Bioetica del final de la vida humana del adulto mayor
Autor: Omaira Ramírez | Publicado:  12/03/2010 | Etica, Bioetica. Etica medica. Etica en Enfermeria , Geriatria y Gerontologia | |
Bioetica del final de la vida humana del adulto mayor .7

Considerando las dos posiciones planteadas se concluye que el ser humano se desenvuelve en una sociedad pluralista, de libre pensamiento por lo que se aceptan opiniones distintas en este sentido, sin embargo, no hay que olvidar que quizás las necesidades de un paciente con enfermedad terminal se satisfagan mejor no intentando prolongar su vida con tratamientos inútiles y medidas extraordinarias, sino más bien centrados en sus necesidades como persona holística que está a punto de morir y donde el personal que labora en ciencias de la salud moralmente debe velar por preservar su bienestar físico, psíquico y emocional.

Dolor y Sufrimiento. Cuidados del equipo de salud en el final de la vida humana.

Morir es una experiencia personal y solitaria. Los adultos mayores pueden haber pensado en su propia muerte antes de enfrentarse con la experiencia real de la muerte inminente. Esa llamada a la compasión de una forma tangible, escuchando, tocando y estando presente con el moribundo, es el reto que enfrenta el personal de enfermería para satisfacer las necesidades del mismo. (21)

Es de hacer notar, que no todas las personas están preparadas para la muerte, que la aceptan a pesar del hecho de que muchos lo están, preparadas para la muerte, que la aceptan a pesar del hecho de que muchos lo están. Numerosos factores pueden actuar en los adultos mayores, en ayudarlos a afrontar su propia muerte, entre ellos se destacan una actitud filosófica que le lleva a aceptar todo lo que la vida le ofrece (inclusive la muerte); haber tenido muchas ocasiones de pensar en la muerte y de aprender a afrontarla, debido a la pérdida de los padres, los amigos, el conyugue e incluso los hijos; la llegada de la muerte en el momento apropiado del desarrollo del individuo el apoyo de las creencias religiosas, incluida la idea de vida después de la muerte.(21)

Existen también algunos factores que pueden dificultar la capacidad de la persona para aceptar la muerte, tales como, las pérdidas seguidas que dejan a la persona emocionalmente agotada, la fatal de apoyo por haber perdido a mucha gente significativa, y la falta de atención a sus necesidades.(21)

Morir causa dolor tanto al moribundo como a sus familiares y allegados. Se trata de un dolor que trasciende lo somático e inunda la psique de pesadumbre hasta la aflicción más profunda. Para el moribundo y según el grado de conciencia que tenga en el momento, el dolo se convierte en el "signo vital" que le da señales de alarma sobre su caducidad irreversible, sobre su desgarramiento interior que le rompe la existencia, sobre la pérdida de contacto con este, mundo y con sus seres queridos, sobre la frustración de sus proyectos y anhelos de futuro, sobre la memoria biográfica que pueda hacer de sus obras buenas y malas, sobre sus convicciones religiosas y sobre la incertidumbre de lo que viene después de la muerte. Todo se agolpa en instantes de gran intensidad. ¡Intensidad que duele! (21)

En tal sentido, el enfermo ocupa un puesto clave para proporcionar y favorecer un cuidado excelente y compasivo al anciano moribundo, cuidado que engloba la atención a las necesidades físicas, psicosociales y espirituales. Un buen cuidado básico de enfermería, con atención a necesidades de nutrición, eliminación, sueño, movilidad, cuidado de la piel y la boca y el tratamiento de dolor, proporcionará un importante consuelo al anciano moribundo y le mostrará respeto a su persona. (21)

Para valorar estas necesidades físicas, psicosociales y espirituales, el personal de enfermería recoge datos, observando el comportamiento, escuchando lo que dice espontáneamente o preguntando con sensibilidad al moribundo y su familia o a otras personas allegadas. La sensibilidad del personal de enfermería debe estar presente en todas las valoraciones e intervenciones a realizar al adulto mayor moribundo. Esta sensibilidad incluye la comprensión de que los moribundos tienen derecho a sentir experiencias únicas ante la muerte. Dicha comprensión respeta, permite y acepta las diferencias en la respuesta emocional ante la muerte. (21)

Las personas moribundas, o por lo menos gran parte de ellas, son muy poco conscientes de lo que sucede a su alrededor. Solo responden al estímulo más fuerte, el dolor. Si el control del dolor es adecuado, esta fase terminal de semiinconsciencia puede ser un periodo de serenidad, a pesar de que para algunos pacientes esta fase "serena" solo dura unos minutos, después de muchos días de desintegración física y emocional. A pesar de que es posible que la lucidez y la serenidad le acompañen hasta el final, seria juicioso que no contara con eso y que hiciera planes para que, de ser necesario, tuviera una asistencia agresiva de bienestar. (22)

Así también, la enfermera puede aportar una contribución fundamental en la asistencia del anciano moribundo con sufrimiento espiritual, como es llamar al sacerdote, así como estimular al anciano para que identifique sus recursos internos y recurra a ellos, ayudándole a encontrar la forma de expresar su sufrimiento, así como el significado actual de su vida, por encima de todo, proporcionarle una esperanza realista y apropiada. Hay que animarle a que exprese sus ideas sobre un ser superior, y es por ello que el enfermero debe comunicarle la aceptación de sus puntos de vista sentimientos y creencias y expresar el máximo respeto hacia el moribundo. Debe ayudarle a que se despida de los que ama, que el moribundo se acepte a sí mismo, que revise su vida y que exprese como articula su miedo, desesperación, enfado y soledad y avances hacia el auto perdón (21)

Es difícil para el adulto mayor y para el enfermero hacer frente a las dimensiones emocionales y cognoscitivas de la muerte, sobre todo si no han dispuesto de una oportunidad para comentar las complejas emociones que pueden acompañarla. (26)

Reflexiones sobre la Bioética del final de la vida humana en el Adulto Mayor.

  1. En el humanismo se aprecian diferentes posturas filosóficas y metodológicas que cifran la razón de ser en la persona como ente particular y universal.
  2. En el humanismo se ha entendido y expresado fundamentalmente la relación médico y enfermera con sus pacientes, es allí donde se concentran y decantan las interacciones, que dan la oportunidad a la enfermera y/o medico de ayudar, en forma amplia y efectiva, al ser humano que confía en él para el alivio o curación de una enfermedad.
  3. Desde los albores de la humanidad el desarrollo del conocimiento tecnocientífico ha sido una garantía de supervivencia de la especie, pues con el no solo veríamos adaptando el mundo a nuestras necesidades si no que el mismo conocimiento tecnocientífico nos ha dado acceso al desarrollo de la conciencia moral que nos constituyen en éticos, gracias al progreso que hacemos en el conocimiento fuente de libertad y de autonomía.
  4. El sentido de la vida surge en el contexto social, es transmitida al niño como contenido cultural e ideológico y se transforma en joven al compás de su curso biográfico, permitiendo en el adulto, modificaciones, bien al nivel personal o bien por identificación con otras opciones que pueda ofrecer el medio social en el que se desarrolle el sujeto.
  5. La modernidad concibe la vida humana como un terreno donde es posible intervenir siempre y cuando la libertad del individuo o la sociedad lo determine, no hay límites absolutos, pues la vida humana se cosifica, es terreno para la  técnica y la ciencia, según los deseos de libertad, podemos decir que sobre la vida humana confluyen el poder de la ciencia y una ética autónoma que justifica el uso de la ciencia La vida humana no se identifica con la sustancia del ser personal, es un apéndice de la vida.
  6. El acompañamiento del enfermo moribundo no sirve en la tecnología (tecnicismo), más bien tiene importancia en el humanismo al prestar los cuidados que requiere el enfermo, al satisfacer sus necesidades fisiológicas, espirituales, psicológicas, espirituales, psicológicas que van desde colocar la mano sobre sus espaldas, transmitirle seguridad y apoyo, permitirle la presencia de los familiares hasta aliviar el sufrimiento que pueda estar interfiriendo en la tranquilidad y comodidad del enfermo y por ende en la paz necesaria para tener una muerte tranquila.
  7. La vida humana es sagrada desde el momento de la concepción hasta la muerte, por lo que nadie moralmente debe decidir por ello.
  8. En la práctica, el objetivo de la bioética en lo que respecta a los profesionales de la salud, es el examen sistemático de la conducta humana en el campo de las ciencias de la vida y de la salud, ya que esta es examinada a la luz de los valores y principios morales.
  9. Hoy día se tiene una tendencia a pensar que la vida humana vale en función de la productividad que se tiene, que es fuente de placer y la muerte se presenta como perturbadora, por ello algunas veces se le anticipa (eutanasia) o se le distancia (ensañamiento terapéutico) la eutanasia es llamada por algunos, muerte por misericordia, otros la consideran como provocar la muerte antes de que llegue la muerte natural, lo cual es considerado ir en contra de lo cristiano ya que la vida solo es concedida por dios y solo él tiene el derecho a decidir por ella.
  10. El hecho de morir reclama tres momentos de dignidad; antes, en y después; toda la vida de la persona constituye el antes, lo que significa que la manera digna de vivir es lamedor preparación para una muerte digna.
  11. El personal de salud puede aportar una contribución fundamental en la asistencia al anciano moribundo con sufrimiento espiritual, estimulándolo para que identifique sus recursos internos y externos y recurra a ellos ayudándole a expresar sus sufrimientos, sentimientos y creencias expresando el máximo respeto hacia el moribundo.


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Revista de Medicina y Ciencias de la Salud, de periodicidad quincenal, dirigida a los profesionales de la Salud de habla hispana. ISSN 1886-8924