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Afirmaciones erroneas en publicaciones medicas mejicanas
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Autor: Dr. Guillermo Murillo-Godínez
Publicado: 18/04/2012
 

La cantidad de textos médicos está en crecimiento continuo. En los EUA, se publicaron durante casi cuarenta años  (hasta el 2001-2003), actualizándose cada dos años, las listas Brandon/Hill de libros y revistas seleccionadas de acuerdo a su calidad, en los campos de la medicina, la enfermería y las ciencias afines, para uso de los bibliotecarios médicos (Hill DR y cols., 2001 y 2002; Brandon/Hill, 2003).

En el campo particular de la Medicina Interna, el American College of Physicians (ACP) implementó también cada tres años, durante 9 ediciones, hasta 1997, algo similar (Frisse ME y col., 1997). A raíz de la desaparición de las listas Brandon/Hill y del ACP, actualmente, la revisión de la calidad de los textos médicos la efectúa una institución denominada Doody’s ® (Doody’s ®). En Méjico, aunque la producción de textos médicos es inferior a la del país mencionado, no es ya nada despreciable y, sin embargo, aún carecemos de un instrumento de evaluación parecido; lo anterior se hace necesario cuando se encuentran en la literatura médica afirmaciones como las que se describirán.


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Afirmaciones erróneas en publicaciones médicas mejicanas

Guillermo Murillo-Godínez. Medicina Interna

Introducción

La cantidad de textos médicos está en crecimiento continuo. En los EUA, se publicaron durante casi cuarenta años (hasta el 2001-2003), actualizándose cada dos años, las listas Brandon/Hill de libros y revistas seleccionadas de acuerdo a su calidad, en los campos de la medicina, la enfermería y las ciencias afines, para uso de los bibliotecarios médicos (Hill DR y cols., 2001 y 2002; Brandon/Hill, 2003). En el campo particular de las Medicina Interna, el American College of Physicians (ACP) implementó también cada tres años, durante 9 ediciones, hasta 1997, algo similar (Frisse ME y col., 1997).

A raíz de la desaparición de las listas Brandon/Hill y del ACP, actualmente, la revisión de la calidad de los textos médicos la efectúa una institución denominada Doody’s ® (Doody’s ®). En Méjico, aunque la producción de textos médicos es inferior a la del país mencionado, no es ya nada despreciable y, sin embargo, aún carecemos de un instrumento de evaluación parecido; lo anterior se hace necesario cuando se encuentran en la literatura médica afirmaciones como las que se describirán.

En una publicación previa (Murillo-Godínez G., 2011), consignamos varias afirmaciones erróneas, publicadas en algunas revistas y libros médicos mejicanos; sin embargo, al parecer lo descrito, no fue de la total aceptación por parte del Comité Editorial (Ramiro HM., 2011); por lo anterior, la presente recopilación, que podría considerarse complementaria de la publicación previa, no se envió a la misma revista; aunque, se sigue considerando de importancia su difusión, no con fines críticos destructivos ni ociosos (simple cacería de gazapos), sino, con fines reflexivos.

Casos:

Los nuevos anticoagulantes orales, ¿requieren vigilancia de laboratorio?

Una de las ventajas de los nuevos anticoagulantes orales, por ejemplo, dabigatran (inhibidor directo de trombina) y rivaroxaban (inhibidor directo de factor Xa), es que no requieren de monitoreo laboratorial durante su administración, a diferencia de los antiguos warfarina y acenocumarina. Sin embargo, en un artículo traducido del inglés al castellano y publicado en una revista en Méjico dice al respecto: «…Estos agentes (los anticoagulantes orales más recientes) requieren vigilancia de laboratorio…» (Michota F., 2011), contrario a lo que decía el original de donde se hizo la traducción: «…These new agents need no laboratory monitoring…» (Michota F., 2010).

El radioyodo, ¿es alergénico?

El yodo es un metaloide obtenido inicialmente por Courtois, en 1811, e introducido en la terapéutica del bocio por Coindet en 1820 (Mayoral PD., 1946). Los compuestos orgánicos son sustancias químicas que contienen carbono, formando enlaces covalentes C-C o C-H y se forman de manera natural; los inorgánicos, se forman de manera ordinaria por la acción de varios fenómenos fisicoquímicos. El yodo tiene 37 isótopos de los cuales sólo se utilizan en medicina el I-123, el I-125 y el I-131. El I-131 se utilizó por primera vez en 1941 en el Massachusetts General Hospital, en el Centro Mallinckrodt de Investigación Clínica (Flores RA., 2008, Ayala AR., 2011). Dada la naturaleza de éste isótopo, no debe provocar reacciones alérgicas en personas con antecedentes de anafilaxia al yodo, como bien lo dice un texto de patología clínica español: «No existen reacciones alérgicas al…yodo radioactivo, por lo que la alergia a los contrastes yodados no constituye una contraindicación» (Galofré JC. y cols., 2006). Sin embargo, en dos textos mejicanos de Farmacología dice que la administración de éste radioisótopo del yodo, tiene como efectos secundarios: «escalofrío, náusea, vómito, prurito, urticaria, dolor torácico, taquicardia, cefalea y mareo» (Martínez-Duncker RC. y cols., 2003; Martínez-Duncker RC. y col., 2010), o sea, signos y síntomas habituales de las reacciones alérgicas.

La azitromicina, ¿no debe administrarse con el estómago vacío y los antiácidos de Al-Mg, no retardan y disminuyen su absorción?

La azitromicina es un antibiótico tipo macrólido y está bien establecido que su absorción es mejor si se administra con el estómago vacío y que también es mejor que no se coadministre con antiácidos a base de aluminio y magnesio ya que éstos pueden retardar (Chambers HF. y col., 2010) y reducir (Avendaño CJR. y col., 2008) su absorción. Sin embargo, en dos textos mejicanos de farmacología, dice textualmente: «…Los alimentos disminuyen su biodisponibilidad. No (sic) debe tomarse una hora antes o dos horas después de los alimentos, con el estómago vacío. Puede administrarse conjuntamente con los antiácidos con aluminio y magnesio, ya que no modifican la absorción del antibiótico…» (Santiago AD., 2003; Santiago ADI., 2010) y en los diccionarios de medicamentos mejicanos dice algo similar: «azitromicina en tabletas puede ser administrada con o sin alimentos», «en estudios de farmacocinética que investigan los efectos de la administración simultánea de antiácidos con azitromicina, no se ha observado ningún efecto de biodisponibilidad» (PLM ®, 2011; Vademécum IPE, 2011; P.R. Vademécum, 2011). No es extraño que los textos mejicanos de farmacología citados, digan prácticamente lo mismo que los dichos diccionarios de medicamentos mejicanos, pues aunque es inadecuado, si se revisa la bibliografía de uno de los capítulos de uno de esos textos de farmacología, se encuentra que en el 40% de las referencias, dice «…información proporcionada por los laboratorios…» (Trejo FCSS., 2003).

La homeopatía, ¿es inofensiva?

En un texto mejicano de Farmacología, se afirma que, uno de los méritos de la homeopatía, es el de ser inofensiva (Figueroa-Hernández JL., 2008a); sin embargo, hay evidencia publicada de lo contrario (Montoya-Cabrera MA. y cols., 1991). ¡Y lo señalado, está publicado en un texto de medicina alópata!

La citicolina y las citocinas, ¿son iguales?

La citicolina, es un medicamento precursor de los fosfolípidos, indicado como agente coadyuvante en algunas patologías del Sistema Nervioso Central; por su parte, las citocinas, son proteínas que actúan como mediadores intercelulares. En el índice de uno de los textos mejicanos de farmacología, en el apartado «Citicolina (s) terapia con,», se remite a la página que habla de «Terapia con citocinas» (Trejo FCSS, 2010).

La palabra iatrogenia, ¿proviene de Itarones, apelativo de Apolo?

En un texto mejicano de Farmacología, dice con respecto al origen del término iatrogenia, que procede de Itarones, uno de los apelativos de Apolo (Figueroa-Hernández JL., 2008b); sin embargo, iatrogenia tiene una etimología muy transparente y evidente; todos los diccionarios concuerdan plenamente con que la palabra proviene del gr. ἰατρεία 'medicina' + γένεια 'nacimiento'; por otra parte no existe ese apelativo de Apolo Itarones que tampoco explicaría lo de iatro- del primer elemento del compuesto. Por lo tanto, es un error de esa publicación mejicana (Cortés F., 2011).

El citrato de potasio y el ácido cítrico, ¿son uricosúricos?

La litiasis renal úrica precisa para su tratamiento, entre otras medidas, de la ministración de citrato de potasio para llevar el ph urinario a 6.5 (Castrillo JM., 2003); sin embargo, en un diccionario mejicano de medicamentos dice que la combinación de citrato de potasio y ácido cítrico, es uricosúrica (P.R. Vademécum, 2010).

Asfixia, ¿etimológicamente significa falta de respiración?

La etimología es la ciencia que estudia el origen de las palabras (Real Academia Española, 2001a). En un artículo sobre la mortalidad infantil por asfixia, dice: «…asfixia etimológicamente significa falta de respiración o falta de aire…» (Cabrera GDA y cols., 2009). Sin embargo, lo cierto es que etimológicamente el término proviene del gr. a = no y sphyxíā = pulso, aunque fue reintroducido en Francia por Goodwyn, Pinel, etc., en 1741, con el significado actual de estado producido por una falta de respiración (Universidad de Salamanca; Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano, 1944; Quiroz CA., 1977).

La anfebutamona, ¿es un análogo de la nicotina?

En un texto mejicano de Geriatría, dice: «…la industria farmacéutica…ha desarrollado una pastilla de anfebutamona…Es una substancia…que…es capaz de actuar en el cerebro como un análogo de la nicotina…» (Pérez ZA, d’Hyver de las D C., 2006). Según las definiciones del DRAE, análogo es: «Que tiene analogía con algo», «Dicho de dos o más órganos: Que pueden adoptar aspecto semejante por cumplir determinada función, pero que no son homólogos; p. ej., las alas en aves e insectos» y, analogía es: «Relación de semejanza entre cosas distintas» y «Semejanza entre partes que en diversos organismos tienen una misma posición relativa y una función parecida, pero un origen diferente» (Real Academia Española, 2001b); por lo anterior, si se dice que la anfebutamona actúa como un análogo de la nicotina, lo esperable sería que tuvieran estructura química semejante (aspecto) o una función parecida, aunque de origen diferente.


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Sin embargo, resulta de que la anfebutamona o bupropión, es una aminoacetona, con una baja capacidad para la recaptura de noradrenalina (en el locus coeruleus) y serotonina y mayor para la dopamina (Uriarte BV, 2009a), mientras que la nicotina, es una amina terciaria, que actúa sobre el receptor presináptico, liberando acetilcolina, noradrenalina, dopamina y serotonina (Uriarte BV, 2009b). Por lo tanto, se puede concluir que la anfebutamona, no es capaz de actuar como un análogo de la nicotina.

Las gotitas de Flügge, ¿son iguales a las gotitas de flush?

Las gotitas de Flϋgge, fueron descritas en la década de 1890, por el bacteriólogo e higienista alemán, Carl Georg Friedrich Wilhelm Flügge (1847-1923) (Diccionario Enciclopédico Quillet, 1985); son partículas diminutas expelidas al hablar, toser, estornudar, respirar o, durante ciertos procedimientos médicos como el aspirado de secreciones respiratorias o la broncoscopía (Gallart CA y cols., 2000), que pueden transportar gérmenes infecciosos de un individuo a otro (Navarro-Beltrán IE, 1984). En un texto mejicano de Neumología, se dice que dichas gotitas se llaman de flush (González JF y cols., 2008); escrito de ésta manera, denota que se ignora que se trata de un epónimo y podría incluso traducirse-confundirse con gotas de rubor (Collins, 1979).

Conclusiones

Las afirmaciones comentadas, no son simples erratas de imprenta, que incluso éstas y nuestra mala caligrafía (Dillner L., 1993), pueden costar la vida a los pacientes, pues ya lo decía Samuel Langhorne Clemens, Mark Twain (1835-1910), «Tenga cuidado con la lectura de libros sobre la salud. Podría morir de una errata de imprenta» (por ejemplo, en un artículo sobre el metimazol – León MF., 2008 - , en el resumen, se confunde con el metamizol), sino, frases completas con las cuales hay que tener cuidado y criterio para manejarlas, ya que, además, hay que tomar en cuenta que la medicina no es una ciencia exacta (de la Garza EV., 1998) y, que está sujeta, como toda ciencia, a errores (Jinich H., 2009; Peña RJC., 2008). Jesús García G. afirma al respecto: «…Muchos escritores ni siquiera leen lo que teclearon (así se explica que haya originales con numerosos errores “de dedo” y repeticiones de palabras, de frases y hasta de largos conceptos), al fin que hay quien corrija. Ciertamente la corrección los librará, casi seguro, de erratas, faltas de ortografía y algunos gazapos. Pero hay peligrosos dislates escurridizos, capaces de aniquilar el prestigio del autor pese a los méritos que haya hecho antes para labrarse una reputación…» (García y G JJ., 2011).

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