Insulina e Hipoglicemiantes Orales. Tipos de Insulinas. Acciones fundamentales sobre las alteraciones metabólicas presentes en la Diabetes Mellitus. Mecanismo de acción. Efectos indeseables. Vías de administración. Hipoglicemiantes Orales: sulfonilureas. Mecanismo de acción. Efectos indeseables. Interacciones. Usos terapéuticos y contraindicaciones. Preparados y vías de administración. Nuevas estrategias farmacológicas y tratamiento de las complicaciones diabéticas
Debido a las “presiones” que el Sistema Sanitario, ejerce sobre los Laboratorios de Análisis Clínicos, para que proporcionen resultados con la mejor calidad, un menor tiempo de respuesta y un menor coste económico posible, esto es, llevar a cabo una analítica con máxima eficiencia, los profesionales sanitarios están buscando soluciones que les permitan afrontar estos nuevos retos.
Hemos querido hacer una “Guía Práctica” de “Manejo” de los Marcadores Bioquímicos Cardíacos en la Medicina Clínica. Hasta la fecha, hemos observado que pocos profesionales sanitarios y autores, se ponen de acuerdo en la Cinética de los Marcadores Bioquímicos Cardíacos. También hemos observado, que algunos médicos, de los Servicios de Urgencias, Intensivos y Cardiología no se ponen de acuerdo en la Interpretación Clínica de estos Marcadores Bioquímicos Cardíacos.
Las lipoproteínas son complejos macromoleculares que transportan los lípidos plasmáticos hidrófobos, en especial el colesterol y los triglicéridos, en el plasma. Más de la mitad de las cardiopatías coronarias (CPC) en Estados Unidos son atribuibles a las alteraciones de las concentraciones y del metabolismo de los lípidos y las lipoproteínas plasmáticas.
Un porcentaje, no despreciable, de los pacientes con Infarto Agudo de Miocardio: o no presentan sintomatología (sobre todo, diabéticos o personas mayores), o la sintomatología es atípica, con dolores referenciados a otros órganos. Así mismo, el electrocardiograma (ECG) de algunos pacientes con Infarto Agudo de Miocardio: o son normales, o muestran tan solo cambios específicos de repolarización. Esto hace que un grupo de los pacientes, que sufre un Infarto Agudo de Miocardio, quede fuera de la definición del mismo, marcada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por otra parte, la incorporación de Nuevos Marcadores Bioquímicos Cardíacos Séricos más sensibles y específicos (Troponina de segunda generación) y capaces de detectar “cantidades ínfimas de necrosis”, ha conducido a situaciones en que las enzimas cardíacas clásicas son normales (creatinfosfoquinasa (CK) Total y creatinfosfoquinasa (CK)-MB), pero se detecta una elevación en sangre de estos Nuevos Marcadores Cardíacos (Troponina de segunda generación).
Antecedentes personales: Alergia primaveral. Intervenida de hernia inguinal en la infancia. No reacciones alérgicas medicamentosas (RAM). Evolución: presenta desde 48 horas antes del ingreso, un cuadro de febrícula, asociado a mialgias generalizadas.Presenta, la noche del ingreso un cuadro de dolor centro-torácico, opresivo, con irradiación al cuello y ambos brazos, con empeoramiento marcado con la inspiración profunda y con el decúbito.
Durante el estadio inicial de la fase aguda de la Lesión Miocárdica Mayor (Necrosis Miocárdica) por infarto de miocardio (IAM), la obstrucción completa de la arteria productora del infarto provoca una elevación del segmento ST. La mayoría de los pacientes que presentan esta elevación inicial del segmento ST, manifiestan luego ondas Q en el electrocardiograma (ECG) y terminan por ser diagnosticados de Infarto de Miocardio con persistencia de la onda Q.
Un problema se plantea desde varios años en el ejercicio de la profesión médica para los médicos clínicos y/o cardiólogos en cuanto a la evaluación del riesgo de una cirugía. En la década de los 80, el cirujano asumía la responsabilidad de la cirugía y solicitaba al cardiólogo que le autorice o no la misma. En la década del 90, se delega esa responsabilidad en cierta forma al Internista o cardiólogo, pero no podemos los clínicos responder el riesgo de una cirugía según la habilidad del cirujano en operar o la del anestesiólogo en el manejo de las drogas anestésicas y en la buena ventilación del paciente. Sí podemos actuar como consultores en determinar si el paciente que va a cirugía tiene o no cardiopatía y el grado de la misma, porque en última instancia, cuando alguien fallece en un acto quirúrgico o perioperatorio, es porque “no resistió su corazón”. En la actualidad, se considera que es el anestesiólogo quien debe determinar un riesgo quirúrgico definitivo.”La evaluación preanestésica es responsabilidad del anestesista”. Como parte de esa evaluación, el anestesiólogo consulta a otros especialistas, entre ellos, el cardiólogo.
Hoy sabemos que las manifestaciones clínicas de la aterosclerosis dependen, tanto de las características biológicas de la placa de ateroma, como del grado de afectación de la luz. Este mayor conocimiento de la biología de la placa, permite dilucidar las diversas vías por las que la aterosclerosis se manifiesta clínicamente, y explica por qué la enfermedad puede permanecer silente o estable durante periodos prolongados y presentar complicaciones agudas en momentos concretos. El mayor conocimiento de la aterogénesis, permite profundizar en la forma en que los tratamientos actuales pueden mejorar el resultado final, a la vez que sugiere los nuevos objetivos de las intervenciones futuras.
El médico se enfrenta a un misterioso y creciente conjunto de Marcadores de Riesgo Coronario, entre los que se encuentran: el fraccionamiento por tamaños de partículas LDL (lipoproteínas de baja densidad) [serían más peligrosas las partículas de LDL oxidada (LDLox), con un tamaño < 250 Å] o la medición de las concentraciones de Homocisteína, lipoproteína A (Lp (a)), Fibrinógeno, PCR ultrasensible o PAI-1. En general, estas pruebas añadirían poca información a la ya conseguida, con una buena anamnesis, una exploración física y las determinaciones de lipoproteínas plasmáticas y de la glucemia en ayunas. No obstante, es importante esperar que se investigue la importancia de marcadores como la PCR ultrasensible, para valorar posibles Riesgos Cardiovasculares en la población en general o en pacientes de alto riesgo.
La insuficiencia cardiaca crónica (ICC) es la manifestación más importante y frecuente de cualquier tipo de enfermedad cardiovascular. Es en general, fácil de reconocer en la práctica clínica, pero difícil de definirla en forma comprensible. Recientemente, la Sociedad Europea de Cardiología, en sus guías la define también como un síndrome clínico, con la presencia de síntomas (disnea como lo más característico o fatiga) o signos clínicos (edema en alguna forma) y evidencia objetiva de alteración cardiaca (pericárdica, miocárdica, valvular o arrítmica). En el diagnóstico de insuficiencia cardiaca crónica se exige la demostración de una alteración de la función ventricular, siendo esta sistólica o diastólica y siendo la ecocardiografía Doppler transtorácica la técnica convencional de elección, ya que la mayoría de los enfermos tienen disfunción ventricular.
Pautas de reconocimiento y manejo de las arritmias ventriculares, que son las que se producen desde el haz de Hiss hacia abajo, considerando de importancia la siguiente clasificación: arritmias ventriculares no sostenidas y arritmias ventriculares sostenidas. Revisión de los trazados electrocardiográficos de las diferentes formas de presentación.
Se pretende establecer pautas de reconocimiento y manejo de las arritmias supraventriculares, tomando los trazados como en la práctica se pueden obtener, entendiendo que siempre es fundamental conocer: los síntomas de la arritmia, su repercusión hemodinámica y si hay cardiopatía o no. El enfoque es entonces desde tres puntos de vistas diferentes: 1. Repercusión clínica, 2. Diagnóstico electrocardiográfico y 3. Conducta a seguir.
Capítulo dedicado al estudio del ángor estable, dentro de la obra "Experiencia y pautas en Cardiología. Manual práctico de Cardiología", en el que se revisan las pautas y enfoques a seguir en el manejo de este aspecto de la patología isquémica miocárdica y haciendo especial hincapié en su diagnóstico y estratificación del riesgo.
Las Enfermedades Cardiovasculares (ECV), son la principal causa de mortalidad en el mundo industrializado y suponen una gran morbilidad y consumo de recursos. En los países occidentales, la cardiopatía isquémica (CI) y las enfermedades cardiovasculares ocupan el primer y segundo lugar de muertes que ocasionan. La cardiopatía isquémica y las Enfermedades Cerebro Vasculares (ACV) ocasionan 100 000 muertes anuales en España (más del 40% del total). Con relación a otros países occidentales, España presenta una mortalidad coronaria intermedia – baja, en cuanto a la mortalidad por accidente cerebro – vascular.