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Dilemas eticos de la eutanasia
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Autor: Dra. Nurmy C. Martinez Zamora
Publicado: 24/09/2007
 


Se realizó una búsqueda bibliográfica sobre el tema de la eutanasia, comenzando por el comportamiento de los hombres ante la muerte a través de la historia de la humanidad hasta la situación actual. Ofrecemos distintos términos utilizados para referirse a la eutanasia y que no siempre están acordes con la definición que se ofrece de la misma así como las distintas clasificaciones que aparecen en la bibliografía consultada y las opiniones y los argumentos a favor y en contra de la misma de carácter religioso o no que plantean los distintos autores.


Dilemas eticos de la eutanasia.

Dra. Nurmy C. Martínez Zamora, Dr. Baldomero H. Loy Vera, Dra. Bárbara R. Lugo Jáuriga.

RESUMEN


Se realizó una búsqueda bibliográfica sobre el tema de la eutanasia, comenzando por el comportamiento de los hombres ante la muerte a través de la historia de la humanidad hasta la situación actual. Ofrecemos distintos términos utilizados para referirse a la eutanasia y que no siempre están acordes con la definición que se ofrece de la misma así como las distintas clasificaciones que aparecen en la bibliografía consultada y las opiniones y los argumentos a favor y en contra de la misma de carácter religioso o no que plantean los distintos autores. También hacemos referencia a lo relacionado con el concepto de dignidad humana y la utilización que realizan del mismo los que abogan por y en contra de la eutanasia. Se señalan algunos aspectos referidos al cuidado del enfermo en estadio final de una enfermedad. Se plasman las opiniones de la autora sobre el tema y se relaciona la bibliografía consultada.

INTRODUCCION

La muerte ha ocupado en todas las épocas una posición central en la vida de las personas y por ende en el pensamiento y la práctica médica, su relación con el hombre ha sido cambiante de una sociedad a otra, mientras la cultura dominada por la tradición religiosa, que obviamente defiende la vida, aceptaba la muerte como límite del hombre y parte integrante de la condición humana, la cultura de la modernidad, ansiosa por dominar el mundo, ha removido y combatido la muerte.

Desde que comenzamos a entender el significado de la palabra muerte comenzamos también a temer el momento en que esta llegue, no solo a nosotros sino también a aquellos seres que nos son tan queridos como papá y mamá primeramente, luego, con el decursar del tiempo, se suman a estos amigos, esposo(a) y algo muy preciado por todos, los hijos. Acudimos al médico ante la menor sospecha de enfermedad en alguno de ellos y exigimos que el galeno tenga los conocimientos, la técnica y hasta poderes infinitos para que no suceda lo que tanto tememos, esta es una reacción que nos parece lógica, ¿por qué no luchar contra la muerte hasta vencerla?, ¿es que con tanto desarrollo de la ciencia y la técnica en nuestros días aun no somos capaces de vencerla?, ¿el médico no está en la obligación de curar a todo aquel se enferme?, ¡para eso estudió, por tanto, yo tengo derecho a exigirle que cumpla con su deber mas sagrado¡

Así discurre el pensamiento de gran parte de la humanidad en nuestros días y esto nos ha llevado a conductas que no siempre han sido ni son las más adecuadas, una de ellas, la eutanasia, es de las más discutidas y esto nos ha motivado a realizar este trabajo con el objetivo de conocer el desarrollo de esta tendencia a lo largo de la historia de la humanidad y los dilemas éticos que plantea la misma a las sociedades actuales.

El debate en torno a la eutanasia, el suicidio asistido por el médico y las llamadas decisiones médicas en torno al final de la vida ocupa un lugar sobresaliente en la bibliografía biomédica de hoy. Las opiniones que encontramos en los múltiples artículos publicados sobre el tema son variadas y contradictorias, dependiendo del trasfondo religioso, cultural y profesional de aquellos que participan en los debates.

La muerte es una parte inevitable del proceso vital, tan natural como nacer o crecer, aunque resulta mucho más difícil de afrontar. Cada persona adopta actitudes diferentes ante ella, que pueden ir desde la negación o la evitación de reflexionar sobre un hecho incuestionable, hasta la aceptación existencial. La postura individual del paciente (y de la familia) ante la idea de la muerte, fruto de sus experiencias, sus creencias religiosas y su situación concreta, influirá decisivamente en la forma de afrontar este proceso.

DESARROLLO

El término "eutanasia" abarca conceptos muy dispares y de encontrada significación ética. Como sugiere su etimología (del griego "eu-thanatos"), significa "buena muerte", en el sentido de muerte apacible, sin dolores ni tormentos (1, 2, 3, 4), y con esta acepción la introdujo en el vocabulario científico Francisco Bacon (1623). (1, 2, 4)

Actualmente el significado real es el de muerte indolora, provocada directamente por procedimientos médicos, de personas que son consideradas como condenadas a una vida irreversiblemente dolorosa o inválida, con la intención de "liberar" a esas personas del sufrimiento o a la sociedad de una supuesta carga inútil. (5)

La eutanasia es, por su naturaleza, un peligro médico, que sólo afecta a médicos y enfermeras, según se deduce de la definición anterior, ya que los rasgos propios de la eutanasia, lo que la diferencia de las otras formas de muerte provocada, son: el modo médico de inducirla y la intención "compasiva o liberadora".

Por ser la técnica y la compasión atributos muy propios del médico y de la enfermera competentes, se explica que la condena deontológica de la eutanasia sea muy fuerte: la eutanasia destruye el núcleo ético de la profesión. Cuando el médico rechaza la eutanasia, no está simplemente siguiendo sus convicciones morales o los preceptos de una tradición profesional milenaria: está siendo fiel a lo más genuino de su profesión.

El oscurecimiento contemporáneo del concepto de dignidad humana, deducido de la singularidad de nuestra especie en el mundo y base del derecho, es uno de los síntomas de un proceso preocupante que tiene en la eutanasia uno de los efectos mas notables.

Muchas personas creen que la eutanasia es un fenómeno nuevo, surgido con el desarrollo de las ciencias médicas, sin embargo no es así, el hecho de que en todas las sociedades han existido personas gravemente enfermas ha contribuido a que esta cuestión quede planteada en cada una de ellas. La eutanasia es un problema persistente en la historia de la humanidad en el que se enfrentan ideologías diversas. (1)

Son muchas las experiencias y connotaciones que se han desarrollado alrededor de la misma desde épocas primitivas hasta la actualidad, ello porque los fenómenos de la vida y de la muerte han generado siempre profundas reflexiones en la conciencia de los pueblos. Podemos señalar diversas etapas desde la época primitiva, pasando por el pensamiento clásico de la antigüedad, el pensamiento medieval, iluminista, e incluso hasta llegar al pensamiento humanista.

Etapa primitiva. Datos históricos revelan que entre algunos pueblos primitivos se acostumbraba a matar o abandonar a los ancianos y a las personas muy enfermas. Se cuenta que entre los esquimales se practicaba una especie de “eutanasia voluntaria”, pues a petición del anciano o del enfermo se les abandonaba tres días en un iglú herméticamente sellado; no obstante, existen antecedentes reveladores de que las sociedades primitivas se distinguieron por elaborar códigos que protegían e incluso privilegiaban a sus miembros ancianos.

Etapa antigua. Entre algunos pueblos, como los celtas, el designio eugénico se completaba con el propósito eutanásico, puesto que se daba muerte a los ancianos valetudinarios. La práctica extendida entre algunas tribus antiguas y grupos salvajes imponía como obligación sagrada al hijo administrar la muerte buena al padre viejo y enfermo.(5)

Pueblo judío. En el capítulo I, 9 y 10 del Libro Segundo de Samuel, de las Sagradas Escrituras, hay un párrafo que narra cuando el amalecita llega del campo de Saúl en busca de David, para contarle la muerte de su Rey en el monte de Gelboe. El Amalecita cuenta que estaba aquel clavado en su lanza tratando en vano de morir, pues lo espeso de la armadura de mallas que le cubría era obstáculo para que el arma penetrase enteramente en su cuerpo, por lo que Saúl le rogó al Amalecita que se colocase sobre él y le matase; éste le confesó a David que se puso sobre aquél porque sabía que no podría vivir después de su caída. Por esa forma de homicidio piadoso, David hizo matar al amalecita por haber dado muerte al “ungido de Jehová”. (5)

Pueblo griego. Esta no planteaba problemas morales en la antigua Grecia: la concepción de la vida era diferente. Una mala vida no era digna de ser vivida y por tanto ni el eugenismo, ni la eutanasia complicaban a las personas. Hipócrates representa una notable excepción: él prohíbe a los médicos la eutanasia activa y la ayuda para cometer suicidio.(1,5) Dentro de las ciudades griegas como en Atenas, el Estado tenía por costumbre suministrar el veneno – la cicuta – a quienes lo solicitaban explícitamente para poner fin a sus sufrimientos. Sin embargo, el término “eutanasia” no se empleaba para designar tales prácticas, las cuales eran catalogadas como “ayuda a morir”. En el caso de la sociedad espartana, los niños deformes eran abandonados, mientras los ancianos eran considerablemente respetados. Según la historia, grandes pensadores de Grecia y Roma practicaron el suicidio eutanásico. Se cuenta que el filósofo griego Diógenes se suicidó cuando cayó gravemente enfermo; de igual manera, Zenón de Sitio, fundador de la escuela estoica, y Epicúreo de quien se dice, no llegó a suicidarse, pero se embriagó para no tener conciencia de su muerte. Igualmente, la mentalidad eugenésica también condujo a la eutanasia. Platón en el Libro III de la República escribió: “…Por consiguiente, establecerás en nuestra república una jurisprudencia y una medicina tales cuales acabamos de decir, que se limitarán al cuidado de los que han recibido de la naturaleza un cuerpo sano y un alma hermosa. En cuanto a aquellos cuyo cuerpo está mal constituido, se les dejará morir y se castigará con la muerte a aquellos otros cuya alma sea naturalmente mala e incorregible”. También debe tomarse en cuenta al pensador Teofrasto (Siglo III A.C.), quien elogiaba a un tal Tracias de Mantenea que inventó remedios para inducir a una muerte fácil e indolora. La cultura griega siempre estuvo regida por el autogobierno y en la misma se acuñan diferentes ejemplos de eutanasia entendida como “correcto morir”.(6)

Pueblo romano. En Roma, similar a lo que acontecía en el pueblo griego, existía un depósito de cicuta a disposición de quien mostrase ante la corte deseos de abandonar la vida, lo cual, al decir de Jiménez de Asúa, respondía a la costumbre de facilitar el suicidio, más que a fines eutanásicos. Por otro lado, la eutanasia neonatal estaba autorizada legalmente en Roma a través de la Ley de las XII Tablas donde el padre podía matar al nacer a los hijos gravemente deformes. (6, 7, 8)

Etapa medieval. Durante la Edad Media se produjeron cambios frente a la muerte y al acto de morir. La eutanasia, el suicidio y el aborto son considerados como pecado, puesto que el hombre no puede disponer libremente sobre la vida, que le fue dada por Dios. El arte de la muerte (ars moriendi), en la cristiandad medieval, es parte del arte de la vida (ars vivendi); el que entiende la vida, también debe conocer la muerte. La muerte repentina (mors repentina et improvisa), deseo de tantas personas en la actualidad, se consideraba como una muerte mala (mala mors). Se quiere estar plenamente consciente para despedirse de familiares y amigos y poder presentarse en el más allá con un claro conocimiento del fin de la vida. (7). Durante esta etapa se habló sólo de “matar por misericordia” a los que caían gravemente heridos en el campo de batalla. Las guerras, pestes y epidemias acontecidas inspiraron, a causa del espíritu religioso, el “arte de bien morir”. Sin embargo, para los cristianos medievales la idea de matar por compasión resultaba repugnante, pues admitían que el dolor venía de Dios y debía ser aceptado como expresión de voluntad del Todopoderoso. El “no matarás” era considerado como el más importante de los diez mandamientos y ningún hombre podía infringirlo, aunque se tratase de los sufrimientos más crueles. A pesar de que Santo Tomás de Aquino en su obra “La Suma Teológica” no hace referencia alguna a la eutanasia, dedica dos cuestiones al suicidio el cual reprueba por tres razones: por ir en contra del amor que el hombre se debe a sí mismo, por ir en contra de la sociedad, y contra el amor de Dios. Tomás Moro en su obra “Utopía” manifestaba que, si bien a los incurables se les trataba de aliviar de sus enfermedades, si se trataba de un mal que no tenía cura y que causaba continuo dolor eran convencidos de que, en vista de que eran inútiles para las tareas de la vida, molestos para los otros y una carga para sí mismos no dudasen en morir. Además, pensasen en librarse de una vida tormentosa, procurándose la muerte o que otro se las diese. De esa manera, aquellos que eran persuadidos se dejaban morir de hambre o recibían la muerte mientras dormían sin darse cuenta.(1)

La llegada de la modernidad rompe con el pensamiento medieval, la perspectiva cristiana deja de ser la única y se conocen y se discuten las ideas de la Antigüedad clásica. La juventud, la salud y la vida eterna pueden ser alcanzadas con el apoyo de la técnica, de las ciencias naturales y de la medicina. Surgen pensadores que justifican el término activo de la vida, condenado durante la Edad Media. El filósofo inglés Francisco Bacon, en 1623, es el primero en retomar el antiguo nombre de eutanasia, y diferencia dos tipos: la "eutanasia exterior" como término directo de la vida y la "eutanasia interior" como preparación espiritual para la muerte. Con esto, Bacon se refiere, por una parte, a la tradición del “arte de morir” como parte del “arte de vivir”, pero agrega a esta tradición algo que para la Edad Media era una posibilidad inimaginable: la muerte de un enfermo ayudado por el médico. Tomás Moro, quien también justifica el suicidio, en Utopía (1516), defiende la eutanasia activa, sin usar este nombre.(1)Tanto para Moro como para Bacon es un requisito decisivo de la eutanasia activa el deseo del enfermo; contra la voluntad del enfermo o sin aclaración, la eutanasia no puede tener lugar: "Quien se ha convencido de esto, quien termina su vida, ya sea voluntariamente a través de la abstención de recibir alimentos o es puesto a dormir y encuentra salvación sin darse cuenta de la muerte. Contra su voluntad no se debe matar a nadie, se le debe prestar cuidados igual que a cualquier otro" dice Tomás Moro en Utopía. Sin embargo, en la práctica, el comportamiento general de los médicos no siguió las ideas de los filósofos: rechazaron la eutanasia externa; justificaron la eutanasia pasiva y preconizaron la eutanasia interior. Desde fines del siglo XIX, diversos enfoques, que señalan una nueva orientación, comienzan a exteriorizarse entre los médicos y pacientes, entre las personas y la sociedad. Hasta fines del siglo XIX en América del Sur existía la persona del “despenador” o “despenadora” encargada de hacer morir a los moribundos desahuciados a petición de los parientes.(1)El darwinismo social y la eugenesia son temas que también comienzan a debatirse. En numerosos países europeos se fundan, a comienzos del siglo XX, sociedades para la eutanasia y se promulgan informes para una legalización de la eutanasia activa. En las discusiones toman parte médicos, abogados, filósofos y teólogos. La escasez económica en tiempos de la primera guerra mundial sustenta la matanza de lisiados y enfermos mentales. El término eutanasia ha sido muchas veces separado de su sentido real, por ejemplo, los nazis hablaban de eutanasia para referirse a la eliminación de los minusválidos y débiles (Aktion T-4). En los Juicios de Nuremberg (1946 – 1947) se juzgó como ilegal e inmoral toda forma de eutanasia activa sin aclaración y consentimiento o en contra de la voluntad de los afectados.(1, 8)

Encontramos en la bibliografía revisada una serie de términos que se utilizan indistintamente por los autores para referirse a la eutanasia y que no podemos confundirlos con este, algunos de ellos son:

Suicidio asistido: consiste en proporcionarle al paciente los elementos necesarios para que él mismo dé fin a su sufrimiento.(1, 2, 3, 9, 10)

Ortotanasia: dejar morir a tiempo sin emplear medios desproporcionados y extraordinarios. Es la muerte en buenas condiciones, con las molestias aliviadas.(1, 2, 3, 9,10)

Muerte digna (también se denomina ortotanasia): es la muerte con todos los alivios médicos adecuados y los consuelos humanos posibles. Consiste en el otorgamiento de medidas médicas paliativas (que disminuyen el sufrimiento o lo hacen tolerable), de apoyo emocional y espiritual a los enfermos terminales(1, 2, 3, 9, 10, 11)

Encarnizamiento terapéutico (también obstinación o ensañamiento terapéuticos): es la aplicación de tratamientos inútiles; o, si son útiles, desproporcionadamente molestos o caros para el resultado que se espera de ellos.(2,11)

Distanasia: consiste en el "encarnizamiento o ensañamiento terapéutico", mediante el cual se le aplican al enfermo todo tipo de acciones "terapéuticas" con el fin de prolongar su vida a toda costa, llegando a la muerte en condiciones inhumanas y antinaturales. (1, 2, 3, 9,10, 11)

Sedación terminal: es la correcta práctica médica de inducir el sueño del paciente, para que no sienta dolor, en los ya muy raros casos de dolores rebeldes a todo tratamiento. (11,12, 13)

Criptanasia: eutanasia activa por decisión personal del médico sin solicitud de paciente o familiares.(12)

Existen varias formas de calificar la eutanasia:

Prima en el contexto anglosajón la división en cuanto la eutanasia se lleva a cabo como una acción (to kill) o como una omisión (let die). Su traducción equivalente sería eutanasia activa y eutanasia pasiva respectivamente (1). Se ocupan en forma casi sinónima las calificaciones de positiva y negativa respectivamente. (1, 2, 11, 14).

Mientras que en el medio hispanohablante se han introducido conceptos provenientes de la evaluación ética de la eutanasia y se la califica de directa o indirecta en cuanto existe o no la intención de provocar primariamente la muerte en las acciones que se realizan sobre el enfermo terminal.

La eutanasia indirecta o lenitiva es la causada indirectamente al suprimir el dolor, como efecto secundario inevitable, y propiamente no se la debería llamar eutanasia. En muchas ocasiones es ética. (11)

Por los fines perseguidos la eutanasia directa se llama homicidio piadoso si la muerte se busca como medio para privar al enfermo de los dolores, o de una deformación física o de una ancianidad penosa o, en una palabra, de algo que mueve a la "compasión". (1)

También encontramos que algunos autores la califican como:

Eutanasia voluntaria: la que se practica a petición del enfermo. (1, 11)

Eutanasia involuntaria: cuando no la pide el enfermo, sino que se practica a petición de la familia o por la simple decisión del médico, que no consulta con el enfermo ni con su familia.(1,11)

Eutanasia Terapéutica: Es la debida a una causa de accidente o de enfermedad aguda, en la cual la muerte expone a la persona a sufrimientos crueles. Se le da también el nombre de eutanasia médica, argumentando que debiera concederse a los médicos el derecho de suprimir rápidamente al enfermo sin esperanza alguna de salvación dándole sosiego y la calma que por medio de sustancias narcóticas y calmantes.(11)

Eutanasia eugénica y económica: Es aquella que consiste en provocar artificialmente, y en cierto modo violentamente, una muerte dulce y sin sufrimiento a todo ser humano por causa de nacimiento, deformidad adquirida, accidente desgraciado o enfermedad incurable, pueda degenerar la raza o causar molestias semejantes.(1,11)

Eutanasia legal: Se refiere a la reglamentación de la eutanasia terapéutica o eugénica, dentro de ésta existen las siguientes:

Eutanasia propiamente dicha: Esta es provocada de un modo voluntaria para evitar sufrimientos físicos del sujeto pasivo, la cual se equipara al homicidio piadoso.

Eugenesia o eutanasia eugénico-económica: Realizada con el fin de mejorar la raza, sin el consentimiento de la víctima.

Eutanasia omisiva u ortanasia: Consiste en dejar morir a un enfermo, sin administrarle los medios necesarios para alargarle la vida, en los casos en que la prolongación sólo se consiga de una forma artificial y precaria.(11)

Eutanasia autónoma: la provocación y preparación de la propia "buena muerte", sin la intervención de terceras personas.(11)

Eutanasia heterónoma: Resultante de la acción o participación de otra u otras personas. (11)


Dilemas eticos de la eutanasia 2.

En todos los Códigos de Deontología Médica de la Historia, se indica al médico que su misión es siempre la de curar o aliviar a sus enfermos, pero nunca provocarles deliberadamente la muerte. El médico debe guardar el máximo respeto hacia la vida humana. Citamos a continuación algunos ejemplos. (5, 15)

En el Juramento Hipocrático (460 a.c.) se dice de la siguiente manera: "Y no daré ninguna droga mortal a nadie, aunque me lo pidan, ni sugeriré un tal uso".

El Código Internacional de Deontología (Ginebra 1948; Sidney 1968. Adoptado por la OMS) traduce a un lenguaje actual las expresiones del Juramento Hipocrático, conservando el espíritu, de sus preceptos. En el párrafo nueve dice: "Guardaré el máximo respeto hacia la vida humana desde el momento de su concepción".

Recientemente, se aprobó en Madrid la última declaración sobre la eutanasia en el transcurso de la última reunión de la Asamblea Médica Mundial. En la misma se señala que "la eutanasia, es decir el acto deliberado de dar fin a la vida de un paciente, ya sea por su propio requerimiento o a petición de sus familiares, es contraria a la ética".

El vigente código de Deontología Médica, en su Capítulo XVII: Del respeto a la Vida, en su Art. 116 dice: "El médico está obligado a poner los medios preventivos y terapéuticos necesarios para conservar la vida del enfermo y aliviar sus sufrimientos. No provocará nunca la muerte deliberadamente, ni por propia decisión, ni cuando el enfermo, la familia, o ambos, lo soliciten, ni por otras exigencias".

En la mayor parte de los países, la eutanasia no está legalmente autorizada y no deja de ser un dato digno de atención que, hasta ahora, la mayoría de las asociaciones médicas se han pronunciado en contra de ella. La legitimidad o ilegitimidad moral de la eutanasia ha sido largamente debatida por filósofos, teólogos, eticistas y médicos, y sigue siéndolo. La posición de las personas respecto a la eutanasia está muy marcada por las tradiciones morales. Para la tradición moral judeo-cristiana, la proposición fundamental con respecto a la eutanasia es que toda vida humana es sagrada, es algo dado por Dios, por lo que no podemos disponer de ella; de allí la consecuencia normativa de no matar.

Los principales argumentos religiosos en contra de la eutanasia son: (16,17)

- La vida es un regalo de Dios y solo puede ser tomada por Dios.
- Los seres humanos son valiosos porque son hechos a imagen de Dios.
- Todas las vidas humanas son igualmente valiosas.
- El proceso de morir es espiritualmente importante y no debe ser perturbado.

También se esgrimen argumentos en contra de la eutanasia que no son de carácter religioso como: (18, 19)

- Al aceptar la eutanasia se acepta que algunas vidas son menos valiosas que otras.
- Podría no estar en el mejor interés de un paciente.
- Afecta los derechos de otras personas, no solo los del paciente.
- Un cuidado paliativo adecuado la hace innecesaria.
- Permitirla conducirá a un cuidado menos riguroso para el enfermo terminal.
- Expone a personas vulnerables a presiones para dar término a su vida.
- Es el comienzo de una pendiente resbaladiza que favorece eventuales abusos.
- Da mucho poder a los médicos.
- No hay una manera de regularla adecuadamente.
- La vida como un derecho inalienable, al optar por la eutanasia, estoy entregando mi libertad y al mismo tiempo acabando con ella, cuestión aún sin resolver.
- Existe una dificultad de toma de posición en el caso de los enfermos mentales.
- Las expectativas: ¿Cómo sé si aquella persona que hizo su testamento en vida autorizando ésta práctica no se arrepintió en el último momento?
- "mientras hay vida hay esperanza" dice un adagio popular, sin embargo, hay que analizar y desentrañar aún más el verdadero significado de esta frase, alguien podría decir, ¿y si al otro día se encuentra la cura contra ésta enfermedad?
- Los mismos ejecutantes podrían ser tomados como verdugos, lo que puede implicar en una sociedad como la nuestra, una pérdida de confianza en la persona tratante de mi enfermedad. (1)
- Podría aumentar el número de homicidios con máscara de eutanasia, con el sólo fin de cobrar jugosas herencias
- Podría aplicarse la eutanasia sólo para surtir el jugoso negocio del tráfico de órganos, lo que muestra que podría haber intereses económicos y políticos tras su aprobación.
- Podrían disminuir los recursos destinados a la cura de una enfermedad, ya que podría salir más económico dejar morir a las personas y con ello se disminuye así mismo, el esfuerzo de investigación en la medicina.
- Se puede perder la esperanza de vivir, si como viejos las personas son dejadas de lado, aisladas en asilos, como enfermos pueden ser eliminados simplemente.
- Deber cívico de permanecer vivo e inviolabilidad de la vida humana. (1)
- La decisión que conlleve al acto, es del todo irreversible.
- La defensa de la dignidad humana independientemente de las condiciones de vida o la voluntad del individuo implicado. (1)

Corrientes filosóficas que se sitúan fuera de las tradiciones religiosas, tienen un punto de vista favorable a la eutanasia, acentuando que sea para evitar el sufrimiento o basándose en el derecho de autonomía de las personas.

Algunos de los argumentos esgrimidos por estos son: (1)

- Las personas tienen derecho a decidir cuándo y cómo morir.
- Es cruel e inhumano negar a alguien morir cuando está sufriendo de modo intolerable.
- La muerte no es una cosa mala, de modo que adelantarla no es malo.
- Debe permitirse cuando está en el mejor interés de todos los involucrados y no viola los derechos de nadie.
- Puede proporcionar un modo costo-efectivo de atender a las personas que están muriendo.
- De todos modos ocurre en la práctica, de modo que es preferible que esté regulada.
- Tengo un derecho a disponer de mi propia vida, y puedo reivindicar la autonomía como parte integral de la dignidad humana y expresión de ésta.
- Una vida en determinadas condiciones es indigna, la imagen que proyecto ante los seres cercanos o aún en los otros, puede ser considerada como humillante e indigna.
- ¿Por qué aceptar una forma de existencia en circunstancias limitadísimas, sacrificando, en cierta forma, a parientes y amigos?
- Así como se tiene un derecho a vivir con dignidad, ¿por qué no tener un derecho a morir dignamente?
- No debe intentarse prolongar la vida cuando ésta no se pueda vivir, haciendo del paciente no un ser humano, sino un caso clínico interesante.
- ¿Es justo morir de un modo tan doloroso?

Nos dice Jiménez de Asúa, que ya existían códigos en orden al homicidio piadoso como el Código de Ticinio que dice expresamente que podría aplicarse "por horror de una muerte dolorosa, inevitable e inminente por efecto de una enfermedad incurable"; en el Código de Bulgaria se establecía una menor pena en caso del homicidio cometido "para satisfacer el deseo cometido del muerto" o "por compasión"; y el Código de Noruega de 1902 cuyo artículo 902 establece que la pena del homicidio podrá ser rebajada por debajo del mínimo, o conmutada por otra menos grave, cuando el culpable ha dado muerte por piedad a un enfermo en estado terminal sin opción de sobrevivir o ha contribuido a hacerlo.(20)

Continuando con Jiménez de Asúa, quien comentó que el Código de España de 1928 dictaminaba la condena al suicidio y al homicidio consentido, pero en su segundo párrafo del artículo 517 decía textualmente "los tribunales apreciando las condiciones personales del culpable, los móviles de su conducta y las circunstancias del hecho, podrán a su prudente arbitrio, imponer una pena inferior a la señalada para el delito".

Otro código europeo que sigue este criterio es el de Letonia de 1933 en su art. 434 dispone: "El que hubiere cometido un homicidio a petición insistente de la persona muerta, e impulsado por un sentimiento de compasión hacia ella, será penado con prisión. La tentativa es punible". Jiménez de Asúa comenta que la pena de prisión dura de dos semanas a un año. Prácticamente, el juez, puesto que puede condenar al mínimo de catorce días, tiene la facultad de perdonar en este caso. (20, 21)

El Código Penal ruso de 1903, contemplaba con un criterio atenuante el homicidio piadoso. El art. 460 imponía la pena de prisión por tres años como máximo al que hubiere cometido un homicidio a instancia del muerto o por piedad de él. El homicidio piadoso se hizo presente en el Código Penal de 1922, en cuyo art. 143 decía: El homicidio cometido por compasión, a solicitud del que es muerto, está exento de pena".

El Código Penal danés de 1930 en el art. 240 dice: "El que haya ayudado a una persona a suicidarse será penado con multa o con detención simple. Si el acto ha sido cometido por motivos de interés personal, la pena aplicable será la de prisión, por una duración que puede elevarse a tres años". El art. 239 de dicho código dice textualmente: "El que mate a otra persona a petición expresa de ella será penado con prisión, por una duración que puede elevarse a tres años, o con detención simple, por una duración de sesenta días como mínimo". (20, 21)

En Alemania en 1909 se propuso que toda persona atacada de enfermedad incurable tenía derecho a la eutanasia, para lo cual debía dirigir la correspondiente petición al tribunal competente, quien decidiría sobre la procedencia de dicho derecho, pero nunca pudo proceder. En 1933, un ministro de Justicia compuso un esquema de un código penal nacionalista, que jamás adquirió valor legislativo entre las que destacaba la autorización para poner fin a la tortura de los enfermos incurables, siempre que fuese aplicada a petición del doliente o de su familia. (20, 21)

De los países de América Latina (20, 21, 22), el primero en considerar que se quedaran como impune la ayuda piadosa al suicidio, fue Perú, siempre y cuando los motivos por los cuales se ayude a un tercero a un suicidio no sean personales, sino por el sentimiento de ayudar. Así lo expresa su Art. 157: "El que por un móvil egoísta instigare a otro al suicidio o le ayudare a cometerlo será reprimido…".

En Uruguay se pone implícita la figura de la eutanasia en el Código de 1933 donde claramente aparece como causa de impunidad: "Los jueces tienen la facultad de exonerar de castigo al sujeto de antecedentes honorables, autor de un homicidio efectuado por piedad, mediante súplicas reiteradas de la víctima".

El Código Penal de Colombia de 1936 también faculta para perdonar en caso de homicidio piadoso. Aquí el art. 364 establece: "Si se ha causado el homicidio por piedad, con el fin de acelerar una muerte inminente o de poner fin a graves padecimientos o lesiones corporales, reputadas incurables, podrá atenuarse excepcionalmente la pena, cambiarse el presidio por prisión o arresto y aun aplicarse el perdón judicial". (23)

En Cuba era un atenuante la práctica de la eutanasia, en el Código de Defensa Social de Cuba de 1936 se señalaba: "Se impondrá prisión de uno a seis años… a quien lo cometiere movido por un sentimiento de piedad ante el dolor físico de la víctima, si fuera intolerable y las circunstancias evidenciaran la inutilidad del auxilio para salvar la vida del sufriente". En el actual Código Penal esta se considera un homicidio y se sanciona como tal. (21, 22, 23)

Brasil y Costa Rica presentan legislaciones similares a la de Cuba de 1936, donde en ningún caso quedaba impune, aunque se minimiza la pena. (21, 22, 23)

La eutanasia en Holanda fue introducida en el 2000 para los enfermos crónicos mayores de edad capaz de entender, querer y hacerlo por requerimiento escrito. Aprobada la ley, los promotores hicieron notar que también los menores de edad pueden sufrir en modo atroz. Así, en 2002, la posibilidad de pedir la eutanasia se extendió a los adolescentes por encima de los doce años, considerados capaces de dar consentimiento en una sociedad en la que se crece deprisa. En 2004 se "traspasó el último límite" en Holanda, extendiendo la eutanasia a los niños menores de doce años, para lo que basta el asentimiento de los médicos y de los progenitores. Comentaba entonces la Santa Sede: "es fácil prever, asimismo, que el deslizamiento por el plano inclinado de la eutanasia proseguirá durante los próximos años hasta incluir a los pacientes adultos considerados incapaces de solicitar el consentimiento".

En el 2006 la profecía se cumplió: el Parlamento holandés discutió la extensión de la eutanasia al demente, reservando la decisión a los médicos. Cuando se presentó esta propuesta de ley, el entonces ministro Giovanardi evocó las leyes nazis, aunque alguno de sus aliados parlamentarios pensó que debía pedir perdón a Holanda. Pero la realidad es que el documento pontificio de 2004 se remontaba al "proceso de Nuremberg" en el que se votó contra la matanza de disminuidos y enfermos mentales. (10)

La eutanasia y la ayuda médica al suicidio están poniendo a prueba con tensión creciente la verdadera humanidad de los médicos y la de todos los hombres. Para superar esa prueba tiene el médico el apoyo firme de la ética intemporal que se inscribe en la misma naturaleza del acto médico. Y tiene la ayuda de Dios, que a todos nos da la gracia de venerar y amar la vida de todos. Juan Pablo II nos dice que en el corazón del hombre, está inscrita desde el principio la conciencia de la sacralidad e inviolabilidad de la vida [xi]. (24)

Para los médicos el tema de la eutanasia es más delicado y sensible que para quienes no lo son, para nosotros la eutanasia ha estado explícitamente prohibida conforme a la tradición hipocrática de más de dos milenios.

Una cosa es pronunciarse en abstracto sobre la eutanasia y, otra, tener que aplicarla en la vida real. Seríamos los médicos y no los filósofos o bioeticistas los llamados a llevar a cabo la eutanasia en situaciones concretas, con la consiguiente carga moral, psicológica y emocional que ello significa. Parece duro y agraviante para la medicina visualizar un médico que, intencionalmente, da término a la vida de otra persona, porque resulta contradictorio si tenemos claro que nuestro primer deber es salvar vidas. El médico ha sido formado y entrenado para salvar vidas y no para darles término. Por eso nos es difícil aceptar que el alivio del sufrimiento se tenga que lograr a costa de dar término intencionado a la vida de una persona; nos parece que esto es lo que marca exactamente el límite de lo que el médico puede legítimamente hacer para evitar el sufrimiento de un enfermo.

Se ha argumentado que, en conformidad con el principio de beneficencia, también es un objetivo de la medicina evitar el sufrimiento en enfermos irrecuperables, por ejemplo, a través de la eutanasia. Sin embargo, la medicina dispone de recursos terapéuticos poderosos que permiten aliviar los dolores y angustias de los enfermos terminales, sin necesidad de transgredir su propósito central. Podrán haber excepciones, pero en la práctica, es difícil imaginar una situación clínica en que el médico no pueda hacer nada por aliviar a un paciente de sus sufrimientos, que no sea provocándole la muerte.

Existen autores que justifican y aprueban la práctica de la eutanasia y emiten los criterios por los cuales no la consideran antiética. Entre ellos tenemos a Martín Diego Farrel quien dice que la eutanasia está justificada, es decir, se utiliza este término de justificación, porque no se acepta la práctica de matar, entonces resultaría extraño que una persona requiera o consienta su propia muerte. Pero "todos sabemos que la vida de una persona pueda resultar insoportable por el predominio en ella del dolor sobre el placer". "Así es que acepta que se pueda terminar con la propia vida al no ser dañoso para los terceros, así se aceptaría que en aquellas circunstancias en los cuales la terminación de la vida del otro por él mismo no sería dañoso". Aduce que la solución contraria implicaría una actitud paternalista ("yo sé mejor que ustedes lo que les conviene"). A las conclusiones que llega Farrel son: (19)

- La eutanasia, entendida como el privar de la vida sin sufrimiento físico a otra persona, a su requerimiento o con su consentimiento y en su interés, es moralmente aceptable.
- Se supone que el médico debe coincidir con el enfermo respecto de cuál es el interés de éste. Si el médico sabe que es curable la enfermedad que el paciente cree incurable, obviamente este requisito no se cumple.
- No hay diferencia moral entre la eutanasia activa y la pasiva, entre matar y dejar morir. Al contrario: muchas veces el dejar morir tiene menos fundamento moral que el matar.
- Si se cumplen los recaudos que indican que estamos en presencia de un caso de eutanasia, el médico tiene la obligación moral de acceder al requerimiento de su paciente.
- Jurídicamente, el médico no debería estar obligado, sino meramente facultado, para acceder al requerimiento del paciente.
- En los casos en que el consentimiento no puede ser prestado sea por falta de edad o estado de inconciencia, la eutanasia (involuntaria) se justifica si quien tiene a su cargo los intereses del sujeto pasivo; efectuando un cálculo utilitarista restringido, encuentra aconsejable practicarla. Dos médicos deben coincidir con él.
- En una primera etapa, sólo se debería desincriminar los casos de eutanasia en que mediaran requerimiento o consentimiento. La desincriminación del segundo tipo de casos debería dejárselo para una etapa legislativa posterior.

De acuerdo con esta forma de pensar se encuentran los proeutanásicos citados por Roger Rodríguez Iturri, los cuales aceptan la licitud de la eutanasia, pues el "agente homicida”, no obra por otra consideración que no sea la irrefrenable piedad que le genera otro hombre. Él nunca hubiera matado, si las circunstancias no le hubiesen demandado que manifiesten su piedad. (19)

Ferrando sostiene:"(…) Los casos de muerte por piedad no son punibles, por la irresponsabilidad de un acto pasional que entra en la patología, como el raptus de un hipermaníaco (…), (…) no es ésta una forma definida de enfermedad mental, pero determina estados transitorios de incapacidad psíquica, que privan de la posibilidad de obrar conforme a un razonable examen de motivos. Se propicia, pues, la total irresponsabilidad del agente activo de eutanasia al momento del homicidio, con el afán de eliminarle la imputabilidad". De la misma opinión es Eduardo Liñan. (19)

El morir dignamente sería entonces el morir libre de dolor, con los analgésicos y tranquilizantes necesarios para el desasosiego y con el suministro de medicamentos que se requieran contra las incomodidades que se puedan presentar, eliminando en lo posible el sufrimiento de toda índole, siendo respetado y tratado como ser humano, cumpliendo con las condiciones planteadas en el punto anterior. Aunque no solamente reduciendo el dolor, lo que vale es una vida con cierta autonomía y libertad. El morir dignamente es que se respete la dignidad del moribundo, existen procesos de fallecimiento en que medidas de encarnización médica entran en conflicto con la dignidad de la persona, no se debe, entonces, anteponer el tratamiento médico a la dignidad de la persona, hay casos en que el paciente anhela de alguna manera la muerte, pero por causa de la intromisión médica, escudada en un deber moral, el paciente debe soportar una degradación tan grande que no la iguala lo terrible que podría ser el camino hacia la muerte, destruyéndose la dignidad de la persona, por lo cual éstas medidas ya no conservan un ser humano, sino lo que hemos llamado mejor: una piltrafa humana. Lo que debe preservar el médico es al ser humano integral y no solamente una mera existencia vegetativa. (3, 6, 7, 23, 25)

Pedro Arturo Cruz Prada (20) es de la opinión de que al aprobar la eutanasia un estado, se deben tener en cuenta aspectos como los siguientes:

- El testamento en Vida ( o testamento vital) : Un testamento vital es un documento en el que el interesado expresa sus voluntad sobre las atenciones médicas que desea recibir en caso de padecer una enfermedad irreversible o terminal que le haya llevado a un estado que le impida expresarse por sí mismo. Puede realizar su propio testamento vital personalizado, con las indicaciones y razonamientos que considere pertinentes. De este tipo de documentos existen muy variadas versiones, existen fundaciones en muchos países que asesoran a cualquier persona sobre este aspecto, de acuerdo con las leyes vigentes en cada país. Los argumentos que podrían estar a favor de ello pueden ser: El promedio de esperanza de vida ha aumentado enormemente en los países más prósperos (y aún en países menos prósperos), ello nos beneficia mientras gozamos de un buen estado de salud. Pero los avances médicos, que han supuesto una gran mejora para la salud, pueden servir también para alargar el proceso de la muerte. En teoría, se necesita nuestro consentimiento para que se nos administre un tratamiento, pero la mayoría de la gente acepta automáticamente lo que el médico le suministra. Hay quien pasa meses, incluso años, con una calidad de vida tan pobre que llega a desear vehementemente morir. Lo que la mayoría de la gente desea en todos aquellos lugares en que se han realizado encuestas, la mayoría de la gente piensa que se debería permitir que los médicos pudiesen ayudar a morir a un paciente incurable si el paciente lo solicita ( En Colombia, La Ley 23 de 1981 Decreto 3380/81 dicta algunas normas en materia de ética médica relacionadas con este aspecto).
- Se debería tener en cuenta el derecho a la intimidad. Y a la hora de legislar sobre la Eutanasia, habría de considerarse este derecho relacionado.
- Tener en cuenta, el derecho a la libre disposición del cuerpo, como lo reconoce el derecho consuetudinario y reconocerle, así mismo, la posibilidad de la autonomía sobre su vida al ser humano.
- Deben tenerse en cuenta o aplicarse los mismos principios a un paciente mentalmente capacitado que a otro afectado de muerte cerebral, en estado vegetativo persistente, o en estado grave e irreversible de demencia. Esto porque podría caerse en una "eutanasia social" donde los desechables pueden ser eliminados muy suavemente, sin condenas morales y desconociéndoles de alguna manera sus más elementales derechos.
- La aplicación continuada de medios extraordinarios para alargar la vida (¿o la agonía?) es una violación de los derechos constitucionales del paciente (o quien lo represente), sería ir contra la dignidad de la persona y contra su intimidad.
- Si se hablase de pacientes mentalmente incapacitados para tomar una decisión de este tipo, ésta debe apoyarse en el principio de subrogación para proteger los derechos de autodeterminación y el bienestar del afectado directamente. Sin embargo, aquí podría caerse en el horroroso camino de decidir quien y como vive alguien al poder plantear la ley que si una persona no puede volver a tener una existencia "normal" consciente, íntegra y útil (en los mejores términos del utilitarismo) , significaría que sólo una vida "normal, íntegra y útil" es digna de protección legal. Serían los riesgos de las personas de determinada edad, o los llamados desechables. Más aún, la pérdida de confianza en el médico o personal de la salud. A esto se contrapone que el simple hecho de que las funciones del paciente sean limitadas o que el pronóstico médico sea negativo, no implica que pueda disfrutar de lo que le queda de vida, ni que todos tengamos que ser homogéneos.

- Se debe tener en cuenta el interés del paciente, cuando éste no haya decidido algo en condiciones de vida normales anteriores, en el interés del paciente, se hallarían implícitos aspectos como la calidad de la vida y la edad.
- Sería aconsejable que los hospitales tuviesen comisiones éticas a la hora de tener que tomar decisiones de ésta índole, para aconsejar a los pacientes, si se puede, a los familiares y a los médicos y puedan establecer directrices hospitalarias sobre el trato a los moribundos. Idealmente, sería aconsejable que estas comisiones fueran interdisciplinarias, con médicos, abogados, psicólogos, enfermeras y sacerdotes entre otros.


Dilemas eticos de la eutanasia 3.

Aún existen muchos aspectos indeterminados en torno a la Eutanasia, cabe mencionar algunos como la dignidad humana y la autonomía, el no tomar al ser humano desde un punto de vista eminentemente biológico, la calidad de la vida y la libertad de elección y no podemos olvidar la ambigüedad a la que se puede llegar con su eventual legalización.

Hemos mencionado la dignidad humana en varias ocasiones, hagamos entonces un análisis de este aspecto.

Con el fin de profundizar el significado de este vocablo y lograr una mayor comprensión del origen e importancia del concepto de dignidad humana, me voy a remitir a un autor clave, fundamental, del que arranca directamente la concepción actual del concepto de dignidad humana, este es Kant. El filósofo de Könisberg, en sus obras "Fundamentación de la metafísica de las costumbres" y "Principios metafísicos del Derecho" utiliza, como soporte de la dignidad de la persona humana el argumento según el cual "...Los seres cuya existencia no descansa en nuestra voluntad, sino en la naturaleza, tienen, cuando se trata de seres irracionales, un valor puramente relativo, como medios, y por eso se llaman cosas; en cambio, los seres racionales se llaman personas porque su naturaleza los distingue ya como fines en sí mismos, esto es, como algo que no puede ser usado como medio y, por tanto, limita, en este sentido, todo capricho (y es objeto de respeto). Estos no son pues, meros fines subjetivos, cuya existencia, como efectos de nuestra acción, tiene un valor para nosotros, sino que son fines objetivos, esto es, realidades cuya existencia es en sí misma, un fin...".

Ese elemento teleológico, no puramente negativo, consustancial a la dignidad de la persona humana es la que permite afirmarla como sujeto. La dignidad significa para Kant -tal y como expresa en la "Metafísica de las costumbres"- que la persona humana no tiene precio, sino dignidad: "Aquello -dice Kant- que constituye la condición para que algo sea un fin en sí mismo, eso no tiene meramente valor relativo o precio, sino un valor intrínseco, esto es, dignidad".

También es importante recordar lo expresado por el filosofo Jacques Maritain en su obra "Los derechos del hombre y la ley natural", en esta nos explica el significado de la dignidad del hombre según la perspectiva de la filosofía cristiana, expresando "...decir que el hombre es una persona, es decir que en el fondo de su ser es un todo, mas que una parte. Este misterio de nuestra naturaleza es el que el pensamiento religioso designa diciendo que la persona humana es la imagen de Dios. El valor de la persona, su libertad, sus derechos, surgen del orden de las cosas naturalmente sagradas que llevan la señal del Padre de los seres. La persona tiene una dignidad absoluta porque esta en relación directa con lo absoluto...". (26)

A la vez que forma parte del mundo, el hombre lo trasciende y muestra una singular capacidad - por su inteligencia y por su libertad - de dominarlo. Y se siente impulsado a la acción con esta finalidad. Podemos aceptar por tanto que el valor del ser humano es de un orden superior con respecto al de los demás seres del cosmos. Y a ese valor lo denominamos "dignidad humana". (26)

También encontramos el concepto emitido en Referencias definición (27) que plantea:

Dignidad Humana: Inviolabilidad de cada persona, reconocimiento de que no puede ser utilizada o sacrificada por los demás como un mero instrumento para la realización de fines generales. Es además el reconocimiento de la autonomía de cada cual para trazar sus propios planes en la vida y sus propios baremos de excelencia sin otro límite que el derecho semejante de los otros a la misma autonomía y el reconocimiento de que cada cual debe ser tratado socialmente con su conducta, mérito o demérito personales, y no según aquellos factores aleatorios que no son esenciales a su humanidad: raza, etnia, sexo, clase social, etc.

La dignidad propia del hombre es un valor singular que fácilmente puede reconocerse. Lo podemos descubrir en nosotros o podemos verlo en los demás. Pero ni podemos otorgarlo ni está en nuestra mano retirárselo a alguien. Es algo que nos viene dado. Es anterior a nuestra voluntad y reclama de nosotros una actitud proporcionada, adecuada: reconocerlo y aceptarlo como un valor supremo (actitud de respeto) o bien ignorarlo o rechazarlo.

Este valor singular que es la dignidad humana se nos presenta como una llamada al respeto incondicionado y absoluto. Un respeto que, como se ha dicho, debe extenderse a todos los que lo poseen: a todos los seres humanos. Por eso mismo, aún en el caso de que toda la sociedad decidiera por consenso dejar de respetar la dignidad humana, ésta seguiría siendo una realidad presente en cada ciudadano. Aún cuando algunos fueran relegados a un trato indigno, perseguidos, encerrados en campos de concentración o eliminados, este desprecio no cambiaria en nada su valor inconmensurable en tanto que seres humanos.

Por su misma naturaleza, por la misma fuerza de pertenecer a la especie humana, por su particular potencial genético - que la enfermedad sólo es capaz de esconder pero que resurgirá de nuevo si el individuo recibe la terapéutica oportuna -, todo ser humano es en sí mismo digno y merecedor de respeto.

La preocupación por la dignidad de la persona humana es hoy universal: las declaraciones de los Derechos Humanos la reconocen, y tratan de protegerla e implantar el respeto que merece a lo largo y ancho del mundo. Los errores que pueda haber en la formulación de esos derechos no invalidan la aspiración fundamental que contienen: el reconocimiento de una verdad palmaria, la de que todo ser humano es digno por sí mismo, y debe ser reconocido como tal. El ordenamiento jurídico y la organización económica, política y social deben garantizar ese reconocimiento. (25, 28, 29)

Cuanto más fijamos la mirada en la singular dignidad de la persona, más descubrimos el carácter irrepetible, incomunicable y subsistente de ese ser personal, un ser con nombre propio, dueño de una intimidad que sólo él conoce, capaz de crear, soñar y vivir una vida propia, un ser dotado del bien precioso de la libertad, de inteligencia, de capacidad de amar, de reír, de perdonar, de soñar y de crear una infinidad sorprendente de ciencias, artes, técnicas, símbolos y narraciones.

Por eso, dignidad, en general y en el caso del hombre, es una palabra que significa valor intrínseco, no dependiente de factores externos. Algo es digno cuando es valioso de por sí, y no sólo ni principalmente por su utilidad para esto o para lo otro. Esa utilidad es algo que se le añade a lo que ya es. Lo digno, porque tiene valor, debe ser siempre respetado y bien tratado. En el caso del hombre su dignidad reside en el hecho de que es, no un qué, sino un quién, un ser único, insustituible, dotado de intimidad, de inteligencia, voluntad, libertad, capacidad de amar y de abrirse a los demás.(30)

De esta dignidad se derivan varios principios:

Principio de respeto. La primera actitud que sugiere la consideración de la dignidad de todo ser humano es la de respeto y rechazo de toda manipulación: frente a él no podemos comportarnos como nos conducimos ante un objeto, como si se tratara de una "cosa", como un medio para lograr nuestros fines personales.
Principios de no-maleficencia y de beneficencia. «En todas y en cada una de tus acciones, evita dañar a los otros y procura siempre el bienestar de los demás».
Principio de doble efecto: «Busca primero el efecto beneficioso. Dando por supuesto que tanto en tu actuación como en tu intención tratas a la gente con respeto, asegúrate de que no son previsibles efectos secundarios malos desproporcionados respecto al bien que se sigue del efecto principal».
Principio de Integridad. «Compórtate en todo momento con la honestidad de un auténtico profesional, tomando todas tus decisiones con el respeto que te debes a ti mismo, de tal modo que te hagas así merecedor de vivir con plenitud tu profesión». Ser profesional no es únicamente ejercer una profesión sino que implica realizarlo con profesionalidad, es decir: con conocimiento profundo del arte, con absoluta lealtad a las normas deontológicas y buscando el servicio a las personas y a la sociedad por encima de los intereses egoístas.
Principio de Justicia. «Trata a los otros tal como les corresponde como seres humanos; sé justo, tratando a la gente de forma igual. Es decir: tratando a cada uno de forma similar en circunstancias similares».
Principio de Utilidad. «Dando por supuesto que tanto en tu actuación como en tu intención tratas a la gente con respeto, elige siempre aquella actuación que produzca el mayor beneficio para el mayor número de personas».

Basados en lo anterior muchos esgrimen a la eutanasia como el arma ideal para no dejar que aquellos que aquejan enfermedades incurables lleguen a “perder su dignidad”, otros en cambio abogan por una atención adecuada, rodeada de cariño, con alivio del dolor que no le resta dignidad, al contrario hace este proceso mas llevadero y digno.(6,7,10)

Arturo Ramos (31) opina: “Pero hay muchos modos de entender la dignidad humana, según la mentalidad de cada época, cada sociedad, o cada persona. No obstante, pienso que se pueden hacer algunas consideraciones, para intentar comprender qué quieren decir los políticos, cuando hablan de dignidad humana, o qué deberían querer decir. Para ello, en primer lugar hay que preguntarse: ¿En qué consiste o qué es la dignidad humana? Entiendo que la dignidad humana consiste esencialmente en el profundo respeto hacia sí mismo y hacia los demás. Evidentemente, si el ser humano comienza por no respetarse a sí mismo, y se auto-desprecia, no puede pretender poseer la dignidad necesaria para desenvolverse en sociedad con naturalidad, y mantener unas relaciones humanas plenas y respetuosas con otras personas. Por otra parte, un hombre que no sabe o no quiere respetar a los demás, se convierte en indigno de ser apreciado y respetado…Una exigencia fundamental de la dignidad humana es la responsabilidad. Sin ella, no es posible tampoco tener dignidad y que se la respeten a uno los demás. El ser humano debe ser plenamente responsable de sus obras y de sus actos, puesto que, a mayor responsabilidad, más dignidad se posee. Otra cosa es que todo ser humano sea digno de respeto por el hecho de ser persona, independientemente de su grado de responsabilidad, o de la situación de indigencia material o moral, en la que se encuentre. Por desgracia, hay casi infinitas maneras de perder la dignidad, que tienen que ver con las diversas vicisitudes que la vida humana nos presenta a cada uno, y ante las cuales debemos reaccionar adecuadamente, para no perderla.

La dignidad humana no debe confundirse con la calidad de la misma, según Bucci (17) la vida humana es digna no es digna porque tenga ciertas cualidades físicas o psíquicas; por el contrario, precisamente, porque la vida tiene su propia dignidad interior, un significado inmanente, se debe hacer todo lo posible por darle calidad, por llenarla de bienes incluso teniendo que renunciar uno mismo a parte del propio tiempo, salud, bienestar a favor de los hermanos.

Muchos, basados precisamente en la dignidad humana, apoyan el uso de la eutanasia, pero otros, por suerte la mayoría, hablan de cuidados paliativos, cuidados al enfermo terminal, abogando por el uso de medicamentos que alivien el dolor, una asistencia médica y social adecuada sin encarnizamiento terapéutico y sin causarle la muerte, es esta la opinión mas generalizada en torno a la eutanasia tanto dentro del personal medico como no medico. (2, 5, 6, 7, 10, 11, 12, 13, 14, 17, 19, 20, 24, 26, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 38, 39, 40, 41)

Clowes (42) se aferra a si tiene sentido el sufrimiento humano y defiende la sedación terminal.

Algunos de los dilemas fundamentales que se plantean en cuanto a la eutanasia son:

- ¿Es ético provocar la muerte a un ser humano porque esté enfermo o discapacitado?
- ¿Puede disponer una persona, basados en el principio de la autonomía, el momento en que debe morir?
- ¿Tiene derecho una persona a pedir a otra, en este caso a un médico, que le provoque la muerte?
- ¿La dignidad humana se pierde con una enfermedad incurable o discapacitante?
- ¿Puede el hombre predecir los resultados de la despenalización y/o legalización de la eutanasia?

CONCLUSIONES

Hasta el momento me he limitado a exponer los criterios de algunos autores con los que puedo o no estar de acuerdo, manifestando algunos criterios propios, a continuación emito mi opinión personal y médica, sobre la eutanasia.

No concibo a un médico que esté de acuerdo en aplicar la eutanasia, ese no es el fin de la medicina, nos formamos con la ilusión y el deber de salvar vidas, no para segarlas por el simple hecho de que padezcan una enfermedad incurable o incapacitante.

Analizando los principios de la bioética considero:

Beneficencia: Nunca haremos un bien arrancando la vida a un ser humano, ni aun cuando sea por piedad. Lograremos cumplir este postulado si le atendemos con amor y dedicación, mitigando sus dolores, ofreciéndole compañía, haciéndole sentir que aun en sus condiciones tiene gran valor para nosotros y la sociedad, que el hecho de estar enfermo no le quita su condición humana y por tanto su valor intrínseco.

No maleficencia:
Si el mayor bien que poseemos es la vida y actuamos contra ella, ¿cómo podemos hablar de no maleficencia en la eutanasia? Sería por tanto antiético e iría contra los valores más dignos del ser humano.

Justicia:
Si todos tenemos los mismos derechos seria justo que por el simple hecho de estar enfermo y no ser “socialmente útil” nos “eliminen” de la sociedad.

Autonomía: He escuchado a algunas personas sanas comentar que el día que se enfermen no desean ser un peso para su familia y prefieren morir, muchas de ellas las he visto enfermar gravemente, sin esperanzas de curación y han luchado contra la muerte hasta el final, apoyados por su familia, sin mencionar el deseo de que le provoquen la muerte. Considero que el deseo de morir acude en aquellos que no son atendidos correctamente y en los que la familia realmente los hace sentir una carga pesada, por tanto podríamos preguntarnos si esa decisión es realmente fruto de lo que realmente desea esa persona o de lo que le hacemos sentir. Los cuidados paliativos en los estadios finales de la vida no solo deben darse en el seno familiar, deben socialmente existir redes de apoyo que brinden no solo la asistencia sanitaria sino también aquella que en lo psicológico atienda al enfermo unido a su condición cultural y espiritual.

Considero que despenalizar y/o legalizar la eutanasia es un error que se pagará muy caro por la humanidad, aun con las regulaciones que muchos autores proponen ya se ha visto que en aquellos países que lo han hecho se viola flagrantemente lo establecido y se utilizan estos procederes en casos que no caen dentro de los permitidos, incluyendo niños y enfermos mentales que no poseen la capacidad para dar un consentimiento válido y a los que obviamente no se les solicita el mismo.

Podría emitir muchos criterios pero prefiero solo agregar lo que ha quedado implícito en mis opiniones anteriores:

No estamos de acuerdo con la eutanasia, ni como ser humano, ni como médico ni como católicos, nos sumamos a los que luchan en todos los rincones del mundo por la vida y en contra de este flagelo que se llama eutanasia.

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41- Bembibre Taboada RM. Aspectos éticos-bioéticos en la atención del paciente crítico. Rev Cubana Med 2003; 4281):5-11
42- Clowes B. ¿Tiene sentido el sufrimiento humano?. [Monografías en Internet]. 2007[citado. 13 ab 2007]. Disponible en: http://www.vidahumana.org/vidafam/eutanasia/sufrimiento.html

Autores:

Dra. Nurmy C. Martínez Zamora.

Especialista de Primer Grado en Medicina General Integral.
Especialista de Primer Grado en Medicina Legal.
Profesor Instructor. ISCM-VC

Dr. Baldomero H. Loy Vera.
Especialista de Primer Grado en Medicina General Integral.
Especialista de Primer Grado en Medicina Legal.
Profesor Instructor. ISCM-VC

Dra. Bárbara R. Lugo Jáuriga.
Especialista de Primer Grado en Medicina General Integral.
Especialista de Primer Grado en Medicina Legal.

Santa Clara. 2007. HOSPITAL UNIVERSITARIO “ARNALDO MILIAN CASTRO”.