Matanzas): 1; Real Campiña (Santa Clara): 1 Otras provincias: 1)
1906 No se reportaron casos.
1907 Cienfuegos y Alacranes: 10 casos.
Cuba: 180 casos, 50 fallecidos.
1908 Camagüey: se reportan casos.
Cienfuegos: brote en tropas americanas.
1901-1908 Cuba: 283 casos.
1909 No se reportaron más casos en toda Cuba. (7)

Breve Biografía del genio cubano Dr. Carlos J. Finlay

http://www.portalesmedicos.com/images/publicaciones/fiebre_amarilla/fiebre_amarilla_Carlos_J_Finlay.jpg

Carlos J. Finlay nació en la ciudad de Camagüey el 3 de diciembre de 1833, fruto del matrimonio integrado por el doctor Edward Finlay, natural de Escocia, médico graduado de las Universidades de La Habana y Lima, y de Elizabeth de Barrés, nacida en Puerto España, Trinidad Tobago.

Hizo sus estudios secundarios en Rouen, Francia y se graduó de Doctor en Medicina en 1855 en el Jefferson Medical College de Filadelfia. Incorporó su título a la Universidad de La Habana en 1857. Fue miembro de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales y el Secretario de su Sección de Ciencias. En esta corporación ocupo muchos cargos y recibió varias distinciones y honores por su trabajo científico. (7)


Historia de la Fiebre Amarilla en Cuba y en las Americas. ¿Quien fue Carlos J Finlay? 6.

Aunque ejerció como oftalmólogo a partir de 1857, no abandonó la investigación, sobre todo del cólera y la fiebre amarilla. Ya en el mes de febrero de 1881, había comunicado de manera oficial en la Conferencia Sanitaria Internacional de Washington, la necesaria existencia de un agente intermediario (vector) para la transmisión de la fiebre amarilla. (1)

Allí se refirió a la existencia de una corriente demostrable científicamente, diferente al contagionismo y al anticontagionismo, y basada en la transmisión de enfermedades de un individuo enfermo a otro sano por conducto de vectores biológicos. Mediante la aplicación de esta teoría a la propagación de la fiebre amarilla, descubrió que el mosquito Aedes Aegypti era el único agente capaz de transmitirla. (7)

En agosto de ese mismo año precisó en la Academia de Ciencias de La Habana que tal trasmisor era el mosquito Aedes aegypti. Desde entonces continuó con la prédica de esta verdad por muchos años. (1)

Finlay creó el método experimental de producir formas atenuadas de la fiebre amarilla en los seres humanos, lo que no sólo le permitió comprobar la veracidad de sus concepciones y descubrimientos, sino también iniciar el estudio de los mecanismos inmunológicos de las enfermedades infectocontagiosas. Formuló las reglas básicas para la erradicación del mosquito, con lo que dio inicio al método sanitario-social conocido como lucha antivectorial que aún se practica. (7)

En gobierno norteamericano envió a nuestro país una comisión médica al mando de Walter Reed para estudiar el grave problema. Es bien conocido, y en aquel entonces tergiversado, que la comisión solo después que decidió estudiar y poner en práctica lo ya definido por Finlay (este, en prueba de grandeza científica puso en manos de la misma todo el material y método para resolver el problema) pudo obtener el éxito. Reed, sin la menor honradez ni ética científica se apropió del descubrimiento.

Como constaste, un médico norteamericano honrado, John W. Ross, director médico de la marina de guerra de EUA en Cuba, propuso al Dr. Finlay como candidato al premio Nóbel de medicina en 1905. En 1954 en el XIV Congreso Internacional de Historia de la Medicina, Finlay fue reconocido mundialmente como el genial descubridor del agente trasmisor de la fiebre amarilla. (1)

Finlay fue un científico integral pues, a su trascendental obra en relación con la fiebre amarilla, unió su dedicación al estudio de otras dolencias como la lepra, las enfermedades de la visión, la malaria, el beriberi, la corea, la tuberculosis y el absceso hepático. Fue él incluso quien primero descubrió la existencia en Cuba de enfermedades como el bocio exoftálmico, la filariasis y la triquinosis; se adelantó a Carl von Rokitansky en la afirmación del origen hídrico del cólera y su observación sobre el tétanos infantil posibilitó hacer descender la mortalidad por dicha causa.

Su gran contribución para liberar al género humano de los terribles estragos de la fiebre amarilla y erradicar otras enfermedades, lo convirtieron en benefactor de la humanidad. Tras haber fundado y dirigido la organización de la salud pública cubana en los inicios del período republicano en Cuba, falleció en La Habana el 20 de agosto de 1915, a la edad de 82 años. (7)

Referencias bibliográficas:

1) Roca Goderich, Reinaldo; Smith Smith, Varan V.; Paz Presilla, Eduardo y otros. Temas de Medicina Interna. Tomo III. 4ta Edición. Editorial Ecimed. La Habana. 2002. ISBN: 959-7132-82-6, 959-7132-85-0.

2) Farreras-Rozman. Medicina Interna. Decimocuarta Edición. Ediciones Harcourt. 2000, ISBN Obra Completa: 84-8174-357-7. Publicación Harcourt: www.harcourt.es

3) Benenson, Abram S; Manual para el control de las enfermedades transmisibles. 16ta Edición. Washington, D.C.: OPS, 1997. ISBN 92 75 31564 7.

4) Dr. Gabriel José Toledo Curbelo. La otra historia de la fiebre amarilla en Cuba. 1492- 1909. Rev Cubana Hig Epidemiol 2000. ;38(3):220-7 

5) Universidad Virtual de salud cubana. Carlos J. Finlay a través del tiempo: www.carlosjfinlay.sld.cu/fiebreamarilla.htm

6) Universidad Virtual de Salud Cubana. Fiebre amarilla. La primera gran epidemia 1649: http://www.uvs.sld.cu/humanidades/plonearticlemultipage.2006-08-15.7480657408/fiebre-amarilla-la-primera-gran-epidemia-1649/

7) Sitio Web: Carlos J. Finlay a través del tiempo: http://carlosjfinlay.sld.cu 


Autores:

Dr. Marco J. Albert Cabrera (1)
Dra. Yaima Carolina Pino Peña (2)
Dr. Ricardo V De la Fuente Crespo (3)
Dra. Arelys A. Cambas Andreu (4)
Dr. Dayam Ajete Machado (2)

(1) Máster en Ciencias. Especialista de 1er y 2do Grados en Medicina Interna. Profesor Auxiliar del ISCM-H.
(2) Médico Residente de 1er Año de Medicina General Integral
(3) Especialista de 1er Grado en Medicina General Integral. Profesor Asistente del ISCM-H Profesor Asistente del ISCM-H
(4) Especialista de 1er Grado en Medicina General Integral y en Oftalmología.