Contenido de yodo en leche humana y en leche de vaca: ¿una rica fuente mineral?
Autor: Dr. Luis Caballero | Publicado:  4/08/2008 | Pediatria y Neonatologia , Endocrinologia y Nutricion | |
Contenido de yodo en leche humana y en leche de vaca. Rica fuente mineral.2

Aunque los datos sugieren que la mayoría de las mujeres en Europa son deficientes en yodo durante el embarazo, menos de la mitad recibe suplementación con yodo. Leve a moderada deficiencia durante la preñez, afecta adversamente la función tiroidea de la madre, el recién nacido y el desarrollo mental del niño. Estos efectos adversos pueden ser prevenidos o minimizados por la suplementación. El contenido de yodo en suplementos prenatales varía ampliamente en Europa y muy comúnmente se usan productos que no contienen yodo. Por ello Zimmermann recomienda a las embarazadas y mujeres que planifican embarazarse, que deben recibir un suplemento que contenga aproximadamente 150 ug de yodo. Productos a base de kelp y algas marinas, deben ser evitados debido a la inaceptable variabilidad en su contenido de yodo. (Zimmermann 2004)

 

Determinaciones de yodo en leche humana:

 

La principal fuente de yodo en niños lactantes, es el presente en la leche humana. A pesar de la importancia del yodo para la salud infantil, son pocos los estudios dirigidos a conocer la concentración de yodo en leche humana. (Semba 2001)

 

En la Tabla 1 se resumen algunos resultados de las determinaciones de yodo en leche materna.

 

En una revisión (Dorea 2002) se reporta una mediana de contenido de yodo en leche humana de 62 ug/L en diversos estudios realizados en el mundo, con rangos de 5,4-2170 ug/L.

 

El status del yodo fue evaluado en 147 recién nacidos, en 5 diferentes regiones de Dinamarca, en relación al contenido de yodo en leche humana y la suplementación con yodo a las madres. Aproximadamente dos tercios de las mujeres no recibieron suplementación con yodo, y tuvieron bajo contenido de yodo en leche humana: mediana de 33,6 ug/L; los neonatos de estas madres no suplementadas presentaron baja yoduria con mediana de 31,7 ug/L. Valores más altos se obtuvieron en madres que recibieron tabletas con yodo, mediana de 57 ug/L en leche y de 61 ug/L en orina. En general estos valores son bajos comparados con los niveles internacionales recomendados. Sugieren los autores, que las madres sin patologías tiroideas autoinmunes, deben recibir suplementación en la forma de tabletas de vitaminas y minerales, que contengan 150 microgramos de yodo por tableta. (Nohr 1994)

 

La situación nutricional del yodo en Norteamérica ha sido analizada recientemente. (Leung 2007)

 

Al comparar los resultados de las encuestas realizadas en los Estados Unidos entre los años 1971-1974 NAHNES I y 1988-1994 NAHNES II, se halló con base en la mediana de excreción urinaria una adecuada ingesta de yodo en toda la población. Sin embargo la mediana disminuyó en un 50% entre ambos periodos. Igualmente el porcentaje de la población con excreciones menores de 50 ug/L se incrementó en todos los grupos etareos. Se determinó que 7% de las embarazadas y 15% de mujeres lactantes presentaron baja excreción urinaria de yodo. (Hollowell 1998)

 

Tajtakova midió en Eslovaquia, el contenido de yodo en 44 muestras de leche materna obtenidas entre el cuarto y séptimo día después del parto. La mediana obtenida fue de 55 ug/L, sin diferencia entre primíparas y multíparas. También midieron la yoduria en 75 madres, encontrando una mediana de 61 ug/L, sin diferencias significativas entre primíparas y multíparas, aunque fue más alta en primíparas con una mediana de 103 ug/L comparada con la mediana de multíparas: 84 ug/L. Estos resultados, según los autores, indican la necesidad de suplementar con pequeñas dosis de yoduro. (Tajtakova 1999)

 

Ares evaluó en España el contenido de yodo en leche materna (CYLH) de niños pretérmino así como en fórmulas infantiles. La concentración en leche materna: 10 ug/L resultó mayor a la obtenida en fórmulas. Sin embargo la ingesta diaria se consideró menor a la recomendada. (Ares 1994)

 

Skeaff estudió la yoduria en 230 niños de 6-24 meses de edad y el contenido de yodo en leche de sus madres, en tres ciudades de South Island en Nueva Zelanda. La mediana de yoduria fue de 67 ug/L y 37% de los niños presentaron valores de excreción urinaria menores de 50 ug/L. El promedio del contenido de yodo en leche humana en 39 muestras, fue de 22 ug/L. Sin embargo los niños que se alimentaron corrientemente con fórmulas –que están enriquecidas con yodo- presentaron mediana de yoduria más alta: 99 ug/l en comparación con los niños alimentados corrientemente con leche materna: 44 ug/L, dados los más bajos niveles de yodo presentes en leche materna. (Skeaff 2005)

 

Algunos hábitos de la mujer lactante pueden afectar la transferencia del mineral a la leche materna e incrementar el riesgo de daño cerebral en el bebé inducido por la deficiencia de yodo. Laurberg demostró que el fumar durante la lactancia, se asocia a una reducción en el contenido de yodo en leche humana: 26 ug/L, en contraposición al contenido encontrado en mujeres lactantes no fumadoras: 53,8 ug/L. Asimismo la yoduria: 33,3 ug/L de bebés hijos de madres fumadoras resultó menor a la de bebés de madres no fumadoras: 50,4 ug/L. Las madres fumadoras tuvieron niveles de tiocianato significativamente altos, lo cual interfiere el transporte de yodo en la glándula mamaria. Por ello las mujeres en periodo de lactancia no deberían fumar, y en caso de hacerlo un suplemento extra de yodo debe ser considerado. (Laurberg 2004)

 

Dorea ha señalado el efecto protector de la lactancia materna a los infantes, cuyas madres se han expuesto a bociógenos de la yuca (Manihot spp.) o tiocianatos por consumo de tabaco. (Dorea 2004) Turner, en 1933, midió la concentración de yodo en 295 muestras de leche aportadas por 19 madres, y encontró un promedio mensual que varió de 60 a 230 ug/Kg y un promedio total de 124 ug/Kg. Bruhn en 1983 estudió el contenido de yodo en leche de 16 madres del área de California, Estados Unidos, en su segundo a cuarto mes de lactación; obtuvo un rango de 21 a 281 ug/Kg y un promedio de 142 ug/Kg.

 

Gushurst empleando una metodología de análisis con electrodo selectivo, determinó en Estados Unidos, el contenido de yodo en leche materna de 37 mujeres, encontrándose un promedio de 178 ug/L y un rango de 29 a 490 ug/L, considerado un aporte potencial cuatro veces mayor al recomendado en infantes. Los niveles de contenido de yodo en leche humana no se correlacionaron con la edad del niño o estado de lactación. Se halló una significativa correlación entre los niveles de contenido de yodo en leche humana y el yodo de la dieta, estimado por un cuestionario de frecuencia de consumo de alimentos; la ingesta de sal yodada se relacionó significativamente con el contenido del micronutriente en la leche de la madre. (Gushurst 1984)

 

Kirk estudió en Estados Unidos, la variación en la excreción de perclorato, tiocianato y yodo en la leche de 10 madres lactantes, mediante cromatografía iónica acoplada a espectrometría de masa. Perclorato –un contaminante del agua, alimentos y leche humana- y tiocianato son conocidos por interferir en la síntesis hormonal tiroidea. En 108 muestras recolectadas a diferentes horas del día y analizadas en su contenido de yodo, se halló un rango de 3,1 a 334 ug/L; un promedio ± SD de 87,9 ± 80,9 ug/L y una mediana de 55,2 ug/L. A semejanza en la excreción de yodo en leche, la excreción de perclorato y tiocianato en leche, no se distribuyó de forma simétrica y el promedio siempre resultó mayor que la mediana. Concluye que una significante fracción de la población presentó inadecuado aporte de yodo y la presencia común de tiocianato y perclorato en leche humana. La presencia de estos químicos amerita investigaciones específicas, que den a conocer el rol de los mismos, en la posible reducción del yodo en la leche humana. (Kirk 2007)

 

La mediana del contenido de yodo en leche humana, de 57 muestras tomadas en mujeres de Boston, fue de 155 ug/L, con un rango de 2,7-1968 ug/L. También se midió el contenido de perclorato en leche humana y orina, y el contenido de yodo en orina. El contenido de yodo en leche humana se correlacionó significativamente con el yodo urinario expresado en gramos de creatinina, pero no con perclorato en orina o leche materna. Asumiendo un promedio de ingesta diaria de 780 ml en niños lactantes, un 47% de las muestras de leche materna no contenían suficiente yodo para garantizar a los bebes una adecuada ingesta de 110-130 ug/día, como lo recomienda el Instituto de Medicina. (Pearce 2007)

 

Moon demostró en madres lactantes de Korea, niveles de yodo dietario y contenido de yodo en leche humana muy superiores a los encontrados en otros países. La costumbre de proveer a las recién madres y en periodo de lactancia con sopas de algas marinas, una fuente muy rica en yodo, incrementa dramáticamente este elemento. En 50 madres lactantes se midió el aporte de la dieta a través del recordatorio de 24 horas y el contenido de yodo en leche materna (CYLH) a través del análisis de activación de neutrones, a los 2-5 días y a las 4 semanas postpartum. El promedio del aporte diario decreció desde 2744 ug a los 2-5 días, a 1295 ug a las cuatro semanas después del parto. La mayor fuente la constituyó la sopa de algas marinas con 87% y la leche de vaca con 7%. El promedio del contenido de yodo en el calostro fue de 2170 ug/L y en leche madura de 892 ug/L. De allí que la frecuencia en el consumo de sopas de algas represente el factor que modifique la cantidad de yodo ingerida y presente en leche materna de las madres lactantes coreanas. (Moon 1999)

 



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Revista de Medicina y Ciencias de la Salud, de periodicidad quincenal, dirigida a los profesionales de la Salud de habla hispana. ISSN 1886-8924